Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Jeremías 32: comentario de Matthew Henry

Jeremías 32:1-15

Jeremías, estando en la cárcel por su profecía, compró un terreno. Esto significaba que, aunque Jerusalén estaba sitiada y todo el país estaba a punto de ser asolado, llegaría el tiempo en que de nuevo se poseerían casas, campos y viñas. A los ministros les corresponde mostrar que creen lo que predican a otros. Y es bueno manejar aun nuestros asuntos terrenales con fe: hacer los negocios comunes mirando a la providencia y a la promesa de Dios.

Jeremías 32:16-25

Jeremías adora al Señor y sus perfecciones infinitas. Cuando en algún momento nos sentimos perplejos ante los caminos de la providencia, nos conviene volver a los primeros principios. Consideremos que Dios es la fuente de todo ser, de todo poder y de toda vida; que para él no hay dificultad que no pueda vencerse; que es un Dios de misericordia sin límites; que es un Dios de estricta justicia; y que lo dirige todo para lo mejor. Jeremías reconoce que Dios era justo al traer el mal sobre ellos. Sea cual sea la aflicción en que estemos, personal o pública, podemos consolarnos con que el Señor la ve y sabe cómo remediarla. No debemos discutir la voluntad de Dios, pero sí podemos procurar entender lo que significa.

Jeremías 32:26-44

La respuesta de Dios revela los propósitos de su ira contra aquella generación de judíos y los propósitos de su gracia respecto a las generaciones futuras. Es el pecado, y nada más, lo que los arruina. Se promete la restauración de Judá y de Jerusalén. Este pueblo había llegado por fin a la desesperación; pero Dios les da esperanza de la misericordia que les tenía guardada para después. Sin duda las promesas son firmes para todos los creyentes. Dios los reconocerá como suyos, y mostrará que él es de ellos. Les dará un corazón para que lo teman.

Todos los verdaderos cristianos tendrán una disposición al amor mutuo. Aunque tengan opiniones distintas sobre cosas menores, todos serán uno en las grandes cosas de Dios: en su visión de la maldad del pecado y de la baja condición del hombre caído, del camino de salvación por medio del Salvador, de la naturaleza de la verdadera santidad, de la vanidad del mundo y de la importancia de las cosas eternas. A los que Dios ama, los ama hasta el fin. No tenemos motivo para desconfiar de la fidelidad y la constancia de Dios, sino solo de nuestro propio corazón.

Él los volverá a establecer en Canaán. Estas promesas se cumplirán ciertamente. La compra de Jeremías era la prenda de muchas compras que se harían después de la cautividad; y esas heredades no son más que pálidas imágenes de las posesiones en la Canaán celestial, que están guardadas para todos los que tienen el temor de Dios en su corazón y no se apartan de él. Sobrellevemos, pues, nuestras pruebas, seguros de que obtendremos todo el bien que él nos ha prometido.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.