Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Job 1: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

Introducción

I. Introducción

Como registro narrativo, Job es un libro histórico, y, sin embargo, es aún más un libro de sabiduría, ya que el objetivo del libro es enseñar teología práctica, en lugar de rastrear el desarrollo de la historia. Por esta razón, el cuerpo del libro consiste en un registro de discursos. El libro de Job trata específicamente el tema de cómo entender el sufrimiento de las personas justas en vista de quién es Dios. Job es el paradigma ideal de la víctima inocente: él era el hombre más justo del mundo entero, intachable y recto, pero de repente todo lo que tenía fue destruido, incluyendo su riqueza, sus hijos, y, finalmente, su salud, comodidad, honorabilidad y amistades. Parecía no haber hecho nada para merecer tal cambio total de fortuna, y al ser presionado, él descargó erróneamente su frustración sobre Dios. El sufrimiento de Job probablemente no duró más que unos pocos meses, y el resto de su larga vida fue bastante agradable y bendecida; sin embargo, su sufrimiento fue tan intenso que en ese corto tiempo fue llevado casi a lo más bajo que un hombre puede llegar.

El libro de Job es tremendamente relevante, porque el sufrimiento inmerecido es endémico a la experiencia humana. Prácticamente todos los cristianos luchan por entender y soportar las pruebas que enfrentan. Cuando sufrimos, todo tendemos a pensar que no lo merecemos, y tenemos problemas para averiguar por qué Dios no responderá a nuestras oraciones para aliviar nuestro dolor. Sin embargo, por extraño que parezca, la mayoría de los pastores ni siquiera considerarían predicar a través de todo el libro de Job, dado que es demasiado largo para ellos, y, francamente, piensan que los discursos son aburridos. Algunos piensan que es mejor alimentar a su rebaño con el enervante pábulo de la psicología moderna y otros métodos humanos de cómo manejar problemas. Pero en realidad, necesitamos un libro tan largo como Job para poder responder en detalle a las complejas cuestiones planteadas por el sufrimiento inmerecido. Además, necesitamos escuchar la respuesta de Dios al sufrimiento, no las respuestas del hombre. Lejos de ser aburrido, el libro de Job aborda a fondo las preguntas con las que luchamos cuando sufrimos. Sin embargo, se necesita una cantidad considerable de estudio y reflexión para realmente profundizar en el libro y comprender su sabiduría.

Los pastores necesitan preparar a su pueblo para el sufrimiento, porque la vida cristiana se caracteriza por el sufrimiento. Si entrenamos a la gente para pensar que Dios hará que las cosas vayan bien para nosotros cuando seguimos Su voluntad —que es lo que naturalmente pensamos que merecemos de todos modos— entonces cuando las cosas salen mal, empezamos a cuestionar la bondad y la soberanía de Dios. O bien, pensamos: “Debo estar haciendo algo mal. Dios no dejaría que esto me pasara si no fuera así”. En cambio, debemos pensar: “El sufrimiento puede ser una bendición espiritual, así como la prosperidad es una bendición material”. Job 34:33 enseña que no tenemos derecho a rechazar lo que Dios nos ha dado (cf. 2:10). Dios sabe lo que es mejor, y no podemos comprender plenamente sus caminos. Simplemente debemos confiar en Él.

También debemos ser cautelosos acerca de culpar a Dios por ser la causa directa de nuestro sufrimiento, como lo hicieron Job y sus amigos. En todos sus discursos, Job y sus amigos nunca mencionan al diablo, pero sabemos por la narrativa inicial que el diablo fue la causa directa del problema de Job. Dios no hace nada malo.

El libro de Job es normalmente estudiado por las lecciones que enseña sobre el sufrimiento, y con toda razón. Pero este libro es menos una lucha para entender el sufrimiento que una lucha para entender a Dios. La resolución solo llega cuando Job finalmente ve quién es Dios, lo que resuelve todas sus preguntas sobre el sufrimiento. Job se arrepintió de su queja contra Dios cuando vio quién es Dios, aunque todavía carecía de una explicación para su sufrimiento, y todavía estaba en la miseria y afligido. También nosotros deberíamos leer este libro con el fin de ver quién es Dios, porque nuestras preguntas sobre el sufrimiento son, en última instancia, preguntas sobre Dios, y solo pueden resolverse llegando a un entendimiento adecuado de Dios (cf. Santiago 5:11).

