Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Jueces 1: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

Introducción

I. Introducción

El libro de Jueces registra un período largo y tumultuoso en la historia de Israel, el período de más de 350 años entre la conquista de la tierra de Canaán bajo el mando de Josué y el comienzo de la transición a la monarquía a través del juicio de Samuel y la unción de Saúl (descrito en 1 Samuel). Esta fue una época única que representó la oportunidad de oro de Israel para vivir en la práctica la teocracia que Dios había establecido en teoría en la Ley de Moisés. El pueblo había sido establecido con seguridad en la tierra buena que Dios había prometido a sus antepasados, y la tierra se había distribuido a cada tribu y familia por sorteo. Los Levitas habían sido distribuidos estratégicamente por toda la tierra para enseñar la Ley al pueblo. No habría un gobierno central, solo una confederación de tribus con ancianos que funcionaran como líderes de las unidades tribales y familiares. La supervisión espiritual de la nación debía ser provista por los sacerdotes, quienes debían representar al pueblo ante Dios, y por los Levitas, quienes debían representar a Dios ante el pueblo. Todos los hombres adultos en la nación vivirían en una libertad casi completa, sin ninguna obligación de pagar impuestos, servir en el ejército o cumplir con cualquier otro requisito gubernamental. Las personas estaban estrictamente obligadas a obedecer la Ley que Dios le había revelado a Moisés, pero la parte civil de esta Ley estaba destinada básicamente a producir normas uniformes y evitar que las personas se maltrataran entre sí. El pueblo, por su parte, debía consagrarse fervientemente al Dios que los había bendecido y privilegiado. Debían mantener un gran interés en la Palabra de Dios, meditar continuamente en ella y tratar de obedecerla con todo su corazón, mente, alma y fuerza. Debían pagar fielmente los diezmos a los levitas, para que los levitas pudieran dedicarse a estudiar y enseñar la Ley de tiempo completo. Tres veces al año, cada hombre adulto en la nación debía viajar a una gran asamblea en Silo, donde estaba el tabernáculo, para celebrar una fiesta a Yahvé y renovar el compromiso espiritual de la nación. Un año de cada siete sería un año sabático, en el cual el pueblo descansaría de sus labores y adoraría a Dios. Un año de cada cincuenta sería un año de jubileo, en el que habría un segundo año de descanso consecutivo, junto con una remisión de todas las deudas, un retorno de todas las compras de tierras y una manumisión de todos los esclavos hebreos. El pueblo se multiplicaría como la arena que está a la orilla del mar; cada hombre se regocijaría debajo de su vid y debajo de su higuera; estarían prácticamente libres de enfermedades; y tendrían poder sobre todos sus enemigos.

Tal era la visión ideal que Dios había establecido ante los Israelitas en la Ley de Moisés, y todo esto podría haber sido de ellos si tan solo hubiesen determinado seguir a Dios con todo su corazón. Lo que realmente sucedió fue radicalmente diferente: la historia frustrante y trágica de un ciclo continuo de desobediencia flagrante a la Ley, la opresión por parte de sus enemigos, el arrepentimiento a medias, la liberación a través de un juez nacional divinamente asignado, y el regreso a la idolatría. Al final del libro, está claro que algún cambio radical tendrá que ocurrir debido a la dureza de corazón del pueblo. Sin embargo, la gente si disfrutó una libertad casi total durante el periodo de los jueces, tal como nunca volverían a disfrutar otra vez durante toda su historia. Algunos hombres individuales, cuyos corazones se agitaron con celo y pasión por Yahvé, realizaron actos poderosos en el campo de batalla y condujeron repetidamente al pueblo de Israel en avivamientos espirituales. Por lo tanto, hubo aspectos positivos del período de los jueces junto con los negativos.

Las aplicaciones a situaciones modernas son evidentes en todo el libro de Jueces, tanto de escenarios individuales como de los temas generales del libro. Sin embargo, Jueces también forma parte integral de la historia bíblica con respecto a la historia redentora al mostrar una etapa en el proceso de parte de Dios del desarrollo de la nación de Israel y su maduración, a pesar de sus fallas, para llevar la redención a la raza humana.

