Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson
Hebreos 3: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)
1. La posición superior de Cristo en la casa de Dios
B. La superioridad de Cristo sobre el apóstol de la Ley (Moisés) (3:1–4:13)
El autor terminó su argumento a favor de la superioridad de Cristo sobre los mediadores angélicos de la Ley describiendo a Cristo como un sumo sacerdote enviado de Dios que experimentó y superó las mismas pruebas que el pueblo al que vino a salvar (2:17-18). Esto luego lo lleva a hablar de la superioridad de Cristo sobre el apóstol de la Ley (es decir, el que representa a Dios ante el hombre) y sobre los sumos sacerdotes ordenados por la Ley (es decir, los que representan al hombre ante Dios). Jesús es el Apóstol⁴² principal de Dios y el gran Sumo Sacerdote (Hebreos 3:1), y por eso se sitúa entre Dios y el pueblo como el Mediador perfecto. En 3:1–4:13, el autor de Hebreos se centra en la superioridad de Cristo como el Apóstol de Dios en comparación con Moisés, quien era la figura más exaltada del judaísmo.
En 3:1-6a, el autor argumenta que Jesús es superior a Moisés, porque mientras que Moisés estaba en la casa de Dios (es decir, entre el pueblo de Dios), Jesús es el Constructor de la casa. Además, mientras que la revelación dada por Moisés apuntaba a un cumplimiento futuro, Jesús es el cumplimiento. Moisés era un siervo en la casa, mientras que Jesús es un Hijo que gobierna sobre la casa. Moisés solo podía ministrar sobre las cosas que anticipaban un cumplimiento en Cristo. Sin embargo, debido a que el autor tiene dudas sobre si todos los destinarios están en la casa de Cristo (3:6b),⁴³ pasa a una exhortación que se fundamenta en la importancia de estar en la casa de Cristo (3:6b-11). El “reposo” del que habla el Salmo 95:11 —que el autor cita— es, contextualmente, el reino mesiánico (cf. Daniel 12:13).⁴⁴
⁴² La palabra “apóstol” (ἀπόστολος, apostolos) tiene el significado etimológico de “enviado”, y se usa para los embajadores o enviados en el griego extrabíblico.
⁴³ La oración condicional al final de 3:6 (cf. 1 Corintios 15:2) se malentiende a menudo porque la apódosis no sigue la prótasis. Muchas personas se centran solo en la prótasis, e interpretan la condicionalidad en el sentido de que los cristianos pueden perder su salvación. Sin embargo, esta interpretación implica una apódosis falsa y no corroborada, como la siguiente: “Si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza, entonces entraremos en el reposo (o la casa) de Cristo”. La verdadera apódosis se dice directamente antes de la prótasis: “cuya casa somos nosotros”. Por tanto, al escribir la apódosis después de la prótasis, la condición se lee como sigue: “Si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza, entonces somos de la casa de Cristo”. El tiempo presente del verbo ἐσμεν, esmen (“somos”) es crucial. El autor no se pregunta si todos en su audiencia retendrán firme per se, sino más bien se pregunta si todos están en la casa de Cristo.
⁴⁴ Las cuestiones relacionadas con esto son demasiado extensas como para discutirse aquí. El “reposo” que se negó a los israelitas en el desierto incluía Canaán, sin embargo, esto tenía implicaciones para entrar en el reposo final de Dios en el reino mesiánico.
2. Advertencia de no perder, por la incredulidad, el reposo ofrecido por Cristo
En 3:12–4:13, el autor argumenta que Cristo ofrece un mayor reposo superior al de Moisés, y advierte a los lectores contra las terribles consecuencias de perderse este reposo. Primero, en 3:12-19, el autor amonesta a su audiencia a no seguir el ejemplo de los israelitas en el desierto, quienes se perdieron el reposo por la incredulidad. Luego, en 4:1-13, advierte a sus lectores que no se pierdan, por la incredulidad, el reposo futuro que se le promete a todo creyente. Es posible oír la promesa y peregrinar entre el pueblo de Dios, y aun así perderse el reposo por la incredulidad. Además, aunque una falsa profesión de fe puede engañar a otras personas, no está oculta de Dios (4:12-13).
Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.