Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

2 Reyes 25: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

2 Reyes 25:1-7

Jerusalén estaba tan fortificada que no pudo ser tomada hasta que el hambre dejó a los sitiados sin fuerzas para resistir. En la profecía y en las Lamentaciones de Jeremías encontramos más acerca de este suceso; aquí basta decir que la impiedad y la miseria de los sitiados fueron muy grandes. Al fin la ciudad fue tomada por asalto. El rey, su familia y sus grandes huyeron de noche por pasadizos secretos. Pero tanto se engañan los que piensan escapar de los juicios de Dios como los que piensan desafiarlos. Con lo que le sucedió a Sedequías se cumplieron dos profecías que parecían contradecirse. Jeremías profetizó que Sedequías sería llevado a Babilonia (Jer 32:5; 34:3); Ezequiel, que no vería Babilonia (Ez 12:13). Fue llevado allá, pero, como le habían sacado los ojos, no la vio.

2 Reyes 25:8-21

La ciudad y el templo fueron incendiados, y probablemente también el arca que estaba en él. Con esto Dios mostró cuán poco le importa la pompa exterior de su culto cuando se descuidan la vida y el poder de la religión. Los muros de Jerusalén fueron derribados y el pueblo llevado cautivo a Babilonia. Se llevaron los utensilios del templo. Cuando por el pecado se había perdido lo que las señales significaban, ¿para qué habían de quedar allí las señales? Era justo que Dios privara del beneficio de su culto a los que le habían preferido cultos falsos; los que querían tener muchos altares ahora no tendrán ninguno. Puesto que el Señor no perdonó a los ángeles que pecaron, puesto que condenó a toda la raza de los hombres caídos a la tumba, y a todos los incrédulos al infierno, y puesto que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, no debe asombrarnos ninguna miseria que traiga sobre naciones, iglesias o personas culpables.

2 Reyes 25:22-30

El rey de Babilonia nombró a Gedalías gobernador y protector de los judíos que quedaron en su tierra. Pero lo que conducía a su paz estaba tan encubierto a sus ojos que no sabían reconocer cuándo estaban bien. Ismael lo mató vilmente a él y a todos sus amigos, y, contra el consejo de Jeremías, los demás se fueron a Egipto. Así fueron acabados del todo por su propia necedad y desobediencia (véase Jer 40–45).

Joaquín fue liberado de la prisión, donde había estado treinta y siete años. Que nadie diga que nunca volverá a ver el bien porque durante mucho tiempo no ha visto sino mal: ni aun el más desdichado sabe qué giro puede dar todavía la providencia a sus asuntos, ni qué consuelos le están reservados, conforme a los días en que ha sido afligido. Aun en este mundo, el Salvador trae liberación de la esclavitud al pecador angustiado que lo busca, y le concede anticipos de las delicias que hay a su diestra para siempre. Solo el pecado puede dañarnos; solo Jesús puede hacer bien a los pecadores.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.