II. Autor

El autor de este libro fue probablemente Eliú. Solo alguien que había oído los discursos de los capítulos 3–41 podría haberlos escrito, lo que reduce los posibles autores a Job, Elifaz, Bildad, Zofar y Eliú (postular un espectador anónimo es demasiado especulativo).¹ De estos posibles autores, Eliú habría estado en la mejor posición para escribir la obra, ya que Job no escribió el relato de su muerte (42:16-17), sin el cual el libro no tendría una conclusión adecuada. Eliú era más joven que Job y sus amigos (32:4-10), y por lo tanto podría haber vivido más que Job. Quienquiera que registrara los discursos obviamente tenía una memoria magnífica —como lo demuestran las frecuentes citas de Eliú sobre Job en sus propios discursos— y le fue dada sobrenaturalmente por el Espíritu Santo una recordación perfecta. También le fue dada por revelación directa la información concerniente a los diálogos de Dios con Satanás en el cielo. El escritor debe haber entregado el libro a uno de los patriarcas hebreos, probablemente Abraham (ver más adelante en “fecha”). Abraham bien pudo haber conocido a Job cuando Job estaba en sus últimos años, y podría haber confirmado el esquema general de los acontecimientos de una variedad de fuentes.² Este libro entonces habría sido transmitido a los ancianos de Israel a través de Isaac y Jacob. A veces se sugiere que se hicieron algunos cambios para actualizar el lenguaje del libro en algún momento, tal vez por Moisés en el período entre el Éxodo (1446 a. C.) y la entrada a Canaán (1406 a. C.). Sin embargo, el lenguaje de Job es inconfundiblemente arcaico, y la lengua cananea probablemente no cambió tanto desde el tiempo de Abraham hasta el tiempo de Moisés como para que se requiriera una actualización lingüística. No hay evidencia directa de actualización lingüística en el libro.

El libro de Job fue escrito en hebreo, que era la lengua de Canaán y muchas de las naciones circundantes, como Edom, Moab y Amón. Sin embargo, hay algunas diferencias entre el hebreo de Job y el hebreo clásico estándar del resto del Antiguo Testamento. El texto de Job es difícil de leer en hebreo, las palabras y sus usos son raros, y gran parte de la gramática y la sintaxis es irregular. Esto se debe probablemente, en parte, a la gran antigüedad del texto, que por lo tanto representa una forma temprana de la lengua sin modificar.

Una peculiaridad del lenguaje de este libro es la terminología que utiliza para Dios. La palabra אֵל (El), una palabra relativamente poco común para Dios en la mayoría de los libros del Antiguo Testamento, aparece unas cincuenta y cinco veces en Job, y todas ellas están en los discursos.³ Los 236 usos de אֵל (El) en singular en el Antiguo Testamento ocurren casi exclusivamente en el lenguaje arcaico de Job y del Pentateuco, y en el lenguaje poético del Salterio e Isaías. Asimismo, cuarenta y una de las cincuenta y ocho ocurrencias en el Antiguo Testamento de אֱַלוֹהּ (Eloah) están en Job, y todas estas están en los discursos. Además, el libro de Job contiene treinta y uno de las cuarenta y ocho ocurrencias en el Antiguo Testamento del término שַׁדַּי (Shaddai/Todopoderoso), todos las cuales se encuentran en los discursos. Por otra parte, אֱלֹהִים (Elohim), la palabra estándar para Dios en los otros libros del Antiguo Testamento, solo ocurre diecisiete veces en Job. Once de estas ocurrencias están en la narrativa de los capítulos 1–2, que probablemente fue escrita 140 años después de que los discursos fueron pronunciados (es decir, después de la muerte de Job). Probablemente por la misma razón, solo hay una ocurrencia del tetragrámaton (יהוה/Yahvé) en el grupo principal de discursos, en 12:9, aunque este nombre aparece más regularmente en la introducción (capítulos 1–2) y conclusión (capítulos 38–42).⁴ Finalmente, el término extremadamente común del Antiguo Testamento אָדוֹן (Adon/Señor) se usa solo dos veces en Job, y solo una de estas veces para referirse a Dios (con una variante de lectura).