II. Autor, fecha y ocasión

El narrador de Jueces observa cuatro veces que “en aquellos días no había rey en Israel” (17:6; 18:1; 19:1; 21:25), lo que implica que vivió en una época durante o después del período monárquico. Otra indicación de una fecha posterior es que ciudades como Hebrón, Betel y Jerusalén son mencionadas por sus nombres posteriores. Aunque algunos han sugerido una fecha de composición durante el reinado de Saúl o David, Jueces 18:30 estipula la fecha a un período aún posterior, después del exilio del reino del norte.¹ Se debe tener en cuenta también 14:10, que explica una costumbre de un período anterior. Por otro lado, dado que 1:21 indica que los benjamitas viven con los jebuseos en Jerusalén “hasta el día de hoy”, el libro probablemente fue escrito antes de la caída del reino del sur (véase 2 Samuel 24:16-18; 2 Crónicas 21:15-18).² Se sugieren dos posibilidades obvias para una fecha de composición: el reinado de Ezequías y el reinado de Josías, cuando hubo avivamientos espirituales nacionales. Una comparación con los estilos de escritura narrativa de Isaías, Jeremías y otros profetas que estuvieron activos durante estos períodos podría apuntar a un posible autor.

La ocasión de escribir el libro de Jueces fue similar a la de Samuel y Reyes: la nación de Israel (el reino del norte, al menos) estaba en el exilio y necesitaba aprender lecciones históricas sobre los peligros de la práctica religiosa sincretista.³ La historia de los jueces habría sido en gran parte olvidada en el siglo VIII o VII a. C., y se necesitaba un recordatorio con una interpretación teológica.

III. Propósito y mensaje

El propósito del libro de Jueces es mostrar el despliegue del plan de Dios en la historia a través de Sus tratos con la nación de Israel en el período cananeo premonárquico, y enseñar a Israel lecciones teológicas de esta historia. El mensaje del libro de Jueces es que, en ausencia de un rey piadoso, el pueblo de Israel siguió su propio camino, tratando de combinar el culto a Yahvé con las prácticas religiosas de las naciones vecinas. Esto dio como resultado el repetido juicio de Dios sobre Israel, seguido de Su repetida liberación de la nación a través de jueces después del arrepentimiento del pueblo.

IV. La naturaleza y función de un juez

El libro de Jueces toma su título de los personajes principales del libro, quienes son llamados “jueces”. Como este nombre indica, la función básica de un juez era decidir sobre casos legales. Si bien el carácter y la función de los jueces entre Josué y Saúl variaron enormemente, podrían describirse como jueces nacionales cuya autoridad fue más allá de la simple decisión de casos legales ordinarios. En general, la suya era una posición ad hoc creada para satisfacer una necesidad durante una crisis. A menudo, un juez obtenía su estatus mediante una victoria militar sobre uno de los opresores de Israel, aunque este no siempre fue el caso. Si bien esto puede parecer una función secular, de hecho, los jueces obtuvieron sus victorias militares a través de la ayuda de Dios en respuesta al arrepentimiento del pueblo. Dios era el Rey de Israel, y los jueces eran agentes divinos que estaban llenos del Espíritu para permitirles realizar tareas únicas. Al menos en algunos casos, como los de Débora y Samuel, los jueces también eran profetas que podían decidir asuntos legales al preguntar directamente a Dios. En cierto sentido, los jueces eran reconocidos como líderes nacionales, pero no crearon un gobierno central ni emitieron leyes. Más bien, guiaron a la nación a través de tiempos de crisis al renovar la lealtad de Israel a Yahvé, liderando el ejército nacional en el campo de batalla y resolviendo disputas legales difíciles. Ejercieron el liderazgo tanto por el consentimiento común del pueblo como por la sanción divina. Los israelitas individuales disfrutaron de una considerable autonomía personal durante este período, ya que la nación solo estaba gobernada libremente por los ancianos que dirigían las unidades tribales y familiares. En teoría, las personas estaban sujetas a la Ley de Moisés como el código legal nacional, aunque las leyes específicas a menudo se ignoraban. Mientras que los jueces fueron utilizados por Dios para recordarle al pueblo que Él era su Rey, al final del período de los jueces el pueblo se había cansado del gobierno de Dios y deseaba un rey humano en lugar de un juez.

