Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Levítico 1: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

Introducción

I. Introducción

El libro de Levítico era el manual de adoración para Israel, su liturgia oficial. Aunque Levítico se encuentra entre la narrativa histórica más amplia del Pentateuco, no es, propiamente hablando, una narrativa, sino un código legal. Es decir, el libro contiene algunas historias (por ejemplo, 8:1–9:24; 10:1-20; 24:10-23), pero todas estas historias están directamente correlacionadas con un conjunto de leyes u ordenanzas, y se cuentan para proveer el contexto en el que se dieron las leyes. Muchos cristianos consideran que el libro de Levítico es difícil de leer. Más aún, muchas de las personas que intentan leer la Biblia renuncian cuando llegan al libro de Levítico. Ya que la mayoría de los cristianos no tienen una experiencia cultural con los ritos descritos, las leyes pueden parecer tediosas, irrelevantes y difíciles de comprender si no son bien explicadas y estudiadas. Sin embargo, el libro de Levítico es único en la Biblia ya que Dios provee directamente un dictado de palabra-por-palabra en casi la totalidad del libro.¹ Toda la Biblia es la Palabra de Dios, pero la mayor parte de ella no fue dictada directamente por Dios. Ciertamente sería un sacrilegio afirmar que un libro, el cual consiste en casi su totalidad de palabras dictadas directamente de la boca del Señor, sea considerad0 como aburrido o irrelevante.

Debido a que el Nuevo Testamento enseña que los cristianos —sean estos judíos o gentiles— ya no se encuentran bajo la Ley (Romanos 6:14-15; 1 Corintios 9:20-21; Gálatas 4:5; 5:18, etc.), muchos cristianos tienen poco interés por el libro de Levítico. Levítico y Números suelen ser saltados cuando las personas leen y estudian la Biblia porque su significado contemporáneo no es fácilmente reconocido. Pero no se debe cometer el error —estos son libros muy significantes, con información importante y lecciones para aprender—. Es solo que usualmente necesitamos que alguien más nos señale su relevancia, o necesitamos llevar a cabo un estudio profundo de ellos para descubrirla nosotros mismos. De hecho, algunos evangelistas en sociedades que son bíblicamente analfabetas, incluyendo algunas sociedades que eran cristianas en siglos pasados, comienzan su presentación del evangelio con Génesis y en realidad gastan un buen tiempo presentando el evangelio desde Levítico.² Levítico es un libro que profetiza, a través de la tipología, de la Persona y de la obra del Mesías. Usualmente Levítico no es considerado como un libro de profecía, pero cuando Jesús enumeró a los testigos de Su Persona y obra en Juan 5:30-47, Él mencionó a Juan el Bautista (5:33, 35), Sus obras (5:36), el Padre (5:37), y a Moisés (5:39, 45-47). Jesús dijo que Moisés acusaría a los judíos que no habían creído en Él porque habían rechazado el testimonio que Moisés les dio (Juan 5:45-47). Hebreos 3:5 es también interesante debido a que dice que Moisés fue un “testimonio de lo que se iba a decir más tarde” (LBLA; ver Deuteronomio 31:25-29). Aunque Moisés solo escribió algunas profecías directas de la venida del Mesías (por ejemplo, Genesis 3:15; 49:10; Números 24:17), toda la Ley mosaica está repleta de tipos que se dice que son “sombras de lo que ha de venir”, principalmente de Cristo y Sus obras (Col 2:16-17; ver Hebreos 9:11; 10:1). Cuando estos son considerados, se vuelve evidente que Moisés escribió mucho más sobre la Persona y el trabajo del Mesías que cualquier otro profeta. Ciertamente, Juan 5:45-47 presenta a Moisés como el escritor primario de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. El sistema legal mosaico revela la pecaminosidad del hombre y su culpabilidad frente a un Dios santo, y la necesidad del hombre de que la expiación se realice a través de una muerte sustitutiva.

Levítico también tiene mucho por enseñarnos sobre el carácter de Dios y la santidad que Él demanda de Su pueblo. El tema principal de Levítico es la santidad de Dios. Es decir, todo el libro entero trata sobre cómo la pecaminosidad del hombre lo hace impuro e incapaz de acercarse a Dios sin antes recibir algún tipo de limpieza. Por la manera en la que el tabernáculo fue establecido, podemos observar que el acceso del hombre a Dios era bastante restringido, ya que el hombre pecador no puede acercarse a un Dios santo por sí mismo —porque si lo hiciera, moriría—. Por lo tanto, la gran mayoría del Levítico trata sobre el problema del pecado del hombre y qué se debe hacer al respecto. La advertencia “Sed santos, porque yo soy santo” es mencionada cinco veces en el Antiguo Testamento, cada vez en el libro de Levítico: 11:44-45; 19:2; 20:7, 26 (cf. 1 Pedro 1:16). Es decir, de alguna manera el hombre debe convertirse santo para poder acercarse a un Dios santo y poder adorarlo. Allis lo expresa bien cuando hace la observación “la gran lección del libro de Levítico es que el Dios santo debe tener un pueblo santo, y que esta santidad debe abarcar toda la vida. La declaración del Nuevo Testamento sobre este principio se puede encontrar en las palabras: ‘ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios’” (1 Corintios 10:31, LBLA).³ También se puede observar que la única declaración directa del Antiguo Testamento sobre el segundo mandamiento más importante, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, se encuentra en Levítico 19:18. Este mandamiento es citado repetitivamente en el Nuevo Testamento como uno de los dos mandamientos fundamentales en los que se basan toda la Ley y los profetas (Mateo 22:35-40; Marcos 12:28-34; Lucas 10:27-28; Romanos 13:8-10; Gálatas 5:14; Santiago 2:8).

Otra valiosa lección que se enseña en Levítico tiene que ver con la forma en la que los creyentes deben reaccionar al pecado. Algunas personas sienten una carga pesada en vivir una vida sin pecado, y se destrozan a sí mismos, volviéndose enojados, deprimidos y temerosos cuando se dan cuenta de que han pecado en alguna manera seria. Más aún, algunas líneas del fundamentalismo proyectan una imagen de impecabilidad, y algunos pastores colocan una gran presión sobre las personas para que nunca pequen, con la amenaza de graves consecuencias si lo hacen, y sin tener en cuenta ninguna gracia. El resultado de un sistema sin gracia es que los hombres buscan esconder cada uno de sus pecados, y son destruidos si son descubiertos. Sin embargo, el libro de Levítico enseña que Dios, de hecho, planea que Su pueblo siga pecando, y anticipa que cada uno de ellos peque regularmente, aunque Él obviamente no desea que pequemos. En vez de destruirnos cuando pecamos, Dios nos trata con misericordia y provee expiación, sanidad y reconciliación. Puede que algunos hombres no toleren errores —siempre los errores de otros, y por supuesto, nunca los de ellos mismos, los cuales esconden o ignoran— pero Dios da gracia. Es importante tener en cuenta que la gracia no nos da una licencia para pecar —los efectos devastadores del pecado siempre hacen que esa licencia sea un mal negocio— pero la gracia nos da una forma de seguir viviendo, y de continuar sirviendo a un Dios santo, antes de ser librados de nuestra carne pecaminosa. Lejos de desanimarnos, podemos y deberíamos seguir sirviéndole a Dios mientras buscamos la santificación. Hay un sentido en el cual Dios espera que nosotros seamos perfectos (como el deber moral de Sus criaturas), pero también un sentido en el que Él no lo hace (teniendo en cuenta la realidad práctica de la vida en un mundo caído). La Ley es una norma adaptada a la condición caída del hombre. Por lo tanto, se pueden extraer lecciones de gracia de Levítico, aunque hay ciertos casos en los que la Ley no otorga gracia y ordena el castigo o la destrucción de los pecadores.

