Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson
1 Reyes 14: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)
2. Reinado de Jeroboam sobre Israel
Después del relato de la división del reino, la narración ofrece una larga descripción del reinado de Jeroboam sobre Israel, la cual está centrada casi completamente en la apostasía de Jeroboam y la institución de la idolatría oficial, y el castigo que resultó de ello (1 Reyes 12:25–14:20). Jeroboam era un administrador capaz, pero siempre pensó en términos humanos, y no creía en la promesa que Dios había hecho de establecer su trono (dinastía) para siempre si era obediente a Yahvé (11:38). Abandonó a Yahvé por temor a que pudiera perder su reino, pero su decisión de abandonar a Yahvé resultó en las mismas cosas que temía venir sobre él. Era un pragmático que veía la religión como nada más que una herramienta para manipular al pueblo, y su actitud llevó al reino del norte a un patrón de pecado que nunca se revirtió antes del exilio.
Jeroboam aparentemente comenzó bien su reinado, pero en poco tiempo decidió que tenía que cambiar la religión de Israel para evitar que el pueblo fuera a Jerusalén tres veces al año a celebrar fiestas en el templo, ya que esto podría hacer que fueran leales a la casa de David una vez más (12:25-27). Por lo tanto, Jeroboam decidió mezclar la religión de Israel con la de sus vecinos, creando becerros de oro en Betel (en su frontera sur) y Dan (en su frontera norte), e inventando su propio sistema religioso (12:28-32). Jeroboam, quien sabía perfectamente que los becerros que había hecho no eran dioses reales, y que la religión que había inventado era una farsa, fue piadosamente a ofrecer su sacrificio en el altar que había hecho en Betel (12:33). Aquí Jeroboam fue confrontado por un joven profeta de Judá, quien declaró que el altar y el sistema religioso de Jeroboam serían destruidos permanentemente por un futuro rey de Judá llamado Josías (13:1-3). Jeroboam recibió dos señales de que la Palabra de Dios se cumpliría: el altar se partió por la mitad espontáneamente, y la mano de Jeroboam se secó y luego se curó (13:4-6). Jeroboam invitó al profeta de Judá a comer con él, obviamente con intenciones siniestras, pero el profeta se negó porque Yahvé le había prohibido comer o beber en Betel (13:7-10). Sin embargo, el joven profeta perdió el tiempo en el camino de regreso a Judá, y un viejo profeta lo engañó para que regresara a Betel a comer y beber (13:11-19). El viejo profeta le dijo al más joven, por la palabra de Yahvé, que encontraría una muerte prematura por su desobediencia (13:20-23). Poco después de que el joven profeta había abandonado Betel, un león lo mató, pero simplemente se quedó parado junto a su cadáver y su burro, sin comerse a ninguno de los dos, y sin que el burro huyera, una clara señal para el pueblo de que el profeta había sido asesinado por juicio divino (13:24-25). El profeta más viejo recuperó el cuerpo del más joven, lloró sobre él y lo enterró en su propia tumba debido a la clara demostración del poder de Dios que autenticó su mensaje (13:26-32). La lección que emerge de esta historia es que Dios nunca se contradice a sí mismo. Estos eventos proporcionaron pruebas absolutas a Jeroboam de que Dios no cambia de opinión y que su sistema religioso se arruinaría.
Sin embargo, Jeroboam rechazó este mensaje y persistió en la idolatría que había comenzado, lo que resultó en la determinación de Dios de aniquilar a su familia en juicio (13:33-34). Pero el hijo de Jeroboam, Abías, era justo, y Dios deseaba llevarlo a una muerte honorable por esta razón.⁴⁰ Cuando Abías cayó gravemente enfermo, Jeroboam envió a su esposa disfrazada al profeta Ahías, en quien confiaba porque había profetizado su ascenso al trono (14:1-5). Aunque Ahías ahora estaba ciego y ni siquiera podía ver a la reina disfrazada, sabía por la palabra de Yahvé quién era ella, y le dio una profecía del exterminio completo de la familia de Jeroboam a causa de sus pecados (14:6-11). Solo Abías moriría en paz, ya que él era justo (14:12-13; cf. Isaías 57:1). Posteriormente, todo el reino del norte sería destruido, y el pueblo sería llevada al exilio, debido al pecado de idolatría (14:14-16). Abías murió de acuerdo con la palabra de Yahvé, y fue honrado en su entierro (14:17-18). Jeroboam mismo murió naturalmente después de un reinado de veintidós años, y fue sucedido por su hijo Nadab (14:19-20).
⁴⁰ Posiblemente Abías, como Jonatán, era el hijo primogénito del rey, y Dios había elegido a Jeroboam para ser rey con el objetivo de establecer una dinastía piadosa a través del reinado de su hijo.
3. Reinado de Roboam sobre Judá
El reinado de Roboam en el sur, que fue simultáneo con el de Jeroboam en el norte, solo se trata brevemente en 14:21-31. El narrador describe cómo Roboam y todo Judá cayeron en la idolatría (14:21-24). El castigo llegó rápidamente: la gran fortuna acumulada en Jerusalén por David y Salomón había convertido a la ciudad en un primer objetivo del ataque, y después de la grieta entre Judá y las tribus del norte, el poderoso faraón de Egipto Sisac vio una oportunidad. Lanzó una gran invasión, derrotando a Judá en el campo de batalla y luego robando todos los tesoros del templo y el palacio de Salomón (14:25-28).⁴¹ La muerte de Roboam después de un tumultuoso reinado es narrada en 14:29-31.
⁴¹ Si Sisac ha de ser identificado con Sheshonq I, entonces vale la pena mencionar que el faraón conocido como Osorkon I, quien sucedió a Sisac dentro de un año después de esta invasión, afirmó haber contribuido con 20½ toneladas de oro al templo de Amón. Este oro fue robado evidentemente de los tesoros de Salomón. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la identificación de Sisac con Sheshonq I no es aceptada por todos los eruditos; David Rohl identifica a Sisac con Ramsés II.
Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.