Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Levítico 25: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Levítico 25:1-7

En el séptimo año debía cesar todo trabajo, igual que el trabajo diario cesaba el séptimo día. Estos estatutos nos dicen que nos guardemos de la avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Hemos de practicar una confianza voluntaria en la providencia de Dios para nuestro sustento, considerarnos arrendatarios o mayordomos del Señor, y usar nuestros bienes en consecuencia. Este año de reposo era figura del reposo espiritual en que entran todos los creyentes por medio de Cristo. Por él somos aliviados de la carga de las preocupaciones y los trabajos mundanos, que quedan santificados y endulzados para nosotros, y somos capacitados y animados a vivir por la fe.

Levítico 25:8-22

La palabra «jubileo» significa un sonido especialmente vivo de las trompetas de plata. Debía tocarse en la tarde del gran día de la expiación, porque la proclamación de la libertad y la salvación del evangelio procede del sacrificio del Redentor. Se dispuso que las tierras no se vendieran fuera de las familias. Solo podían cederse, por así decirlo, en arriendo hasta el año del jubileo, y entonces volvían al dueño o a su heredero. Esto servía para mantener separadas las tribus y las familias hasta la venida del Mesías. La libertad en que cada hombre había nacido, si la había vendido o perdido, debía serle devuelta en el año del jubileo. Esto era figura de la redención por Cristo de la esclavitud del pecado y de Satanás, y de la restitución a la libertad de los hijos de Dios.

Todo trato debe hacerse según esta regla: «no engañe ninguno a su prójimo», no se aproveche nadie de la ignorancia o la necesidad del otro, «sino temed a vuestro Dios». Si el temor de Dios reina en el corazón, nos impedirá hacer daño al prójimo de palabra o de obra. Se les aseguró que saldrían muy ganando si guardaban estos años de reposo. Si cuidamos de cumplir nuestro deber, podemos confiar a Dios nuestro bienestar. Fue un milagro, pues no sembraban ni cosechaban; un milagro para animar a todo el pueblo de Dios, en todas las épocas, a confiar en él por el camino del deber. Nada se pierde por la fe y la abnegación en la obediencia. Algunos preguntaban: «¿Qué comeremos el séptimo año?». Así muchos cristianos se adelantan a los males, preguntándose qué harán y temiendo seguir adelante por el camino del deber. Pero no tenemos derecho a adelantarnos a los males hasta angustiarnos por ellos. A las mentes carnales podrá parecerles que obramos absurdamente, pero el camino del deber es siempre el camino seguro.

Levítico 25:23-34

Si la tierra no se rescataba antes del año del jubileo, volvía entonces al que la había vendido o hipotecado. Esto era figura de la libre gracia de Dios en Cristo, por la cual, y no por ningún precio ni mérito nuestro, somos restituidos al favor de Dios. Las casas de las ciudades amuralladas eran más fruto de su propio trabajo que la tierra del campo, que era don directo de la generosidad de Dios; por eso, si alguien vendía una casa en una ciudad, solo podía rescatarla dentro del año siguiente a la venta. Esto animaba a los extranjeros y prosélitos a venir a establecerse entre ellos.

Levítico 25:35-38

La pobreza y la ruina son grandes males, y muy comunes: «a los pobres siempre los tendréis con vosotros». «Tú lo ampararás»: con compasión, sintiendo lástima del pobre; con servicio, haciendo cosas por él; y con provisión, dándole conforme a su necesidad y a tu capacidad. No se debe oprimir a los deudores pobres. Observa los argumentos que se usan aquí contra la usura: «tendrás temor de tu Dios». Socorre al pobre, «y tu hermano vivirá contigo», porque puede serte útil. El rico no puede prescindir del pobre más de lo que el pobre puede prescindir del rico. A los que han recibido misericordia les corresponde mostrar misericordia.

Levítico 25:39-55

Un israelita de nacimiento, si era vendido por deudas o por un delito, debía servir solo seis años y salir libre al séptimo. Si se vendía a sí mismo por pobreza, tanto su trabajo como el trato que recibía debían ser dignos de un hijo de Abraham. A los amos se les manda dar a sus siervos lo que es justo y recto (Col 4:1). En el año del jubileo el siervo debía salir libre, él y sus hijos, y volver a su propia familia. Esto prefiguraba la redención del servicio del pecado y de Satanás por la gracia de Dios en Cristo, cuya verdad nos hace libres (Jn 8:32). No podemos rescatar a nuestros compañeros pecadores, pero podemos señalarles a Cristo; y, entretanto, por su gracia, nuestra vida puede adornar su evangelio, expresar nuestro amor, mostrar nuestra gratitud y glorificar su santo nombre.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.