Eliú no era, con toda probabilidad, un descendiente de Abraham, y por lo tanto fue el único autor gentil de la Escritura del Antiguo Testamento.

III. Fecha, escenario y ocasión

El libro de Job no está fechado por ningún marcador cronológico específico, pero dice lo suficiente como para determinar que fue escrito en la época de Abraham, es decir, alrededor de 2200–2100 a. C., unos 300-400 años después del diluvio. Está claro en las descripciones del behemot y del leviatán en los capítulos 40–41 que los grandes dinosaurios todavía existían en los días de Job, una característica del período postdiluviano temprano. La existencia de naciones distintas en el libro de Job muestra que Job vivió al menos después de la división de las naciones en Babel. Los creacionistas bíblicos han señalado que varias referencias en el libro de Job (6:16; 37:10; 38:29-30) parecen referirse al hielo del lago y/o arroyos congelados, lo cual es consistente con una fecha para la vida de Job durante la Edad de Hielo (ca. 300-700 años después del Diluvio), cuando los inviernos habrían sido más fríos en y alrededor de la tierra de Canaán. La riqueza de Job, como la de los patriarcas, se medía principalmente por el ganado más que por los metales preciosos (1:3; 42:12). La esperanza de vida de Job también es como la de los patriarcas, él ya tiene diez hijos adultos cuando la historia comienza, luego vive 140 años más. Job definitivamente no vivió después de la entrega de la Ley en el Sinaí, ya que actuó como sacerdote en nombre de su familia (1:5), y mantuvo camellos (1:17), los cuales eran impuros bajo la Ley (Levítico 11:4). Puesto que al comienzo de sus problemas Job fue llamado el hombre más justo de la tierra (1:8; 2:3), es probable que el período más temprano de la vida de Job ocurriera cuando Abraham era un hombre joven, o incluso antes de que Abraham naciera. En cualquier caso, sigue siendo interesante que Dios escogió a Abraham en lugar de Job para ser el progenitor del pueblo del Mesías. Obviamente Job tuvo contacto con uno o más de los patriarcas israelitas, o de lo contrario esta historia no habría sido transmitida como parte de las Escrituras hebreas. Probablemente Abraham llegó a Canaán hacia el final de la vida de Job, sin embargo, puede que también ya haya oído hablar de su historia.

Al parecer Job no solo vivió en la época de Abraham (o un poco antes), sino también en la misma zona de Abraham, es decir, cerca de la tierra de Canaán. Se dice que Job es uno de “los hijos del oriente” (1:3), un término que casi siempre se aplica en la Biblia a los pueblos que vivían en la tierra semiárida al este y sureste de Canaán.⁵ Que Job vivió cerca de Canaán es confirmado por la referencia a la inundación del río Jordán en 40:23. Si Job hubiera vivido cerca de Egipto, la inundación del Nilo habría sido referenciada, mientras que el Tigris o el Éufrates habrían sido referenciados si hubiera vivido cerca de Mesopotamia. La “espesura del Jordán” también parece un bioma más adecuado para los dinosaurios gigantes después del diluvio que las llanuras de Mesopotamia o Egipto. De acuerdo con 6:16 y 38:22-23, Job vivió en un clima donde vio nieve y hielo, lo cual ocurre en las tierras altas al este del Jordán, pero no en Egipto o Babilonia.

