Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Éxodo 28: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- Aarón y sus hijos, apartados para el oficio sacerdotal; sus vestiduras (1-5).
- El efod (6-14).
- El pectoral; el Urim y el Tumim (15-30).
- El manto del efod; la lámina de la mitra (31-39).
- Las vestiduras de los hijos de Aarón (40-43).
Éxodo 28:1-5
Hasta entonces los cabezas de familia eran los sacerdotes y ofrecían sacrificios; pero desde ese momento este oficio quedó limitado a la familia de Aarón, y así continuó hasta la dispensación del evangelio. Las vestiduras sagradas no solo distinguían a los sacerdotes del pueblo, sino que eran emblemas de la conducta santa que siempre debe ser la gloria y la hermosura, la marca de los ministros de la religión; sin ella, sus personas y sus ministerios serán despreciados. También prefiguraban la gloria de la majestad divina y la hermosura de la santidad perfecta que hacían de Jesucristo el gran Sumo Sacerdote. Pero nuestro adorno bajo el evangelio no ha de ser de oro ni de vestidos costosos, sino las vestiduras de salvación, el manto de justicia.
Éxodo 28:6-14
Este efod ricamente labrado era la prenda exterior del sumo sacerdote; los sacerdotes inferiores llevaban efods de lino sencillo. Era una túnica corta sin mangas, ceñida al cuerpo con un cinto. Las hombreras se abrochaban con piedras preciosas engastadas en oro, una en cada hombro, en las que estaban grabados los nombres de los hijos de Israel. Así Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, presenta a su pueblo delante del Señor como memorial. Así como la túnica de Cristo no tenía costura, sino que era tejida de arriba abajo de una sola pieza, así también era el efod. Las campanillas de oro de este efod, por su valor y su sonido agradable, representan bien la buena profesión que hacen los santos, y las granadas, el fruto que producen.
Éxodo 28:15-30
El adorno principal del sumo sacerdote era el pectoral, una rica pieza de tela primorosamente labrada. El nombre de cada tribu estaba grabado en una piedra preciosa fijada en el pectoral, para significar cuán preciosos y cuán honrados son los creyentes a los ojos de Dios. Por pequeña y pobre que fuera una tribu, era como una piedra preciosa en el pectoral del sumo sacerdote; así, todos los santos son queridos para Cristo, piensen los hombres lo que piensen de ellos. El sumo sacerdote llevaba los nombres de las tribus tanto sobre los hombros como sobre el pecho, lo que nos recuerda el poder y el amor con que nuestro Señor Jesús intercede por los suyos. No solo los sostiene en sus brazos con fuerza todopoderosa, sino que los lleva en su seno con tierno afecto. ¡Qué consuelo es este para nosotros en todo lo que presentamos a Dios!
En este pectoral se ponían el Urim y el Tumim, por medio de los cuales se daba a conocer la voluntad de Dios en los casos dudosos. Urim y Tumim significan luz e integridad. Hay muchas conjeturas sobre qué eran; la opinión más probable parece ser que eran las doce piedras preciosas del pectoral del sumo sacerdote. Ahora Cristo es nuestro Oráculo. Por él Dios, en estos postreros días, se da a conocer a sí mismo y nos da a conocer su mente (He 1:1-2; Jn 1:18). Él es la Luz verdadera, el Testigo fiel, la Verdad misma, y de él recibimos el Espíritu de verdad, que guía a toda la verdad.
Éxodo 28:31-39
El manto del efod iba debajo del efod y llegaba hasta las rodillas, sin mangas. Aarón debía ministrar con las vestiduras señaladas. Debemos servir al Señor con santo temor, como quienes saben que merecen morir. En la frente de Aarón se fijaba una lámina de oro con esta inscripción grabada: «Santidad a Jehová». Así se le recordaba a Aarón que Dios es santo y que sus sacerdotes deben ser santos, consagrados al Señor. Esto debía verse en su frente, como profesión pública de su relación con Dios. Debía estar grabado como se graba un sello: profundo y duradero; no pintado, de modo que pudiera borrarse con agua, sino firme y permanente. Así debe ser nuestra santidad para el Señor. Cristo es nuestro Sumo Sacerdote; por medio de él se nos perdonan los pecados y no se nos toman en cuenta. Nuestras personas y nuestras obras son agradables a Dios por causa de Cristo, y no de otro modo.
Éxodo 28:40-43
Las vestiduras del sacerdote prefiguran la justicia de Cristo. Si no nos presentamos delante de Dios con ella, cargaremos con nuestra iniquidad y moriremos. «Bienaventurado», pues, «el que vela, y guarda sus ropas» (Ap 16:15). Y bendito sea Dios porque tenemos un Sumo Sacerdote designado por Dios y apartado para su obra, dotado para su alto oficio con la gloria de su majestad divina y la hermosura de la santidad perfecta. Dichosos nosotros si, por la ley entendida espiritualmente, vemos que nos convenía un Sumo Sacerdote así; que no podemos acercarnos a un Dios santo, ni ser aceptados, sino por medio de él. No hay luz, ni sabiduría, ni perfección, sino de él; no hay gloria ni hermosura sino en ser semejantes a él. Animémonos por el poder, el amor y la compasión de nuestro Sumo Sacerdote a acercarnos confiadamente al trono de la gracia, «para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.