En el otro extremo, algunos cristianos profesantes pecan de una manera libertina sin que, al parecer, exista algún sentimiento de culpa o temor de condenación, y sin ningún respeto por la Palabra de Dios o respeto por los mandamientos de Dios. La Torá también da la respuesta de Dios sobre esta actitud hacia el pecado. Pecadores descarados debían ser castigados por sus crímenes, y de hecho eran ejecutados (en el contexto legal del Antiguo Testamento) si el crimen era lo suficientemente severo. En el contexto del Nuevo Testamento, la iglesia debe disciplinar a tales creyentes profesantes a través de la exclusión, a menos que y hasta que se arrepientan (1 Corintios 5). Sin embargo, es importante tener en cuenta que hay otra categoría de pecados que va más allá de los mencionados previamente. No hay expiación para el hombre que repudia el pacto de Dios; él debe ser ejecutado sin misericordia (Éxodo 31:14; Levítico 17:3-4; Números 15:30). El corolario del Nuevo Testamento está presentado en el libro de Hebreos, el cual enseña que un apóstata que renuncia al cristianismo está endurecido más allá de la razón, de tal forma que él no recibirá el evangelio y ya es condenado en esta vida a un destino eterno en el lago de fuego (Hebreos 10:26-31).

II. Autor y fecha

El libro de Levítico hace parte de un libro más extenso originalmente escrito por Moisés en un rollo único de la Torá, el cual incluía lo que ahora se conoce como los cinco libros del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Número y Deuteronomio).⁴ Este rollo se completó en el día de la muerte de Moisés en 1405 a. C. (Deuteronomio 31:9; 22, 24). Si bien la evidencia bíblica de la autoría mosaica del Pentateuco es muy fuerte, hay algunos factores que la complican. Uno es el problema de la “actualización textual”, mediante la cual fueron hechas pequeñas adiciones o modificaciones editoriales al texto original de Moisés en algún momento posterior. Otro problema es la Hipótesis Documental y otras objeciones a la autoría mosaica del Pentateuco por parte de críticos académicos. Para este tipo de cuestiones generales relacionadas con la autoría de todo el Pentateuco, puede consultar la Introducción al Pentateuco.

III. Propósito y mensaje

Al igual que con otros “libros” del Pentateuco, una declaración de propósito para Levítico es un tanto artificial debido a que Levítico no fue escrito como un libro independiente, sino como parte de un trabajo más amplio. Aun así, es posible definir un propósito y un mensaje para esta distinta subunidad dentro de la Torá. El propósito del libro de Levítico fue dar a la nación de Israel un código legal que necesitaba para vivir en la tierra prometida y adorar al Dios quien habitaba en medio de ellos. Dentro de esta Ley nacional y temporal, sin embargo, existen unas verdades atemporales y universales sobre Dios, el hombre, el pecado y Cristo. El mensaje del Levítico es que Dios demanda la santidad de Su pueblo, y que ellos pueden acercarse a Él solamente si se santifican a sí mismos de acuerdo con Sus demandas.

IV. Nombre “Levítico”

Como estaban escritos originalmente, los libros de la Biblia no tenían títulos, pero más adelante los títulos fueron añadidos para mayor facilidad. El nombre en español de este libro es del título de la Septuaginta griega, Λευιτικόν (Leviticon), que significa “levítico”. Este título refleja el foco del libro sobre los rituales realizados por los sacerdotes aarónicos, quienes eran levitas. Mientras que la palabra “sacerdotes” es usada muy frecuentemente en este libro, la palabra “levitas” de hecho solo aparece en 25:32-33, por lo que el título es ligeramente impreciso. El título hebreo es simplemente la primera palabra del libro (en hebreo), Vayikra (וַיִּקְרָא), la cual significa “Y él llamó”.

V. Temas teológicos

A. Salvación bajo la Ley

Una confusión común acerca de la Ley era que las personas que vivieron entre Moisés y Cristo fueron salvas al observar los mandamientos de la Ley —salvación por obras—. Esta fue esencialmente la perspectiva del judaísmo rabínico en el tiempo de Cristo, la cual negaba el pecado original y sostenía que el favor de Dios se ganaba a través de las buenas obras. Sin embargo, esta perspectiva es directa y frecuentemente contradicha en el Nuevo Testamento.

El encuentro de Jesús con Nicodemo ilustra bien estos problemas. En respuesta al reconocimiento de Nicodemo de que Jesús estaba realizando señales mesiánicas (Juan 3:1-2), Jesús afirmó que el nacimiento nuevo/celestial era necesario para entrar al reino mesiánico (Juan 3:3). Luego, Jesús aclara que este nacimiento celestial es la regeneración por el Espíritu (Juan 3:4-7). La regeneración, como el nacimiento, no es un proceso, sino que ocurre en un tiempo específico. Por lo tanto, lo que se necesita para la salvación no es una vida de obras justas, sino que se necesita la experiencia de una conversión. A diferencia de las obras, la regeneración del Espíritu no es un acto externo que se pueda ver, aunque sus efectos si se pueden ver (Juan 3:8). Nicodemo no pudo entender el concepto de la regeneración, debido a que la corriente principal del judaísmo había perdido el concepto de la conversión y lo había reemplazado con un concepto de salvación paso a paso a través de las obras de la Ley, la justificación había sido equiparada con la santificación (Juan 3:9). Jesús estaba asombrado de que uno de los principales maestros de Israel no entendía el concepto básico de la regeneración (Juan 3:10), y procedió a clarificar que Él estaba hablando del nacimiento espiritual, no del nacimiento físico, y que este nacimiento venía a través de la creencia en Él mismo (Juan 3:11-15). La explicación de Jesús es seguida por los famosos versículos que establecen claramente, como cualquiera en la Biblia, que la salvación viene a través de la fe en Cristo Jesús (Juan 3:16-18). Ver también Mateo 5:20; 9:10-13; 21:31; Marcos 10:17-22; Lucas 8:9-14; Juan 9:35-41.

Las epístolas del Nuevo Testamento también establecen muy claramente que la salvación no se logra cumpliendo las obras de la Ley. Romanos 3:20 dice, porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él (LBLA). Romanos 3:28 dice, Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley (LBLA). Gálatas 2:16 dice, sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo… puesto que por las obras de la ley nadie será justificado (LBLA). Gálatas 3:11-12 dice, Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque el justo vivirá por la fe. Sin embargo, la ley no es de fe; al contrario, el que las hace, vivirá por ellas (LBLA).

Otra confusión común es que el ofrecer los sacrificios ordenados por la Ley salvaba a las personas. Hebreos 10:4 dice, Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados (LBLA). Los versículos que lo preceden (Hebreos 10:1-3) argumentan que, si realmente los sacrificios animales pudieran remover el pecado, limpiarían de la culpa a los adoradores y no tendrían que repetirse cada año. Estos sacrificios fueron solo un sistema temporal establecido como una imagen de la fe del adorador en el sacrificio supremo por el pecado, el cual Dios proveería en Cristo.⁵

Otra prueba de que intentar obtener la justificación por medio de la Ley no trae salvación es que la mayoría de los judíos del primer siglo rechazaron a Jesús, lo cual no hubieran hecho si verdaderamente eran los hijos de Dios (ver Juan 8:42-45). Desde un punto de vista lógico, sería ridículo sugerir que alguien que lleve a cabo los rituales externos de la Ley por pobres motivos, y que en realidad no cree que Dios existe, podría ser salvo. Es obvio que la fe es necesaria y que la fe va más allá de un mero consentimiento mental a las verdades teológicas de Dios (Santiago 2:19). De hecho, Génesis 15:6 es citado en el Nuevo Testamento como evidencia de que la Torá por sí sola enseña la justificación por la fe (ver Romanos 4:3–6:9; Gálatas 3:6). Sin embargo, para la época de Cristo, la corriente principal del judaísmo había cambiado el énfasis a la conformidad formal con los requerimientos externos de la Ley, a los cuales los rabís judíos agregaron muchos de sus propios requerimientos (ver Marcos 7:1-23).