Los otros lugares y pueblos mencionados en el libro de Job parecen confirmar la ubicación de Job al este/sureste de Canaán. Se dice que Job vivió en la tierra de Uz (1:1), la cual evidentemente lleva el nombre de un hijo de Aram (Génesis 10:23). Lamentaciones 4:21 específicamente identifica su ubicación como incluyendo el territorio de Edom. El mayor de los amigos de Job, Elifaz, se llama “el temanita”, lo que significa que vivía en o cerca de Temán. La palabra תֵּימָן (Temán) significa “sur” (como נֶגֶב [Neguev]), pero también era una referencia estándar para una región en lo que se convertiría en territorio edomita. Temá (תֵּמָא), también escrito Taima, un oasis en el norte de Arabia Saudita, donde el monarca neobabilónico Nabónido pasó diez años, se menciona en 6:19. El mismo versículo menciona a “Sabá” (שְׁבָא), que en hebreo es exactamente el mismo término que “sabeos” (שְׁבָא) en 1:15, el pueblo que hizo un asalto al ganado de Job. Sabá era un pueblo y un reino en el sur de Arabia que aparentemente también mantenía colonias comerciales en el norte de Arabia. Otro grupo que hizo un asalto al ganado de Job fueron los caldeos (1:17); eran una tribu de habla aramea que estaba ubicada en Babilonia más tarde en la historia bíblica, pero fueron nómadas en períodos anteriores. Bildad, el amigo de Job, es llamado “el suhita” (הַשּׁוּחִי), es decir, alguien de la ciudad/región/tribu de Súa (שׁוּחַ). El único Súa nombrado en la Biblia es un hijo de Abraham por Cetura (Génesis 25:2), que confirma la antigüedad y el medio cultural del nombre, pero no revela nada acerca de la Súa con la que Bildad estaba asociado. Otro amigo de Job, Zofar, es llamado “el naamatita” (הַנַּעֲמָתִי), es decir, alguien de la ciudad/región/tribu de Naamá (נַעֲמָה), un lugar desconocido. Eliú, como escritor del libro, da la información más completa de sí mismo: “hijo de Baraquel el buzita, de la familia de Ram”. De estos tres identificadores, el más útil es “el buzita”, lo que significa que Eliú era de un lugar llamado “Buz”. Buz está asociado en Jeremías 25:23 con las tribus árabes del desierto de Dedan y Temá.⁶ El topacio de Cus se menciona en 28:19;

5F ciertamente fue comercializado en y alrededor de Canaán pero no habría sido tan bien conocido en la más distante Mesopotamia. Finalmente, el oro de Ofir se menciona en 22:24 y 28:16. Aunque la ubicación de Ofir es discutida, un punto de referencia es que Salomón trajo oro de Ofir a través del puerto de Ezión-geber en Edom (2 Crónicas 8:17-18).

En resumen, todos los indicadores geográficos dados en el libro de Job apuntan a un escenario geográfico al este/sureste de la tierra de Canaán, probablemente en lo que más tarde se conoció como la tierra de Edom. Los indicadores cronológicos en el libro de Job apuntan a que los eventos del cuerpo del libro sucedieron antes del llamado de Abraham, pero con la muerte de Job ocurriendo después de la llegada de Abraham a Canaán. Si Job vivió cerca de 225 años, él pudo haber nacido alrededor del 2275 a. C. (243 años después del diluvio), los acontecimientos principales del libro pudieron haber ocurrido alrededor del 2200 a. C. (44 años antes del nacimiento de Abraham), y Job pudo haber muerto alrededor del 2050 a. C. (poco después del nacimiento de Isaac en 2066 a. C.). Eliú debió haber escrito el libro alrededor del 2050 a. C., posiblemente junto con Abraham. Esto convierte fácilmente a Job en el libro más antiguo del canon, anterior al Pentateuco por unos 650 años. No hay tema más apropiado para el primer libro del canon que una investigación sobre la naturaleza de Dios y cómo el hombre debe relacionarse con su Creador.⁷

IV. Propósito y mensaje

El propósito del libro de Job es proporcionar un marco teológico para entender el sufrimiento inmerecido de las personas justas a la luz de la soberanía de Dios y Su perfección moral. El mensaje del libro de Job es que Dios, y solo Dios, es competente para gobernar el mundo. El hombre no está en posición de cuestionar la sabiduría de Dios o de exigir que Dios dé cuenta de Sí mismo. Puesto que el hombre no está en una posición de omnisciencia, a menudo no entenderá por qué Dios hace lo que hace, pero, sin embargo, debe confiar en que Su gobierno del universo y Su trato a cada persona es justo y bueno, y resultará para el bien de los justos al final.

