Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson
Hebreos 1: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)
Introducción
I. Introducción
El libro de Hebreos se escribió a cristianos agotados, a cristianos que se habían vuelto pasivos y aislados, y que, en vez de desafiar al mundo a su alrededor con el mensaje del evangelio, estaban siendo desgastados por presiones externas y estaban en peligro mortal de derrumbarse. El autor de Hebreos exhorta a sus lectores a volver a trabajar para que no se agoten completamente y dejen la fe, sino que avancen hacia la perfección. No es que pudieran perder su salvación, pero había un grupo minoritario dentro de la iglesia que había hecho una declaración de fe insincera, y algunos ya habían mostrado esto por dejar completamente la Iglesia cristiana y volver a la religión de la cultura a su alrededor.
Hebreos es uno de los tres libros del Nuevo Testamento dirigido específicamente a los cristianos judíos, los otros dos son Santiago y Mateo. Sin embargo, mientras que Santiago y Mateo se escribieron en un tiempo en que la iglesia todavía era en gran parte judía y estaba centrada en Palestina, Hebreos se compuso más adelante, mucho después de que el centro de la iglesia se había transferido al mundo gentil. Esta epístola trata de la crisis final de las relaciones entre judíos y gentiles en la Iglesia del siglo primero, a saber: ¿hay lugar para una forma cristianizada del judaísmo dentro de la Iglesia de Jesucristo? El mensaje del autor es que la Iglesia judía debe separarse completamente del judaísmo y volverse una con la Iglesia universal, puesto que el cristianismo solo puede existir como tal al independizarse del judaísmo religioso.
La premisa del libro de Hebreos, la incapacidad del Sinaí para salvar, también se trata con detalle en las epístolas paulinas, pero el tema se aborda desde ángulos diferentes que se complementan y se completan. En Romanos y Gálatas, Pablo argumenta que la Ley, vista como un código de ordenanzas morales, es incapaz de salvar porque no puede hacer que los que están bajo su poder cumplan esas ordenanzas y, por consiguiente, los pone bajo su maldición. Hebreos argumenta que la Ley, vista como un sistema de rituales sacrificiales, sacerdotales y ceremoniales, es incapaz de salvar porque es simplemente una prefiguración de la obra consumada del Mesías, no es la realidad final en sí misma. “El judaísmo es la sombra y el cristianismo es la sustancia”.¹ Romanos y Gálatas refutan el intento de agregar el judaísmo al cristianismo; Hebreos refuta el intento de agregar el cristianismo al judaísmo. “Pablo, desde el lado subjetivo, muestra que el individuo se puede acercar a Dios solo por la fe personal y no por obras externas: el autor de la Epístola [a los Hebreos], desde el lado objetivo, muestra que la purificación no se puede conseguir por sacrificios ‘de toros y de machos cabríos’, sino solo a través de la ofrenda de la sangre de Cristo”.²
Aunque dirigido a judíos, Hebreos hace una contribución incalculable al entendimiento teológico y bíblico cristiano. Todo el cuerpo principal del libro constituye un solo argumento magnífico y extendido de la superioridad de Cristo en comparación con el judaísmo, explicando no solo por qué el judaísmo no puede coexistir con el cristianismo en la era nueva, sino también cómo la dispensación cristiana se relaciona con la mosaica. Hebreos especialmente aclara el significado del sacerdocio melquisedeico de Cristo, la relación de la cruz con el nuevo pacto y el ministerio de sumo sacerdote de Cristo. El Salmo 110 es citado en muchos lugares en el Nuevo Testamento, pero solo en Hebreos se explican las implicaciones profundas de la referencia a Melquisedec. Además, aunque no hay ningún otro libro en el Nuevo Testamento que sostiene tan fuertemente la incompatibilidad esencial entre el judaísmo y el cristianismo, tampoco hay otro libro que enfatice tanto la continuidad de la dispensación antigua con la nueva.
De principio a fin se mantiene que Dios habló a los padres por los profetas. El mensaje a través del Hijo retoma y corona todo lo que había precedido. En cada aspecto, lo nuevo es la consumación de lo antiguo. Ofrece una revelación más perfecta y absoluta, trayendo consigo una mediación más perfecta y absoluta, y estableciendo un pacto más perfecto y absoluto, encarnando finalmente la conexión entre Dios y el hombre. No hay nada en lo antiguo que no sea retomado y transfigurado en lo nuevo.³
Aunque este libro es conocido como la “Epístola” a los Hebreos, se abre en el estilo de un tratado doctrinal, sin una salutación epistolar o un saludo. Sin embargo, está dirigido a una audiencia específica, a la que el autor relata su mensaje a lo largo del libro, que cierra en el estilo epistolar típico. El libro de Hebreos es, por tanto, una carta enviada a una iglesia, aunque en su forma se parece más a un sermón que a una carta. Es, en todos los aspectos, una obra maestra literaria. Tanto el lenguaje elevado como la argumentación bien elaborada son sin igual en el Nuevo Testamento.⁴ El autor prueba inequívocamente, mediante una exégesis cuidadosa de numerosos textos del Antiguo Testamento, que la Ley era temporal y deficiente, y que anticipaba su cumplimiento en la obra consumada de Cristo. Aquellos que intentan practicar la Ley mientras profesan a Cristo no pueden hacer ambas cosas, y deben elegir una de las dos. Los que abandonan la asamblea cristiana y retroceden al judaísmo son endurecidos más allá de la razón, por lo cual les resulta imposible volver a Cristo después.
Hebreos es un libro magnífico y profundo al que el cristiano común le da poca atención. Es un libro crucial para descifrar la relación de la dispensación mosaica con el cristianismo y también para comprender el propósito del sistema sacrificial del Antiguo Testamento, el sacerdocio aarónico y el tabernáculo/templo. Es un libro esencial para comprender la importancia de la crucifixión, la ascensión y la obra de Cristo en la época actual. No hay ningún otro libro que hable así del asunto contemporáneo del judaísmo mesiánico, de los judíos que agregan la creencia de que Jesús es el Mesías a su práctica del judaísmo, pero se niegan a identificarse con la Iglesia cristiana. Tampoco hay un mejor libro para enfrentar la crisis en la Iglesia estadounidense, donde las personas que crecieron en la iglesia la abandonan en masa para volverse seculares. Este es un libro que advierte solemnemente a los que solo juegan a la iglesia de los peligros terribles de la apostasía. Sin embargo, sobre todo Hebreos es un libro que nos presenta la preeminencia sin igual de Jesucristo, puesto que nadie nunca podría considerar racionalmente una alternativa al cristianismo después de comprender la perfección de nuestro Salvador y la completitud absoluta de Su obra consumada.
II. Autoría y estilo de escritura
El punto de vista que se tenga sobre asuntos de contexto como el autor, el destino y la fecha de composición influye directamente en la interpretación del libro de Hebreos, porque influye en el punto de vista sobre la audiencia a la que iba dirigido y la ocasión de escribir, de las que se desprenden el propósito, el mensaje y el tema del libro. El lugar para empezar una investigación de estas cuestiones es con el asunto de la autoría. No hay ningún otro libro del Nuevo Testamento cuya autoría sea tan disputada entre los evangélicos como lo es con Hebreos. Esta disputa ha surgido porque el autor no se identifica por nombre en el libro y, a diferencia de otros libros del Nuevo Testamento en los que no se menciona el autor, la Iglesia primitiva no era unánime en su identificación del autor. Sin embargo, a pesar de la variedad de opiniones que se han aseverado vigorosamente, y de la insistencia de muchos en que es imposible saberlo, hay suficiente evidencia disponible para demostrar que Bernabé fue el autor de esta epístola.
No hay que descartar a la ligera la cuestión de la autoría de Hebreos, porque si no se pueda demostrar que la epístola fue escrita por un apóstol, o posiblemente un colaborador cercano de un apóstol, su inspiración y canonicidad podrían ponerse en duda. Los críticos a menudo atacan la autoría de los libros bíblicos con el fin de socavar su autoridad, porque Dios reservó el privilegio de escribir las Escrituras a quienes tenían una autoridad especial entre Su pueblo. De este modo, en la era del Antiguo Testamento solo los profetas y otros líderes espirituales reconocidos (bajo autoridad profética) escribieron libros de las Escrituras, mientras que en la era del Nuevo Testamento solo los apóstoles y aquellos que estaban estrechamente relacionados con los apóstoles escribieron libros de las Escrituras.
A. Pablo
Puesto que Pablo es el hombre al que con mayor frecuencia se sugiere como autor, es adecuado empezar una investigación de la cuestión de la autoría de Hebreos con una evaluación de esta sugerencia. El nombre de Pablo aparece con tanta frecuencia porque él escribió más epístolas del Nuevo Testamento que nadie, y varias de ellas contienen argumentación amplia con respecto a la relación de los cristianos con la Ley. Una variante textual en Hebreos 10:34 que se usó en la RVR1909 apoya la autoría paulina (“Porque de mis prisiones también os resentisteis conmigo” en lugar de “Porque de los presos también os compadecisteis” como dice la RVR1960), pero la evidencia textual es definitivamente contraria al uso esta variante.⁵ La mención de “nuestro hermano Timoteo” en 13:23 es menos importante, dado que Timoteo evidentemente era conocido entre las iglesias como “el hermano” o “nuestro hermano” (2 Corintios 1:1; Colosenses 1:1; 1 Tesalonicenses 3:2; Filemón 1:1). Muchos piensan también que si Hebreos no fue escrito por Pablo, sería menos autoritativo, o quizás no inspirado en lo más mínimo. Sin embargo, tal conclusión es injustificada. Si Hebreos hubiera sido escrito por cualquier otro apóstol bajo la inspiración del Espíritu Santo, no tendría menos autoridad que si hubiera sido escrito por el apóstol Pablo.