Antes de la muerte de Cristo, los hombres eran salvos a través de la fe en Dios, y en lo que Dios les había revelado hasta el periodo histórico en el que se encontraban. La justificación aun ocurría en un punto específico en el tiempo, en un punto de conversión; y, muy probablemente, cuando una persona se volvía un creyente, le oraba a Dios con una expresión de fe y arrepentimiento, pidiéndole a Dios que lo perdonara de sus pecados. Si uno pedía a Dios que le perdonara los pecados y creía que Dios lo salvaría, sería salvo. Las palabras de Jesús a Nicodemo indican que la regeneración por el Espíritu Santo era algo que los santos del Antiguo Testamento experimentaban en el momento de la conversión, aunque la permanente presencia y morada del Espíritu Santo no fue experimentada por la mayoría de los santos del Antiguo Testamento. Desde Moisés hasta Cristo, los verdaderos creyentes demostraron su fe al guardar las ordenanzas de la Ley, los sacrificios, y las fiestas, aunque todos fallaban en sus intentos de guardar perfectamente la Ley. No parece ser que las personas que fueron regeneradas durante el periodo del Antiguo Testamento podían perder su salvación, aunque retrocesos serios fueron ciertamente posibles (ver 1 Samuel 28:19).

Ampliando esta discusión, se podrían hacer declaraciones con respecto a la salvación en varias dispensaciones.⁶ Las dispensaciones no son métodos diferentes de salvación. Etiquetas como “la Era de la Ley” y “la Era de la Gracia” pueden crear la impresión de que lo son, pero este no es el caso. (1) La base de la salvación en el cálculo divino siempre ha sido la obra terminada de Cristo. Era posible tener los propios pecados perdonados y ser justificado antes de la muerte de Cristo (Génesis 15:6; Salmo 32:2; Marco 2:5, 9; Lucas 7:48; Romanos 4:6-8), y ser llevado al cielo después de la muerte (o la traducción 2 Reyes 2:1, 11), porque era seguro que el sacrificio de Cristo por el pecado ocurriría en el plan de Dios. (2) El método para recibir la salvación siempre ha sido por medio de la fe y el arrepentimiento. (3) El objeto de la fe siempre ha sido el Dios (trino) de la Biblia. (4) El contenido de la revelación y la fe difiere entre las dispensaciones. Por lo tanto, los santos del Antiguo Testamento no necesitaban un entendimiento consciente de la crucifixión del Hijo encarnado de Dios para ser salvos. Ellos solamente necesitaban tener fe en Dios como Él se había revelado a Si mismo hasta ese punto en la historia, ya que una relación adecuada con el Padre resultaría en una relación adecuada con el Hijo. (5) Los requisitos de Dios para la expresión de fe y devoción del hombre hacia Él difieren entre las dispensaciones. Por ejemplo, la circuncisión no es un mandato en el Nuevo Testamento y el bautismo no es un mandato en la Ley de Moisés. Aunque es cierto que ni la circuncisión ni el bautismo harán que una persona sea salva, o son necesarios para la salvación, en sus respectivas dispensaciones estas prácticas fueron y son consideradas necesarias para la vida de obediencia de un creyente a la voluntad revelada de Dios.

Cabe señalar que hubo periodos de transición entre las dispensaciones. Cuando la iglesia comenzó en el día de Pentecostés, hubo ciertas personas fuera de Jerusalén que fueron verdaderamente salvas, pero que solo conocían el Antiguo Testamento o el bautismo de Juan. Hasta que se les trajeron las buenas nuevas de Jesús, estas personas permanecieron salvas. Si este no era el caso, entonces habría decenas de miles de personas que fueron salvas el día antes de Pentecostés y quienes de repente perdieron su salvación al día siguiente sin saberlo, luego muchos habrían ido al infierno sin escuchar el evangelio cristiano. Esto es impensable. Estas personas permanecieron salvas, aunque no hubiesen podido ser parte de la iglesia de manera inmediata. Cada vez que aquellos que fueron salvos con el conocimiento del Antiguo Testamento o el bautismo de Juan escuchaban el evangelio, ellos lo creían y pasaban a formar parte de la iglesia (ver Hechos 8:26-40; 19:1-7).⁷ En algún punto alrededor de la mitad o finales del primer siglo, el mensaje del evangelio había alcanzado a todas estas personas y la salvación mediante solo el conocimiento del Antiguo Testamento ya no era posible.

B. Contrastes entre la gracia y la Ley

Ley Gracia

lo que el hombre tiene que hacer lo que Dios ha hecho

central el Sinaí central el Calvario

trae una maldición 8 redime de una maldición 9

dice, “haz y vivirás”¹⁰ dice, “Cree y vivirás”¹¹

trae muerte¹² trae vida¹³

coloca barreras entre el hombre y Dios¹⁴ trae al hombre cerca a Dios¹⁵

condena en su totalidad a los mejores hombres¹⁶ justifica libremente a los peores hombres¹⁷

ministerio de condenación¹⁸ ministerio de reconciliación¹⁹

sacrificios continuos por el pecado²⁰ sacrificio una vez para siempre²¹

pecado recordado²² pecado removido²³

C. La función de la Ley

¿Si mantener las obras de la Ley no podía traer salvación, entonces cual era la función de la Ley? La Ley fue un documento de pacto entre Dios y la nación de Israel.²⁴ Estaba destinada a gobernar la manera de vivir de Israel antes de la cruz, en preparación para la venida de Cristo. Específicamente, estaba destinada a mantener separado a Israel de las naciones paganas y las prácticas paganas hasta la llegada del Mesías. En Éxodo, Dios redime a Su pueblo de Egipto, hace un pacto con ellos y viene a morar entre ellos. Esto creaba un problema porque todas las personas eran pecadoras, y si se acercaban directamente al santo Dios ellos morirían. Por lo tanto, no solamente eran necesarios mandamientos morales, sino también la creación de un tabernáculo, un sacerdocio, un sistema sacrificial y varios rituales de purificación.

Debido al contexto nacional y propósito de la Ley, ésta estaba enfocada en asuntos temporales y en cosas pertinentes a esta vida, sin ningún aspecto escatológico²⁵ directo. La Ley era simplemente un puente, no el producto final. Los sacrificios, las ordenanzas y los castigos fueron establecidos como un sistema de vida en la tierra. Esto es bastante diferente al evangelio cristiano, el cual se enfoca en la salvación eterna. Otra implicación del contexto nacional de la Ley es que la Ley fue dada a un pueblo que ya estaba redimido, y, por lo tanto, no fue diseñada como un modo de salvación individual. La fe y el arrepentimiento se presuponen en todo Levítico, ya que ese es el punto de toda la instrucción acerca de la naturaleza de Dios, la necesidad de la expiación y de cómo vivir. Los Israelitas debían guardar la Ley como un resultado de la justificación, no un medio para aquello. Con respecto a la santificación, la Ley si estableció un estándar del bien y del mal, pero no le entregó al pueblo el medio para mantener este estándar. La Ley solo les podía mostrar cómo se quedaban cortos. Reglas sobre la dieta, la purificación ritual y la impureza tienen razonables justificaciones higiénicas y de salud detrás de ellas, pero el propósito principal de tales leyes ceremoniales no era promover la buena salud —de lo contrario no habría razón para revocar estas leyes en el Nuevo Testamento. Estas leyes pretendían apartar a Israel de los otros pueblos, y enseñarles a los israelitas por medio de ilustraciones terrenales, la necesidad de tener un corazón puro para poder acercarse a un Dios santo.

