Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Salmo 28: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Salmos 28:1-5

David ora con mucho fervor. Observa su fe en la oración: Dios es mi roca, sobre la cual edifico mi esperanza. Los creyentes no deben descansar hasta haber recibido alguna señal de que sus oraciones son oídas. Pide no ser contado con los impíos. Líbrame de enredarme en los lazos que me han tendido. Líbrame de contagiarme de sus pecados y de hacer lo que ellos hacen. Señor, nunca me dejes usar, para mi seguridad, las artes de engaño y traición que ellos usan para mi ruina. Los creyentes temen el camino de los pecadores; los mejores son conscientes del peligro que corren de ser desviados: todos debemos pedir fervientemente a Dios su gracia para que nos guarde. Los que cuidan de no participar con los pecadores en sus pecados tienen motivo para esperar que no recibirán sus plagas.

Habla de los justos juicios del Señor sobre los que hacen iniquidad (v. 4). No es el lenguaje de la pasión ni de la venganza. Es una profecía de que ciertamente vendrá un día en que Dios castigará a todo hombre que persista en sus malas obras. A los pecadores se les pedirán cuentas no solo por el mal que han hecho, sino por el mal que se propusieron y que procuraron llevar a cabo cuanto pudieron. El desprecio de las obras del Señor es la causa del pecado de los pecadores, y llega a ser la causa de su ruina.

Salmos 28:6-9

¿Ha oído Dios nuestros ruegos? Bendigamos, pues, su nombre. El Señor es mi fortaleza, para sostenerme y llevarme adelante en todos mis servicios y sufrimientos. El corazón que cree de veras se gozará grandemente a su debido tiempo: debemos esperar gozo y paz en el creer. Dios recibirá la alabanza de ello: así debemos expresar nuestra gratitud. Los santos se alegran del consuelo de otros tanto como del suyo propio: no nos beneficiamos menos de la luz del sol, ni de la luz del rostro de Dios, porque otros también la compartan.

El salmista concluye con una oración breve pero completa. El pueblo de Dios es su heredad, y precioso a sus ojos. Pide que Dios lo salve; que lo bendiga con todo bien, especialmente con la abundancia de sus ordenanzas, que son alimento para el alma; y que dirija sus acciones y encamine sus asuntos para bien. Pide también que los levante para siempre; no solo a los de aquella época, sino a su pueblo en todas las épocas venideras; que los levante tan alto como el cielo. Allí, y solo allí, serán los santos levantados para siempre, para nunca más hundirse ni ser abatidos. Sálvanos, Señor Jesús, de nuestros pecados; bendícenos, Hijo de Abraham, con la bendición de la justicia; apaciéntanos, buen Pastor de las ovejas, y levántanos para siempre del polvo, oh tú, que eres la Resurrección y la Vida.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.