Comentarios bíblicos · Juan Calvino
Salmo 92: comentario de Juan Calvino
Salmos 92:1-15
SALMO 92
Este salmo contiene una exhortación a alabar a Dios y muestra cuánto fundamento tenemos para este ejercicio en las obras de Dios, insistiendo especialmente en su justicia, manifestada en la protección de su pueblo y en la destrucción de los impíos. Con tal verdad anima a la práctica de la justicia y nos preserva de desfallecer bajo la cruz de Cristo, poniendo ante nuestra vista una salida feliz de todas nuestras aflicciones. Y, por otra parte, para disuadirnos de cometer iniquidad, declara que los pecadores, por mucho que prosperen por un tiempo, serán destruidos pronto.
Cántico para el día de reposo.
Salmo 92:1-4
1. Bueno es dar gracias a Jehová, cantar alabanzas a tu nombre, oh Altísimo; 2. anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad por la noche, 3. con el salterio y con el instrumento de mano, con el canto sobre el arpa. 4. Porque tú, Jehová, me has alegrado con tus obras; en las obras de tus manos me regocijaré.
1 Bueno es dar gracias a Jehová. No hay razón para dudar de que los judíos acostumbraban cantar este salmo en el día de reposo, como indica el título, y es evidente por diversos pasajes que otros salmos se aplicaban a este uso. Como las palabras pueden leerse literalmente en el hebreo: bueno es para dar gracias al Señor, algunos intérpretes, fundándose en la letra ל, lamed, antepuesta al verbo, entienden que el salmista quiere decir que era bueno tener un día determinado apartado para cantar las alabanzas de Dios; que era una disposición útil el haber escogido un día para que el pueblo del Señor lo ocupara en celebrar sus obras. Pero es bien sabido que esta letra, cuando se antepone, no es más que la marca ordinaria del modo infinitivo, y yo he dado lo que es obviamente el sentido sencillo. La razón por la cual el salmista asignó este salmo al día de reposo es bastante obvia. Ese día no ha de ser santo en el sentido de dedicarse a la ociosidad, como si esto pudiera ser un culto agradable a Dios, sino en el sentido de que nos apartemos de toda otra ocupación para entregarnos a meditar en las obras divinas. Como nuestras mentes son inconstantes, tendemos, cuando estamos expuestos a diversas distracciones, a alejarnos de Dios. Necesitamos librarnos de todos los afanes si hemos de aplicarnos con seriedad a las alabanzas de Dios. El salmista, pues, quiere enseñarnos que la guarda correcta del día de reposo no consiste en la ociosidad, como algunos imaginan absurdamente, sino en la celebración del nombre divino. El argumento que aduce está tomado de la utilidad del servicio, pues nada anima más que saber que nuestro trabajo no es en vano y que aquello en que nos ocupamos cuenta con la aprobación divina. En el versículo siguiente se refiere a los motivos que tenemos para alabar a Dios, para que no imaginemos que Dios nos llama a este servicio sin razón, o simplemente en consideración a su grandeza y poder, sino en memoria de su bondad y fidelidad, que deberían inflamar nuestros corazones para tal ejercicio si tuviéramos un sentimiento y una experiencia adecuados de ellas. Al mencionarlas, quiere que consideremos que no solo Dios es digno de alabanza, sino que nosotros mismos somos culpables de ingratitud y perversidad si nos negamos a darla. Somos los objetos propios de su fidelidad y bondad, y sería una indiferencia inexcusable que no suscitaran nuestras alabanzas cordiales. Podría parecer extraña la distinción que observa el salmista cuando habla de que anunciemos la bondad de Dios por la mañana y su fidelidad por la noche. Su bondad es constante y no propia de una sola estación; ¿por qué, entonces, dedicar solo una pequeña parte del día a celebrarla? Y lo mismo puede decirse de la otra perfección divina mencionada, pues no solo de noche se manifiesta su fidelidad. Pero no es esto lo que el salmista pretende. Quiere decir que, comenzando a alabar al Señor desde el alba más temprana, debemos continuar sus alabanzas hasta la última hora de la noche, pues esto no es más que lo que su bondad y su fidelidad merecen. Si comenzamos celebrando su bondad, hemos de pasar luego al tema de su fidelidad. Ambas ocuparán nuestras alabanzas continuas, pues están unidas entre sí de manera inseparable. No debe suponerse, pues, que el salmista quiera que separemos la una de la otra, ya que están íntimamente aliadas; solo sugiere que nunca podemos carecer de materia para alabar a Dios, a menos que la indolencia prevalezca sobre nosotros, y que, si hemos de cumplir rectamente el deber de la gratitud, debemos ser asiduos en ello, puesto que su bondad y su fidelidad son incesantes.
En el versículo cuarto se dirige más directamente a los levitas, que habían sido designados para el oficio de cantores, y los llama a emplear sus instrumentos de música; no como si esto fuera en sí necesario, sino que era útil como ayuda elemental para el pueblo de Dios en aquellos tiempos antiguos. No hemos de imaginar que Dios ordenó el arpa por sentir, como nosotros, deleite en la mera melodía de los sonidos; sino que los judíos, que aún eran menores de edad, estaban sujetos al uso de tales rudimentos infantiles. Su finalidad era estimular a los adoradores y animarlos a celebrar con mayor actividad, de corazón, la alabanza de Dios. Hemos de recordar que nunca se entendió que el culto de Dios consistiera en tales servicios exteriores, los cuales solo eran necesarios para ayudar a avanzar, en el culto espiritual de Dios, a un pueblo todavía débil y rudo en conocimiento. En este respecto ha de observarse una diferencia entre su pueblo bajo el Antiguo y bajo el Nuevo Testamento; pues ahora que Cristo ha aparecido y la Iglesia ha llegado a la mayoría de edad, sería sepultar la luz del evangelio introducir las sombras de una dispensación pasada. De aquí se ve que los papistas, como tendré ocasión de mostrar en otro lugar, al emplear la música instrumental, no puede decirse que imiten tanto la práctica del pueblo antiguo de Dios cuanto que la remedan de un modo insensato y absurdo, exhibiendo un necio deleite en aquel culto del Antiguo Testamento que era figurativo y terminó con el evangelio.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.