En vista de que Israel fue escogido como la propia posesión de Dios entre todos los pueblos de la tierra (Éxodo 19:5-6), originalmente no había distinción entre la ley religiosa y la ley civil de Israel; el sistema legal nacional abarcaba ambos. La nación, en su conjunto, era santa y por lo tanto aun sus sistemas políticos y judiciales estaban entrelazados con su religión en una teocracia.²⁶ Yahvé era el Rey de la nación. Sin embargo, con el tiempo Israel perdió su capacidad de autogobernarse, y se desarrolló una diferencia entre la ley religiosa y la civil.²⁷

Cuando el Nuevo Testamento enseña que no estamos bajo de la Ley (Romanos 6:14; 1 Corintios 9:20; Gálatas 5:18), esto no significa que está bien cometer homicidio, codiciar y lo demás. Lo que significa es que los cristianos no están bajo la Ley como un documento de pacto, o como un sistema de vida nacional. Cristo nos redimió de la maldición de la Ley (Gálatas 3:11-14) al pagar por la pena que merecíamos como transgresores. Por lo tanto, ahora estamos bajo el sistema de la gracia en vez del de la Ley. Sin embargo, la verdad no ha cambiado, y el carácter de Dios no ha cambiado. Por esta razón, los escritores del Nuevo Testamento, incluido Pablo, solían apelar a la Ley como una base para sus afirmaciones. Aunque no había una división formal tripartita de la Ley en las Escrituras, está implícito que algunos de los mandamientos aún son válidos en la era del Nuevo Testamento (la ley moral), mientras que otros no están directamente en vigor, pero contienen principios detrás de ellos que siguen siendo verdaderos (la ley ceremonial y la ley civil). La ley civil era la porción de la Ley que solo se podía imponer por un gobierno israelita independiente, y que debía ser puesta a un lado cuando Israel estaba bajo el control político de un poder extranjero. Por otro lado, la ley ceremonial tenía que ver con los temas que no son intrínsicamente morales o inmorales, sino que afectaban la propia pureza ritual. Habían cuatro estados rituales bajo la Ley: impuro, limpio (neutral), santo y santísimo. En los tiempos del Nuevo Testamento, se había desarrollado cierta confusión entre los judíos acerca de la santidad/la contaminación ritual y la verdadera justicia/ el verdadero pecado, por eso los fariseos requerían que las personas comunes guardaran los rituales de purificación como lo hacían los sacerdotes en su vida diaria (ver Marcos 7:3-4).

El resto de esta sección examinará Gálatas 3:23–4:7, el cual es un pasaje importante sobre el propósito de la Ley. Gran parte de la interpretación de este pasaje se basa en el significado de la palabra griega παιδαγωγός (paidagōgos), a veces traducida como “pedagogo” pero mejor traducida como “guardián”. Cognados o dobletes de esta palabra se encuentran en otros idiomas. Un estudio de este término en griego, latín y fuentes rabínicas demuestra que la única característica de παιδαγωγός que es hallada universalmente en la literatura antigua es su función básica: ellos están asignados como guardianes de menores hasta que alcanzan la adultez. Por lo tanto, se esperaría que el uso de Pablo de παιδαγωγός en Gálatas 3:24-25 tuviera su base en esta función.

Mientras que algunos han interpretado que Gálatas 3:24-25 significa que el propósito de la Ley era enseñar sobre Cristo, o demostrar a los hombres la necesidad de un Salvador del pecado,²⁸ esto aparentemente está basado en un malentendido de la palabra παιδαγωγός (paidagōgos). En primer lugar, hay otra palabra griega para “maestro”, διδάσκαλος (didaskalos), y esta palabra nunca es intercambiada con la palabra παιδαγωγός (paidagōgos) en la literatura antigua. En general, el παιδαγωγός (paidagōgos) no era considerado como un profesor de nada más allá del buen comportamiento. En segundo lugar, Pablo establece explícitamente que la Ley cesó de funcionar como παιδαγωγός (paidagōgos) cuando Cristo vino (Gálatas 3:25). Por lo tanto, Pablo no podría estar argumentando que la función primaria de la Ley era enseñar sobre el Mesías, porque no está claro como la Ley cesaría de enseñar acerca de Cristo después de que Él vino. Ni tampoco es claro como la Ley dejaría de traer convicción de pecado después de la primera venida de Cristo.

De la misma manera, mientras que el παιδαγωγός (paidagōgos) era una persona que disciplinaba enseñando a su(s) niño(s) el comportamiento apropiado y los estándares morales, el enfoque de Pablo no está en el rol de la Ley en fomentar el comportamiento moral. Los problemas en el centro de la controversia de Gálatas fueron la circuncisión (Gálatas 5:2-3, etc.) y la observación del calendario judío (Gálatas 4:10), no las leyes que tienen que ver con las normas éticas y morales o los castigos por violar estas normas (ver Gálatas 5:19-24). Más aún, Pablo argumenta que la Ley por sí sola no puede producir un buen carácter, sino solo un conocimiento del pecado, por lo que aquellos que están bajo la Ley son malditos (Gálatas 3:10, 21; ver Romanos 3:20; 8:3).

El aspecto del παιδαγωγός (paidagōgos) que encaja mejor con su función básica como institución de la sociedad grecorromana y también con el punto que Pablo señala en Gálatas 3:24-25 es el de un guardián.²⁹ Se suponía que el παιδαγωγός (paidagōgos) debía funcionar como una barrera entre el menor asignado a su cuidado y las perjudiciales influencias externas. Él debía proteger al niño y evitar que se metiera en problemas antes de alcanzar la mayoría de edad. Esto es una representación muy acertada del propósito de la Ley en el periodo del Antiguo Testamento: era mantener a Israel separado de las naciones paganas y de las influencias paganas hasta que el Mesías viniera.³⁰

Sin embargo, mientras que el παιδαγωγός (paidagōgos) era necesario y beneficioso hasta que se alcanzara un punto de madurez, si el continuaba funcionando después, evitaría que el niño, que ya había crecido, viviera como un hombre.³¹ En el contexto de Gálatas, Pablo está argumentando que la iglesia es un nuevo pueblo de Dios definido por la fe en Cristo, no por una identidad nacional como estaba definido en la Ley— más notablemente, a través de la circuncisión y la observación de días especiales. Estas señales, los cuales Moisés instituyó para definir una comunidad exclusiva del pacto, fueron abolidas cuando Cristo vino y cumplió la Ley, y de allí en adelante no tienen valor alguno en convertir a una persona en un miembro de la comunidad de creyentes. Un cristiano está marcado por su identidad en Cristo bajo el Nuevo Pacto, y es justificado solamente por medio de la fe. Al identificarse uno mismo en la era actual con la comunidad del Antiguo Pacto está participando en un sistema opuesto de salvación, el cual busca la justificación por las obras en el contexto del judaísmo rabínico, y en cualquier caso se pone uno mismo bajo una maldición.³² Este entendimiento del παιδαγωγός (paidagōgos) encaja con los siguientes versículos (Gálatas 3:26-29), en los que Pablo argumenta que la única identidad de la iglesia se encuentra por medio de la identificación con Cristo, no la identificación con Israel y el Antiguo Pacto. La interpretación de παιδαγωγός (paidagōgos) como el guardián de Israel encaja con el versículo anterior (Gálatas 3:23), el cual declara que Israel estaba bajo custodia por la Ley. La naturaleza temporal de la Ley también se menciona en el contexto anterior (Gálatas 3:19). Ninguna otra interpretación propuesta da un sentido adecuado al pasaje.

