Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Éxodo 23: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Éxodo 23:1-9

En la ley de Moisés hay señales muy claras de un sano sentido moral y de verdadera sabiduría política. Todo en ella está adaptado al fin deseado y declarado: la adoración de un solo Dios y la separación de Israel del mundo pagano. Ni los partidos, ni los amigos, ni los testigos, ni la opinión común deben movernos a atenuar las faltas graves, agravar las pequeñas, excusar a los culpables, acusar a los inocentes o tergiversar cosa alguna.

Éxodo 23:10-19

Cada séptimo año la tierra debía descansar. No debían ararla ni sembrarla; lo que la tierra produjera por sí misma debía comerse, y no almacenarse. Esta ley parece haber tenido como fin enseñar la dependencia de la providencia y la fidelidad de Dios en enviar una cosecha mayor mientras ellos guardaban sus disposiciones. Era también figura del reposo celestial, cuando todos los trabajos, afanes e intereses terrenales cesarán para siempre.

Se prohíbe estrictamente toda reverencia a los dioses de los paganos. Puesto que la idolatría era un pecado al que los israelitas eran propensos, debían borrar el recuerdo de los dioses de los paganos. Se exige estrictamente la asistencia religiosa solemne ante Dios, en el lugar que él escogiera. Debían reunirse delante del Señor. ¡Qué buen Amo servimos, que ha hecho de nuestro deber alegrarnos delante de él! Dediquemos con gusto al servicio de Dios la porción de nuestro tiempo que él exige, y tengamos sus días de reposo y sus ordenanzas por un banquete para nuestras almas. No debían presentarse con las manos vacías; así ahora no debemos acudir a adorar a Dios con el corazón vacío: nuestras almas deben estar llenas de santos deseos hacia él y de la entrega de nosotros mismos a él, porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Éxodo 23:20-33

Aquí se promete que serían guiados y guardados en su camino por el desierto hasta la tierra prometida: «He aquí yo envío mi Ángel delante de ti». El precepto unido a esta promesa es que obedezcan a este Ángel que Dios enviaría delante de ellos. Cristo es el Ángel de Jehová; así lo enseña claramente san Pablo (1 Co 10:9).

Tendrían un asentamiento cómodo en la tierra de Canaán. ¡Qué razonables son las condiciones de esta promesa: que sirvieran al único Dios verdadero, y no a los dioses de las naciones, que no son dioses en absoluto! ¡Qué ricos son los detalles de esta promesa! El alimento que los sustentaría, la conservación de su salud, el aumento de sus riquezas, la prolongación de su vida hasta la vejez. Así tiene la piedad promesa de esta vida presente.

Se promete que someterían a sus enemigos. Enjambres de avispas abrieron camino a los ejércitos de Israel; de criaturas tan insignificantes puede valerse Dios para castigar a los enemigos de su pueblo. Por verdadera bondad hacia la iglesia, sus enemigos son sometidos poco a poco; así se nos mantiene alerta y en continua dependencia de Dios. Las corrupciones son echadas del corazón del pueblo de Dios no de una vez, sino poco a poco. El precepto que acompaña a esta promesa es que no hicieran amistad con los idólatras. Los que quieran guardarse de los malos caminos deben guardarse de las malas compañías. Es peligroso vivir entre malos vecinos: los pecados de otros serán lazos para nosotros. Nuestro mayor peligro viene de quienes quieren hacernos pecar contra Dios.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.