Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Nehemías 2: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

A. Escenario y eventos iniciales

La primera sección del registro de Nehemías da el escenario inicial y los eventos que lo llevaron a venir a Jerusalén (1:1–2:8). Después del encabezado que identifica a Nehemías como el autor de la historia que sigue (1:1a), Nehemías declara que estaba haciendo sus negocios en la ciudad real de Susa en diciembre de 445 a. C., unos trece años después de que Esdras había regresado a Jerusalén, y unos noventa años después del regreso original del exilio, cuando su hermano Hanani y algunos otros judíos vinieron a él desde Judá y le informaron que los retornados estaban en un estado lamentable, al igual que la ciudad de Jerusalén (1:1b-3). Nehemías quedó absolutamente devastado por la noticia y lloró, hizo duelo, ayunó y oró durante un período de cuatro meses (1:4). La esencia de la oración de Nehemías a favor de su pueblo se registra en 1:5-11a: después de una invocación, una confesión de pecado y una apelación a las promesas de Dios, Nehemías oró para que el rey aprobara su plan de ayudar al remanente en Judá y Jerusalén. Cuando el ciclo de servicio de Nehemías como copero del rey se reanudó, se le dio providencialmente la oportunidad de pedirle al rey que lo nombrara gobernador de Judá y que le diera una comisión para construir la ciudad de Jerusalén y su muro, solicitudes que el rey concedió providencialmente (1:11b–2:8).

B. Primer mandato de Nehemías como gobernador

La mayor parte del libro de Nehemías, de 2:9 a 13:3, está ocupada con eventos durante el primer mandato de Nehemías como gobernador. Cuando Nehemías llegó a Jerusalén con una escolta de soldados persas de élite, entregó las cartas del rey que lo nombraban gobernador, luego realizó una inspección nocturna secreta de los muros derrumbados de la ciudad (2:9-16).¹⁴ Después de determinar lo que había que hacer, se dirigió al pueblo con su propuesta de reconstruir el muro, a lo que ellos asintieron (2:17-18). Nehemías se negó a estar desanimado por la ridiculización —y la amenaza implícita— de los adversarios de Judá, y simplemente puso sus burlas en perspectiva declarando la verdad sobre toda la situación (2:19-20).

En el capítulo 3, Nehemías describe cómo organizó y realizó la obra de reconstrucción de los muros de Jerusalén, lo cual fue el mayor logro de su mandato como gobernador. Se necesita un relato como este antes de la descripción en los capítulos 4–6 de los problemas que surgieron durante el proceso de reconstrucción. Nehemías 3 es un capítulo importante para comprender los principios del liderazgo efectivo, y también contiene información clave para comprender la arqueología de Jerusalén. Este capítulo es principalmente una lista de líderes de grupo, a quienes Nehemías había delegado la responsabilidad de partes seleccionadas del trabajo. Las partes del muro delegadas a estos grupos se enumeran en sentido contrario a las agujas del reloj, comenzando y terminando en la sección noreste de la ciudad.

Los capítulos 4–6 registran cómo se completó con éxito el muro a pesar de la oposición y los problemas que surgieron. Primero, los enemigos de los judíos ridiculizaron sus esfuerzos (4:1-6). Sin embargo, cuando el muro fue levantado a la mitad de su altura prevista a pesar del ridículo, los enemigos de los judíos decidieron que tenían que reunir sus ejércitos y detener la obra por la fuerza de las armas (4:7-8). Nehemías, sin embargo, se negó a ser intimidado, y detuvo brevemente la obra para poner al pueblo en las líneas de batalla a fin de enfrentar el asalto inminente (4:9-14). Cuando los enemigos de los judíos se dieron cuenta de que se había perdido el elemento sorpresa, retrocedieron, sin tener las agallas para pelear una batalla campal (4:15). Tan pronto como Nehemías escuchó que el enemigo había cancelado los planes para un ataque inmediato, el pueblo volvió a la obra, pero se mantuvo preparado para enfrentar un ataque repentino desde cualquier dirección, en cualquier momento (4:15-23).

El siguiente problema que enfrentó Nehemías no vino de enemigos externos, sino de la discordia y el conflicto dentro de la misma comunidad judía (5:1-19). Todos habían dejado de realizar sus trabajos ordinarios para la obra en el muro, con el resultado de que los pobres rápidamente se quedaron sin dinero y los ricos los oprimieron, otorgándoles préstamos a una alta tasa de interés y obligando a muchos a venderse a sí mismos y a sus familias como esclavos para pagar sus deudas (5:1-5). Nehemías condenó inequívocamente a los nobles judíos por su opresión egoísta de los pobres, y los obligó a ceder movilizando a la gente común contra ellos y amenazándolos con una terrible maldición (5:6-13). Nehemías luego describe cómo él personalmente estableció un ejemplo de beneficencia a lo largo de su mandato como gobernador, debido a la dificultad económica que estaba sufriendo el pueblo (5:14-19).

