Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Génesis 35: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Génesis 35:1-5

Bet-el había quedado en el olvido. Pero a todos los que Dios ama les recordará los deberes descuidados, de un modo u otro, por la conciencia o por las providencias. Cuando hemos hecho un voto a Dios, lo mejor es no demorar su cumplimiento; pero más vale tarde que nunca. Jacob mandó a los de su casa que se prepararan, no solo para el viaje y la mudanza, sino para los actos de culto. Los jefes de familia deben usar su autoridad para mantener la religión en sus familias (Jos 24:15).

Debían quitar los dioses ajenos. En familias donde hay apariencia de religión y un altar a Dios, muchas veces hay, sin embargo, mucho que no está bien, y más dioses ajenos de lo que uno supondría. Debían limpiarse y mudar sus vestidos. Estas no eran sino ceremonias externas que significaban la purificación y el cambio del corazón. ¿De qué sirven los vestidos limpios y nuevos sin un corazón limpio y un corazón nuevo? Si Jacob hubiera pedido antes esos ídolos, se habrían desprendido de ellos antes. A veces los intentos de reforma tienen más éxito del que hubiéramos pensado. Jacob enterró sus imágenes. Debemos quedar enteramente separados de nuestros pecados, como lo estamos de los que han muerto y han sido sepultados fuera de nuestra vista.

Se trasladó de Siquem a Bet-el. Aunque los cananeos estaban muy enojados contra los hijos de Jacob por el trato bárbaro que dieron a los siquemitas, el poder divino los contuvo de tal manera que no pudieron aprovechar la ocasión que ahora se les presentaba para vengarlos. El camino del deber es el camino de la seguridad. Cuando estamos ocupados en la obra de Dios, estamos bajo su protección especial; Dios está con nosotros mientras nosotros estamos con él; y si él es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Dios gobierna el mundo por medio de terrores secretos en la mente de los hombres más de lo que nos damos cuenta.

Génesis 35:6-15

El consuelo que los santos tienen en las santas ordenanzas no viene tanto de Bet-el, la casa de Dios, como de El-bet-el, el Dios de la casa. Las ordenanzas son cosas vacías si no nos encontramos con Dios en ellas. Allí sepultó Jacob a Débora, la nodriza de Rebeca. Murió muy llorada. Los criados antiguos de una familia, que en su tiempo han sido fieles y útiles, merecen respeto. Dios se apareció a Jacob y renovó con él el pacto. «Yo soy el Dios omnipotente»: Dios todosuficiente, capaz de cumplir la promesa a su debido tiempo, y de sostenerte y proveer para ti mientras tanto. Se prometen dos cosas: que sería padre de una gran nación y que sería dueño de una buena tierra. Estas dos promesas tenían un significado espiritual del que Jacob tenía alguna noción, aunque no tan clara y precisa como la que tenemos ahora. Cristo es la Simiente prometida, y el cielo es la tierra prometida; la primera es el fundamento, y la segunda la piedra de remate, de todos los favores de Dios.

Génesis 35:16-20

Raquel había dicho apasionadamente: «Dame hijos, o si no, me muero»; ¡y ahora que tenía hijos, murió! La muerte del cuerpo no es sino la partida del alma al mundo de los espíritus. ¿Cuándo aprenderemos que solo Dios sabe realmente lo que es mejor para su pueblo, y que en todos los asuntos terrenales el camino más seguro para el cristiano es decir de corazón: «Jehová es; haga lo que bien le pareciere»? Solo aquí están nuestra seguridad y nuestro consuelo: en no conocer otra voluntad que la suya. Con sus labios moribundos llamó a su hijo recién nacido Benoni, «hijo de mi tristeza»; y muchos hijos resultan ser la pesadumbre de la que los dio a luz. Los hijos ya causan bastante dolor a sus madres; por eso, cuando crecen, deben procurar ser su gozo y así, si es posible, compensarlas en algo. Pero Jacob, para no renovar el triste recuerdo de la muerte de la madre cada vez que llamara a su hijo, le cambió el nombre por Benjamín, «hijo de mi mano derecha»: es decir, muy querido para mí, el sostén de mi vejez, como el bastón en mi mano derecha.

Génesis 35:21-29

Se muestra cuán dolorosa aflicción fue el pecado de Rubén: «y lo supo Israel». No se dice más, pero eso basta. Rubén pensó que su padre nunca se enteraría; pero los que se prometen secreto en el pecado suelen verse defraudados. Se registran la edad y la muerte de Isaac, aunque no murió sino después de que José fue vendido a Egipto. Isaac vivió unos cuarenta años después de haber hecho su testamento (cap. 27:2). No moriremos una hora antes, sino mucho mejor, por poner a tiempo en orden nuestro corazón y nuestra casa. Se hace notar particularmente el acuerdo de Esaú y Jacob en el entierro de su padre, para mostrar cómo Dios había cambiado maravillosamente el ánimo de Esaú. Es terrible ver a parientes que, a veces por un poco de los bienes de este mundo, disputan junto a la tumba de sus seres queridos, cuando ellos mismos están cerca de bajar a la tumba.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.