Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Salmo 116: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Salmos 116:1-9

Tenemos muchas razones para amar al Señor, pero lo que más nos conmueve es su misericordia cuando nos saca de una angustia profunda. Cuando un pobre pecador despierta al sentido de su condición y teme hundirse pronto bajo la justa ira de Dios, entonces halla angustia y dolor. Pero invoquen todos estos al Señor para que libre su alma, y lo hallarán clemente y fiel a su promesa. Ni la ignorancia ni la culpa impedirán su salvación cuando pongan su confianza en el Señor. Hablemos todos de Dios tal como lo hemos hallado; ¿y lo hemos hallado alguna vez de otro modo que justo y bueno? Por su misericordia no hemos sido consumidos. Vengan a él los trabajados y cargados, para que hallen descanso para su alma; y si en algo se han apartado de su reposo, apresúrense a volver, recordando cuán generosamente los ha tratado el Señor.

Debemos considerarnos obligados a andar como en su presencia. Es una gran misericordia ser guardados de ser consumidos por una tristeza excesiva. Es una gran misericordia que Dios nos sostenga de la mano derecha, de modo que no seamos vencidos ni derribados por la tentación. Pero cuando entremos en el reposo celestial, la liberación del pecado y del dolor será completa; contemplaremos la gloria del Señor y andaremos en su presencia con un deleite que ahora no podemos concebir.

Salmos 116:10-19

Cuando estamos turbados, lo mejor es callar, porque somos propensos a hablar sin reflexionar. Sin embargo, puede haber fe verdadera donde hay movimientos de incredulidad; pero al final la fe prevalecerá, y, humillados por haber desconfiado de la palabra de Dios, experimentaremos su fidelidad a ella. ¿Qué puede pagar al Señor por sus beneficios el pecador perdonado, o los que han sido librados de la angustia o la aflicción? De ningún modo podemos serle de provecho. Lo mejor que tenemos es indigno de que él lo acepte; aun así, debemos consagrarnos a su servicio, con todo lo que tenemos.

«Tomaré la copa de la salvación»: ofreceré las libaciones que la ley ordena, en señal de gratitud a Dios, y me gozaré en su bondad para conmigo. Recibiré la copa de la aflicción, esa copa amarga que Dios santifica para sus santos, de modo que para ellos es copa de salvación, un medio de salud espiritual. Recibiré la copa del consuelo: tomaré los beneficios que Dios me concede como venidos de su mano, y gustaré en ellos su amor, como la porción no solo de mi herencia en el otro mundo, sino también de mi copa en este.

Sirvan otros a los amos que quieran; «ciertamente yo soy tu siervo». De dos maneras llegaban los hombres a ser siervos. Por nacimiento: Señor, nací en tu casa; soy «hijo de tu sierva», y por tanto tuyo. Es una gran misericordia ser hijos de padres piadosos. Por redención: Señor, «tú has roto mis prisiones», me has librado de ellas; por eso soy tu siervo. Las ataduras que tú has soltado me unirán más estrechamente a ti.

Hacer el bien es un sacrificio que agrada a Dios, y debe acompañar a la acción de gracias a su nombre. ¿Por qué habríamos de ofrecer al Señor lo que nada nos cuesta? El salmista pagará ahora sus votos, sin demorar el pago; y lo hará en público, no para jactarse, sino para mostrar que no se avergüenza del servicio de Dios y para invitar a otros a unirse a él. Así son los verdaderos santos de Dios, en cuya vida y en cuya muerte él será glorificado.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.