V. Esquema de Job

Esquema general

Esquema detallado

(1) La aseveración de Job de su justicia y su oración por venganza (27:1-12)

(2) La vanidad de la esperanza de los impíos (27:13-23)

(1) La habilidad del hombre para sacar tesoros de las profundidades de la tierra (28:1-11)

(2) La sabiduría es más difícil de obtener (28:12-22)

(3) La sabiduría solo se obtiene de Dios (28:23-28)

(1) La burla de Job de la escoria de la sociedad (30:1-15)

(2) La presente aflicción de Job bajo la mano de Dios (30:16-23)

(3) Job lamenta la injusticia y la miseria de su condición (30:24-31)

VI. El argumento de Job

La estructura general del libro de Job es bastante clara: el escenario y los eventos iniciales (capítulos 1–2), los discursos de Job y sus amigos (capítulos 3–31), el discurso de Eliú (capítulos 32–37), los discursos de Dios (capítulos 38–41) y el arrepentimiento y la restauración de Job (capítulo 42). Entre tres capítulos de narrativa hay treinta y nueve capítulos de diálogos, con narrativa reducida en los diálogos. Por lo tanto, el foco del libro está obviamente en los diálogos, en los cuales se discute la naturaleza de Dios y Sus tratos con el hombre. Antes de pasar por el libro párrafo por párrafo, se presentará una visión general del argumento.

Job y sus amigos comenzaron con una teología equivocada, una teología que decía que la justicia personal debe resultar en prosperidad física, porque un Dios justo y soberano dará a las personas lo que se merecen. Cuando Job de repente tuvo una experiencia que contradecía su teología, comenzó a cuestionar a Dios. Sabe que es justo, pero sufre inmensamente, y también de repente se da cuenta de la prosperidad de los injustos que lo rodean. Job se queja de que esto no es justo, él no está recibiendo lo que se merece, y ellos no están recibiendo lo que se merecen. Simplemente no hay una buena causa, en su mente, para lo que le ha sucedido. Si Dios es justo y soberano, ¿cómo puede permitir esto? Job siente que Dios hará lo que es correcto y al final lo reivindicará, pero también piensa que el trato que Dios le da es simplemente injustificable. Job no sabe cómo revisar su teología o darle sentido a todo. Parece alternar en sus discursos entre decir “Dios es injusto por hacerme esto”, y “confiaré en Dios hasta que muera, y dependeré de él para que me ayude”. Pero encuentra que las dos actitudes no pueden producir una teología coherente. Finalmente, Job se decide por la afirmación de que es más justo que Dios; y aunque no renuncia a su fe en Dios ni a su lealtad a Dios, sí exige una audiencia con Dios para poder presentar su caso. Los lectores tienden a simpatizar con Job, quien es mucho más indigno de sufrir que ellos y ha sufrido tanto como ha podido sin morir, pero sienten que en algún punto se ha equivocado en su intento de entender su terrible experiencia.

