Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Daniel 6: comentario de Matthew Henry

Daniel 6:1-5

Observamos, para gloria de Dios, que aunque Daniel era ya muy anciano, seguía siendo capaz para los negocios y había permanecido fiel a su religión. Es para gloria de Dios que los que profesan la religión se conduzcan de tal manera que sus enemigos más vigilantes no hallen ocasión de culparlos, sino solo en lo relativo a la ley de su Dios, en lo cual andan conforme a su conciencia.

Daniel 6:6-10

Prohibir la oración durante treinta días es, por ese tiempo, robar a Dios todo el tributo que recibe del hombre, y robar al hombre todo el consuelo que tiene en Dios. ¿No es el propio corazón el que mueve a todo hombre, cuando está en necesidad o en angustia, a invocar a Dios? No podríamos vivir un día sin Dios, ¿y pueden los hombres vivir treinta días sin oración? Sin embargo, es de temer que los que, sin ningún decreto que se lo prohíba, pasan más de treinta días seguidos sin presentar a Dios peticiones sinceras y serias son muchos más que los que le sirven continuamente con corazón humilde y agradecido. Las leyes persecutorias siempre se dictan con falsos pretextos; pero no es propio de los cristianos quejarse con amargura ni entregarse a los insultos.

Es bueno tener horas fijas para la oración. Daniel oraba abierta y declaradamente; y aunque era un hombre con enormes ocupaciones, no pensaba que eso lo excusara de los ejercicios diarios de devoción. ¡Qué inexcusables son los que tienen poco que hacer en el mundo y, sin embargo, no hacen esto por su alma! En tiempos de prueba debemos tener cuidado de no ser culpables de cobardía en la causa de Dios so pretexto de prudencia. Todos los que desechan su alma —como sin duda lo hacen los que viven sin oración—, aunque sea para salvar la vida, al final resultarán necios. Y Daniel no se limitó a orar sin dar gracias, recortando parte del culto para acortar el tiempo de peligro, sino que lo cumplió entero. En una palabra, el deber de la oración se funda en la suficiencia de Dios como Creador y Redentor todopoderoso, y en nuestras necesidades como criaturas pecadoras. Hacia Cristo debemos volver los ojos. Que el cristiano mire hacia allá y ore hacia allá en esta tierra de su cautiverio.

Daniel 6:11-17

No es nada nuevo que lo que se hace con fidelidad, por conciencia delante de Dios, se presente falsamente como hecho por obstinación y en desprecio de las autoridades civiles. Por falta de la debida reflexión, a menudo hacemos cosas que después, como Darío, desearíamos mil veces no haber hecho. Daniel, aquel hombre venerable, es traído como el más vil de los malhechores y echado en el foso de los leones para ser devorado, solo por adorar a su Dios. Sin duda, la providencia de Dios dispuso que se pusiera la piedra para que el milagro de la liberación de Daniel fuera más evidente; y el rey la selló con su propio anillo, probablemente para que los enemigos de Daniel no lo mataran. Encomendemos nuestra vida y nuestra alma a Dios, haciendo el bien. No podemos poner plena confianza ni siquiera en los hombres a quienes servimos fielmente; pero los creyentes pueden estar seguros, en todos los casos, del favor y el consuelo divinos.

Daniel 6:18-24

La mejor manera de pasar una buena noche es tener una buena conciencia. Estamos seguros de lo que el rey dudaba: que los siervos del Dios viviente tienen un Señor muy capaz de protegerlos. Mira el poder de Dios sobre las criaturas más feroces, y cree en su poder para refrenar al león rugiente que anda continuamente buscando a quién devorar. Daniel fue guardado completamente a salvo porque creyó en su Dios. Los que confían en Dios con valor y alegría para que los proteja en el camino del deber siempre hallarán en él un pronto auxilio. Así «el justo es librado de la tribulación; mas el impío entra en lugar suyo». El breve triunfo de los malvados terminará en su ruina.

Daniel 6:25-28

Si vivimos en el temor de Dios y andamos conforme a esa regla, la paz vendrá sobre nosotros. El reino, el poder y la gloria son del Señor para siempre; pero muchos se ocupan en dar a conocer a otros sus maravillosas obras mientras ellos mismos siguen siendo ajenos a su gracia salvadora. Que seamos hacedores, y no solo creyentes, de su palabra, no sea que al final resulte que nos hemos engañado a nosotros mismos.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.