Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Josué 2: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Josué 2:1-7

La fe en las promesas de Dios no debe anular nuestra diligencia en el uso de los medios adecuados, sino animarla. La providencia de Dios dirigió a los espías a la casa de Rahab. Dios sabía dónde había alguien que les sería fiel, aunque ellos no lo sabían. Rahab parece haber sido mesonera; y si antes había llevado una mala vida, lo cual es dudoso, había abandonado sus malos caminos. Lo que a nosotros nos parece más casual, muchas veces la providencia divina lo encamina a servir a grandes fines.

Por la fe recibió Rahab en paz a aquellos con quienes su rey y su país estaban en guerra. Sabemos con certeza que fue una buena obra, pues así la presenta el apóstol (Stg 2:25); y la hizo por la fe, una fe que la puso por encima del temor de los hombres. Solo son verdaderos creyentes los que están dispuestos de corazón a arriesgarse por Dios: toman al pueblo de Dios por su pueblo y echan su suerte con él. Los espías fueron guiados por una providencia especial de Dios, y Rahab los hospedó por consideración a Israel y al Dios de Israel, no por ganancia ni con ningún mal propósito. Aunque puedan ofrecerse excusas para la culpa de la mentira de Rahab, parece mejor no admitir nada que tienda a justificarla. Su conocimiento de la ley divina debía de ser muy oscuro; una mentira como esta, dicha por quienes gozan de la luz de la revelación, merecería una severa censura, cualquiera que fuese el motivo.

Josué 2:8-21

Rahab había oído de los milagros que el Señor había hecho por Israel. Creía que sus promesas se cumplirían ciertamente y que sus amenazas se harían efectivas, y que no había otra forma de escapar sino sometiéndose a él y uniéndose a su pueblo. La conducta de Rahab demostró que tenía el verdadero principio de la fe divina. Observa las promesas que le hicieron los espías. La bondad de Dios se expresa a menudo por su misericordia y su verdad (Sal 117:2); en ambas cosas debemos ser imitadores de él. Los que son escrupulosos en cumplir sus promesas son prudentes al hacerlas. Los espías ponen las condiciones necesarias. El cordón de grana, como la sangre en los postes de las puertas en la pascua, nos recuerda la seguridad del pecador bajo la sangre expiatoria de Cristo, y que debemos huir a ella en busca de refugio de la ira de un Dios justamente ofendido. El mismo cordón que Rahab usó para salvar a estos israelitas debía servir para su propia seguridad. Aquello con lo que servimos y honramos a Dios podemos esperar que él lo bendiga y lo haga útil para nosotros.

Josué 2:22-24

El informe que trajeron los espías era alentador. Todos los habitantes del país desmayan por causa de Israel; no tienen ni sabiduría para rendirse ni valor para pelear. Esos terrores de la conciencia y ese sentimiento de la ira divina que consternan a los impíos, pero no los llevan al arrepentimiento, son temibles presagios de una destrucción cercana. Pero la gracia sigue sobreabundando para el primero de los pecadores. Que huyan a Cristo sin demora, y todo irá bien.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.