Por lo tanto, el punto básico de Pablo en describir la Ley como un παιδαγωγός (paidagōgos) es demostrar que, si bien por un periodo de tiempo, la Ley tuvo una función legitima de custodia, esta función cesó después de que un punto de madurez fue alcanzado. La Ley no era una mala cosa en sí misma, pero de por si tampoco era completa; solo era un puente para el producto final, para un tiempo en el cual el guardián ya no se necesitaría más (ver Gálatas 4:4-7). Volver a ponerse bajo el cuidado del παιδαγωγός (paidagōgos) después de ser liberado de él sería estúpido, aunque obviamente la esclavitud al παιδαγωγός (paidagōgos) era necesaria para proteger al niño antes de que se convirtiera en hombre. Pero, así como el rol del παιδαγωγός (paidagōgos) era por su misma naturaleza temporal, del mismo modo la Ley no era un guardián legítimo para la iglesia de Jesucristo.

D. La relevancia de la Ley para hoy

¿Si la Ley, como documento de pacto, no es ahora vigente, cuál es su relevancia para nosotros hoy en día?

Se debe recordar que hay principios más grandes detrás de las leyes de la Torá, que se extienden fundamentalmente a los dos principios generales mayores de amar a Dios con todo su ser y amar al prójimo como a uno mismo (ver Mateo 22:36-40). Por lo tanto, las leyes específicas son las aplicaciones de los principios generales (ver Salmo 119:15). Aunque en el Antiguo Testamento la ley de prohibir amordazar al buey cuando estaba trillando (Deuteronomio 25:4) aplicaba literalmente al buey, en el Nuevo Testamento Pablo enseña que el principio primario de esta ley era demostrar que el labrador era digno de su salario (1 Corintios 9:9-10; 1 Timoteo 5:18). Jesús interpretó la prohibición del homicidio (Deuteronomio 5:17) como una prohibición al odio y al enojo contra el prójimo (Mateo 5:21-26). También, Jesús interpretó la prohibición del adulterio (Deuteronomio 5:18) como una prohibición a las miradas lujuriosas (Mateo 5:27-28). Pablo interpretó que la ley, en la cual se ordena que se les den a los sacerdotes una porción de los sacrificios (Levítico 6:26; Número 18:8), enseña el principio general de que un ministro de Dios de tiempo completo debería vivir de las contribuciones o los ingresos de su ministerio (1 Corintios 9:13-14). En algunas ocasiones, el Nuevo Testamento hace explícito el principio detrás de las leyes de la Torá sin hacer una conexión explícita con la ley en cuestión. Un ejemplo de esto es el mandato de Jesús de amar a los enemigos (Mateo 5:44; Lucas 6:27, 35), el cual puede verse como el principio detrás del requerimiento en Éxodo 23:4 de devolverle las propiedades perdidas a su enemigo si se lo encuentra por casualidad (cf. Deuteronomio 22:1-4). Las leyes dadas por Moisés no fueron arbitrarias; todas ellas tenían alguna justificación detrás de ellas. Pero, en vista de que el Nuevo Testamento no es un comentario formal sobre la Torá, el lector atento de la Torá tendrá que buscar e identificar estos principios por su cuenta.³³ Uno debe tener cuidado y evitar leer en el texto cosas que no están allí. Por ejemplo, el mandamiento de no cocer un cabrito en la leche de su madre (Deuteronomio 14:21) seguramente no significa que uno nunca debería comer lácteos con carne, que es como los judíos lo interpretan hoy en día. Esto es leer un principio externo adicional dentro de un principio que ya es externo. Es decir, uno debe buscar, más bien, un principio moral detrás del mandato, que parece estar enseñando compasión y sensibilidad. Es moralmente inapropiado hervir el cabrito en la leche de su propia madre, así como es moralmente inapropiado tomar tanto los huevos como la madre que se sienta sobre ellos (Deuteronomio 22:6-7); uno debe dejar ir a la madre como una compensación por el mal hecho a ella. Estos principios, a su vez, tienen la intención de ser aplicados de alguna manera en el trato que el hombre le da a su prójimo.

Una cosa que impacta al lector de la Torá es que el código legal mosaico regía sobre cada aspecto de la vida. Para los israelitas antiguos, la Ley abarcaba todo y estaba presente en todos lados. El creyente del Nuevo Testamento debería aprender una lección de esto: la Palabra de Dios debe gobernar cada aspecto de nuestra vida. Si hay un rincón de nuestra vida que no está coloreado por nuestra relación con Dios, hay algo deficiente en esa parte de nuestra vida; es decir, debemos encontrar cómo aplicar la Palabra de Dios. Cómo determinar cuáles leyes aplican hoy:

i. Leyes dietarías (Marcos 7:19; Hechos 10:9-16)

ii. La ley sabática (Romanos 14:5-6; Colosenses 2:16-17)

iii. Leyes de fiestas (Romanos 14:5-6; Colosenses 2:16-17)

iv. La circuncisión (1 Corintios 7:18-19; Gálatas 5:6 entre otras)

v. Los sacrificios (Hebreos 10:1-18)

vi. El sumo sacerdocio aarónico (Hebreos 7)

vii. Nótese que esta categoría no es exhaustiva

2. Basado en la repetición de las leyes del Antiguo Testamento

i. Ver Romanos 13:9

ii. Esta categoría no es exhaustiva; Levítico 18 registra una lista muy larga y muy específica de leyes sexuales que deben ser evitadas, algunas de las cuales no son repetidas específicamente en el Nuevo Testamento, sin embargo, entenderíamos que todas estas prohibiciones permanecen vigentes hoy en día. El Nuevo Testamento si prohíbe la inmoralidad sexual como un principio general, pero no define los múltiples tipos específicos de la inmoralidad sexual como lo hace el Antiguo Testamento.

3. Basado en análisis teológico

i. La división tripartita de la ley en moral (universal), civil (temporal), y ceremonial (temporal)³⁴

ii. Hay algún espacio de debate con respecto a la categorización de ciertas leyes

iii. Pero todavía hay principios detrás de las leyes civiles y ceremoniales que se aplican hoy en día, y lecciones sobre Dios y el hombre

a. Ver la lista de arriba

b. Levítico 19:9 enseña que a Dios le importa el estado de las personas vulnerables y cuida de ellas. Por lo tanto, debemos hacer lo mismo—aunque los campesinos de hoy en día no tienen que literalmente dejar las sobras de sus cosechas sin recolectar.

c. Levítico 20:13 enseña que las prácticas homosexuales son una gran abominación. Sin embargo, la iglesia, la cual no es una entidad gubernamental civil, no debe mandar a matar a hombres por actos de sodomía.

E. Reflexiones sobre el sistema de justicia penal ideal

La Ley de Moisés establece lo que es, sin duda alguna, el sistema ideal de justicia penal. Debe ser el ideal, en vista de que la Ley fue diseñada directa y totalmente por Dios mismo, como el Rey de Israel. Entonces, ¿qué podemos aprender de los defectos en nuestros presentes sistemas de justicia penal a partir de la Ley de Dios, y cómo podemos seguir remediando estos defectos? Hay muchas posibles respuestas a esta pregunta; el análisis a continuación se enfocará en un aspecto del sistema judicial penal, el cual es el método de castigo utilizado.

