Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson
Job 40: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)
1. El primer discurso de Dios
D. Discursos de Dios (38:1–41:34)
Repetidamente en sus discursos, Job había exigido una audiencia con Dios. Cuando Dios finalmente aparece, sin embargo, la actitud de Job cambia de “¡Si pudiera hablar con Dios cara a cara, le diría lo que debería hacer!” a “¡Guau!”. Job se da cuenta de que no está cerca de la igualdad de Dios, y está totalmente abrumado por la gloria de Dios. Era ridículo que Job actuara como si pudiera decirle a Dios lo que Dios debería estar haciendo.
Es interesante que, aunque el problema del sufrimiento es el meollo de todo el libro, el sufrimiento ni siquiera se menciona en el discurso divino. Dios simplemente afirma que Él sabe más que Job, y que Sus prerrogativas prevalecen sobre las de Job. Ante esto, Job no tiene derecho a acusar a Dios de injusticia por su sufrimiento. Dios dice: “No puedes rastrear Mis caminos, pero puedes confiar en Mí”. No le corresponde a Job saber la explicación de lo que Dios hace.
En el primer discurso de Dios, Él comienza afirmando que Job no sabe de lo que está hablando (38:1-3). Para probar esto, Dios demuestra Su omnisciente gobierno de la naturaleza, que Job no entiende. Dios argumenta que, si Job no entiende el mundo natural y los procesos naturales, y no sabe cómo hacer las cosas que Dios hizo, entonces no puede afirmar que sabe mejor que Dios cómo Dios debe gobernar el mundo y tratar a Job. Dios plantea más de setenta preguntas a Job en Sus dos discursos, y Job tiene cero respuestas. En 38:1-38, Dios demuestra Su creación, gobierno y conocimiento de la naturaleza inanimada: la tierra (38:4-7), el mar (38:8-11), la luz (38:12-15), las cosas inescrutables (36:16-18), fuerzas naturales (38:19-24), precipitación (38:25-30), el mundo celestial (38:31-33) y tormentas (38:34-38). En 38:39–39:30, Dios demuestra Su creación, gobierno y conocimiento de la naturaleza animada: leones jóvenes y cuervos, animales indefensos (38:39-41); cabras salvajes, animales distantes (39:1-4); el asno salvaje y el buey salvaje, animales indomables (39:5-12); el avestruz, un animal estúpido pero fuerte (39:13-18); el caballo, un animal de acero (39:19-25); y el halcón y el águila, animales con alto vuelo (39:26-30). Después de esta deslumbrante visión general de Su obra, Dios exige una respuesta de Job (40:1-2).
2. La primera respuesta de Job
Job, hablando ahora por primera vez desde el capítulo 31, da la respuesta equivocada. Job dice que no responderá a Dios, pero Dios quiere una respuesta. Dios le ha preguntado si quiere discutir con Él, y Job dice que no. Pero ese no era realmente el punto de la pregunta. Job había estado discutiendo y contendiendo con Dios durante algún tiempo antes de esto; por lo tanto, lo que necesitaba hacer era confesar el poder de Dios y la insensatez de sus propias palabras, y humillarse en arrepentimiento ante Dios, como en 42:1-6. Dios quiere que Job diga: “Me equivoqué”, no “No diré nada más”.
3. El segundo discurso de Dios
Puesto que Job todavía no ha expresado arrepentimiento, Dios renueva Su desafío a Job en 40:6-14. Si Job va a condenar a Dios para justificarse, necesita mostrar que está en una posición que le da el derecho de hacerlo. En 40:15–41:34, Dios se jacta de los dos animales más impresionantes que ha creado para mostrar que Job, quien es empequeñecido por el tamaño y el poder de estos animales, no está cerca de la igualdad de Dios. Es la descripción extendida de la genialidad del behemot y del leviatán lo que finalmente hace que Job caiga de rodillas y se humille ante Dios Todopoderoso.
