Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Eclesiastés 2: comentario de Matthew Henry
Eclesiastés 2:1-11
- La vanidad y la aflicción de la alegría, del placer sensual, de las riquezas y de la pompa (1-11).
- La sabiduría humana es insuficiente (12-17).
- Este mundo debe usarse conforme a la voluntad de Dios (18-26).
Salomón pronto halló que la alegría y el placer eran vanidad. ¿Qué aporta la alegría ruidosa y deslumbrante a la felicidad del hombre? Los múltiples recursos que inventa el corazón humano para obtener satisfacción del mundo, y su pasar de una cosa a otra, son como la inquietud de un hombre con fiebre. Al darse cuenta de que era necedad entregarse al vino, probó después las costosas diversiones de los príncipes. Los pobres, cuando leen semejante descripción, están dispuestos a sentirse descontentos. Pero el remedio contra todos esos sentimientos está en el juicio que de todo ello hace su mismo dueño. Todo era «vanidad y aflicción de espíritu»; y las mismas cosas nos darían a nosotros el mismo resultado que a Salomón. «Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto». Su sabiduría permaneció con él: un entendimiento vigoroso, con gran conocimiento humano. Pero todo placer terrenal, cuando no va unido a bendiciones mejores, deja la mente tan ávida e insatisfecha como antes. La felicidad no nace de la situación en que estamos. Solo por medio de Jesucristo se puede alcanzar la dicha final.
Eclesiastés 2:12-17
Salomón halló que el conocimiento y la prudencia eran preferibles a la ignorancia y la necedad, aunque la sabiduría y el conocimiento humanos no harán feliz al hombre. El más sabio de los hombres, si muere ajeno a Cristo Jesús, perecerá igual que el más ignorante; ¿y qué bien pueden hacer los elogios de la tierra al cuerpo en el sepulcro o al alma en el infierno? Y los espíritus de los justos hechos perfectos no los necesitan. De modo que, si esto fuera todo, podríamos llegar a aborrecer la vida, pues todo es vanidad y aflicción de espíritu.
Eclesiastés 2:18-26
A nuestro corazón le cuesta mucho renunciar a esperar grandes cosas de la criatura; pero Salomón llegó al fin a hacerlo. El mundo es un valle de lágrimas, aun para los que tienen mucho de él. Mira qué necios son los que se hacen esclavos del mundo, que no da al hombre nada mejor que el sustento del cuerpo. Y lo más que puede alcanzar en esto es permitirse un uso sobrio y alegre de ello, según su rango y condición. Pero debemos disfrutar del bien en nuestro trabajo; debemos usar esas cosas para ser diligentes y alegres en los asuntos del mundo. Y esto es don de Dios. Las riquezas son una bendición o una maldición para el hombre, según tenga o no un corazón dispuesto a usarlas bien. A los que son aceptos al Señor, él les da gozo y satisfacción en conocerle y amarle. Pero al pecador le asigna trabajo, dolor, vanidad y aflicción en la búsqueda de una porción terrenal, que después pasa a mejores manos. Que el pecador considere seriamente su fin. Buscar una porción duradera en el amor de Cristo y en las bendiciones que este concede es el único camino para disfrutar de verdad y con satisfacción aun de este mundo presente.
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.