Ante el hecho de que Pablo pareciera en cierto modo ser el candidato más natural para el autor anónimo de Hebreos, es revelador que entre los padres prenicenos solo Clemente de Alejandría (ca. 160-ca. 220) sostuvo una forma de esta postura, sugiriendo que Pablo escribió Hebreos en hebreo o arameo, y Lucas lo tradujo al griego.⁶ Tertuliano (ca. 145-ca. 220), el único otro padre preniceno que menciona un autor, atribuyó la obra a Bernabé.⁷ Gayo de Roma (ca. 200) menciona solo trece epístolas de Pablo, excluyendo así Hebreos,⁸ y el Fragmento Muratoriano (ca. ¿170?) contiene la misma lista.⁹ Escritores posteriores dicen que Ireneo (ca. 140-ca. 202) e Hipólito (170-236) rechazaron la autoría paulina de Hebreos, aunque no lo afirman directamente en sus obras conservadas.¹⁰ Orígenes (185-254) no estaba seguro del autor.¹¹ La disposición de este libro en el canon, después de las epístolas paulinas (que están organizadas de la más larga a la más corta), también indica que desde una época temprana se consideró que era una de las epístolas generales, es decir, una epístola escrita por alguien distinto a Pablo. Según Zahn, la Iglesia de Alejandría era la única en el mundo que en su mayoría sostenía la autoría paulina en la época de Clemente y Orígenes: “No se puede demostrar que esta opinión se sostuviera en esa época en ninguna parte fuera de Egipto, ni posteriormente en ningún lugar que no estuviera bajo la influencia de los eruditos alejandrinos”.¹² Lo más probable es que sostuvieran esta creencia por la misma razón que muchos lo hacen hoy en día, que es que Hebreos trata temas paulinos, y algunas personas consideraban que la autoría paulina le daría mayor autoridad al libro. Por las mismas razones, la autoría paulina se convirtió en la perspectiva dominante en la iglesia a finales del siglo IV.
Algunos versículos específicos en Hebreos dan fuertes indicios de que el autor es alguien con un trasfondo diferente al de Pablo. El autor indica en 2:3 que estuvo presente en Jerusalén en los primeros días de la iglesia, y que era distinto de los Doce. Ese versículo también indica que el autor oyó el mensaje del evangelio de los apóstoles, algo que Pablo no hizo (cf. 4:2, Gálatas 1:12; 1 Pedro 1:25). Otros versículos, como 10:32-34, también indican que el autor estuvo presente en Jerusalén en los primeros días de la iglesia, y que el autor conocía bien a los creyentes de allí. Pablo no conocía bien a los creyentes de Jerusalén, ni los conoció en los primeros días.
Hebreos sería la única epístola que Pablo, el apóstol a los gentiles, escribió a los judíos.¹³ Casi todo el ámbito de acción del ministerio de Pablo tuvo lugar fuera de Jerusalén, y parece haber tenido poco trato directo con la iglesia allí. Cuando visitó Jerusalén, Santiago y los ancianos de la iglesia le dijeron que tenía una mala reputación entre los creyentes de Jerusalén y que necesitaba hacer algo para refutar los malentendidos (Hechos 21:17-24). Por lo tanto, sería extraño que Pablo enviara una epístola a la Iglesia de Jerusalén sin un saludo epistolar. Pablo no podía empezar una carta a la Iglesia de Jerusalén con un pronunciamiento doctrinal autoritativo, sino que tendría que ganarse el derecho a ser escuchado expresando su afecto profundo por los creyentes de Jerusalén, su deuda con ellos, su amor por el pueblo judío y otras cosas similares.
Como se demuestra más adelante (en la sección “Fecha”), Hebreos probablemente se escribió en Roma en el 66 d. C. Si Pablo todavía estaba vivo, habría estado en Roma (13:19), en prisión, esperando su ejecución por parte de Nerón. Sin embargo, este autor no da ningún indicio de que esté en prisión. El autor anhela visitar a los hebreos pronto (13:23), mientras que Pablo esperaba su muerte inminente en su último encarcelamiento romano (2 Timoteo 4:6-8). El autor también dice que Timoteo acaba de ser puesto en libertad (13:23). Dado que el autor escribía desde Roma, se puede suponer que Timoteo había sido arrestado en Roma, presuntamente por su conexión con el apóstol Pablo en su juicio final. El hecho de que no se mencione a Pablo quizás indica que estaba muerto, y que la Iglesia de Jerusalén ya se había enterado de su muerte (cf. 13:7).
Pablo dice en 2 Tesalonicenses 2:2 que algunos falsos maestros escribieron cartas falsas dirigidas a las iglesias de parte de “Pablo el apóstol” para obtener autoridad para sus enseñanzas heréticas. Por lo tanto, en el cierre de la misma carta (2 Tesalonicenses 3:17), Pablo dice que escribió a mano un saludo al final de todas sus cartas para identificar cada una de ellas como verdaderamente paulina. La letra de Pablo debió haber sido fácilmente reconocible para la Iglesia primitiva, y seguramente si hubiera tal letra en el manuscrito original de Hebreos, las generaciones posteriores de cristianos la habrían visto y reconocido como paulina. Además, si Pablo se había tomado la molestia de escribir personalmente el cierre de cada una de sus cartas para demostrar que verdaderamente eran suyas, sin duda esto implica que habría escrito su nombre en todas sus cartas por la misma razón.
Los comentaristas a menudo señalan que uno de los argumentos más fuertes contra la autoría paulina es que el griego del libro de Hebreos es completamente diferente al estilo del griego de Pablo. Para la gente que no domina el griego, es difícil entender la fuerza de este argumento, puesto que la diferencia no se puede valorar fácilmente y no se ve con claridad en las traducciones. El orden de palabras es generalmente diferente al de Pablo; el vocabulario es diferente; y Hebreos usa participios con mucha más frecuencia. Hebreos tiene un número desproporcionado de hápax legómena en el Nuevo Testamento, alrededor de diez por capítulo.¹⁴ La mayoría de estos son términos literarios que se encuentran en escritores clásicos, mientras que otros son tomados de la Septuaginta.¹⁵ Hebreos usa la partícula pospositiva τε (te) con más frecuencia que cualquier otro libro excepto Hechos. El estilo de escritura de este autor también cuenta con un orden de palabras diferente al de la mayoría de los autores del Nuevo Testamento. El griego de Hebreos está entre los más complejos del Nuevo Testamento. Además, junto con Hechos (y posiblemente Santiago), está en el nivel literario más alto, compitiendo con el griego de cualquier escritor extrabíblico contemporáneo. A diferencia de los escritos de Pablo, no hay casos de anacoluto en Hebreos, es probablemente la epístola con el argumento más estructurado en el Nuevo Testamento, con casi ninguna palabra superflua. Hebreos está escrito en un estilo literario griego, mientras que el estilo de Pablo es más conversacional. Si Pablo hubiera escrito esta epístola, se esperaría que su lenguaje y estructura fueran más parecidos a los de Romanos y de Efesios, que son los tratados doctrinales más formalmente estructurados de Pablo. También es impresionante que, aunque el Antiguo Testamento se cita y se menciona a lo largo del libro, no hay rastros del griego semitizado. Esto no solo indica que el griego era la lengua materna del autor, sino también que el autor creció en un área que era culturalmente griega. La mayoría de los eruditos del griego diría que el griego de Hebreos es muy diferente del griego paulino como para haber sido escrito por Pablo.
Este punto se puede ilustrar ampliamente citando varias autoridades en el tema.¹⁶ Simcox escribe: “Las afinidades de esta epístola con las reconocidas de San Pablo son, con respecto a la mayor parte de ella, teológicas o, a lo sumo, intelectuales más que gramaticales o literarias”.¹⁷ Una vez más, “la semejanza no solo es mucho menor en el lenguaje que en el pensamiento, sino que se limita casi por completo a ese lado del lenguaje donde la línea entre este y el pensamiento es más difícil trazar”.¹⁸ Zahn escribe: “Todo aquel que pueda juzgar las diferencias de estilo debe admitir que el griego de Hebreos es mejor que el de las cartas de Pablo generalmente aceptadas”.¹⁹ Lane afirma que “El lenguaje de Hebreos constituye el griego más pulido del Nuevo Testamento, mucho mejor que el estándar paulino tanto en el vocabulario como en la construcción de oraciones”.²⁰
Clemente de Alejandría (ca. 160-ca. 220), un padre de la iglesia que hablaba griego, creía que Pablo escribió Hebreos, pero para explicar la diferencia marcada en el estilo del griego, tuvo que sugerir que Pablo lo había escrito en hebreo, y luego Lucas lo tradujo al griego.²¹ Orígenes, quien fue un alumno de Clemente de Alejandría, creía que el estilo del griego en Hebreos no podía ser paulino.²² Al igual que Clemente, Orígenes era un hablante nativo de griego, y por eso podía percibir esta diferencia.²³
Finalmente, una cita extensa del renombrado erudito del griego Bruce Metzger:
Curiosamente, este autor, aunque dirige su epístola a los “Hebreos”, es el
escritor con menos hebraísmos en el Nuevo Testamento. A excepción, por supuesto, de las citas del Antiguo Testamento —que son invariablemente de la Septuaginta y nunca del hebreo— apenas hay rastro de la influencia semítica en su obra. El autor cuenta con un rico vocabulario y lo usa con excelente habilidad.
El estilo es aún más característico de un erudito experimentado que el
vocabulario. En primer lugar, el texto griego de la epístola se distingue entre las obras en prosa de la iglesia primitiva por sus cadencias rítmicas, tan cultivadas por los “buenos” autores griegos. Además, al autor le gusta escoger sus palabras para producir aliteraciones. Por ejemplo, en el primer versículo de su tratado, hay cinco palabras que empiezan con la sílaba πολ-, παλ-, πατ-, o προ- [pol-, pal-, pat-, o pro-]; y en 9:27, de cinco palabras consecutivas cuatro empiezan con α-. También intenta, como los autores clásicos cuidadosos, evitar unir dos palabras cuando la primera termina con un vocal y la segunda empieza con un vocal (lo que se llama hiato).
Además de estar familiarizado con estos trucos del rétor antiguo, y no solo de
estar familiarizado con ellos, sino de saber utilizarlos, este autor desconocido demuestra una capacidad completamente extraordinaria de un estilo
arquitectónico de composición. A diferencia de Pablo, cuyas emociones a veces se desbordan causando estragos en la sintaxis, este autor sabe en cada momento con exactitud cuál será su siguiente oración, y sigue meticulosamente un esquema detallado. De hecho, su tratado consiste en el argumento sostenido más largo de cualquier libro en el Nuevo Testamento. Con sutil delicadeza sugiere una idea antes de desarrollarla en un momento posterior. Por ejemplo, en 2:17 menciona “sumo sacerdote” y lo retoma con gran detalle en 4:14 ss.; en 5:6 menciona a Melquisedec, pero pospone el desarrollo completo de esta tipología hasta 6:20 ss. Emplea diestramente paréntesis y digresiones, a veces de una extensión considerable (p. ej. 3:7-11; 5:13-14; 8:5; 11:13-16). Estas y muchas características similares revelan la mano de un autor cuidadoso y hábil, cuya obra se reconoce fácilmente por acercarse más al estilo literario definido de un maestro de la lengua griega que cualquier otro escrito en el Nuevo Testamento.²⁴
B. Otros escritores sugeridos
Como ha sido demostrado, la evidencia es fuertemente contraria a la autoría paulina de Hebreos. ¿Quién más podría ser un posible escritor? Según 2:3, al autor se le confirmó el mensaje del evangelio mediante señales hechas por los que habían escuchado este mensaje del Señor. Esto quiere decir que ninguno de los Doce pudo haber escrito Hebreos.²⁵ Además, hasta donde sabemos, ninguno de los Doce poseía el trasfondo educativo y cultural como para poder escribir en un griego literario pulido. Como ya se ha señalado, el estilo literario de Hebreos es inseparable del argumento del libro, y por lo tanto no se puede atribuir a un amanuense.
