Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Zacarías 13: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Zacarías 13:1-6

En el tiempo mencionado al final del capítulo anterior, se abriría un manantial para los gobernantes y el pueblo de los judíos, en el cual lavar sus pecados: la sangre expiatoria de Cristo, unida a su gracia santificadora. Hasta ahora ha estado cerrado para la nación incrédula de Israel; pero cuando el Espíritu de gracia humille y ablande su corazón, él se lo abrirá también a ellos. Este manantial abierto es el costado traspasado de Cristo. Todos nosotros somos como cosa inmunda. He aquí un manantial abierto para que nos lavemos en él, y corrientes que fluyen hacia nosotros desde ese manantial. La sangre de Cristo, y la misericordia perdonadora de Dios en esa sangre, dada a conocer en el nuevo pacto, son un manantial que siempre fluye y que nunca puede agotarse. Está abierto para todos los creyentes, que, como descendencia espiritual de Cristo, son de la casa de David y, como miembros vivos de la iglesia, son moradores de Jerusalén.

Cristo, por el poder de su gracia, quita el dominio del pecado, aun de los pecados más amados. Los que son lavados en el manantial abierto, así como son justificados, también son santificados. Las almas son apartadas del mundo y de la carne, esos dos grandes ídolos, para que se adhieran solo a Dios. Aquí se predice la reforma completa que tendrá lugar con la conversión de Israel a Cristo. Los falsos profetas serán convencidos de su pecado y su necedad, y volverán a sus propias ocupaciones. Cuando estemos convencidos de que nos hemos apartado del camino del deber, debemos mostrar la verdad de nuestro arrepentimiento volviendo a él. Bueno es reconocer como amigos a quienes, con una disciplina severa, son instrumentos para hacernos ver nuestro error, porque «fieles son las heridas del que ama» (Pr 27:6). Y siempre nos hace bien recordar las heridas de nuestro Salvador. Muchas veces ha sido herido por los que se decían sus amigos, y aun por sus verdaderos discípulos, cuando obran en contra de su palabra.

Zacarías 13:7-9

He aquí una profecía de los sufrimientos de Cristo. Dios Padre dio orden a la espada de su justicia de que se levantara contra su Hijo, cuando este puso voluntariamente su vida en expiación por el pecado. Como Dios, es llamado «compañero mío». Cristo y el Padre son uno. Él es el Pastor que había de poner su vida por las ovejas. Siendo sacrificio, tenía que ser inmolado, porque sin derramamiento de la sangre vital no había remisión. Esta espada debía levantarse contra él, aunque no tenía pecado propio por el que responder. Puede referirse a todos los sufrimientos de Cristo, especialmente a sus agonías en el huerto y en la cruz, cuando soportó una angustia indecible hasta que la justicia divina quedó plenamente satisfecha.

«Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas». Nuestro Señor Jesús declara que este pasaje se cumplió cuando todos sus discípulos, la noche en que fue entregado, lo abandonaron y huyeron. Se ha cumplido, y se cumplirá, en la destrucción de la parte corrompida e hipócrita de la iglesia profesante. A causa del pecado de los judíos al rechazar y crucificar a Cristo, y al oponerse a su evangelio, los romanos destruirían a la mayor parte. Pero un remanente sería salvado. Y si somos su pueblo, seremos refinados como el oro; él será nuestro Dios, y el fin de todas nuestras pruebas y sufrimientos será alabanza, honra y gloria cuando sea manifestado nuestro Señor Jesucristo.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.