Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Jeremías 5: comentario de Matthew Henry

Jeremías 5:1-9

No se hallaba a nadie que se condujera como hombre recto y piadoso. Pero el Señor veía el verdadero carácter del pueblo a través de todos sus disfraces. Los pobres eran ignorantes, y por eso eran malvados. ¿Qué se puede esperar sino obras de tinieblas de un pueblo que no sabe nada de Dios ni de la religión? Hay pobres de Dios que, a pesar de su pobreza, conocen el camino del Señor, andan en él y cumplen su deber; pero estos eran ignorantes por su propia voluntad, y su ignorancia no les serviría de excusa. Los ricos eran insolentes y altivos, y el abuso de los favores de Dios agravaba su pecado.

Jeremías 5:10-18

Multitudes se pierden por creer que Dios no será tan estricto como su palabra dice que será; con este ardid Satanás arruinó al género humano. Los pecadores no están dispuestos a reconocer como palabra de Dios nada que tienda a apartarlos de sus pecados o a inquietarlos en ellos. Burlarse de los mensajeros del Señor y maltratarlos colmó la medida de su iniquidad. Dios puede traernos aflicción desde lugares y por causas muy lejanas. Tiene misericordia reservada para su pueblo; por eso pondrá límites a este juicio asolador. No pasemos por alto el «no obstante» (Jer 5:18). Este es el pacto del Señor con Israel. Por él proclama su santidad y su total desagrado contra el pecado, aun cuando perdona al pecador (Sal 89:30-35).

Jeremías 5:19-31

Los corazones no humillados están prontos a acusar a Dios de injusticia en sus aflicciones. Pero pueden leer su pecado en su castigo. Si los hombres quieren saber por qué el Señor los trata con dureza, piensen en sus pecados. Las olas inquietas obedecían el decreto divino de no traspasar las orillas de arena, que eran tanto freno como altas montañas; pero ellos rompían todos los frenos de la ley de Dios y se habían entregado por completo a la maldad. Tampoco consideraban su propio interés. Mientras el Señor, año tras año, nos guarda los tiempos establecidos de la siega, los hombres viven de su generosidad; y sin embargo pecan contra él. El pecado nos priva de las bendiciones de Dios; hace que el cielo sea como bronce y la tierra como hierro. Ciertamente las cosas de este mundo no son las mejores; y no debemos pensar que, porque los malos prosperan, Dios aprueba sus prácticas. Aunque la sentencia contra la mala obra no se ejecute pronto, se ejecutará. «¿No castigaré esto?». Esto expresa la certeza y la necesidad de los juicios de Dios. Consideren los que andan por malos caminos que vendrá un fin, y que habrá amargura al final.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.