Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Hechos 13: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Hechos 13:1-3

¡Qué reunión había aquí! En estos nombres vemos que el Señor levanta instrumentos para su obra de diversos lugares y posiciones en la vida; y que el celo por su gloria lleva a los hombres a renunciar a relaciones y perspectivas halagüeñas para promover su causa. Por el Espíritu de Cristo sus ministros son hechos capaces y dispuestos para su servicio, y apartados de otros afanes que se lo estorbarían. Los ministros de Cristo han de emplearse en la obra de Cristo y, bajo la dirección del Espíritu, actuar para la gloria de Dios Padre. Son apartados para trabajar duro, no para darse importancia. Se pidió una bendición sobre Bernabé y Saulo en la empresa que emprendían, y que fueran llenos del Espíritu Santo en su obra. Cualesquiera que sean los medios que se usen o las normas que se observen, solo el Espíritu Santo puede capacitar a los ministros para su importante obra y llamarlos a ella.

Hechos 13:4-13

Satanás se ocupa de manera especial de los grandes y de los que tienen poder, para impedir que sean religiosos, porque su ejemplo influirá en muchos. Aquí se llama a Saulo por primera vez Pablo, y nunca más Saulo. Saulo era su nombre como hebreo; Pablo, como ciudadano de Roma. Bajo la influencia directa del Espíritu Santo, describió a Elimas tal como era, pero no con ira. La plenitud de engaño y de maldad juntas hace de un hombre, en verdad, un hijo del diablo. Y los enemigos de la doctrina de Jesús son enemigos de toda justicia, porque en ella se cumple toda justicia. Los caminos del Señor Jesús son los únicos caminos rectos hacia el cielo y la felicidad. Muchos no solo se desvían ellos mismos de estos caminos, sino que ponen a otros en contra de ellos. Por lo común están tan endurecidos que no dejan de hacer el mal.

El procónsul quedó maravillado de la fuerza de la doctrina sobre su propio corazón y su conciencia, y del poder de Dios con que era confirmada. La doctrina de Cristo asombra, y cuanto más la conocemos, más razones veremos para maravillarnos de ella. Los que ponen la mano en el arado y miran atrás no son aptos para el reino de Dios. Los que no están preparados para hacer frente a la oposición y sufrir penalidades no están capacitados para la obra del ministerio.

Hechos 13:14-31

Cuando nos reunimos para adorar a Dios, debemos hacerlo no solo con oración y alabanza, sino con la lectura y la escucha de la palabra de Dios. No basta con leer las Escrituras en las asambleas públicas: hay que exponerlas y exhortar al pueblo a partir de ellas. Esto es ayudar a la gente a hacer lo necesario para que la palabra le aproveche: aplicársela a sí misma. En este sermón se toca todo lo que mejor podía persuadir a los judíos a recibir y abrazar a Cristo como el Mesías prometido. Y toda mirada, por breve o débil que sea, al trato del Señor con su iglesia nos recuerda su misericordia y su paciencia, y la ingratitud y perversidad del hombre.

Pablo pasa de David al Hijo de David y muestra que este Jesús es su Descendiente prometido: un Salvador que haría por ellos lo que los jueces de antaño no podían hacer, salvarlos de sus pecados, sus peores enemigos. Cuando los apóstoles predicaban a Cristo como Salvador, estaban tan lejos de ocultar su muerte que siempre predicaban a Cristo crucificado. Nuestra completa separación del pecado está representada en que somos sepultados con Cristo. Pero él resucitó de los muertos y no vio corrupción: esta era la gran verdad que había que predicar.

Hechos 13:32-37

La resurrección de Cristo fue la gran prueba de que era el Hijo de Dios. Era imposible que la muerte lo retuviera, porque era el Hijo de Dios y, por tanto, tenía vida en sí mismo, y no podía ponerla sino con el propósito de volver a tomarla. Las misericordias firmes de David son esa vida eterna de la cual la resurrección fue una prenda segura; y las bendiciones de la redención en Cristo son unas arras ciertas de ella, aun en este mundo. David fue una gran bendición para la época en que vivió. No nacimos para nosotros mismos: a nuestro alrededor viven personas a quienes debemos procurar servir. Pero aquí está la diferencia: Cristo había de servir a todas las generaciones. Miremos a Aquel que fue declarado Hijo de Dios por la resurrección de entre los muertos, para que por la fe en él andemos con Dios y sirvamos a nuestra generación según su voluntad; y cuando llegue la muerte, durmamos en él con la gozosa esperanza de una bienaventurada resurrección.

Hechos 13:38-41

Todos los que oyen el evangelio de Cristo sepan estas dos cosas:

La gran preocupación de los pecadores convencidos es ser justificados, ser absueltos de toda su culpa y aceptados como justos a los ojos de Dios, porque si le queda algo imputado al pecador, está perdido. Por Jesucristo obtenemos una justificación completa, porque por él se hizo una expiación completa por el pecado. Somos justificados por él no solo como nuestro Juez, sino como Jehová, justicia nuestra. Lo que la ley no podía hacer por nosotros, por cuanto era débil, lo hace el evangelio de Cristo. Esta es la bendición más necesaria, y trae consigo todas las demás. Las amenazas son advertencias: lo que se nos dice que vendrá sobre los pecadores impenitentes tiene el propósito de despertarnos para que nos guardemos de que venga sobre nosotros. A muchos los arruina despreciar la religión. Los que no quieran asombrarse y ser salvos, se asombrarán y perecerán.

Hechos 13:42-52

Los judíos se oponían a la doctrina que predicaban los apóstoles; y cuando no hallaban objeción alguna, blasfemaban contra Cristo y su evangelio. Por lo común, los que empiezan contradiciendo acaban blasfemando. Pero cuando los adversarios de la causa de Cristo se muestran atrevidos, sus defensores deben mostrarse más valientes. Y mientras muchos se juzgan indignos de la vida eterna, otros, que parecían menos dispuestos, desean oír más de las buenas nuevas de salvación. Esto concuerda con lo que se había predicho en el Antiguo Testamento. ¡Qué luz, qué poder, qué tesoro trae consigo este evangelio! ¡Qué excelentes son sus verdades, sus preceptos, sus promesas!

Vinieron a Cristo aquellos a quienes el Padre trajo y en quienes el Espíritu hizo eficaz el llamamiento del evangelio (Ro 8:30). Todos los que estaban dispuestos para la vida eterna, todos los que se preocupaban por su estado eterno y procuraban asegurarse la vida eterna, creyeron en Cristo, en quien Dios ha atesorado esa vida y que es el único Camino hacia ella; y fue la gracia de Dios la que lo obró en ellos. Es bueno ver piadosas a las mujeres distinguidas: cuanto menos tienen que hacer en el mundo, más deben hacer por su propia alma y por la de los demás. Pero es triste cuando, so pretexto de devoción a Dios, procuran mostrar odio contra Cristo. Y cuanto más gustemos los consuelos y alientos que hallamos en el poder de la piedad, y cuanto más llenos estén de ellos nuestros corazones, mejor preparados estaremos para afrontar las dificultades en la profesión de la piedad.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.