Martín Lutero sugirió que Apolos podría ser el autor. Definitivamente, la escritura elocuente y el conocimiento de las Escrituras del autor encajan bien con Apolos. Sin embargo, Apolos no era un apóstol, no tuvo contacto con la Iglesia de Jerusalén en sus primeros días y de hecho nunca se dice que haya tenido algún contacto con Jerusalén. Tampoco hay apoyo para esta hipótesis de la tradición de la Iglesia primitiva.
El uso del participio masculino singular διηγούμενον [diēgoumenon] en 11:32 muestra que el autor fue una única persona y era un hombre. Por lo tanto, las sugerencias de que el autor pudiera haber sido una mujer (p. ej., Priscila o María), o que la epístola pudiera haber sido escrita por dos autores o una comunidad entera, se pueden descartar sin dudas.
También se ha sugerido a Lucas como el autor. Es cierto que el estilo de escritura de este autor es más parecido al de Lucas que al de Pablo. Sin embargo, no hay otra evidencia para Lucas, y no se puede asegurar que los detalles históricos que el autor provee sobre sí mismo encajen bien con Lucas. Este autor muestra un conocimiento más amplio de los detalles de la Ley y del sacerdocio de lo que probablemente tendría un gentil, suponiendo que Lucas era un gentil. Hebreos 13:13 indica que el autor era un judío. Sería casi inapropiado para un gentil escribir una carta como Hebreos a la Iglesia de Jerusalén. También habría sido necesario que Lucas escribiera junto con un apóstol (como lo hizo con Pablo para Lucas-Hechos), puesto que él mismo no era un apóstol.
Silas (Silvano) se ha sugerido como otra persona que podría haber escrito Hebreos. Él fue uno de los primeros miembros de la Iglesia de Jerusalén (Hechos 15:22). Silas fue el amanuense de Pedro para 1 Pedro (1 Pedro 5:12), que usa un griego pulido, aunque no es exactamente como el de Hebreos. La principal objeción a Silas es que no era un apóstol, así que no parecería tener la autoridad para escribir este libro por su propia cuenta. Otra objeción es que esta hipótesis no tiene apoyo de los padres de la Iglesia primitiva.
C. Bernabé
Como ya se ha señalado, el padre de la iglesia Tertuliano (ca. 145-ca. 220) menciona a Bernabé como el autor de esta epístola.²⁶ Ninguna tradición sobre la autoría de Hebreos tiene más apoyo entre los padres prenicenos que la de Bernabé, porque solo otro padre propone un punto de vista sobre la autoría, y fue el propuesto por Clemente de Alejandría de una compleja doble autoría (Pablo/Lucas). La mención de Tertuliano (a pesar de su interpretación problemática de Hebreos) muestra que considera la autoría de Bernabé de Hebreos como un hecho generalmente aceptado por su audiencia, y no simplemente como su propia suposición u opinión, puesto que fundamenta su argumento en ella:
También está la Epístola a los Hebreos de Bernabé, hombre suficientemente autorizado por Dios, a quien Pablo lo constituyó junto a sí mismo en la práctica de la abstinencia: “¿O solo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?” [1
Corintios 9:6] Y, por supuesto, la “Epístola de Bernab锲⁷ es más aceptada en las iglesias que el apócrifo “Pastor de adúlteros”²⁸. Y, así, advierte a los discípulos que, “dejando ya todos los rudimentos, han de tender más a la perfección; y no echando otra vez el fundamento de la penitencia de obras muertas” [Hebreos 6:1]. “Porque es imposible”, dice, “que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la dulce palabra de Dios, agotado ya el tiempo de su caída, sean otra vez renovados para penitencia, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la humedad que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada” [Hebreos 6:4-8]. El que aprendió esto de los apóstoles y lo enseñó con los apóstoles nunca supo que de parte de ellos se hubiese prometido una segunda penitencia al adúltero y al fornicario.²⁹
Hechos 14:4, 1 Corintios 9:5-6 y Gálatas 2:9 indican que Bernabé era un apóstol. La Iglesia primitiva aceptó esta epístola como Escritura porque había una tradición fuerte de que la autoridad apostólica la respaldaba. No cabe duda de que Bernabé tenía autoridad apostólica y, por lo tanto, la autoridad para escribir este libro de las Escrituras. Lo más probable es que la confusión sobre la autoría de Bernabé de Hebreos haya surgido debido a la existencia de una obra pseudoepigráfica temprana llamada la Epístola de Bernabé, la cual fue rechazada por la Iglesia primitiva al considerarla falsa.
Bernabé era un levita originario de Chipre (Hechos 4:36). Al ser de Chipre, el griego habría sido su lengua materna, y es de suponer que era muy versado en la traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta. Por el estilo griego elevado de Hebreos es evidente que el autor de esta epístola era un hablante nativo de griego bien educado, y esto definitivamente encaja bien con lo que se sabe de Bernabé. También es significativo que el autor de Hebreos normalmente cita la Septuaginta, aunque estaba escribiendo a la Iglesia judía en Jerusalén. Esto puede indicar que el autor estaba mucho más familiarizado con la Septuaginta que con el texto hebreo, aunque sus lectores probablemente estaban familiarizados con ambos. Está claro que el autor conoce la Septuaginta muy bien, porque puede citar largos pasajes de ella, palabra por palabra y cuando quiere. Entonces, tiene sentido que el autor fuera un judío que se crio en la sociedad griega, como Bernabé.
A pesar de su trasfondo griego, el autor de Hebreos era excepcionalmente versado en la Ley y en los ritos y las ceremonias del templo. Esto también encaja bien con Bernabé, puesto que Hechos 4:36 dice que era un levita. Un levita en el período del Segundo Templo sería instruido en las prácticas y rituales del templo, incluso si estaba viviendo fuera de Judea.
Había pocas personas en la Iglesia primitiva que tenían la suficiente importancia en la Iglesia de Jerusalén como para enviarle una carta tan audaz y autoritativa como esta. Quienquiera que la haya escrito tendría que ser un maestro distinguido y respetado, alguien con autoridad apostólica (es decir, un apóstol), y alguien que tenía una fuerte relación de largo tiempo con la Iglesia de Jerusalén. Jerusalén era la iglesia madre; los líderes de otras iglesias, antes del 70 d. C., no podían simplemente enviar una carta a Jerusalén diciéndole a la iglesia de allí lo que debían hacer. Ya se ha señalado la evidencia interna del libro que descarta que uno de los Doce, como Pedro o Juan, escribiera esta epístola. Muchos en la Iglesia de Jerusalén desconfiaban de Pablo (Hechos 21:20-21) y no era muy conocido entre ellos. Por otro lado, Bernabé conocía a la Iglesia de Jerusalén muy bien, ya que fue un miembro de ella en los primeros días (Hechos 4:36). La Iglesia de Jerusalén no creyó que Pablo era un cristiano hasta que Bernabé confirmó que Pablo era de fiar (Hechos 9:26-27). Finalmente, Bernabé fue enviado por la Iglesia de Jerusalén como un misionario a Antioquía (Hechos 11:22). La buena relación que Bernabé mantenía con la Iglesia de Jerusalén se demuestra en que el orden normal de las palabras “Pablo y Bernabé” dos veces se cambia a “Bernabé y Pablo” cuando ambos viajaron juntos a Jerusalén después de su primer viaje misionario (Hechos 15:12, 25). Bernabé tenía una relación más cercana con la Iglesia de Jerusalén que Pablo.
La evidencia interna también apoya la autoría de Bernabé. Puesto que Bernabé escribía a su propia iglesia local, no era necesario que repasara los nombres de la gente que conocía allí, ni siquiera que empezara con un saludo ni dijera su nombre. Podría simplemente empezar a hablarles, como haría con la familia o los amigos. Alguien como Pablo tendría que decir su nombre y dar un saludo. El autor expresa su deseo de ser restituido a esta iglesia en 13:19, lo que indica que en el pasado había tenido un cargo de liderazgo allí y podía ser considerado como parte de su asamblea. De nuevo, esto encaja con Bernabé, quien fue uno de los primeros líderes de la Iglesia de Jerusalén. En 10:32-34 se indica que el autor estaba con esta iglesia cuando comenzó, lo que una vez más concuerda con Bernabé. Si algunos conceptos teológicos y cierta terminología en el libro son parecidos a los de Pablo, no es una sorpresa puesto que Bernabé fue el principal compañero de ministerio de Pablo por varios años.
El libro de Hechos no dice nada sobre Bernabé después del capítulo 15, aunque la última vez que lo menciona, dice que sigue su trabajo misionario itinerante, algo que también se indica por la continua actividad ministerial de Juan Marcos (Hechos 15:36-41; 2 Timoteo 4:11; 1 Pedro 5:13). Pablo menciona a Bernabé en 1 Corintios 9:6 y Colosenses 4:10, lo que muestra que Bernabé era bien conocido en las iglesias de Corinto y Colosas incluso al final del primer encarcelamiento romano de Pablo. Por lo tanto, parece que el ministerio de Bernabé continuó después de Hechos 15, pero estaba fuera del propósito de Lucas en Hechos comentar sobre el ministerio posterior de cualquiera de los apóstoles, excepto Pablo. Bernabé podría haber estado activo en el ministerio aún entre mediados o finales de la década de los sesenta del siglo I, y por lo tanto podría haber escrito esta epístola.
Para resumir, la autoría de Bernabé de Hebreos está respaldada por la tradición de la Iglesia primitiva; por las cualificaciones de Bernabé como apóstol; por la relación histórica de Bernabé con la Iglesia de Jerusalén; por el conocimiento de Bernabé sobre la Ley; por la fluidez en griego de Bernabé; y por la correspondencia cercana entre los detalles históricos con respecto a este autor y lo que se sabe sobre Bernabé. Todo encaja con Bernabé, y no hay problemas significativos. Por otro lado, no hay ninguna otra persona en la Iglesia primitiva que podría sugerirse plausiblemente como el autor de Hebreos, así que por un proceso de eliminación el autor debe ser Bernabé.
