Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Números 1: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

Introducción

I. Introducción

El libro de Números, como lo sugiere su título, comienza con un conteo de la enumeración de los israelitas en el desierto mientras se preparaban para marchar desde Sinaí a la Tierra Prometida. Números contiene algún material legal, pero tiende a ser más fácil de leer que Levítico, ya que la mayor parte del libro es narrativa histórica y tiene bastante drama. Las porciones más conocidas de Números incluyen la ley del nazareo (nazareato) y la bendición aarónica en el capítulo 6; el espionaje de la tierra de Canaán en el capítulo 13; la rebelión del pueblo en Cades-barnea, con el resultado de que a la generación que se rebeló le fue prohibido entrar a la Tierra Prometida (capítulo 14); la rebelión de Coré, Datán y Abiram, con la cual la tierra se abrió debajo de los rebeldes principales y los enterró vivos (capítulo 16; cf. Salmo 106:17; Judas 11); el pecado de Moisés al golpear la roca (capítulo 20); el levantamiento del asta con una serpiente de bronce (capítulo 21; cf. 2 Reyes 18:4; Juan 3:14); los oráculos de Balaam (capítulos 22-24); y el pecado en el que Balaam condujo a los israelitas, y la guerra resultante (capítulos 25, 31). Sin embargo, no se debe pensar que un libro que trata principalmente sobre la historia antigua de la nación de Israel no tiene relevancia para el cristiano del siglo XXI. Es con referencia a los eventos en los libros de Éxodo y Números que Pablo dijo en 1 Corintios 10:11: Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos (LBLA). Los israelitas de los días de Moisés no necesitaron un registro escrito del deambular por el desierto, porque vivieron los acontecimientos y, por lo tanto, sabían todo sobre ellos. El registro escrito fue para el beneficio de las generaciones posteriores, quienes debían aprender lecciones espirituales de las experiencias de Israel. Debemos llegar a este libro de Números con un espíritu humilde y enseñable, buscando ver cómo las fallas de la nación de Israel reflejan las nuestras y lo que debemos hacer para corregirlas.

II. Autor y fecha

El libro de Números es parte de un libro más extenso originalmente escrito por Moisés en un único rollo de la Torá, el cual incluía lo que ahora se conoce como los cinco libros del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).¹ Este rollo se completó el día de la muerte de Moisés en 1405 a. C. (Deuteronomio 31:9, 22, 24). Si bien la evidencia bíblica para la autoría mosaica del Pentateuco es muy fuerte, existen algunos factores que la complican. Uno es el problema de la “actualización textual”, mediante la cual fueron hechas pequeñas adiciones o modificaciones editoriales al texto original de Moisés en algún momento posterior. Otro problema es la Hipótesis Documental y otras objeciones a la autoría mosaica del Pentateuco por parte de críticos académicos. Para este tipo de cuestiones generales relacionadas con la autoría de todo el Pentateuco, puede consultar la Introducción al Pentateuco.

III. Propósito y mensaje

Dentro de la narrativa más amplia del Pentateuco, el propósito de Números es describir los cuarenta años de preparación de Israel en el desierto para ingresar a la tierra. Dado que Números está ubicado en la mitad del relato del desarrollo del plan de Dios en la historia desde el principio hasta el punto en que Israel debía poseer la Tierra Prometida, asume la información que precede y la que sigue, y no puede existir como una unidad independiente. El mensaje básico del libro de Números es que la generación que había aceptado el pacto no tomó posesión de la patria que Dios había prometido darles, lo que resultó en cuarenta años de deambular por el desierto mientras era preparada una nueva generación.

IV. Nombre “Números”

Como estaban escritos originalmente, los libros de la Biblia no tenían títulos, pero más adelante los títulos fueron añadidos para mayor facilidad. El nombre en español de este libro es una traducción del título que le dio la Vulgata latina (Numeri), el cual es una traducción del título del libro en la Septuaginta griega (Ἀριθμοί). Este título es derivado del censo en los cuatro capítulos de apertura, y el segundo censo en los capítulos 26–27. El título hebreo es una palabra que aparece en el primer versículo, Bemidbar (בְּמִדְבַּר), que significa “En el desierto”. Este título es una descripción acertada del marco histórico del libro, que abarca los cuarenta años de deambular desde el campamento en Sinaí hacía las llanuras de Jericó.