Estados Unidos es probablemente el mayor defensor del encarcelamiento como un castigo por los crímenes. En el pasado reciente, Estados Unidos ha tenido consistentemente las tasas de encarcelamiento más altas de cualquier país grande en el mundo. La mayor parte del resto del mundo ha seguido el ejemplo de Estados Unidos y la prisión ha sido generalmente aceptada como un método de castigo a los crímenes cometidos hoy en día. Sería sorprendente, entonces, para muchos estadounidenses y europeos conocer que toda la idea de un sistema penitenciario no tiene apoyo bíblico, y hay buenas razones para creer que es de hecho defectuoso.

No se menciona ninguna cárcel en la Ley de Moisés. Es decir, los castigos se llevaban a cabo por medio de daños físicos y económicos o la pena de muerte. Fuera del código mosaico, la cárcel es mencionada ocasionalmente en el Antiguo Testamento (Génesis 39:29–40:23; Jeremías 37:11-21), lo cual demuestra que existió en ese tiempo, aunque tampoco había mención de alguna prisión en el antiguo código legal Hammurabi. En Números 15:34, un hombre fue detenido mientras esperaba su veredicto, pero se asumía que el veredicto no sería que el permaneciera en la cárcel. Así que la cárcel si existió en el tiempo de Moisés, pero solo como un lugar para retener temporalmente al acusado en espera de una investigación y un juicio.³⁵ La cárcel finalmente se convirtió en la norma social en la época del mundo grecorromano del Nuevo Testamento, aunque los romanos usaron su sistema de encarcelamiento en combinación con otras formas de castigo.

La cárcel es un lugar terrible que obliga a buenos hombres a actuar como criminales, y los somete a un gran abuso por parte de otros criminales y guardias. También crea una gran carga económica en la sociedad para poder cuidar de la población carcelaria. Adicionalmente, se crea una gran carga social y financiera a las familias quienes pierden a sus familiares por la cárcel. Condena a los encarcelados a una terrible muerte en vida. De lo contrario, está bien establecido que en cualquier país que tenga un sistema penitenciario, las buenas personas que entran al sistema por delitos menores usualmente salen de la cárcel como criminales endurecidos. En Estados Unidos, alrededor del 70 por ciento de los prisioneros son arrestados nuevamente en los primeros tres años de ser liberados. Muchos de los prisioneros son obligados a unirse a pandillas, a menudo por criterios raciales, como un medio para sobrevivir en la cárcel. Muchos son horriblemente azotados, abusados y hasta asesinados; hubo 9 000 hechos reportados de asalto (homo)sexual en las prisiones de Estados Unidos en el 2011, y muchos más que no fueron reportados. Mientras tanto, la sociedad pierde el servicio de personas que de otra manera podrían estar haciendo un trabajo productivo, y en cambio, tiene que pagar para cuidarlos. La idea de encarcelar como castigo de un crimen viene principalmente del mundo clásico grecorromano —y más recientemente, de Inglaterra— no de la Biblia.

Una de las fallas fundamentales del sistema de prisión (y también de los códigos de ley extrabíblicos del antiguo Oriente Próximo, como el Código de Hammurabi) es que carece de un sentido de castigo en proporción al crimen. Bajo la Ley mosaica, un ladrón debía hacer una restitución por la cosa que había robado adicionando un 20 por ciento a su valor (Levítico 6:4-5). Si un hombre había cavado una fosa y no la había cubierto, y el buey de otro hombre caía en esa fosa y moría, se le entregaba el buey que había muerto al hombre que cavó la fosa, pero él mismo debía pagar por el precio del buey al dueño del buey que había caído en la fosa (Éxodo 21:33-34). El principio general de la justicia en la Ley mosaica era de una recompensa equitativa: ojo por ojo, diente por diente, vida por vida (Éxodo 21:23-25). El castigo debía ser exactamente igual al crimen cometido, ni más ni menos. Un asesino debía ser condenado a muerte (Números 35:17). Un hombre que le quitaba el diente a un vecino debía permitir que le quitaran uno de sus propios dientes (Levítico 24:19). Un falso testigo debía recibir la misma sentencia que se le iba a dar al hombre a quien él había acusado falsamente (Deuteronomio 19:16-19). En ciertos casos los jueces podrían prescribir un número limitado de azotes como castigo para ciertos delitos no especificados (Deuteronomio 25:1-3). Varios otros castigos se prescriben en la Ley mosaica para delitos específicos, pero siempre con el objetivo de buscar una recompensa equitativa y de preservar el tejido moral de la sociedad. Esto es en gran contraste con el sistema legal estadounidense moderno, en el cual leves sentencias suelen darse por delitos graves, mientras que ciertos delitos menores resultan en una larga sentencia a la cárcel y una gran multa.³⁶ Se le da poca o ninguna importancia a cómo la sentencia podría impactar de manera negativa a la persona culpable, su familia o a toda la sociedad. La naturaleza perfectamente equitativa del sistema de justicia penal establecido en la Torá bíblica llevó a que Moisés se jactara: “Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deuteronomio 4:8 RVR60).

Existen otros varios errores en el razonamiento detrás del sistema penitenciario. Uno es la idea de que todos los castigos que causan dolores sensoriales son malos, mientras que el encarcelamiento es compasivo porque no causa dolor sensorial (la misma idea detrás del movimiento de prohibir las nalgadas a los niños). Sin embargo, les puedo garantizar que si piden a las personas que estuvieran siendo condenados por un delito que elijan entre veinte años de prisión o cuarenta latigazos, la mayoría de ellos elegiría los cuarenta latigazos. Estarían adoloridos por un tiempo, pero ellos todavía estarían libres para trabajar y estar en casa con sus familias. Esto demuestra que la prisión es de hecho un castigo mucho más terrible que los latigazos. Dios mismo a menudo aflige a Su pueblo con problemas físicos para enseñarles lecciones, y ciertamente Dios no es injusto. Aun dentro del sistema penitenciario, es una desgracia que los presos, como castigo por sus malas conductas, sean puestos en confinamiento solitario, en lugar de ser castigados físicamente. Repetitivamente estudios han demostrado que el aislamiento crea problemas mentales y físicos que son mucho más serios que las lesiones temporales y superficiales causadas por castigos físicos aplicados adecuadamente.

Muchas de las personas hoy en día sostienen la idea errónea de que el propósito del sistema de justicia penal no es de hecho para infligir un castigo a los delincuentes, sino es en realidad para aislar a las personas peligrosas del resto de la sociedad y rehabilitarlos. La Biblia, sin embargo, enseña que el justo castigo es el propósito básico de los castigos que inflige un sistema de justicia penal (Romanos 13:4). Otro propósito del sistema de justicia penal es restringir el pecado, ya sea castigando a las personas que cometen los delitos, o por medio de que otros escuchen de los castigos y teman cometer los mismos delitos. El último factor disuasivo del crimen es la pena capital (ver Deuteronomio 13:5, 11; 17:7, 12-13; 19:19-20; 21:21; 22:21-24; 24:7). Bajo la Ley mosaica, las personas que eran tan perversas que tenían que ser expulsadas de la sociedad —como los hechiceros (Éxodo 22:18), los apóstatas (Deuteronomio 13:1-18), y los adolescentes rebeldes e incontrolables (Deuteronomio 21:18-21)— debían ser ejecutados, en lugar de ser encerrados en prisión. Algunas personas simplemente no pueden ser reformadas.