Puede que a algunos les cueste creer que una carta tan fuerte como esta podría venir de la pluma de uno cuyo apellido quiere decir, como se traduce usualmente, “Hijo de consolación” (Hechos 4:36). Sin embargo, una mejor traducción de υἱὸς παρακλήσεως [juios paraklēseōs] es “hijo de exhortación”.³⁰ La idea es que Bernabé siempre estaba urgiendo a las personas a alcanzar niveles más altos mediante lo que llamaríamos tanto animar como exhortar. Exhortar puede incluir las reprimendas y los desafíos además de los halagos. Por lo tanto, Bernabé llama a su carta una “palabra de exhortación” (τοῦ λόγου τῆς παρακλήσεως [tou logou tēs paraklēseōs], 13:22). El autor equilibra sus advertencias con comentarios positivos (p. ej. 6:9-12; 10:34-39; 12:1-3), pero escribe a una audiencia que necesita la reprensión firme. Además, el autor pide a la iglesia que ore por su pronto regreso (13:18-19, 23), lo que indica que tenía una reputación tan fuerte de ser un hombre amoroso y apacible que creía que la iglesia lo acogería de nuevo incluso después de haber enviado esta carta. La manera en que Bernabé animó y restauró a Juan Marcos (Hechos 15:36-41; Colosenses 4:10; 2 Timoteo 4:11; 1 Pedro 5:13) muestra que él tenía un don para restaurar a los creyentes que recaían y enfrentaban luchas, lo que lo hacía el hombre ideal para escribir una carta a una iglesia que se había estancado.
El libro de Hebreos deja claro que Bernabé tenía una mente brillante y una educación excelente. Sus argumentos del Antiguo Testamento son muy convincentes de principio a fin; su exégesis impecable extrae implicaciones cuidadosamente razonadas de pasajes difíciles del Antiguo Testamento. Él cita la Septuaginta cuando quiere, y parece haber memorizado mucho de ella. Está muy familiarizado con el sistema legal mosaico y las regulaciones del sacerdocio. Aunque el autor fue inspirado por el Espíritu Santo, su escrito también refleja sus propios razonamientos y temas de enseñanza al mostrar las implicaciones teológicas de varios pasajes y principios bíblicos. De hecho, este libro es un modelo hermenéutico excelente debido al método del autor de citar e interpretar el Antiguo Testamento, para luego aplicarlo a la situación de sus receptores.³¹
III. Los pasajes de advertencia
El principal asunto exegético en el libro de Hebreos es la interpretación de los llamados pasajes de advertencia, los cuales son 2:1-4, 3:12–4:13 (otros dicen 3:7–4:13), 5:11–6:8 (otros dicen 6:4-8), 10:26-31 y 12:14-27. La interpretación de estos cinco pasajes está estrechamente relacionada con la interpretación que el autor hace del argumento en su conjunto. Existe un amplio acuerdo en que estos pasajes son una advertencia contra la apostasía irremediable. Hay tres líneas evangélicas principales de interpretación para estos pasajes. Un punto de vista, etiquetado a menudo como la “gracia gratuita”, sostiene que los apóstatas descritos en los pasajes de advertencia son salvos, y no perderán su salvación eternamente, sino que se perderán de varias recompensas, entre ellas posiblemente la primera resurrección y el reino milenial. Un segundo punto de vista, etiquetado a menudo como “arminiano”, sostiene que a quienes están dirigidos los pasajes de advertencia son salvos, y que el autor les está advirtiendo que podrían perder su salvación. Un tercer punto de vista, etiquetado a menudo como “calvinista”, dice que los pasajes de advertencia describen a los que han hecho una falsa profesión de fe en Jesús y podrían renunciar irrevocablemente al cristianismo o ya lo han hecho.
Hay dos maneras claramente erróneas, pero comunes, de abordar los pasajes de advertencia. Un enfoque es dar una etiqueta teológica (“gracia gratuita”, “arminiano”, calvinista”) a cada uno de los tres puntos de vista principales y escoger el punto de vista que se alinee con las propias presuposiciones teológicas. “Soy calvinista, así que esa es la manera como interpretaría este pasaje”. No es cierto que los pasajes de advertencia en Hebreos sean ambiguos y que puedan ajustarse para encajar en cualquiera de las perspectivas teológicas. Hay una, y sola una, interpretación legítima de estos pasajes. Uno debe determinar lo que dice el texto y después adaptar su teología para que encaje con su exégesis. Por otro lado, asimismo es cierto que cada una de las tres interpretaciones principales de los pasajes de advertencia tiene ramificaciones teológicas de amplio alcance que afectarán el enfoque que se tenga de muchos otros pasajes de las Escrituras. También debe tenerse en cuenta que los tres puntos de vista principales no son necesariamente tan excluyentes como sugieren las etiquetas teológicas que se les han dado. Por ejemplo, una persona que rechaza cuatro de los cinco puntos del calvinismo, a quien algunos considerarían arminiano, podría sostener el llamado punto de vista calvinista (como yo). Además, hay varios otros puntos de vista de los pasajes de advertencia aparte de estos tres y muchas variaciones de ellos.³² Los comentaristas que ven la salvación como un proceso conectado al bautismo y a la membresía de la iglesia pueden ser especialmente difíciles de entender.
El segundo enfoque equivocado analiza los pasajes de advertencia de manera independiente, y luego interpreta el libro en conjunto a la luz de este punto de vista de los pasajes de advertencia. Puede que este enfoque funcione si la exégesis de los pasajes de advertencia se hace adecuadamente, pero la exégesis adecuada siempre involucra un análisis del contexto más amplio. Hebreos es un libro muy unificado, enfocado y fluido. A lo largo de todo el libro se desarrolla el mismo tema, con buenas transiciones entre los puntos secundarios y un desarrollo lógico del argumento de principio a fin. Por lo tanto, es importante comprender los pasajes de advertencia dentro del flujo de pensamiento del libro y estudiar las cinco advertencias juntas. Si se estudia solo un pasaje aislado de su contexto se corre el riesgo de perder de vista su lugar en el argumento y el resultado podría ser una mala interpretación. Los cinco pasajes de advertencia, tomados en conjunto, forman una imagen más amplia que es más difícil de ver cuando se analiza cualquier versículo o pasaje de manera aislada. Cada pasaje de advertencia aborda el mismo problema, usando una terminología similar. El argumento principal de cada sección del libro también hace referencia a estos problemas.
Cada pasaje de advertencia, cuando se lee en su contexto y se analiza cuidadosamente, es una advertencia contra la incredulidad. Entre las advertencias, el autor defiende la superioridad de Cristo en comparación con el judaísmo. Hebreos no es sobre un problema moral o de estilo de vida, sino sobre lo que los destinatarios creen acerca de Jesús. Las advertencias se dirigen a los creyentes falsos que tienen la tentación de renunciar a la fe cristiana y dejar la iglesia para regresar al judaísmo. En las secciones de información, entre las advertencias, el autor argumenta que no hay nada a lo cual volver, ya que la Ley no puede salvar, y nunca pudo.
Los puntos de vista de los pasajes de advertencia que los comprenden como dirigidos a cristianos pecando fallan completamente en reconocer el contenido de cada advertencia. En cada ocasión, la advertencia se refiere a lo que se cree sobre Jesucristo, y no tiene que ver con asuntos de estilo de vida. El único pecado que se señala en estos pasajes es el pecado de la incredulidad. Además, la consecuencia de la incredulidad que se amenaza en cada advertencia es la condenación eterna, no la pérdida de la recompensa que acompaña la salvación eterna. El concepto de recompensas por vivir correctamente no se menciona en ninguna parte de los pasajes de advertencia, los cuales tratan de la salvación.³³ También se debe tener en cuenta que, dado que el judaísmo es un sistema de obras, y los destinarios eran obviamente celosos de cumplir la Ley, las obras no eran el problema en esta iglesia. Hay solo un par de lugares en el argumento principal donde el autor de Hebreos menciona las obras, y en ambos lo hace de manera positiva. En 6:10, se refiere al amor y al ministerio a los santos que esta iglesia ha mostrado en el pasado y que sigue mostrando. En 10:32-34, el autor menciona otra vez las buenas obras y el celo que antes tenía la congregación.³⁴ La sección de exhortación moral en 13:1-6, en la que se aplica el argumento, es notablemente más corta que las secciones paralelas en las epístolas de Pablo.
Tanto el punto de vista de la gracia gratuita como el arminiano de Hebreos (aunque no todos los que se identifican con esas etiquetas lo sostienen) afirman que alguien que es verdaderamente salvo puede repudiar la fe cristiana. Desde el punto de vista arminiano (generalmente seguido por los comentaristas luteranos, wesleyanos y anglicanos), esta persona ha perdido su salvación. Tal punto de vista no solo interpreta erróneamente los pasajes de advertencia, sino que también contradice numerosas afirmaciones de la seguridad eterna en el libro de Hebreos (p. ej. 7:25; 10:14, 23) y en otras partes del Nuevo Testamento (p. ej. Mateo 7:23; Juan 5:24; 10:27-29; Efesios 1:13-14; 1 Juan 2:19). Desde el punto de vista de la gracia gratuita, alguien puede repudiar el cristianismo, abrazar el paganismo o el ateísmo, llevar una vida depravada y, aun así, ir al cielo si “confió en Cristo” en algún momento de su vida. Esto lleva a la idea de que hay dos categorías de creyentes: los que perseveran en la fe y los que pierden la fe. Sin embargo, un versículo como Hebreos 3:6 muestra que alguien que es salvo de verdad nunca repudiará la fe. Además, la idea de que alguien puede ser salvo y no demostrarlo por sus obras está en contradicción con innumerables versículos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento (p. ej. Mateo 7:16-20; 12:33; Juan 15:1-6). A pesar de ello, este extraño aspecto del sistema teológico moderno de la gracia gratuita explica cómo es que aquellos que están en este grupo teológico podrían decir que las personas que han dejado la iglesia y apostatado al final seguirán siendo salvos eternamente. Primera de Juan 2:19 contradice tanto el punto de vista arminiano como el de la gracia gratuita porque enseña que la marca de un creyente verdadero es la permanencia en la fe. Puesto que todos los creyentes perseverarán en la fe, los que no perseveran están perdidos.