V. La cronología de los jueces

El total de todos los períodos de opresión y juicios desde la muerte de Josué y los ancianos hasta el tiempo de Samuel es de 450 años (véase Hechos 13:20, donde Pablo da la suma lineal, “450 años de jueces”).⁴ Sin embargo, 1 Reyes 6:1 expresa que Salomón comenzó la construcción del templo en el año 480 después del éxodo, que fue el cuarto año de su reinado. Debido a que David reinó durante cuarenta años, y Saúl durante probablemente treinta y dos,⁵ varios de los jueces deben haberse superpuesto. Por otro lado, la serie inicial de jueces probablemente fue secuencial, ya que Jefté estimó el tiempo desde el comienzo de la conquista hasta su guerra con Amón como trescientos años (Jueces 11:26). La cronología funciona perfectamente y da sentido al texto bíblico, si se entiende que los jueces después de Abimelec son regionales, con una división entre los jueces del norte/este (Tola, Jair, Jefté, Ibzán, Elón, Abdón) y los jueces del sur/oeste (Sansón, Elí, Samuel). Jueces 10:7, por ejemplo, menciona una opresión simultánea de Israel por parte de los filisteos y los amonitas, a pesar de que la narración que sigue inmediatamente se centra en la opresión amonita.

A. Cronología propuesta de los Jueces

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

Eventos consecutivos

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

310 años

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

Eventos superpuestos

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

94 años

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

Consecutivos

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

Comienzo del reinado 76 años

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

de Salomón

VI. Cuestiones teológicas en Jueces

A. Sincretismo

El sincretismo fue un problema importante para Israel desde los días de los jueces hasta el exilio. El sincretismo se refiere a la participación simultánea en múltiples sistemas religiosos, por ejemplo, una persona que ofrece sacrificios tanto a Yahvé como a Baal. Es fácil ver cómo puede suceder esto. Digamos que fuiste un granjero en un pequeño pueblo en el antiguo Israel, como lo eran la mayoría de los antiguos israelitas. Al final del camino hay un pueblo cananeo, con granjeros cananeos. Cada año, oras a Yahvé para que envíe lluvia sobre tus cultivos y te conceda una buena cosecha, y tus vecinos cananeos le oran a Baal, el dios del clima cananeo, por lo mismo. Un año, tu pueblo recibe muy poca lluvia y tu cosecha es pobre, mientras que el pueblo cananeo vecino recibe buenas lluvias y recoge una excelente cosecha. Al año siguiente, sucede lo mismo. Entonces uno de tus vecinos cananeos viene y dice: “Sabes, si realmente quieres tener una buena cosecha, debes comenzar a quemar incienso a Baal”. Comparas el tamaño de su cosecha con el tuyo, y tú piensas, “¡Parece que orarle a Baal realmente funciona!”. Ahora no dejas de sacrificar a Yahvé, porque todavía quieres que Yahvé te bendiga, pero también comienzas a quemar incienso a Baal, solo para considerar todas las posibilidades.⁶ Sabes que no deberías orarle a Baal, pero temes perder tu cosecha si no lo haces y, además, parece que todos los israelitas también están orándole a Baal ahora. ¿Ves lo fácil que es deslizarse hacia el sincretismo?

El exilio hizo que los israelitas aprendieran de su historia y los curó de idolatría para siempre, gracias en gran medida a la escritura y predicación de los profetas exiliados. En el período inmediatamente posterior al exilio, hubo una tentación de volver al sincretismo, principalmente a través de matrimonios mixtos. Pero debido en parte a los esfuerzos de Esdras y Nehemías, la nación de Israel nunca volvió a la idolatría después del exilio, ya que aquellos que practicaron el sincretismo fueron expulsados de la nación como apóstatas. El pueblo finalmente aprendió su lección.

