Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Job 32: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

C. Discurso de Eliú

Al parecer, la conversación ya había terminado, y todos querían que terminara. Pero hay dos oyentes que aún no han hablado, Eliú y Yahvé. Eliú era un espectador joven pero sabio que había esperado cortésmente para hablar hasta que los hombres mayores hubieran dado su opinión (32:1-5). Sin embargo, no hubo resolución para el diálogo entre Job y sus tres amigos, sino que simplemente habían intercambiado falsas acusaciones hasta que se cansaron de discutir. Ahora Eliú, quien sabía aplicar la teología correcta a la situación de Job, ya no podía contenerse. Comienza diciendo que había asumido incorrectamente que los hombres mayores tendrían la sabiduría para responderle a Job (32:6-10), pero como no habían encontrado respuesta, ahora daría una respuesta diferente a la de ellos (32:11-14). En 32:15-22, Eliú declara lo que está pensando mientras se prepara para hablar. Esta sección es necesaria para que Eliú se gane el derecho a ser escuchado explicando por qué está hablando.

En el capítulo 33, Eliú defiende los tratos de Dios con el hombre contra las acusaciones de Job. Comienza por apelar dócilmente a Job para que lo escuche y le responda si puede (33:1-7). En 33:8-11, él cita el error básico de Job, que es la afirmación de que Dios lo está tratando injustamente. Eliú da su respuesta básica a Job en 33:12-13: Job no tiene derecho a desafiar a Dios o a exigir que Dios explique lo que está haciendo, porque el hombre no está en posición de responsabilizar a Dios o decirle a Dios qué hacer. De hecho, sin embargo, Dios se comunica con el hombre, a través de los sueños¹² (33:14-18) o a través del castigo (33:19-22), lo cual, cuando se interpreta correctamente, conduce al arrepentimiento y restauración del hombre (33:23-28). Eliú concluye la primera parte de su discurso dándole a Job la oportunidad de responder (33:29-33). Por primera vez, Job no tiene respuesta, y por ende Eliú continúa.

En el capítulo 34, Eliú reivindica la justicia de Dios. Primero, en 34:1-9, Eliú reprende la afirmación de Job de que Dios lo ha tratado injustamente. En 34:10-15, Eliú argumenta que es imposible para Aquel que crea y sostiene la vida humana pecar. En 34:16-20, Eliú argumenta que es imposible para Aquel que gobierna el mundo pecar. En 34:21-30, Eliú defiende el trato de Dios hacia los malvados, argumentando que Dios es el Juez perfecto porque sabe todo lo que hacen los hombres (34:21-23). De hecho, Dios castiga a los malvados (34:24-28), y cuando parece permanecer en silencio, debe estar de acuerdo con propósitos justos que el hombre, en su ignorancia, no puede ver (34:29-30). Eliú entonces reprende a Job por desafiar la soberanía de Dios al afirmar que él sabe mejor que Dios cómo Dios debe tratarlo, un acto de rebelión contra el gobierno de Dios (34:31-37).

A medida que Eliú procede con su discurso, defiende la soberanía de Dios en el capítulo 35. Puesto que el Ser de Dios es impasible —ninguna acción humana o angelical tiene efecto sobre Su Ser— Él es neutral como Juez (35:1-8). Los juicios de Dios son autodeterminados; están completamente no influenciados por los intentos del hombre de predisponer el juicio, y no incluyen ninguna base para emitir un juicio salvo los principios mismos de la justicia. Muchos hombres claman a Dios para que los salve cuando están en angustia, pero la mayoría lo hace con falta de sinceridad, y Dios, quien lo sabe todo, rechaza las oraciones impías (35:9-16). La oración de Job especialmente debería rechazarse porque él ha desafiado abiertamente a Dios. Irónicamente, Job se quejaba de que Dios no actúa lo suficientemente rápido para hacer justicia, cuando de hecho Job habría sido destruido inmediatamente si Dios hubiera actuado inmediatamente (35:16).

Eliú continúa con un nuevo tema, defendiendo el uso de la aflicción por Dios (36:1-23). En 36:1-16, Eliú describe los propósitos de Dios al traer aflicción, para los malvados, para destruirlos, y para los justos, para refinarlos. Por lo tanto, llama a Job a arrepentirse, en lugar de llamar a Dios desde una falsa pretensión o desear la muerte (36:17-23). Dios ahora comienza a acercarse al grupo en una gran tempestad, y el resto del discurso de Eliú se ocupa con un llamado a humillarse ante el Dios soberano (36:24–37:24). El asombroso poder de Dios y sus caminos insondables hacen que la sola idea de un hombre cuestionando Su curso de acción sea totalmente absurda. Eliú le pide a Job que magnifique a Dios por Su asombrosa majestad, como se muestra en la tormenta que se aproxima (36:24-33). Eliú mismo es conmovido por la apariencia de Dios, y describe cómo las poderosas tormentas del invierno muestran la grandeza del poder de Dios (37:1-13). Él amonesta a Job sobre la imposibilidad absoluta de instruir al Dios que diseñó y gobierna la naturaleza (37:14-20). En 37:21-24, Eliú resume y concluye su argumento, y anuncia la llegada de Dios. Dios procederá a tomar el argumento de Eliú donde éste lo había dejado. El discurso de Eliú había preparado el camino para la aparición de Dios mostrando a Job y a sus amigos su error de antemano, preparando así a Job para humillarse ante Dios en lugar de desafiar airadamente a Dios.

¹² Los sueños de los que se habla aquí son visiones, que deben haber sido una manera común para Dios instruir a las personas antes de que se escribiera la Escritura.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.