Muchos pastores han aplicado los pasajes de advertencia a cristianos que están pecando porque piensan que es un mejor tema para la predicación, pero en realidad esto es un mal uso del libro de Hebreos. Su advertencia es en contra de las personas que han hecho, a sabiendas o inconscientemente, una falsa profesión de fe y están considerando una alternativa a Cristo. Este grupo es amenazado con el endurecimiento irremediable y la condenación eterna, no solo con el castigo en esta vida o la pérdida de recompensa. Por lo tanto, este libro es una advertencia muy severa y sobria para aquellos que solo están jugando a la iglesia, fingiendo que son cristianos cuando en realidad no han nacido de nuevo. Necesitan ser advertidos de que, si repudian al cristianismo, no tendrán una segunda oportunidad: pueden endurecerse de manera irreversible y ser condenados mientras están vivos.
IV. Destinarios
Los destinarios, al igual que el autor, no se identifican por nombre. El autor y los destinarios se conocían tan bien que no era necesario comenzar la epístola con una identificación formal de ellos. Sin embargo, está claro por varias declaraciones hechas en el libro que la epístola fue enviada a la Iglesia de Jerusalén. La oración inicial del libro hace referencia a “los padres” (RVR60) o “nuestros antepasados” (TLA), lo que indica que los destinarios de la epístola eran judíos. Estos eran, por supuesto, judíos cristianos (ver 3:1, etc.), es decir, una Iglesia judía. Según 5:12, la mayoría del grupo había sido salva hacía mucho tiempo. Hebreos 10:32-34 describe un período de persecución en los primeros días de la iglesia, el cual encajaría bien con Hechos 8. Hebreos 2:3-4 indica que los doce apóstoles fueron los primeros en predicar el mensaje del evangelio en esta iglesia, y que confirmaron el mensaje haciendo señales y prodigios. Hebreos 13:7 indica que el grupo original de maestros y líderes de la iglesia ya no estaba allí, y que de hecho muchos de ellos habían muerto. La exhortación a no ofrecer sacrificios según la Ley (10:1-25) aplicaría solo a los creyentes palestinos, y en particular a los que vivían en Jerusalén, donde estaba el templo. No hay ningún indicio de que los destinarios fueran gentiles o de que tuvieran un pasado en el paganismo. En 13:13-14, el autor exhorta a sus lectores a abandonar la Jerusalén de esta era presente por la que ha de venir en la nueva tierra. Por lo tanto, Jerusalén es el único destino posible que encaja con el contenido de la epístola.
La mayoría de los creyentes profesantes en la asamblea cristiana en Jerusalén eran salvos de verdad, pero había una minoría de no creyentes entre ellos que había hecho una falsa profesión de fe. En toda iglesia local de un tamaño considerable, que cree en la Biblia y predica el evangelio verdadero, la mayoría de la congregación es salva, pero hay no creyentes dentro de ella. Por lo tanto, las declaraciones en el libro que indican que los destinarios son salvos no implican que no pueda haber un subgrupo dentro de ellos que sea atípico del grupo en su conjunto. Un pastor podría dirigirse a su congregación como “hermanos” porque está hablando a un grupo de cristianos profesantes, incluso si sabe o sospecha que algunas de las personas a las que está hablando han hecho una falsa profesión de fe.³⁵ En Hebreos, la marcada diferencia entre la manera en que el autor describe a las personas en los pasajes de advertencia y la manera en que las describe en otras partes es debido a la presencia de un subgrupo no salvo dentro de la congregación. Que son una minoría en el grupo queda demostrado por el uso de los términos τις ἐξ ὑμῶν, (tis ex jumōn; “alguien entre ustedes”, 3:13; 4:1) y τις (tis) (“alguien”, 4:11; 12:15-16) en los pasajes de advertencia.³⁶
El libro de Hechos presenta un cambio dramático en la Iglesia de Jerusalén desde su comienzo entusiasta en el 33 d. C. hasta la liberación de Pablo de prisión unos treinta años más tarde. Al comienzo, Jerusalén era el centro del cristianismo en el mundo, y su iglesia estaba compuesta exclusivamente de judíos y gentiles convertidos al judaísmo. Las primeras narraciones de Hechos vibran con gran celo, entusiasmo y compromiso. Sin embargo, al final de Hechos, la Iglesia de Jerusalén pende de un hilo, mientras que los gentiles han aceptado el evangelio con entusiasmo y llevan adelante la obra de evangelización. Ciertos miembros de la Iglesia de Jerusalén se resistieron inicialmente a la conversión gentil (Hechos 11:1-3; 15:1-11) y permanecieron celosos de la ley de Moisés, incluso resistiéndose al énfasis de Pablo en la salvación por fe aparte de la Ley (Hechos 21:20-25). Básicamente, los cristianos en Jerusalén eran como muchos judíos mesiánicos modernos: aceptaban la idea de que Jesús era el Mesías, pero seguían creyendo que era necesario que los judíos guardaran las tradiciones de los fariseos y la ley de Moisés. Cuando se escribió la epístola de Hebreos, los creyentes judíos en Jerusalén estaban estancados, sin haber podido dejar atrás la Ley, a diferencia de los gentiles, que fueron los responsables de la dinámica de progreso y de la distinción doctrinal de la iglesia. Los cristianos judíos en Jerusalén estaban bajo presión para volver al judaísmo como una manera de encajar con la multitud y evitar la persecución (cf. 12:4). El autor sabía de algunos antiguos miembros de la iglesia que ya habían vuelto al judaísmo rabínico (cf. 6:4-6; 10:25), y tenía buena evidencia de que otros que todavía formaban parte de la comunidad cristiana estaban titubeando. Los cristianos en Jerusalén eran celosos de guardar la Ley (Hechos 21:20), así que, en la mayoría, los pecados conductuales externos no eran un problema. El gran pecado que constituía un problema entre este grupo era el pecado de la incredulidad (4:11-16). Tanto los no creyentes como los creyentes verdaderos en la Iglesia de Jerusalén fueron desafiados a comprometerse decididamente con Cristo, dejando atrás el judaísmo. Por lo tanto, todo el grupo de destinarios estaba rezagado espiritualmente, pero había un subgrupo de no creyentes entre ellos que tenía que ser evangelizado. Los pasajes de advertencia están dirigidos a los miembros no creyentes de la Iglesia de Jerusalén, y son advertencias fuertes de creer en Jesús como el cumplimiento de la Ley, en vez de renunciar el cristianismo y volver al judaísmo.
V. Fecha y ocasión
La fecha de composición de Hebreos se puede determinar con un alto grado de precisión a partir de las pistas que se dan en el libro y de las fuentes sobre la historia del período. El término a quo se puede fijar por la muerte de Santiago. Según Josefo,³⁷ Santiago (Jacobo) el hermano de Jesús fue martirizado en el interregno entre las procuradurías de Festo y Albino, es decir, en el 62 d. C. Mientras que la Iglesia de Jerusalén tuvo a Santiago u otros apóstoles que podían guiarla, no hacía falta que alguien más escribiera una epístola a Jerusalén. Pero cuando la iglesia perdió a su pastor principal y a los apóstoles que vivían allí, surgió la necesidad de que un apóstol le escribiera para darle dirección, especialmente cuando se acercaba una crisis.
Un término ad quem de posibles fechas para Hebreos es la destrucción del templo en el 70 d. C. El autor habla como si el sacerdocio levítico todavía funcionara de manera externa (cf. 8:4-5), y exhorta a sus lectores a no volver al sistema de sacrificios judío. Tal exhortación solo tendría sentido si el templo aún estuviera en pie y funcionara normalmente. Además, si el templo se hubiera destruido, el autor seguramente se habría referido a esto cuando habló de la naturaleza temporal del Antiguo Pacto. Por lo tanto, el hecho de que no se mencione la destrucción de Jerusalén se puede interpretar como prueba de que la ciudad seguía en pie y operaba normalmente en el momento en que se escribió esta epístola.
El escritor envía saludos de los santos de Italia (13:24), lo que implica que está escribiendo desde Italia (cf. 1 Corintios 16:19; Filipenses 4:21-22; 1 Pedro 5:13). Menciona que Timoteo ha sido liberado de prisión (13:23). Presuntamente, Timoteo fue a visitar a Pablo en Roma como se le había pedido poco antes de la ejecución del apóstol en el invierno del 65/66 (2 Timoteo 4:9-21), y Timoteo fue encarcelado durante un tiempo por apoyar a su mentor. Por lo tanto, Hebreos no debe haber sido escrito antes del invierno del 65/66.
El escritor advierte que se acerca la persecución severa, pero que todavía no ha llegado (12:4). Esto implica que Hebreos se escribió mientras crecían el desorden y la insurrección en Judea, pero antes de la revuelta abierta de los judíos en junio del 66. Esto reduce el lapso de tiempo de la escritura de Hebreos a comienzos del 66 d. C. El escritor dice que planea viajar hasta donde los destinarios pronto, lo que implica que ya ha pasado la peligrosa temporada de viajes de invierno (cf. Hechos 27:12), y esto también se deduce por el hecho de que pudo enviar esta carta por medio de un mensajero.
Por tanto, podemos concluir que el libro de Hebreos fue escrito desde Italia a la Iglesia de Jerusalén en vísperas de la Primera Guerra Judía. La posibilidad de la inminente rebelión judía contra Roma fue el impulso para esta epístola. La larga y terrible procuraduría de Antonio Félix (52-59 d. C.) creó unas condiciones que hicieron inevitable la revuelta. Porcio Festo (59-62 d. C.) fue más competente, pero no cambió la situación. La procuraduría espantosa de Luceyo Albino (62-64 d. C.) experimentó el declive de la anarquía sobre Palestina. La procuraduría de Gesio Floro (64-66 d. C.) consistió en un estado más o menos constante de los robos con armas, la masacre y la injusticia a tal punto que la revuelta judía contra el dominio romano fue el final obvio de su ocupación, y el que el propio Floro esperaba. A inicios del año 66, tanto Bernabé como los cristianos judíos en Jerusalén sabían que la guerra se acercaba, y que llegaría pronto. Bernabé escribió urgentemente a la Iglesia de Jerusalén (y, por extensión, a toda Judea) porque la guerra inminente traería presión abrumadora para volver al judaísmo. Cuando los líderes zelotes tomaran el control de Jerusalén, aquellos que se negaran a identificarse con el judaísmo rabínico, que excluía a Jesús, serían asesinados. Bajo tal presión, los falsos creyentes que solo jugaban a la iglesia se irían rápidamente, un acto que esta epístola advierte sellará su destino a la condenación eterna.
