Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

1 Crónicas 29: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

1 Crónicas 29:1-9

Lo que se hace en obras de piedad y de caridad debe hacerse de buena gana, no por obligación, porque «Dios ama al dador alegre». David dio un buen ejemplo. Ofreció esto no por obligación ni por aparentar, sino porque tenía su afecto puesto en la casa de Dios y pensaba que nunca haría lo bastante para promover esa buena obra. Los que quieran atraer a otros al bien deben ir ellos mismos por delante.

1 Crónicas 29:10-19

No podemos hacernos una idea justa de la magnificencia del templo y de los edificios que lo rodeaban, en los que se emplearon tales cantidades de oro y de plata. Pero las inescrutables riquezas de Cristo superan el esplendor del templo infinitamente más de lo que este superaba a la choza más humilde de la tierra. En lugar de jactarse de esas grandes ofrendas, David dio solemnes gracias al Señor. Todo lo que dieron para el templo del Señor era de él; si hubieran intentado quedárselo, la muerte pronto los habría separado de ello. El único uso que podían darle para su verdadero provecho era consagrarlo al servicio de Aquel que se lo había dado.

1 Crónicas 29:20-25

Esta gran asamblea se unió a David en la adoración a Dios. Sea quien sea el que habla en nombre de la congregación, solo se benefician los que se unen a él, no tanto inclinando la cabeza como elevando el alma. Salomón se sentó en el trono del Señor. El reino de Salomón era figura del reino del Mesías, cuyo trono es el trono del Señor.

1 Crónicas 29:26-30

Al leer el segundo libro de Samuel, difícilmente habríamos esperado ver a David aparecer tan ilustre en su escena final. Pero su arrepentimiento fue tan notable como su pecado, y su conducta durante sus aflicciones y hacia el final de su vida parece haber tenido un buen efecto en sus súbditos. Bendito sea Dios: aun el primero de los pecadores puede esperar una partida gloriosa cuando es llevado a arrepentirse y a huir en busca de refugio a la sangre expiatoria del Salvador.

Notemos la diferencia entre el espíritu y el carácter del varón conforme al corazón de Dios, en su vida y en su muerte, y los de los profesantes sin valor, que no se le parecen en nada salvo en sus pecados, y que perversamente intentan excusar sus crímenes con los pecados de él. Velemos y oremos, para no ser vencidos por la tentación ni sorprendidos por el pecado, para deshonra de Dios y herida de nuestra propia conciencia. Cuando sintamos que hemos ofendido, sigamos el ejemplo de arrepentimiento y paciencia de David, esperando una resurrección gloriosa por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.