Los tres amigos de Job ejemplifican el pensamiento común, que equipara la rectitud con la bendición física y la injusticia con la aflicción física y no reconoce excepciones. El lector sabe que este pensamiento está equivocado, al menos en su aplicación a Job, debido a la introducción que afirma la justicia de Job y explica que el sufrimiento de Job no fue un resultado de su pecado. Mientras los amigos de Job continuamente lo acusan de un monstruoso acto inmoral —sin pruebas— e imploran que se arrepienta para ser sanado, se supone que el lector debe seguir pensando: “Eso es exactamente lo que yo habría dicho, pero está equivocado”. Si alguna vez hubo un caso claro donde el sufrimiento de un hombre viniera indudablemente de Dios como un castigo divino directo, parecería haber sido de Job. Cuando Job pierde todo a la vez —incluyendo el fuego que cae del cielo y consume sus ovejas— claramente no es una coincidencia ni un acontecimiento natural. Cuando él es herido con el tipo de enfermedad más miserable imaginable, parece inconfundible que Dios lo está hiriendo. En cierto sentido era cierto que Dios estaba hiriendo a Job (2:3), aunque no lo estaba haciendo directamente, había permitido que Satanás lo hiciera. Lo que no era cierto era la proposición de que la única razón por la que un Dios recto y justo podría herir a alguien es en retribución por su pecado. De hecho, en un momento posterior de la historia, Dios entregaría a Su propio Hijo amado a la muerte más cruel e inmerecida jamás sufrida, sin violar Su justicia perfecta, y Jesús aceptó Su sufrimiento porque era parte del plan de Dios.

Después de que Job y sus tres amigos concluyen sus discursos en un amargo desacuerdo, dos nuevos participantes son presentados, Eliú y Dios. Eliú, un joven espectador, representa el punto de vista de un hombre con la teología correcta y la aplicación correcta de la teología a la experiencia de Job. Mientras Eliú argumenta el caso de Dios, Job no tiene respuesta porque se da cuenta de que Eliú tiene razón. Finalmente, Dios mismo aparece para retomar el argumento donde Eliú lo dejó. Cuando Dios finalmente habla, no le dice a Job por qué hizo lo que hizo; solo hace una serie de preguntas para demostrar su poder y sabiduría. La introducción le dice al lector qué provocó las pruebas de Job, pero Job no necesita saber la razón para llegar a una resolución.⁸ La lección para nosotros es que tampoco necesitamos saber todas las razones por las que las cosas suceden; podemos descansar confiadamente en la sabiduría de Dios mientras Él gobierna el universo. Además, en retrospectiva es muy claro que tanto Job como todos los lectores de su libro son beneficiarios de sus pruebas, que Dios de hecho tuvo buenas razones para permitir el sufrimiento de Job, y que al final trató a Job con extrema gracia (cf. Santiago 5:11).

VII. Comentarios sugeridos

A. Comentario en español

B. Comentarios en inglés

1. Comentarios clásicos excelentes

2. Buenos comentarios homiléticos/aplicación

3. Comentarios críticos útiles

¹ La afirmación de que la escritura hebrea no existía en este período temprano se basa en una visión evolutiva de la historia, y no puede ser probada. No es raro que un solo hallazgo arqueológico derrote a masas de dogmas académicos.

² La sugerencia de que Abraham escribió el libro él mismo, con los discursos dictados a él por Eliú, no es probable, ya que esto haría a Abraham nada más que escriba de Eliú. Seguramente había escribas profesionales disponibles para la tarea, si Eliú no era capaz de escribir por sí mismo.

³ 3 Esto no cuenta el uso de אֵלִים en 41:25 (Esp.) / 41:17 (Heb.).

⁴ 4 A propósito, el no uso de יהוה (Yahweh) y אֱלֹהִים (Elohim) en los discursos, y el uso de los otros términos, muestra que los discursos no fueron simplemente hechos por el autor, o incluso reconstruidos de acuerdo con sus recuerdos, sino que fueron registrados con precisión histórica.

⁵ Se usa así en Jueces 6:3, 33; 7:12; 8:10; 1 Reyes 4:30; Isaías 11:14; Jeremías 49:28; Ezequías 25:4, 10. La única excepción es Génesis 29:1, donde se usa para referirse a Padán-aram.