Por lo tanto, lo más probable es que Hebreos se escribiera en el inicio de la primavera del 66 d. C., y que Bernabé y Timoteo llegaran a Jerusalén poco después de que llegara la carta. Es casi seguro que fue Bernabé quien exhortó a los cristianos a huir tanto de la ciudad de Jerusalén como de toda Judea cuando estalló la guerra, y el historiador de la Iglesia primitiva, Eusebio, registra que esto es realmente lo que hicieron los cristianos, preservando su vida y su fe.³⁸
VI. Propósito y mensaje
El objetivo de esta epístola es demostrar la superioridad de Jesús por encima de y Su reemplazo del judaísmo del Antiguo Pacto,³⁹ y, por consiguiente, estimular a los lectores a separarse completamente del judaísmo, a ser salvos y si ya lo son, a comprometerse de manera decisiva solo con Jesús, dejando atrás el sistema del Antiguo Pacto.
El autor de Hebreos identifica explícitamente su objetivo principal en 8:1, y reitera este objetivo a lo largo del libro (1:3; 4:14; 6:20; 9:28; 10:12; 12:2). El mensaje de Hebreos es que Jesucristo ha cumplido y reemplazado el sistema legal mosaico por medio de Su ofrenda por el pecado hecha una vez para siempre y Su sumo sacerdocio celestial. Jesús es superior a los mediadores angélicos de la Ley (1:1–2:18), al apóstol de la Ley (3:1–4:13), a los sumos sacerdotes de la Ley (4:14–6:20), a todo el sistema de expiación de la Ley (7:1–10:39) y a la esperanza de la Ley (11:1–12:29). Esta epístola se centra en enseñar acerca de Jesucristo, y el tema de Hebreos es: Cristo es mejor. Aquellos que dejan la iglesia y vuelvan al judaísmo no pueden ser salvos.
VII. Base textual
La base textual de Hebreos es similar a la de la mayoría de las epístolas paulinas. De los diez papiros de Hebreos, solo dos contienen porciones significativas del libro: P46 (ca. 200 d. C.), que contiene porciones de cada capítulo, y P13 (siglo III/IV). Los otros ocho papiros (P12, P17, P79, P89, P114, P116, P126, P130) son preservados en solo fragmentos muy pequeños. La condición de los manuscritos unciales es típica, excepto que B termina en 9:14. Largas variantes textuales ocurren en 2:7, 3:6, 7:21, 8:12 y 12:20. Algunas variantes de importancia exegética aparecen en 1:3; 1:8; 3:2; 3:6 (2x); 4:2; 4:3; 5:3; 6:2; 6:3; 6:10; 7:16; 7:21; 8:4 (2x); 8:8; 8:12; 9:11; 9:14; 10:30; 10:34 (2x); 11:3; 11:11; 11:20; 12:3; 12:18; 12:28; 13:4; 13:9; 13:21; 13:23.
PAPIROS DE HEBREOS POR CAPÍTULO
(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)
UNCIALES DE HEBREOS POR CAPÍTULO
(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)
VIII. Esquema de Hebreos
Esquema general
- A. La superioridad de Cristo sobre los mediadores de la Ley (ángeles) (1:1–2:18)
- B. La superioridad de Cristo sobre el apóstol de la Ley (Moisés) (3:1–4:13)
- C. La superioridad de Cristo sobre los sumos sacerdotes de la Ley (4:14–6:20)
- D. La superioridad de Cristo sobre el sistema de expiación de la Ley (7:1–10:39)
- E. La superioridad de Cristo sobre la esperanza de la Ley (11:1–12:29)
- F. La superioridad de Cristo aplicada (13:1-21)
- G. Conclusión epistolar (13:22-25)
Esquema detallado
- A. La superioridad de Cristo sobre los mediadores de la Ley (ángeles) (1:1–2:18)
- 1. El estatus superior de Cristo en cuanto a Su relación con Dios (1:1-14)
- 2. Advertencia de no descuidar el mensaje de Cristo (2:1-4)
- 3. El estatus superior de Cristo en cuanto a Su relación con el mundo venidero (2:5-9)
- 4. El estatus superior de Cristo en cuanto a Su relación con el hombre (2:10-18)
- B. La superioridad de Cristo sobre el apóstol de la Ley (Moisés) (3:1–4:13)
- 1. La posición superior de Cristo en la casa de Dios (3:1-11)
- 2. Advertencia de no perder, por la incredulidad, el reposo ofrecido por Cristo (3:12–4:13)
- i. Amonestación a no seguir el ejemplo de los israelitas en el desierto (3:12-19)
- ii. Amonestación a no perder, por la incredulidad, el futuro reposo prometido (4:1-13)
- C. La superioridad de Cristo sobre los sumos sacerdotes de la Ley (4:14–6:20)
- 1. La superioridad de Cristo como Intercesor (4:14-16)
- 2. La superioridad de Cristo como Salvador (5:1-10)
- 3. Advertencia de no retroceder del conocimiento de Cristo (5:11–6:8)
- i. Reprimenda contra la inmadurez de la congregación (5:11-14)
- ii. Exhortación a avanzar hacia la madurez (6:1-3)
- iii. Lo irreversible de retroceder (6:4-8)
- 4. Exhortación a esperar (6:9-20)
- i. Esperanza debido a la situación de la congregación (6:9-12)
- ii. Esperanza debido a las promeses de Dios (6:13-20)
- D. La superioridad de Cristo sobre el sistema de expiación de la Ley (7:1–10:39)
- 1. Cristo, un Sacerdote de un orden superior (7:1-28)
- i. La eternidad del sacerdocio melquisedeico (7:1-3)
- ii. La primacía de Melquisedec sobre Leví (7:4-10)
- iii. El mejor pacto del sacerdocio melquisedeico (7:11-25)
- iv. La perfección del sacerdocio de Cristo (7:26-28)
- 2. Cristo, el Mediador de un mejor pacto (8:1-13)
- 3. Cristo, un Ministro en el tabernáculo celestial (9:1-28)
- i. La naturaleza simbólica y temporal del tabernáculo mosaico (9:1-10)
- ii. La naturaleza real y permanente del ministerio de Cristo (9:11-22)
- iii. La perfección del cumplimiento de Cristo (9:23-28)
- 4. Cristo, el Ofrendante del sacrificio final (10:1-18)
- 5. Exhortación a aceptar la expiación de Cristo (10:19-25)
- 6. Advertencia de no rechazar la expiación de Cristo (10:26-31)
- 7. Exhortación a avanzar (10:32-39)
- E. La superioridad de Cristo sobre la esperanza de la Ley (11:1–12:29)
- 1. Demostración de la fe de los santos precristianos en las promesas de Dios, que produce perseverancia (11:1-40)
- 2. Exhortación a avanzar hacia la meta por medio de la fe (12:1-13)
- 3. Advertencia de no apartarse del Dios vivo en el cielo hacia una esperanza terrenal (12:14-29)
- i. Advertencia de no seguir el ejemplo de Esaú (12:14-17)
- ii. Advertencia de no rechazar la amonestación celestial (12:18-29)
- F. La superioridad de Cristo aplicada (13:1-21)
- 1. Exhortaciones a vivir por fe en medio de la persecución (13:1-6)
- 2. Exhortación a escoger a Cristo en lugar del judaísmo (13:7-17)
- 3. La petición de oración del autor (13:18-19)
- 4. La oración del autor por los destinarios (13:20-21)
- G. Conclusión epistolar (13:22-25)
- 1. Exhortación a aceptar la epístola (13:22)
- 2. Declaración sobre planes de visitar (13:23)
- 3. Saludos (13:24)
- 4. Bendición (13:25)
IX. El argumento de Hebreos
El cuerpo del libro de Hebreos consiste en un único argumento sostenido que afirma la superación y sustitución del judaísmo (es decir, del judaísmo rabínico o del Antiguo Pacto) por parte de Jesús. Cada división principal del libro defiende la superioridad de Cristo por encima de un aspecto particular de la Ley mosaica. Cada sección de Hebreos termina en un tema que introduce la siguiente sección. La mayoría de las secciones y subdivisiones principales de Hebreos comienzan con algún tipo de conector lógico, indicando que el autor ve todo encajando en un argumento unido. La macroestructura de Hebreos, como ya se señaló, está constituida por cinco puntos principales en el argumento: Cristo es superior a los mediadores angélicos de la Ley (1:1–2:18), al apóstol de la Ley (3:1–4:13), a los sumos sacerdotes de la Ley (4:14–6:20), a todo el sistema de expiación de la Ley (7:1–10:39) y a la esperanza de la Ley (11:1–12:29). El capítulo 13 concluye la epístola, aplicando la demostración de la superioridad de Cristo y las consecuencias de la incredulidad a la situación de los lectores.⁴⁰
XIX. Fue profesor Regio de Divinidad en Cambridge desde 1870 hasta 1890 y Obispo de
Durham desde 1890 hasta su muerte en 1901. Era un anglicano conservador, y trabajó en estrecha colaboración con J. B. Lightfoot y F. J. A. Hort. Dice que el autor del libro de Hebreos no fue Pablo ni Clemente, sino que pudo haber sido Lucas o Bernabé. Fecha la escritura de la epístola entre los años 64-67 d. C., y afirma que los destinarios probablemente vivían en Palestina. Considera los pasajes de advertencia como una advertencia contra la apostasía, la cual, según él, podría ocurrir, pero probablemente no había ocurrido todavía entre el grupo al que iba dirigida la carta (p. 165). Su intento de explicar cómo es que estos apóstatas no pueden ser renovados para arrepentimiento es confuso, dado al hecho de que sostenía las doctrinas del bautismo de infantes y de la regeneración bautismal. Afirma que no puede haber un segundo nacimiento espiritual, pero podría haber una restauración a la vida, por lo cual quiere decir que es posible que se readmitan en la iglesia los apóstatas de los que se habla, pero no deberían ser rebautizados (pp. 150, 165-167). Para Westcott, el bautismo y la regeneración marcan el comienzo del proceso de salvación, pero a menos que una persona siga con los pasos posteriores en el proceso, no puede ser salva escatológicamente. Puede que Westcott también sostenga el punto de vista de que la membresía de la iglesia es necesaria para la salvación. Por lo tanto, desde su punto de vista, alguien que fue bautizado y se unió a la iglesia, pero posteriormente dejó la iglesia y renunció al cristianismo ha abandonado el proceso de salvación y no será salvo escatológicamente si muere en un estado de apostasía. Sin embargo, Dios puede mover a un apóstata al arrepentimiento, en cuyo caso el apóstata arrepentido será readmitido en la iglesia, de ese modo se reincorporará al proceso de salvación que culminará con la salvación escatológica. Aun así, el primer paso en el proceso, que es el bautismo/la regeneración, es un evento único que no se puede repetir. Westcott sostiene así el extraño pero común punto de vista de que hay apóstatas regenerados cuyo destino es la condenación eterna. Westcott básicamente sostiene el punto de vista arminiano de los pasajes de advertencia como una descripción de la pérdida de la salvación, pero no ve esto como una pérdida irremediable de la salvación. A pesar de este problema, el comentario de Westcott es excelente, aunque es muy difícil de leer para quienes no dominan el griego.
