Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Salmo 102: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- Queja dolorida por grandes aflicciones (1-11).
- Aliento en la espera del cumplimiento de las promesas de Dios a su iglesia (12-22).
- La inmutabilidad de Dios (23-28).
Salmos 102:1-11
Toda la palabra de Dios sirve para dirigirnos en la oración; pero aquí, como en otros muchos lugares, el Espíritu Santo ha puesto palabras en nuestra boca. Aquí se pone una oración en manos de los afligidos: preséntenla a Dios. Aun los hombres buenos pueden verse casi abrumados por las aflicciones. Orar es nuestro deber y nuestro provecho, y es un consuelo para el espíritu afligido desahogarse exponiendo humildemente sus penas. Debemos decir: «Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito». El salmista se veía a sí mismo como un moribundo: «Mis días son como sombra que se va».
Salmos 102:12-22
Somos criaturas mortales, pero Dios es un Dios eterno, el protector de su iglesia; podemos estar confiados en que no será descuidada. Cuando consideramos nuestra propia vileza, nuestras tinieblas y nuestra muerte espiritual, y los muchos defectos de nuestras oraciones, tenemos motivo para temer que no serán recibidas en el cielo; pero aquí se nos asegura lo contrario, porque tenemos un Abogado para con el Padre y estamos bajo la gracia, no bajo la ley. La redención es el tema de la alabanza en la iglesia cristiana, y esa gran obra se describe mediante la liberación y restauración temporal de Israel. Míranos, Señor Jesús, y llévanos a la gloriosa libertad de tus hijos, para que bendigamos y alabemos tu nombre.
Salmos 102:23-28
Las enfermedades del cuerpo pronto debilitan nuestras fuerzas; ¿qué podemos esperar entonces sino que nuestros meses sean cortados a la mitad? ¿Y qué debemos hacer sino prepararnos en consecuencia? Debemos reconocer en ello la mano de Dios, y conciliarlo con su amor; porque a menudo los que han usado bien sus fuerzas las ven debilitadas, y a aquellos de quienes, según pensamos, mal podríamos prescindir, se les acortan los días. Es muy consolador, ante todos los cambios y peligros de la iglesia, recordar que «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos». Y ante la muerte de nuestro cuerpo y la partida de nuestros amigos, recordar que Dios es un Dios eterno.
No pasemos por alto la seguridad que contiene este salmo de un final dichoso para todas las pruebas del creyente. Aunque todas las cosas cambian, mueren y perecen, como un vestido que se dobla y se apresura a envejecer, Jesús vive, y así todo está seguro, porque él ha dicho: «porque yo vivo, vosotros también viviréis».
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.