B. Autodirección

El último verso en el libro de Jueces resume toda la situación corrupta durante todo el período de los jueces: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25; véase Deuteronomio 12:8; Jueces 17:6; Proverbios 12:15; 14:12; 16:2; 21:1). Esta declaración se entiende como una crítica, como una descripción de la triste condición espiritual del pueblo. Esto plantea una pregunta importante: ¿Por qué es pecado hacer lo que es correcto a tus propios ojos? ¿No deberías hacer lo que crees que es correcto? ¿Quiere Dios que hagas lo que crees que está mal? Proverbios 12:15 señala una respuesta: “El camino del necio es recto a sus propios ojos, más el que escucha consejos es sabio” (LBLA). El problema de hacer lo correcto ante tus propios ojos es que no escucharás a nadie más, especialmente a Dios. Un hombre sabio admitirá sus limitaciones, admitirá que no lo sabe todo (en realidad sabe poco) y reconocerá que comete errores frecuentes. Como resultado, siempre estará revisando la Biblia para ver lo que Dios quiere que haga, y también escuchará el liderazgo espiritual y buscará el consejo y las críticas de los demás. El tonto siempre insiste en que tiene razón, se ofende por las críticas y no solicita ni acepta consejos. El tonto también siente que no tiene necesidad de estudiar la Biblia profundamente porque básicamente sabe lo que Dios quiere que haga. El resultado de una mentalidad tan tonta es que uno vivirá continuamente en un estilo de vida que es muy erróneo y continuará repitiendo errores y malas decisiones. Hacer lo correcto a tus propios ojos, como ser sabio en tu propia opinión, es terquedad, orgullo y rebelión, que son los pecados más graves que existen. Mira el efecto de esos pecados en la nación de Israel. Continuaron acudiendo a los ídolos, siendo juzgados, arrepintiéndose, y luego volvieron a los mismos ídolos nuevamente. A modo de aplicación, las personas que no escucharán a nadie más, incluidos los líderes que contratan a aduladores, cometerán los mismos fracasos una y otra vez. Están condenados a cometer un gran error tras otro a lo largo de sus vidas y terminar en un desastre espiritual. La situación con la nación de Israel no cambió hasta el establecimiento de un gobierno central por parte del rey Saúl, ya que el rey obligó al pueblo a actuar de cierta manera, correcta o incorrecta, y no les permitió actuar en contradicción a su voluntad.

VII. Esquema de Jueces

Esquema general

Esquema detallado

20.Ejecución de Gedeón de Zeba y Zalmuna (8:18-21)

Guibeá y la guerra benjamita (19:1–21:25)

VIII. El argumento de Jueces

El libro de Jueces comienza con un relato de los antecedentes históricos del período (1:1–2:5), seguido de una descripción general de la historia del período (2:6–3:6). La mayor parte del libro consiste en un registro histórico de cada período de opresión y la liberación por un juez, que sigue un orden cronológico general, aunque el final del período de jueces consistió en opresiones regionales y jueces regionales con una cronología superpuesta (3:7–16:31). El libro termina con dos escenarios históricos que pretenden darle al lector una imagen del estado religioso confuso y sincretista de Israel durante el período, explicando así el castigo repetido de Dios a la nación (17:1–21:25).

IX. Comentarios sugeridos

A. Comentario en español

B. Comentarios en inglés

1. Comentarios clásicos excelentes

2. Buenos comentarios homiléticos/aplicación

3. Comentario muy conservador

4. Comentarios moderadamente conservadores

¹ Dan fue exiliado en 733 a. C. (2 Reyes 15:29), mientras que Samaria cayó en 722 a. C.

² Una comparación de las otras declaraciones “hasta el día de hoy” en el libro (1:26; 6:24; 10:4; 15:19; 18:12), indica que ha pasado un período considerable de tiempo desde que se registraron los eventos, pero también que la audiencia inmediata del autor todavía vivía en la tierra.

³ El sincretismo se refiere a la participación simultánea en múltiples sistemas religiosos.

⁴ Este número se puede obtener sumando los números en la columna “Años” de la tabla a continuación, comenzando con la opresión aramea y terminando con Sansón.

⁵ La edad de Saúl en su ascenso al trono y la duración de su reinado faltan en parte del texto hebreo de 1 Samuel 13:1. Solo se da “________ y dos” durante el reinado de Saúl. Pablo da cuarenta años para el reinado de Saúl en Hechos 13:21, lo que probablemente se explica mejor contando treinta y dos años para el reinado de Saúl y sumando siete años y medio para el reinado de Is-boset sobre Israel, mientras que David reinó sobre Judá en Hebrón (véase 2 Samuel 2:11; 5:5; 1 Crónicas 3:4).

⁶ Ten en cuenta que cada vez que intentas “considerar todas las posibilidades”, el Dios verdadero está disgustado. Por lo tanto, es imposible “considerar todas las posibilidades”; debes creer solo en el Dios vivo y servirle solo a Él.

A. Antecedentes: el fracaso de Israel en completar la conquista

En 1:1–2:5, el narrador brinda a sus lectores los antecedentes históricos del período de los jueces, cuyo punto es que a medida que la población israelita aumentó, el pueblo no completó la conquista destruyendo o expulsando a los cananeos (véase Éxodo 23:30; Deuteronomio 7:22), y como resultado fueron atraídos a las prácticas religiosas cananeas. En respuesta al fracaso de Israel, Yahvé decidió castigar al pueblo, haciendo que las naciones a quienes no lograron expulsar se convirtieran en sus opresoras (2:1-5).

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.