Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

1 Reyes 2: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

1 Reyes 2:1-4

El encargo de David a Salomón es que guarde el encargo del Señor. La autoridad de un padre moribundo es mucha, pero no es nada comparada con la del Dios vivo. Dios prometió a David que el Mesías vendría de sus descendientes, y esa promesa era absoluta; pero la promesa de que no le faltaría varón en el trono de Israel era condicional: si andaba delante de Dios con sinceridad, con celo y determinación. Para ello, debía mirar por su camino.

1 Reyes 2:5-11

Estos consejos que David dio al morir acerca de Joab y de Simei no nacieron de un enojo personal, sino que buscaban la seguridad del trono de Salomón. Joab no solo había cometido asesinatos, sino que estaba dispuesto a repetirlos para lograr cualquier propósito; aunque por mucho tiempo se le perdonó el castigo, al final tendrá que rendir cuentas. El paso del tiempo no borra la culpa de ningún pecado, y en particular la del homicidio. En cuanto a Simei: «No lo absolverás»; no lo tengas por verdadero amigo tuyo ni de tu gobierno, ni por digno de confianza; no tiene ahora menos malicia que entonces. Las últimas palabras de David están registradas como pronunciadas bajo la inspiración del Espíritu Santo (2 S 23:1-7). El Señor le reveló los oficios y la salvación de aquel glorioso personaje, el Mesías, cuya venida anunció entonces y de quien sacaba todos sus consuelos y esperanzas. Ese pasaje prueba de manera decisiva que David murió bajo la influencia del Espíritu Santo, ejercitando la fe y la esperanza.

1 Reyes 2:12-25

Salomón recibió a Betsabé con todo el respeto que se debe a una madre; pero que nadie pida a otro lo que este no debe conceder. No le sienta bien a un hombre bueno presentar una petición mala ni ponerse del lado de una mala causa. Según las costumbres orientales, al pedir a Abisag por esposa, era evidente que Adonías pretendía ser rey, y Salomón no podía estar seguro mientras él viviera. Los espíritus ambiciosos y turbulentos suelen prepararse su propia muerte. Muchas cabezas se han perdido por querer alcanzar una corona.

1 Reyes 2:26-34

Las palabras de Salomón a Abiatar, y lo que calla, dan a entender que se habían tramado algunas conspiraciones recientes. A quienes muestran bondad al pueblo de Dios se les recordará para su bien. Por esta razón Salomón perdona la vida a Abiatar, pero lo destituye de sus cargos. En el caso de pecados que podían expiarse con la sangre de animales, el altar era un refugio, pero no en el caso de Joab. Salomón mira hacia arriba, a Dios, como el Autor de la paz, y hacia adelante, a la eternidad, como su perfección. El mismo Señor de paz nos da la paz que es eterna.

1 Reyes 2:35-46

La antigua malignidad permanece en el corazón no convertido, y hay que vigilar de cerca a quienes, como Simei, han mostrado su enemistad sin dar ninguna prueba de arrepentimiento. Ningún compromiso ni peligro detiene a los hombres mundanos; siguen adelante aunque pierdan la vida y el alma. Recordemos que Dios no acomodará su juicio a nosotros. Sus ojos están sobre nosotros; procuremos andar como en su presencia. Que cada acto, palabra y pensamiento nuestro se rija por esta gran verdad: pronto llega la hora en que aun las circunstancias más pequeñas de nuestra vida saldrán a la luz, y nuestro estado eterno quedará fijado por un Dios justo que no se equivoca.

Así fue afirmado en paz el trono de Salomón, como figura del reino de paz y justicia del Redentor. Y es un consuelo, frente a la enemistad de los enemigos de la iglesia, que por mucho que se amotinen, piensan cosas vanas. El trono de Cristo está establecido, y no pueden sacudirlo.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.