A. Comentarios en español Bruce, F. F. La Epístola a los Hebreos. Traducido por Marta Márques de Campanelli y Catharine Feser de Padilla. Buenos Aires: Nueva Creación, 2002. Garrett Boyd, Ricardo y Marcelino Tapia. “Hebreos”. Páginas 23-171 en Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, Judas. Comentario Bíblico Mundo Hispano, tomo 23, editado por Juan Carlos Cevallos y Rubén O. Zorzoli. El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2005. Hodges, Zane C. “Hebreos”. Traducido por Bernardino Vázquez. Páginas 13-57 en El Conocimiento Bíblico: Un Comentario Expositivo. Nuevo Testamento Tomo 4:
Hebreos—Apocalipsis. 2.a ed. Editores en inglés John F. Walvoord y Roy B. Zuck. Editores en castellano Julián Lloret y Jack Matlick. Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas A. C., 2006. Kistemaker, Simon J. Exposición de la Epístola a los Hebreos. Comentario al Nuevo
Testamento. Grand Rapids: Libros Desafío, 1991. MacArthur, John. Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Hebreos y Santiago.
Grand Rapids: Editorial Portavoz, 2014.
B. Comentarios en inglés
- Comentarios clásicos excelentes Kay, William. “Hebrews.” En The Holy Bible, with an Explanatory and Critical Commentary:
New Testament, editado por F. C. Cook, tomo 4, 1-103. New York: Charles Scribner’s Sons, 1901. Westcott, Brooke Foss. The Epistle to the Hebrews: The Greek Text with Notes and Essays.
3.a ed. London: Macmillan, 1903. Reimpreso: Grand Rapids: Eerdmans, 1984.
- Comentarios evangélicos conservadores Hughes, Philip Edgcumbe. A Commentary on the Epistle to the Hebrews. Grand Rapids:
Eerdmans, 1977. Pink, Arthur W. An Exposition of Hebrews. Reimpreso: Grand Rapids: Baker, 2004.
X. Comentarios sugeridos
- Los comentarios sobre Hebreos se pueden clasificar principalmente según la manera
- en la que abordan los pasajes de advertencia, porque esto determina su enfoque de todo
- el libro. También son importantes los puntos de vista del comentarista sobre la autoría, la
- fecha y los destinatarios. En los siguientes párrafos hay una breve descripción de los
- autores de los comentarios de Hebreos que aparecen en la bibliografía, y un resumen de
- las posturas de sus comentarios. Ricardo Garrett Boyd (el escritor de la exposición de “Hebreos” en el Comentario
- Bíblico Mundo Hispano) fue el director del Seminario Teológico Bautista Mexicano y
- profesor de Nuevo Testamento. Marcelino Tapia (el escritor de las ayudas prácticas de
- “Hebreos” en el Comentario Bíblico Mundo Hispano) es docente en el Seminario Teológico
- Bautista Cochabamba. Ellos escriben desde una perspectiva bautista. Boyd dice que “el
- autor de Hebreos fue un cristiano cuyo nombre no aparece en el NT” (p. 26). Dice que los
- destinarios fueron una comunidad desconocida de judíos convertidos a Cristo. Cree que
- Hebreos fue escrito justo antes de o durante la guerra entre los judíos y los romanos (66-
- 70 d. C.). Afirma (correctamente) que los pasajes de advertencia no describen a cristianos
- que han perdido su salvación (lo cual es una imposibilidad), sino a “personas que tienen
- una experiencia que se parece a la salvación, pero en realidad no han experimentado la
- verdadera salvación” (p. 81). F. F. Bruce fue un conocido erudito de Nuevo Testamento que era básicamente
- evangélico, pero con algunas tendencias liberales. Su comentario de Hebreos es útil y vale
- la pena leerlo, aunque a menudo no expone claramente sus puntos de vista sobre
- cuestiones clave. No está seguro de quién escribió Hebreos, pero dice que el autor era un
- cristiano helenista de la segunda generación de cristianos (definitivamente no Pablo).
- Piensa que Hebreos probablemente se escribió poco antes del 65 d. C. Dice que fue escrito
- a cristianos judíos, tal vez en Roma, pero definitivamente no en Jerusalén. Su punto de
- vista de los pasajes de advertencia es básicamente correcto: que la apostasía es
- irremediable y que los que perseveran son los verdaderos santos. Zane Hodges, que fue profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de
- Dallas, escribe desde una perspectiva dispensacional y de la gracia gratuita. Dice que lo
- más probable es que el autor de Hebreos haya sido Bernabé (correcto), que la epístola se
- escribió ca. 68-69 d. C. (aproximado, pero impreciso) y que la epístola fue escrita a una
- Iglesia cristiana mayormente judía (correcto), posiblemente en Cirene (incorrecto). Su
- punto de vista de los pasajes de advertencia, que posteriormente fue explicado más
- ampliamente por Joseph C. Dillow en The Reign of the Servant-Kings [El reinado de los
- reyes-siervos] (1992), es extraño. Hodges creía que hay “apóstatas salvos”, es decir,
- personas que han renunciado definitivamente al cristianismo, que no heredarán el reino
- milenial, pero aun así serán salvos al final. Stanley Toussaint, uno de los editores de El
- Conocimiento Bíblico, eliminó del comentario algunas de las ideas más extremas de
- Hodges y suavizó su lenguaje. Philip Edgcumbe Hughes fue un clérigo anglicano evangélico (episcopal) conservador
- y profesor de seminario quien era reformado en su teología. Dice que es imposible saber
- con certeza quién escribió Hebreos, pero que la balanza de probabilidades favorece a
- Bernabé. Cree que Hebreos fue escrito en la década del 60 d. C. y que probablemente se
- envió a Palestina. Considera que los pasajes de advertencia describen a cristianos
- profesantes que apostatan y caen en un estado irremediable. Su comentario de Hebreos es
- excelente. William Kay fue un anglicano evangélico conservador. Creía que Pablo escribió
- Hebreos alrededor del 65 d. C. y envió la carta a la Iglesia de Jerusalén. Interpreta los
- pasajes de advertencia como una referencia a los apóstatas que han rechazado de manera
- definitiva la gracia de Dios, y como resultado se les ha quitado la gracia que permite el
- arrepentimiento; no es claro si considera a estos apóstatas como que fueron salvos en
- algún momento o que nunca fueron salvos. Simon Kistemaker, que fue un profesor de Nuevo Testamento en Reformed
- Theological Seminary (el Seminario Teológico Reformado), escribe desde una perspectiva
- reformada. Rechaza la autoría paulina de Hebreos, pero considera que es imposible
- identificar al verdadero autor. Cree que Hebreos fue escrito entre el 80 y el 85 d. C. y que
- estaba dirigido a los cristianos judíos en Roma. Considera que los pasajes de advertencia
- son una descripción de creyentes profesantes que apostatan, en vez de creyentes
- verdaderos. John MacArthur es un conocido pastor evangélico conservador que es calvinista,
- premilenialista y similar a los bautistas respecto a sus creencias sobre el bautismo y la
- comunión. Cree que Hebreos fue escrito por un autor desconocido (no Pablo) alrededor
- del 65 d. C. a un grupo de judíos fuera de la tierra de Israel, quizás cerca de Grecia.
- Interpreta los pasajes de advertencia como una referencia a la apostasía de los no cristianos
- que están convencidos intelectualmente de que Jesús es el Mesías pero no están
- comprometidos espiritualmente. Arthur W. Pink fue un pastor y escritor bautista reformado muy estudioso, pero
- principalmente autodidacta. Creía que Pablo escribió Hebreos poco antes del 70 d. C. y
- que probablemente envió la carta a Jerusalén/Judea, aunque todos los creyentes judíos
- eran los destinatarios. Interpreta los pasajes de advertencia como una referencia a los
- creyentes falsos que apostatan. Uno de los puntos fuertes de su comentario es que aborda
- cada frase de la epístola y va directo al asunto. Brooke Foss Westcott es considerado uno de los mejores eruditos de la Biblia del siglo
¹ Traducido de Brooke Foss Westcott, The Epistle to the Hebrews: The Greek Text with Notes and Essays, 3.a ed. (London: Macmillan, 1903), lix.
² Traducido de Westcott, Hebrews, lii.
³ Traducido de Westcott, Hebrews, lviii.
⁴ Saphir hace acertadamente una comparación con Isaías 40–66. Adolph Saphir, The Epistle to the Hebrews: An Exposition, 2 tomos, 6.a ed. americana (New York: Loizeaux Brothers, [19--]), 1:1-2.
⁵ Algunos utilizan el título del libro para apoyar la autoría paulina. La Iglesia primitiva nombró las epístolas paulinas según sus destinatarios, mientras que las epístolas generales fueron nombradas según su autor. Sin embargo, una epístola de la que se tienen dudas sobre su autoría necesariamente tendría que llevar el nombre de sus destinatarios y no de su autor. Por lo tanto, el antiguo título “A los Hebreos” (ΠΡΟΣ ΕΒΡΑΙΟΥΣ, PROS EBRAIOUS) no prueba la autoría paulina. Algunos mencionan que P46 parece ser una colección de epístolas paulinas, e incluye a Hebreos. Sin embargo, P46 se encontró en Egipto, y por lo tanto es probable que refleje la tradición alejandrina que atribuyó la autoría paulina a Hebreos.
⁶ Citado por Eusebio en Historia eclesiástica 6.14.2-4.
⁷ Tertuliano, De pudicitia [Sobre la castidad] 20.
⁸ Según Eusebio en Historia eclesiástica 6.20.3.
⁹ Se ha sugerido que Gayo de Roma fuera el autor del Fragmento Muratoriano (también conocido como el Canon Muratoriano).
¹⁰ Ver las referencias en Westcott, Hebrews, lxiv-lxv.
¹¹ Citado por Eusebio en Historia eclesiástica 6.25.11-14.