A medida que avanzaba la obra en el muro, la narración vuelve a los complots de enemigos extranjeros en 6:1-14. Primero, Sanbalat y Gesem pusieron una trampa de secuestro para Nehemías, en la que Nehemías se negó obstinadamente a caer (6:1-4). Como Nehemías se negó a reunirse para negociaciones secretas, Sanbalat intentó otra estrategia: chantaje e intimidación, al comenzar un rumor de que los judíos se estaban preparando para rebelarse (6:5-7). Nehemías negó los cargos y continuó la obra (6:8-9). Los enemigos de Nehemías luego intentaron una táctica más, enviando a un falso profeta para advertirle que se escondiera en el templo, lo que daría motivos para que Sanbalat lo acusara de violar la Ley, ya que Nehemías no era sacerdote (6:10-14). Nehemías una vez más reconoció la trampa y se negó a caer, y para entonces ya era demasiado tarde para detener la obra: el muro que había estado en ruinas durante ciento cincuenta años fue reconstruido a través del liderazgo de Nehemías en solo cincuenta y dos días (6:15-16). Sin embargo, incluso después de este triunfo, Satanás continuó su hostigamiento a Nehemías a través de nobles judíos traidores que habían hecho alianzas matrimoniales con Tobías el amonita (6:17-19).

Después de la descripción de la reconstrucción del muro en 2:9–6:19, el capítulo 7 vincula la reconstrucción física con la rededicación espiritual del pueblo, como se describe en los capítulos 8–13. Tras haber sido completado el muro, Nehemías dirigió su mirada hacia otros proyectos. La ciudad debe ser reconstruida y repoblada, la estructura gubernamental debe ser reorganizada y limpiada, y el pueblo debe ser guiada a seguir a Yahvé más fielmente. La reorganización inicial de la ciudad de Jerusalén por parte de Nehemías se describe en 7:1-4. Como buen administrador, Nehemías luego da el registro de los exiliados retornados en 7:5-73a. Aunque esto duplica en gran medida a Esdras 2 (de una fuente independiente), funciona en la narrativa de Nehemías como prefacio a sus esfuerzos por reformar al pueblo y trasladar a parte de la población de las ciudades periféricas hacia el interior de Jerusalén.

En 7:73b–10:39, Nehemías se coloca a sí mismo en un segundo plano y permite que la Palabra se convierta en el foco, mientras describe el avivamiento religioso que él indujo después de la reconstrucción del muro. Aunque Esdras había liderado un avivamiento, y también Hageo y Zacarías antes de él, cada nueva generación necesitaba volver a comprometerse con el Señor y renovar periódicamente su compromiso. Poco después de la terminación del muro —y posiblemente en la ceremonia de dedicación descrita en 12:27–13:3— todo el pueblo de Judá se reunió en una gran asamblea en Jerusalén, en la cual Esdras y los otros escribas le enseñaron la Ley al pueblo (7:73b–8:8). El pueblo se sintió conmovido y lloró por su pecado, pero Nehemías y Esdras les ordenaron regocijarse en lugar de llorar, ya que habían entendido la Palabra de Dios y se habían arrepentido (8:9-12). Luego, el pueblo celebró la fiesta de los tabernáculos de la manera apropiada por primera vez desde los días de Josué (8:13-18). Después de la fiesta, el pueblo celebró una solemne asamblea para confesar el pecado de la nación (9:1-4). Recordaron la fidelidad de Yahvé a su antepasado Abraham (9:5-8), Su fidelidad a la nación en el éxodo (9:9-15), Su fidelidad a ellos en el deambular por el desierto y la conquista (9:16-25) y Su fidelidad después de la conquista (9:26-31), todo a pesar de la repetida rebelión de Israel contra Él. Formalmente confesaron su pecado, luego pidieron el favor de Dios en medio de su aflicción, e hicieron un pacto para guardar la Ley de Dios (9:32-38). En 10:1-27, se enumeran los líderes que pusieron su sello (como una firma) en el documento del pacto. El resto del pueblo hizo un juramento —con una maldición anexada— para obedecer la Ley de Dios, especialmente en las áreas que eran problemáticas entre los retornados (10:28-31). En 10:32-39, Nehemías registra las ordenanzas adicionales que los retornados hicieron por sí mismos para mantener al clero a tiempo completo en el templo.

