Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Jueces 8: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

G. La opresión madianita y Gedeón

Después del período de paz bajo la dirección de Débora y Barac, los israelitas apostataron nuevamente y fueron severamente oprimidos por los madianitas durante siete años (6:1-6). Cuando clamaron a Yahvé por liberación, Él los reprendió por su idolatría (6:7-10), pero luego levantó a Gedeón para liberar a la nación (6:11-24). Gedeón parecía tímido y, por lo tanto, un candidato poco probable para un libertador, pero de hecho tenía un corazón de valor y era leal a Yahvé. Si Dios hubiera elegido a alguien que estaba ansioso por tener poder, es probable que en 8:22, cuando Israel vino a coronar a Gedeón después de la batalla, tal hombre hubiera aceptado la oferta, mientras que Gedeón reconoció que su éxito vino de Yahvé. Yahvé le ordenó a Gedeón que destruyera el altar a Baal en su ciudad natal, y que construyera un altar a Yahvé en su lugar, con el fin de manifestar que no solo estaba liderando una guerra para efectuar un cambio político y económico, sino para provocar una revolución espiritual (6:25-27). Después de que su padre confirmó el acto de Gedeón (6:28-32), reunió un ejército para enfrentar a los madianitas invasores (6:33-35). Dios tranquilizó a Gedeón en su inseguridad al demostrarle mediante una prueba preliminar que, de hecho, le otorgaría la victoria sobre Madián (6:36-40). Cuando los ejércitos acamparon uno frente al otro (7:1), Yahvé exigió que Gedeón redujera su ejército a trescientos hombres (7:2-8).¹⁰ Gedeón, que todavía tenía miedo, recibió una cuarta señal para ser tranquilizado (7:9-14). Gedeón comenzó la guerra con una artimaña divinamente dirigida que confundió a los madianitas tensos en la oscuridad de la noche y los hizo comenzar a matarse entre ellos (7:15-22). Los neftalitas, aseritas, manaseitas y efrateos encontraron el coraje de salir y perseguir a las fuerzas madianitas en retirada, y los dos príncipes de Madián (“Cuervo” [= Oreb] y “Lobo” [= Zeeb]) fueron asesinados por los efrateos (7:23-25). Los orgullosos efrateos dejaron de pelear contra los madianitas, y en su lugar condenaron injustamente a Gedeón, quien apaciguó su ira dándoles el elogio que codiciaban (8:1-3). Gedeón persiguió a los dos reyes de Madián con sus trescientos hombres originales (8:4-9), finalmente los capturó y completó su derrota de las fuerzas madianitas (8:10-12). Regresó para castigar a los pueblos israelitas que le negaron ayuda (8:13-17), luego ejecutó a los reyes madianitas (8:18-21). El pueblo reaccionó de forma exagerada e intentó hacer rey a Gedeón, pensando que podían vivir como quisieran y que los libraría de sus enemigos (8:22). Gedeón rechazó la oferta, pero juzgó a Israel durante cuarenta años (8:23-32).

¹⁰ Uno pensaría que, dado que había 32 000 israelitas y 135 000 madianitas, cualquier victoria de Israel se atribuiría a Yahvé. Pero Dios sabía que lo que habría sucedido es que Israel se habría jactado de que eran tan grandes guerreros que podrían vencer a un ejército cuatro veces más grande. Incluso cuando los madianitas fueron derrotados por 300 hombres, los israelitas de mente carnal todavía atribuyeron la victoria a Gedeón (8:22). Efraín ni siquiera fue llamado a la batalla por esta razón (véase 8:1-3).

H. La opresión de Abimelec

Después de Gedeón, el siguiente opresor de Israel fue, irónicamente, también un juez o un monarca ilegítimo. Israel apostató después de la muerte de Gedeón (8:33-35), y Dios los castigó a través de Abimelec, el hijo de Gedeón con una concubina, quién tomó el poder (9:1-6). Abimelec hizo un trato con los hombres de Siquem para que lo coronaran rey, luego mató a todos sus setenta hermanos, excepto al más joven, que escapó y le dio a Abimelec una advertencia profética de que él y los de Siquem se destruirían mutuamente (9:7-21). Abimelec reinó como rey sobre Israel durante tres años, luego vio su reino desmoronarse debido al resentimiento entre él y los de Siquem (9:22-25). Después de una serie de complots e intrigas que revelaron la maldad de Abimelec y de los de Siquem (9:26-40), Abimelec destruyó Siquem (9:41-45) y la cercana Torre de Siquem (9:46-49). Abimelec luego trató de destruir la ciudad de Tebes por su parte en la alianza contra él, pero fue asesinado providencialmente cuando intentaba tomar la fortaleza de la ciudad (9:50-57).

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.