Las descripciones de el behemot y el leviatán claramente ocupan la posición culminante en el argumento de Dios de que Él es infinitamente mayor que Job.¹³ Posiblemente no fueron mencionados anteriormente porque eran raros incluso en los días de Job y vivieron varios días de viaje desde la región de origen de Job. El behemot, como se verá, es el dinosaurio saurópodo más grande, mientras que el leviatán es el pliosaurio más grande y feroz.
El behemot es presentado en 40:15-24 como la primera de las dos grandes exhibiciones del poder y habilidad de Dios en la tierra. Si el lenguaje de 40:15-24 es tomado literalmente, solo puede referirse a un dinosaurio herbáceo muy grande.¹⁴ De hecho, cuando se toma al pie de la letra, el lenguaje describe perfectamente un dinosaurio saurópodo como Brachiosaurus o Diplodocus. Por lo tanto, no hay razón para pensar que la descripción sea otra cosa más que una descripción literal del dinosaurio más grande a menos que uno tenga un precompromiso absoluto, sobre la base de la evolución darwiniana, con la idea de que los dinosaurios no podrían haber estado vivos hace 4000 años.¹⁵ La descripción del behemot como “el primero de los caminos de Dios” (40:19) parece probar concluyentemente que el behemot es el animal terrestre más grande que Dios haya creado, al igual que el uso del plural honorífico בְּהֵמוֹת (behemoth) para referirse al más grande de todos los animales terrestres grandes.¹⁶ 15F
Hay un debate científico sobre cuál fue el dinosaurio saurópodo más grande. Brachiosaurus, que era de unos 26 metros de largo y 12 metros de alto, es el dinosaurio más grande que se ha conservado completo en el registro fósil, aunque los restos fragmentarios de Argentinosaurus sugieren que pudo haber sido tanto como 37 metros de largo y pesaba 100 toneladas; una de sus vértebras tenía un metro de espesor. Posiblemente solo había un único “tipo” o “especie” de saurópodo creado por Dios y a bordo del arca (cf. Génesis 1:24; 6:20; 7:14), y los fósiles representan las variaciones de ese tipo. Behemot sería entonces un término general para todos los saurópodos.
Job, quien probablemente había visto a los dinosaurios saurópodos en persona, estaba asombrado por la vívida descripción de Dios de ellos. Sin embargo, había una criatura más que Dios hizo que era aún más poderosa y más impresionante que los saurópodos de cien toneladas. El capítulo 41 expone la gran y última exhibición de la fuerza de Dios, que es el leviatán.¹⁷ Si la descripción del behemot pudiera ser forzada para adaptarse al hipopótamo para aquellos que simpatizan con una visión naturalista de los orígenes, no se puede hacer lo mismo con el leviatán, porque todo el capítulo está repleto de lenguaje que no se adapta a ningún animal vivo en el mundo moderno, pero que describe perfectamente a un dragón que escupe fuego. Se dice que este animal es totalmente “sin semejanza” en la tierra (41:33), siendo el animal más feroz e indomable de toda la creación, y el único completamente sin miedo; los leones, los osos y los ejércitos por igual no tenían posibilidad de sobrevivir a una confrontación con este feroz dragón.
La palabra hebrea transliterada como “leviatán” (לִוְיָתָן) proviene de una raíz semítica común que tiene la idea verbal de retorcerse. “Leviatán” significa esencialmente “enrollado”, y bien puede haber sido el nombre original que Adán dio a esta criatura. El leviatán era un gran reptil marino¹⁸ que vivía en el océano, pero que también podía llegar
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a tierra, probablemente moviéndose por medio de aletas en la orilla del mar. Hay dos categorías principales de estas criaturas, plesiosaurios (cuello largo, delgado, cabezas pequeñas) y pliosaurios (cuello corto, grueso, cabezas largas). La descripción del leviatán coincide con la fisiología de un pliosaurio. La especie más grande de pliosaurio, Kronosaurus, era de hasta 16 a 20 metros de longitud, y pesaba hasta 50 toneladas. El cráneo del Kronosaurus es un cuarto de su cuerpo entero, haciendo su boca de proporciones temibles. Es evidente de los restos fosilizados que permanecieron del Kronosaurus que era un nadador poderoso (cf. 41:31-32) que giraba poderosamente para maniobrar.