¹² Traducido de Theodor Zahn, Introduction to the New Testament, 3 tomos, traducido por John Moore Trout et al. bajo la dirección de Melancthon Williams Jacobus y Charles Snow Thayer (Grand Rapids: Kregel, 1953), 2:300.
¹³ Bernabé era un apóstol a los gentiles también (Gálatas 2:9), aunque, a diferencia de Pablo, su ministerio estaba centrado en Jerusalén en los primeros días de la Iglesia.
¹⁴ Un hápax legómenon es una palabra que solo ocurre una vez en un libro o en una colección de literatura.
¹⁵ Ver William Henry Simcox, The Writers of the New Testament: Their Style and Characteristics, tomo 2 de The Language of the New Testament, The Theological Educator (Londres: Hodder and Stoughton, 1890), 56-59.
¹⁶ Además de los que son citados a continuación, ver también James Moffatt, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Hebrews, International Critical Commentary, editado por Alfred Plummer (Edinburgh: T. & T. Clark, 1924), lvi-lxiv; Nigel Turner, Style, tomo 4 de A Grammar of New Testament Greek, editado por James Hope Moulton (Edinburgh: T. & T. Clark, 1976), 106-113.
¹⁷ Traducido de Simcox, Writers of the New Testament, 44. Tenga en cuenta que Simcox acepta la autenticidad de las epístolas pastorales, que son más literarias.
¹⁸ Traducido de Ibid., 46.
¹⁹ Traducido de Zahn, Introduction to the New Testament, 2:299. Zahn nota diferencias específicas en el estilo y el contenido entre Hebreos y las Epístolas de Pablo en 2:353-54, 2:360-61. (Zahn sostiene la autoría paulina de las epístolas pastorales.)
²⁰ Traducido de William L. Lane, Hebrews 1–8, Word Biblical Commentary, editado por David A. Hubbard, Glenn W. Barker y Ralph P. Martin, tomo 47A (Dallas, TX: Word Books, 1991), xlix. No está claro si Lane incluye las pastorales en la literatura paulina, pero su argumento es válido de todos modos.
²¹ Clemente de Alejandría se cita en Eusebio, Historia eclesiástica 6.14.2-4. Sin embargo, no hay evidencia de traducción griega en ninguna parte de Hebreos. El autor de Hebreos siempre cita de la Septuaginta griega, no del texto hebreo (protomasorético) y a veces fundamenta sus argumentos en lecturas únicas de la Septuaginta, lo que no habría hecho si escribiera originalmente en hebreo.
²² Se cita en Eusebio, Historia eclesiástica 6.25.11-14.
²³ Se podría sugerir que Pablo tenía un amanuense que hizo que su estilo fuera más literario, como hizo Silas (Silvano) para Pedro en 1 Pedro (1 Pedro 5:12). Sin embargo, de hecho, Pablo sí tenía tal amanuense ―Lucas― para las epístolas pastorales, pero aún así las epístolas pastorales tienen un estilo claramente diferente que el de Hebreos.
²⁴ Traducido de Bruce M. Metzger, “The Language of the New Testament”, en The Interpreter’s Bible, tomo 7 (Nueva York: Abingdon Press, 1951), 46-47.
²⁵ Como ya se señaló, Pablo afirma fuertemente en Gálatas 1 que no recibió el evangelio de hombre, sino directamente del Señor.
²⁶ Tertuliano, De pudicitia [Sobre la castidad] 20.
²⁷ Se refiere a la epístola canónica a los Hebreos; Tertuliano creía que había sido escrita por Bernabé, el compañero de viajes de Pablo. (N. del T.)
²⁸ Se refiere al “Pastor de Hermas”, popular obra no canónica del siglo II. Tertuliano escribió De pudicitia siendo ya montanista, estando separado de la iglesia, y en ella anatemiza y combate al “Pastor de Hermas”, calificándolo de “apócrifo” y refiriéndose sarcásticamente a dicha obra como “Pastor de adúlteros”, pues en ella se insta a los maridos divorciados a perdonar y recibir de vuelta a sus esposas adúlteras (Hermas, Mand. 4:1). (N. del T.)
²⁹ Tertuliano, De pudicitia [Sobre la castidad] 20. Traducido de latín por Carlos Rafael Domínguez. Para el texto latín, ver Patrologia Latina, editado por J.-P. Migne, tomo 2, cols. 1074-1075.
³⁰ 30 El griego Βαρναβᾶς, Barnabas (Bernabé) es una transliteración del arameo בַּר־נְבִיא, Bar-neḇî’, “hijo de profeta”. El ministerio de un profeta era uno de exhortación.
³¹ Ver R. T. France, “Hebrews”, en The Expositor’s Bible Commentary: Revised Edition, tomo 13 (Grand Rapids: Zondervan, 2006), 25-27.
³² Barnes y Kent combinan los puntos de vista calvinista y arminiano por interpretar los pasajes de advertencia como una descripción de la pérdida de la salvación, pero diciendo que esto es solo un caso hipotético que es imposible en realidad. Buchanan, que es liberal, equipara la salvación con la membresía de la iglesia, e interpreta los pasajes de advertencia como una instrucción a la iglesia de excomulgar permanentemente a miembros que no mantienen valores morales o éticos no especificados.
³³ Algunos intentan esquivar este asunto afirmando que el término “salvación” en Hebreos se refiere a la liberación escatológica más que a la justificación. Sin embargo, la idea de que alguien puede ser justificado en el presente, pero no experimentará la liberación en la segunda venida de Cristo no se encuentra en ninguna parte del Nuevo Testamento. De hecho, el argumento del autor es que la liberación futura se basa en la fe en Cristo ahora. Por lo tanto, la liberación escatológica no se puede separar de la justificación presente.
³⁴ Se debe tener en cuenta que 12:16 está, en contexto, refiriéndose a la fornicación espiritual.
³⁵ Asimismo, el hecho de que el autor de Hebreos a menudo hable en primera persona del plural no debe interpretarse como una indicación de que todos en el grupo son salvos. Esto es simplemente un “nosotros” genérico, un “nosotros” como el que un pastor usa cuando predica (cf. 1 Juan 3:1). Los que afirman que todos en la Iglesia de Jerusalén eran creyentes verdaderos simplemente son poco realistas, puesto que hay creyentes falsos en cada iglesia con una congregación grande.
³⁶ Todas las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas a iglesias o a personas creyentes, y nunca a no creyentes. Las epístolas pretenden ser más didácticas que evangelísticas.
³⁷ Josefo, Antigüedades de los judíos 20.9.1/20.200.
³⁸ Eusebio, Historia eclesiástica 3.5.3.
³⁹ El “judaísmo del Antiguo Pacto” aquí se refiere al judaísmo tal como lo define la ley de Moisés, es decir, el judaísmo rabínico. Esta es la religión llamada “judaísmo” hoy en día, aunque los primeros cristianos se veían a sí mismos como representantes del judaísmo verdadero.
⁴⁰ Algunos esquematizan el libro basándose en secciones alternas de información sobre Cristo y advertencias a los que rechazan a Cristo, de la siguiente manera: 1:1-14, Información sobre Cristo; 2:1-4, Advertencia; 2:5–3:11, Información sobre Cristo; 3:12–4:13, Advertencia; 4:14–5:10, Información sobre Cristo; 5:11–6:12, Advertencia; 6:13–10:18, Información sobre Cristo; 10:19-39, Advertencia; 11:1-40, Ejemplos; 12:1-13, Amonestación; 12:14-29, Advertencia; 13:1-25, Exhortaciones finales. Sin embargo, las advertencias están íntegramente conectadas con las secciones de información y no constituyen tesis distintas en el argumento. Por lo tanto, el libro debería esquematizarse según las tesis principales, con advertencias que simplemente apliquen las tesis de manera práctica a la situación de los lectores.
1. El estatus superior de Cristo en cuanto a Su relación con Dios
A. La superioridad de Cristo sobre los mediadores de la Ley (ángeles) (1:1–2:18)
Hebreos 1-2 demuestra la superioridad de Jesús sobre los ángeles apelando al estatus de Jesús como el Rey davídico. Hebreos 1 demuestra que el Mesías tiene un estatus más alto que los ángeles en cuanto a Su relación con Dios (Hijo vs. ministerios), mientras que Hebreos 2 demuestra que el Mesías tiene un estatus más alto que los ángeles en Su relación con el mundo venidero (Soberano de todo) y con el hombre (Salvador). En Hebreos 1, el autor usa citaciones del Antiguo Testamento para probar su argumento, mientras que en Hebreos 2 argumenta teológicamente. Entre las secciones de argumentación hay una advertencia contra descuidar el mensaje de Cristo (2:1-4). La razón por la cual el autor de Hebreos afirma la superioridad de Cristo sobre los ángeles es que los ángeles fueron mediadores entre Dios y Moisés cuando la Ley fue revelada (2:2; cf. Hechos 7:53; Gálatas 3:19). La revelación a través del Hijo es superior a la revelación a través de los ángeles.
En 1:1-3, el autor declara la tesis del libro,⁴¹ y utiliza esto para introducir su argumento de la superioridad de Cristo sobre los ángeles. El argumento de esta sección es que el Hijo tiene un estatus más alto en Su relación con Dios que los ángeles. El punto principal de Hebreos 1 es que nos ha hablado el Hijo de Dios mismo, quien es Dios, y quien representa perfectamente a Dios en todo sentido. Cristo es superior a todos los otros mediadores de la revelación de Dios. Cristo tiene un mejor nombre que los ángeles (“Hijo”, 1:4-5), tiene un estatus superior al de los ángeles (“Rey”, a diferencia de los siervos, 1:6-9), es eterno e inmutable (1:10-12) y actualmente está a la diestra de Dios, esperando una futura conquista (1:13). Los ángeles, por el contrario, son solo siervos (1:14).
⁴¹ Según 8:1, el punto principal de esta epístola es que Cristo “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (cf. 10:12; 12:2). El hecho de que Cristo se sentó muestra que había acabado de hacer una purificación por los pecados, y que no era necesario hacer nada más. El antiguo sistema legal judío que requería sacrificios continuos ha sido abolido por la obra consumada de Cristo. Este punto principal se expresa en 1:3 por un verbo finito (ἐκάθισεν, ekazisen), mientras que los otros verbos en el versículo son participios. Es significativo también el lugar donde se sentó Cristo. Sentarse a la diestra del Padre muestra la plena aceptación y aprobación de Dios del sacrificio de Cristo por el pecado. El Padre estaba completamente satisfecho por la ofrenda de Cristo.
Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.