Si las personas están en la cárcel, deberían ser puestas a trabajar (o al menos se les debería dar la oportunidad de trabajar), para que sean contribuyentes productivos a la sociedad. Pero el modelo estadounidense es generalmente para que los prisioneros sean atendidos a expensas del gasto público. Los presos en Estados Unidos reciben comidas gratis, cuidado médico, dental, y oftalmológico gratuito, ropa gratuita, vivienda gratis, protección 24/7, etc., beneficios que gente pobre y trabajadora no recibe. Algunos de los peores criminales reciben estos beneficios por décadas, y el costo financiero para la sociedad es enorme. En toda la nación de Estados Unidos, el costo promedio anual por recluso fue un poco más de USD 30 000 en el 2010 —aunque en Nueva York el número fue superior a USD 160 000—. El costo moral para los prisioneros y sus familias es aún más devastador. La prisión es una idea no bíblica que la sociedad realmente no puede permitirse.

VI. Esquema de Levítico

Esquema general

Esquema detallado

arrastran (11:41-45)

(14:33-42)

sacrificios (19:4-8)

(22:17-25)

sacrificiales (22:26-28)

Yahvé en medio de Israel (22:31-33)

VII. El argumento de Levítico

El libro de Levítico continua la narrativa del Pentateuco directamente desde Éxodo 40, justo después del levantamiento del tabernáculo. La Ley no podía funcionar sin el tabernáculo, pero tampoco podía funcionar el tabernáculo sin la Ley, y por ende el código legal ritual de Israel fue revelado inmediatamente después del levantamiento del tabernáculo para que la nación pudiera acercarse al Dios que habitaba en él. Cuando Levítico comienza, la gloria de Dios recién había llenado el tabernáculo y Yahvé le habla a Moisés desde la nube, dando instrucciones para ofrecer sacrificios. Estas instrucciones ocupan los primeros siete capítulos. Moisés luego consagra a Aarón y a sus hijos en el capítulo 8, con el capítulo 9 ocurriendo una semana después de que los días de consagración fueron completados. El capítulo 10 aparentemente ocurre poco después del capítulo 9. Es difícil determinar si el resto de Levítico sigue un orden cronológico estricto (Números 1:1 cronológicamente sigue Números 9:1), pero si es así las instrucciones y los eventos establecidos en el libro cubren exactamente un tiempo total de un mes (comparar Éxodo 40:17 con Números 1:1). Estas instrucciones fueron necesarias para la vida nacional de Israel en la tierra prometida y, por consiguiente, prepararon al pueblo para la conquista de Canaán.

El libro de Levítico contiene dos divisiones principales: las leyes sobre el acercamiento del hombre a Dios (capítulos 1–16), y los requisitos para la comunión del hombre con Dios (capítulos 17–27).

VIII. Comentarios sugeridos

A. Comentario en español

B. Comentarios en inglés

1. Comentarios clásicos excelentes

2. Buenos comentarios homiléticos/aplicación

3. Comentarios conservadores

4. Comentario evangélico-crítico notable

¹ Muchas de las porciones de los libros proféticos son presentadas como un dictado de palabra-por-palabra y aun así contienen distintos estilos de escritura. El Espíritu Santo evidentemente les dio a los profetas la libertad de hablar y de escribir las revelaciones que recibieron en sus propias maneras naturales de hablar y escribir. Esta libertad tenía que ver con la forma, no con la verdad proposicional. Mateo 10:19-20 indica que cuando el Espíritu Santo les da a los hombres palabras para hablar, Él de alguna manera coloca las ideas en sus mentes y los guía en lo que deben decir, pero al mismo tiempo les permite decirlo en un lenguaje y en una manera de hablar en la que normalmente ellos usan para expresarse. Sin embargo, si parece que el libro de Levítico fue dictado más directamente por Dios que la mayoría de las partes de la Biblia.

² Un ejemplo de cómo esto puede llevarse a cabo es comenzando con la historia de cómo Dios creó todo y el estado original de la creación sin pecado (incluyendo el hombre). Luego uno puede describir la caída del hombre, la Inundación/el Diluvio, Babel/Babilonia, y el llamado de Abraham, resaltando el problema del pecado humano y sus consecuencias judiciales, pero también la gracia que Dios estaba proveyendo y Su plan de redención. La historia del éxodo puede ser contada, resaltando el significado del cordero de la Pascua muriendo en lugar de los primogénitos. Los diez mandamientos pueden ser leídos desde Éxodo 20, y a las personas se les puede preguntar si alguna vez han violado alguno de ellos. Claro que lo han hecho, y esto demuestra que ellos son pecadores que han violado el estándar de Dios y por ende se sienten culpables ante Él. Luego uno puede ir a Levítico y describir los diversos sacrificios que le dieron a los israelitas una forma de hacer algo por sus pecados para que pudieran acercarse a Dios y ser aceptados por Él. Se puede enfatizar que una persona que estaba ofreciendo un sacrificio tenía que imponer sus manos sobre la cabeza del animal sacrificial cuando este estaba siendo asesinado como representación de la transferencia de la culpa a la víctima, y que el animal estaba muriendo en su lugar. Cabe señalar que estos sacrificios debían ser continuamente repetidos para expiar los nuevos pecados, lo cual significaba que eran solamente provisionales, en anticipación del sacrificio definitivo. Todos, incluyendo el sumo sacerdote, tenían que ofrecer sacrificios anuales; ellos pecaban cada año y sus buenas obras nunca podían expiar su pecado. En todos estos rituales, es claro que la única manera de llegar a Dios es a través de la sangre, porque la pena del pecado es la muerte. Con este contexto, uno puede explicar la importancia de la venida de Jesús y su muerte sustituta en la cruz para expiar el pecado de la raza humana.

³ Traducido de Oswald T. Allis, God Spake by Moses (Philadelphia: Presbyterian and Reformed, 1951), 106.

⁴ Ver Éxodo 17:14; 24:4-7; 34:27; Números 33:1-2; Josué 8:32-35; Juan 5:46-47; Romanos 10:5, 19; ver también Marcos 7:10; Lucas 16:29-31; 20:37; 24:27, 44.

⁵ Para una discusión más amplia del significado del sistema de sacrificio del Antiguo Testamento, vea F. Duane Lindsey, “Levítico”, traducido por Bernardino Vázquez, en El Conocimiento Bíblico: Un Comentario Expositivo. Antiguo Testamento Tomo 1: Génesis–Números. (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas A. C., 1998), 191-193.

⁶ “Dispensación” es un término dado por los teólogos a las divisiones de la historia redentora en la Biblia. Un claro ejemplo de una dispensación en la Biblia es el período en que la Ley estuvo en vigencia, desde la promulgación de la Ley en el Monte Sinaí hasta la muerte de Cristo (o el día de Pentecostés). Dentro de cada dispensación, Dios prescribe diferentes medios para que los creyentes demuestren su fe en Él.

⁷ Puede que hayan algunos, como los judíos de Berea, quienes buscaron en las Escrituras para ver si las cosas que se estaban diciendo eran verdaderas. Sin embargo, ellos todavía creían en el evangelio, aunque fuese antes o después de que investigaran. Este punto se reitera una y otra vez en el Evangelio de Juan: las ovejas de Cristo escuchan su voz y lo siguen a Él (ver Juan 10:24-28). 8 Deuteronomio 27:26; Gálatas 3:10 9 Gálatas 3:13

¹⁰ Levítico 18:5

¹¹ Juan 5:24

¹² Romanos 7:9-11; cf. Gálatas 3:21

¹³ Colosenses 2:13; ver Juan 10:10; Romanos 8:2; 2 Corintios 3:6

¹⁴ Éxodo 19:12-13; Números 1:51; 18:7

¹⁵ Mateo 27:51; Marcos 15:38; Lucas 23:45; Colosenses 2:14; Hebreos 10:20-22

¹⁶ Isaías 64:6; Romanos 3:9-20; Filipenses 3:4-9

¹⁷ Romanos 3:24; 1 Timoteo 1:12-16; Hebreos 7:25

¹⁸ 2 Corintios 3:7, 9

¹⁹ 2 Corintios 5:18

²⁰ Hebreos 10:1-4

²¹ Hebreos 10:5-18

²² Hebreos 10:3

²³ Hebreos 10:5-18

²⁴ Durante la dispensación mosaica se esperaba que gentiles creyentes también guardaran la Ley, pero ellos tenían que volverse judíos prosélitos para hacerlo.