⁶ El nombre “Baraquel” no aparece en otra parte de la Escritura, y por lo tanto no es útil como identificador. La sugerencia de que Eliú era un israelita de la familia de Ram, hijo de Hezrón, hijo de Pérez, hijo de Judá, es imposible. Ram nunca se da como un nombre de familia en otra parte del Antiguo Testamento, y parece que los acontecimientos del libro de Job ocurrieron mucho antes del nacimiento de Ram. Hay al menos otras dos personas llamadas Ram en el Antiguo Testamento, así que probablemente era un nombre semita bastante común.

⁷ En sus temas y lenguaje, Job puede compararse con Isaías 40–48, otra teodicea.

⁸ La resolución del libro de Job, como la resolución del libro de Habacuc, es totalmente diferente a cualquier otra teodicea del antiguo Oriente Próximo. En “El poema del justo sufriente” (en CoS 1:483-95), que se ha comparado de manera deshonesta con Job, el suplicante solo considera a Marduk digno de ser alabado porque ha curado al que lo sufre. Job concluye que Yahvé es digno de ser alabado porque es inherentemente digno de ser alabado, y llega a esta conclusión antes de ser sanado. Muchos de los lamentos bíblicos están compuestos antes de la restauración, y alaban a Yahvé en anticipación de la restauración. Están diseñados para ayudar a las personas que oran que aún no han llegado a una resolución. La dignidad inherente de Yahvé se afirma simplemente por el hecho de que uno viene a Él con su lamento. Hay también otras diferencias significativas entre las “teodiceas” mesopotámicas y las bíblicos: no hay concepto en Mesopotamia de una relación personal entre los dioses y el pueblo, y por lo tanto ninguna resolución a través de un encuentro personal con los dioses; no hay concepto de que los dioses siempre hacen lo que es correcto y sabio y lógico; y los dioses luchan entre sí por el control del mundo, sin que ninguno tenga soberanía total.

1. La situación inicial de Job

A. Escenario y eventos iniciales (1:1–2:13)

Los dos primeros capítulos de Job dan el trasfondo histórico para la argumentación teológica que comprende la mayor parte del libro.

El libro de Job abre con una descripción de la situación inicial de Job antes de que sus problemas comenzaran. Era perfecto y recto, y tenía la mayor riqueza de todos en su región. Se da información detallada sobre sus hijos para explicar lo que les sucede a continuación.

2. La primera ronda de aflicción

La primera ronda de la aflicción de Job se describe en 1:6-22. En este episodio, Job pierde todo excepto su salud (y su inútil esposa), pero lo toma con calma. La aflicción es iniciada por Dios, quien alardea de Job a Satanás (1:6-8).⁹ Después de que Satanás falsamente acusa a Job, Dios permite a Satanás probar a Job afligiéndolo, dentro de los límites divinamente ordenados que Satanás está obligado a mantener (1:9-12). Satanás procede a destruir todas las posesiones de Job y a matar a todos sus siervos e hijos, excepto cuatro siervos que escaparon solo para llevar a Job las malas noticias (1:13-19). La increíble respuesta de Job fue exactamente lo contrario de lo que Satanás había predicho confiadamente: Satanás afirmó que Job solo bendijo a Dios porque Dios lo bendecía, pero cuando la bendición de Dios fue quitada, Job bendijo a Dios de todos modos (1:20-22). Job no adoró a Dios por lo que Dios le dio, sino por quien Dios es. Job también demostró que a pesar de que tenía grandes riquezas, su satisfacción nunca surgió de sus posesiones. Satanás fue claramente el perdedor en esta batalla.

⁹ Los comentaristas liberales, quienes sostienen la teología de la prosperidad en rechazo del mensaje del libro, no pueden entender la justicia en el desafío de Dios a Satanás. En realidad, por alguna razón es necesario que Dios alardee de los creyentes en respuesta a las acusaciones de Satanás, que pruebe a Satanás que sus acusaciones son falsas. Además, Dios sabía que al final el desafío de Satanás sería bueno para Job y bueno para cada creyente que escuchara la historia de Job. Las pruebas de Job revelaron defectos de carácter ocultos que de otro modo nunca se habría dado cuenta de que existían, y Job se convirtió en un hombre mejor lidiando con ellos.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.