Dios comienza en 41:1-11 retando a Job a desafiar al leviatán. Dios argumenta que, si ningún hombre puede hacer frente al leviatán, entonces ciertamente ningún hombre puede hacer frente al Creador del leviatán. Puesto que Job sabía lo que era el leviatán (cf. 3:8), Dios no necesitaba comenzar con una descripción del leviatán. Sin embargo, para resaltar el punto del mensaje, Dios describe el leviatán en vívido detalle en 41:12-34. De acuerdo con 41:18-21, el leviatán tiene mecanismos de producción de fuego en su boca y/o fosas nasales y, debido a que este es un arma tan impresionante, estos versículos lo describen de unas ocho maneras diferentes. Es imposible decir por un esqueleto si Kronosaurus tenía un mecanismo que producía fuego, aunque hay una cavidad enorme debajo de sus fosas nasales que bien podría haber servido para este propósito; los relatos de dragones que escupen fuego son demasiado ubicuos en el folclore de los pueblos de todas partes como para dudar seriamente de su existencia.¹⁹ Asimismo, las escamas o los escudos que cubrían el cuerpo del leviatán (41:15-16, 23, 30) aparentemente no han sido preservadas en el registro fósil.
¹³ Suponer que el behemot y el leviatán son el hipopótamo y el cocodrilo, como hacen la mayoría de los comentaristas, sería, como mínimo, anticlimático. Incluso un niño puede ver que estos capítulos describen un gran dinosaurio y un dragón que escupe fuego.
¹⁴ Los hipopótamos y los elefantes no mueven sus colas como cedros (40:17).
¹⁵ Job vivió lo suficientemente cerca al tiempo del diluvio para que el par de saurópodos que Noé tomó en el arca todavía podrían haber estado vivos (y en la vecindad general de Job), y su descendencia inmediata también podría estar viva. Los animales muy grandes suelen tener una larga vida. Las tortugas gigantes pueden vivir 300 años y, como las tortugas, los dinosaurios son reptiles. Sin embargo, está claro que estos grandes dinosaurios no tuvieron mucho éxito en reproducirse después del Diluvio. Aun así, hay evidencia de la arqueología y la literatura para la existencia de dinosaurios de varios tipos en los períodos antiguos de la historia del mundo, y es posible que un descubrimiento arqueológico futuro forzará a los eruditos principales a admitir que dinosaurios y hombres coexistieron.
¹⁶ 16 Behema (בְּהֵמָה) es la palabra hebrea normal para “bestia”, que se refiere al ganado y otros animales terrestres grandes, de modo que el plural honorífico se referiría a la más grande de todas las bestias.
¹⁷ Es imposible que el leviatán fuera una criatura mítica, o que estuviera destinado a ser entendido como mítico (cf. Salmo 104:26). A lo largo de los capítulos 38–41, Dios se jacta de las cosas que ha hecho para mostrar su poder y sabiduría. Una criatura imaginaria no revelaría nada sobre el poder de Dios, y el lenguaje exagerado también debilitaría el argumento de Dios al afirmar lo que no era literalmente cierto. Incluso si alguien sugiere que el libro de Job fue inventado por un escritor hebreo alrededor de la época del exilio babilónico, tal escritor todavía tendría que hacer una apelación a las criaturas reales para argumentar su caso a favor de Dios. Todos los eruditos están de acuerdo en que todos los animales nombrados antes del behemot y del leviatán son reales y se describen literalmente; solo disputan estos dos debido a presuposiciones darwinianas.
¹⁸ Criaturas de este tipo son similares a los dinosaurios, pero se clasifican diferentes porque los dinosaurios son animales terrestres.
¹⁹ Una criatura parecida a un dinosaurio que sigue viviendo hasta el día de hoy, el dragón de Komodo, no solo es poderosa, sino que también tiene una mordida venenosa, algo que nunca podría haberse sabido de un fósil de esta criatura.
Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.