²⁵ Escatología es la doctrina de las últimas cosas.

²⁶ La teocracia se refiere a un gobierno regido por Dios, en este caso a través de una ley dada por Dios y representantes humanos para Dios.

²⁷ La forma del gobierno en el Israel posexílico es a veces llamada “hierocracia” o en otras palabras el dominio autoritario por los sacerdotes. Sin embargo, no fue de hecho sino hasta la dinastía Hasmonea que los sacerdotes mantuvieron un poder político real. La Ley mosaica les daba a los sacerdotes un poder judicial, pero no establecía una hierocracia.

²⁸ Otros pasajes establecen que la Ley trae conocimiento del pecado (Romanos 3:20; 7:7-9), y que enseña sobre Cristo (Juan 1:45; 5:46; Hechos 26:22), pero este no es el punto de Gálatas 3:24-25, el cual establece el propósito central de la Ley.

²⁹ Mi traducción sugerida para Gálatas 3:23-25 es: 23Pero antes de venir la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados hasta que la fe que venía debía ser revelada. 24Entonces la Ley ha sido nuestro guardián hasta Cristo, para que podamos ser justificados por la fe. 25Pero ahora que la fe ha llegado, ya no estamos bajo un guardián. El uso temporal de εἰς es raro, pero los ejemplos incluyen Filipenses 1:10, 1 Tesalonicenses 4:15, y 2 Timoteo 1:12. Que εἰς (hasta) esté destinado para ser entendido temporalmente en Gálatas 3:23 se muestra por su emparejamiento con Πρό (antes). Esto aumenta la probabilidad de entender εἰς temporalmente en Gálatas 3:24. El contexto tiene que ver con el rol de la Ley durante un periodo de tiempo fijo en la historia de la salvación y el entendimiento temporal de εἰς es el único que encaja.

³⁰ Pablo argumenta vigorosamente en Gálatas que el propósito de la Ley no era ni la justificación personal (2:16) ni la santificación personal (5:18), los cuales son dos malentendidos comunes.

³¹ Mientras que la Ley era/es ciertamente buena (Romanos 7:12; 1 Timoteo 1:8), esta también colocaba una carga gigantesca en las personas que no la tenían previamente. Todo el trabajo de ofrecer sacrificios, mantener las fiestas y purificarse una y otra vez habría consumido grandes cantidades de tiempo, dinero y esfuerzo. Siempre había un castigo y una maldición sobre las cabezas de las personas si ellos fallaban en hacer lo que se requería, y de hecho siempre fallaban (Hechos 15:10; Gálatas 5:1). A los requerimientos bíblicos se adicionaron muchos más requerimientos por los rabinos farisaicos. El ser libre de la Ley en Cristo es algo maravilloso.

³² La circuncisión es un problema tan grande en Gálatas porque fue una señal de identificación con el Antiguo Pacto. Por lo tanto, los gálatas que habían recibido la circuncisión se habían puesto bajo los términos del Antiguo Pacto, el cual los obligaba a hacer todas las obras de la Ley y exponerse a sí mismos a la maldición por la desobediencia (Gálatas 5:3).

³³ Un buen libro o disertación sería una identificación sistemática de estos principios a través del código legal mosaico.

³⁴ La ley moral aplica al cristiano, no como un sistema legal de pacto con bendiciones y maldiciones, que debe cumplirse en su totalidad o no ser cumplida en lo absoluto, sino que es una expresión de principios universales y eternos. Los cristianos no deben cumplir los requisitos legales para obtener una buena reputación con Dios, pero tampoco significa que los cristianos estén exentos de la Ley en el sentido de que no tengan una obligación con Dios (1 Corintios 9:20-21).

³⁵ Como una aplicación, la Biblia nunca recomienda encarcelar a los niños como forma de disciplina. La Biblia recomienda regañar e implementar un castigo no-perjudicial corporal para disciplinar a los niños (ver Proverbios 13:24; 19:18; 23:13-14; 29:15, 17). La idea de que es mejor que los padres envíen a sus niños a sus habitaciones en vez de azotarlos no proviene de la Biblia, aunque la Biblia no prohíbe a los padres mandar a sus hijos a sus respectivas habitaciones. En mi propia experiencia, los adultos que tienen la mejor disciplina y tienen el mejor comportamiento son los que fueron disciplinados físicamente como niños y no aquellos que fueron como castigo enviados a sus habitaciones.

³⁶ La naturaleza desigual del sistema judicial penal de los Estados Unidos no se debe simplemente a su uso de la cárcel como castigo por los delitos. También es porque la mayoría de los estadounidenses carecen de una cosmovisión bíblica, y por lo tanto tienen una pobre habilidad de entender cuáles crímenes son peores que otros, y en qué medida. En el caso del código legal de Hammurabi, parte de la desigualdad en la justicia fue por la preferencia que había para los de las clases sociales altas sobre los de las clases sociales más bajas.

1. Leyes acerca de las ofrendas

A. Leyes sobre el acercamiento a Dios (1:1–16:34)

El libro de Levítico primero define en los capítulos 1–16 cómo los hombres pecadores pueden acercarse a un Dios santo, antes de definir en los capítulos 17–27 cómo hombres santificados pueden tener una comunión con Dios. Los capítulos 1–7 son didácticos y tratan sobre las leyes sacrificiales. Los capítulos 8–10 son narrativos y dan lugar a leyes acerca de los sacerdotes. Los capítulos 11–15 son didácticos y hacen referencia a cuestiones de pureza ceremonial. El capítulo 16, el cual describe el ritual anual de expiación, es el nexo del libro.

Los primeros siete capítulos de Levítico prescriben los diversos tipos de sacrificios por los cuales una persona puede obtener expiación por su pecado. Estos incluyen holocaustos (1:1-17), ofrendas de grano (2:1-16), ofrendas de paz (3:1-17), ofrendas por el pecado (4:1-35) y ofrendas por la culpa (5:1–6:7).³⁷ Instrucciones adicionales a los sacerdotes son dadas en 6:8–7:36, que tienen que ver con cómo los residuos de las ofrendas deben ser eliminados. Para concluir la sección, se da una declaración resumida en 7:37-38.

³⁷ Las ofrendas en esta sección fueron destinadas por un tipo de pecado que a veces es llamado “pecado involuntario” o “pecado sin intención”. El pecado “involuntario” es uno que no se hace de manera desafiante, aunque se puede hacer con pleno conocimiento de que uno está pecando. Algunos de los pecados enumerados en los capítulos 1–5 solo pueden ser intencionales, como el dar falso testimonio. El termino para el pecado sin conocimiento es בִּבְלִי־דַעַת (Deuteronomio 4:42; 19:4; Josué 20:3, 5). Por contraste, un pecado “desafiante” o “con mano altiva” (Números 15:30) es un pecado que desafía completamente y renuncia a Dios.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.