Al final de la ceremonia del pacto, Nehemías dirigió un esfuerzo por repoblar la ciudad de Jerusalén al traer a una de cada diez personas de las áreas periféricas a vivir en Jerusalén (11:1-2). En 11:3-24, Nehemías escribe el registro de los que habitaban en Jerusalén, que es como un cuadro de honor de aquellos que estaban dispuestos a sacrificar sus medios de vida para el bienestar de la ciudad santa de Dios.

Las diversas enumeraciones suman 3044 hombres, entre ellos 1648 sirvientes del Templo (sacerdotes, levitas y porteros) y otros 1396 ciudadanos de Judá y Benjamín. Adicionalmente, un cierto número de sacerdotes vivía en sus humildes propiedades cerca de Jerusalén. Habría cerca de otros 12 ooo miembros de la familia llegando a una cifra hipotética de aproximadamente 15 000. Si a lo anterior se restara un estimado de 5000 que vivían fuera del muro, el total llegaría a 10 000.¹⁵

Nehemías mostró una gran previsión reconstruyendo el muro de Jerusalén, repoblando la ciudad y construyendo casas en ella.

Así es como Jerusalén se convirtió gradualmente en una ciudad fortificada y poblada que con el tiempo pudo convertirse en el célebre centro administrativo y religioso de Judá como lo describen los autores helenísticos. La previsión y determinación de Nehemías fueron en gran parte responsables del progreso material de la ciudad y sus alrededores, los cuales él introdujo a mediados del siglo V a. C., permitiendo al pueblo de Jerusalén superar la melancolía y la pobreza que habían prevalecido desde la conquista babilónica y la destrucción de la ciudad a principios del siglo VI a. C.¹⁶

Nehemías concluye su registro enumerando los asentamientos cercanos en Judá y Benjamín (11:25-36).

En 12:1-26, Nehemías da el registro de los sacerdotes y levitas entre los retornados, como un prefacio a su relato de la dedicación del muro. Comienza con los sacerdotes que sirvieron en los días de Jesúa y Zorobabel (12:1-7), luego da una lista general de levitas y sus descendientes hasta el día de Nehemías (12:8-11), una lista de sacerdotes en los días de Joiacim (12:12-21), y una lista de sacerdotes y levitas en el tiempo de Nehemías (12:22-26). La dedicación del muro, en la cual los sacerdotes y levitas se reunieron y organizaron en sus grupos, se describe en 12:27–13:3. Este evento probablemente ocurrió aproximadamente al mismo tiempo que el capítulo 8, pero se coloca más adelante en la narrativa como lo más destacado del primer período de Nehemías como gobernador. También fue un hito en el avivamiento espiritual que Nehemías lideró. La narración describe los preparativos para la ceremonia de dedicación (12:27-30), la parte derecha de la procesión (12:31-37), la parte izquierda de la procesión (12:38-42a), la fiesta conjunta (12:42b-43), el restablecimiento del clero a tiempo completo (12:44-47) y la separación de los extranjeros paganos de entre el pueblo (13:1-3).

¹⁴ La llegada de Nehemías a Jerusalén, que para Sanbalat y Tobias representó una catástrofe absoluta, fue un evento significativo en la historia de Israel (cf. Daniel 9:25). En 536 a. C., Sesbasar y Zorobabel regresaron con unos 42 000 hombres, y este grupo reconstruyó el templo en dieciséis años. En 458 a. C., Esdras regresó con 1500 sacerdotes, levitas y hombres principales de Israel, y juntos implementaron reformas espirituales. Nehemías regresó solo a Jerusalén a principios de julio de 444 a. C., y llegó con un plan de su propia invención impulsado por el Espíritu, del cual nadie más sabía algo. Sin embargo, reconstruyó toda la muralla de la ciudad en sus primeros dos meses en Jerusalén. En los primeros tres meses de su mandato, detuvo la opresión de los judíos pobres por parte de los ricos, enseñó al pueblo la Ley de Moisés, dirigió una celebración adecuada de la fiesta de los tabernáculos por primera vez en casi mil años, indujo al pueblo para volver a dedicarse a Dios, repobló Jerusalén y estuvo completamente comprometido con la reconstrucción de la ciudad. En muchos sentidos, el regreso de este hombre durante doce años fue más significativo que el regreso de los muchos miles que lo precedieron, porque hizo más por Judá y Jerusalén que ellos. Richard Seume señala: “Los hombres son el método de Dios. Mientras que la iglesia puede estar buscando mejores métodos, Dios está buscando mejores hombres” (traducido de Richard H. Seume, Nehemiah: God’s Builder [Chicago: Moody Press, 1978], 19).

¹⁵ Traducido de Benjamin Mazar, The Mountain of the Lord (Garden City, NY: Doubleday, 1975), 200.

¹⁶ Traducido de Mazar, The Mountain of the Lord, 201.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.