Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

2 Corintios 10: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

2 Corintios 10:1-6

Mientras otros tenían en poco al apóstol y hablaban de él con desprecio, él pensaba de sí mismo con modestia y hablaba de sí con humildad. Debemos ser conscientes de nuestras propias flaquezas y pensar humildemente de nosotros mismos, aun cuando los hombres nos injurien. La obra del ministerio es una guerra espiritual, contra enemigos espirituales y con fines espirituales. La fuerza exterior no es el método del evangelio, sino la persuasión poderosa, por el poder de la verdad y la mansedumbre de la sabiduría. La conciencia solo tiene que rendir cuentas a Dios; a las personas hay que persuadirlas a volverse a Dios y a su deber, no obligarlas por la fuerza.

Así, las armas de nuestra milicia son muy poderosas; la evidencia de la verdad es convincente. ¡Qué oposición levantan contra el evangelio los poderes del pecado y de Satanás en el corazón de los hombres! Pero observen la victoria que alcanza la palabra de Dios. Los medios establecidos, por débiles que les parezcan a algunos, serán poderosos en Dios. Y la predicación de la cruz, por hombres de fe y de oración, siempre ha sido mortal para la idolatría, la impiedad y la maldad.

2 Corintios 10:7-11

En su apariencia exterior, Pablo era poca cosa y despreciable a los ojos de algunos; pero esa era una regla falsa para juzgar. No debemos juzgar por la apariencia exterior, como si la falta de tales cosas probara que un hombre no es un verdadero cristiano, o un ministro capaz y fiel del humilde Salvador.

2 Corintios 10:12-18

Si nos comparáramos con otros que nos aventajan, sería un buen método para mantenernos humildes. El apóstol se fija una buena regla de conducta: no gloriarse más allá de su medida, que era la medida que Dios le había repartido. No hay fuente de error más fecunda que juzgar a las personas y las opiniones según nuestros propios prejuicios. ¡Qué común es que las personas juzguen su propio carácter religioso según las opiniones y máximas del mundo que las rodea! ¡Pero qué diferente es la regla de la palabra de Dios! Y de todas las lisonjas, la peor es lisonjearse a sí mismo. Por eso, en lugar de alabarnos a nosotros mismos, debemos esforzarnos por hacernos aprobados delante de Dios. En una palabra, gloriémonos en el Señor, nuestra salvación, y en todo lo demás solo como pruebas de su amor o como medios para promover su gloria. En lugar de alabarnos a nosotros mismos o de buscar la alabanza de los hombres, deseemos la honra que viene solo de Dios.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.