V. Esquema de Números

Esquema general

Esquema detallado

VII. El argumento de Números

Números es básicamente cronológico con algunas excepciones. Las secciones didácticas están típicamente relacionadas con las narrativas circundantes. La división básica del libro es según líneas históricas. Hay muchas cosas que suceden en este libro. Comienza con Israel en el Monte Sinaí, siendo enumerado y recibiendo la Ley. Termina unos treinta y ocho años después, con Israel acampado en las llanuras del Jordán al otro lado de Jericó. En el medio, está el viaje de Sinaí a Cades, la rebelión en Cades, los treinta y ocho años de deambular por el desierto, el pecado de Moisés, la muerte de Miriam y Aarón, el episodio de Balaam y la división de la tierra a las tribus transjordánicas.

Las seis divisiones históricas principales en el libro de Números incluyen la preparación para dejar Sinaí (1:1–10:10), el viaje a Cades-barnea (10:11–12:15), Israel en Cades-barnea (12:16–14:45), el deambular en el desierto (15:1–19:22), el viaje a las llanuras de Moab (20:1–22:1), e Israel en las llanuras de Moab (22:2–36:13).

VIII. Comentarios sugeridos

A. Comentario en español

1. Comentarios clásicos excelentes

2. Buenos comentarios homiléticos/aplicación

3. Comentario conservador

4. Comentarios evangélicos-críticos notables

¹ Ver Éxodo 17:14; 24:4-7; 34:27; Números 33:1-2; Josué 8:32-35; Juan 5:46-47; Romanos 10:5, 19; ver también Marcos 7:10; Lucas 16:29-31; 20:37; 24:27, 44.

A. Preparación para dejar Sinaí

Los primeros nueve capítulos y medio del libro de Números describen los preparativos finales de Israel para abandonar Sinaí y marchar hacía Canaán para tomar posesión de la tierra. El Capítulo 1 describe el censo que se tomó de los hombres de guerra israelitas mientras la nación estaba acampando frente al Sinaí. El censo fue aparentemente tomado después de los eventos de los capítulos 7–9, pero es registrado en un momento anterior de la narración, tal vez para dar el contexto para los nombres de los jefes tribales en el capítulo 7.² El propósito básico del censo fue organizar la nación. La organización continúa en el capítulo 2, el cual define la orden de acampar y ponerse en marcha cuando los israelitas viajaban en el desierto. Las cuatro tribus que lideraron cada una de las cuatro secciones del campamento eran tribus importantes: Judá y Dan porque eran muy numerosos, Rubén porque era el primogénito, y Efraín debido al estatus que Jacob le dio. Los levitas fueron enumerados y organizados a continuación, en los capítulos 3 y 4. En el capítulo 3, el enfoque está en la organización de los levitas con el propósito de reemplazar a los primogénitos de Israel, mientras que en el capítulo 4 el enfoque está en organizar a los levitas para nombrarlos para el servicio en el tabernáculo.

Una vez completada la organización de la nación, otros asuntos son tratados en los siguientes capítulos. Antes de que Israel pudiera marchar a Canaán, primero tenían que expulsar de su campamento a quienes estuvieran impuros, un evento que es registrado en 5:1-4. Luego una serie de leyes especiales son promulgadas, en adición al código legal básico ya dado, por cuanto estas leyes se ocupan de situaciones que surgirían en la tierra. La primera es la ley de restitución para la culpa (5:5-10). La segunda es la ley de los celos, que le dio a un hombre que sospechaba que su esposa era adúltera, pero no podía probarlo, un medio legítimo de probar la fidelidad de ella (5:11-31). Esta ley protegió a las mujeres de las sospechas injustas y el consiguiente maltrato, y también protegió a los hombres proporcionándoles un medio para obtener justicia por una infidelidad no demostrable.³ En 6:1-21, se da la ley del nazareato (nazareo), definiendo cómo un hombre que hace un voto voluntario especial a Yahvé debe cumplirlo. Finalmente, en 6:22-27, Yahvé le da a Moisés una bendición litúrgica por medio de la cual los sacerdotes aarónicos deben bendecir a la congregación israelita.

Las ofrendas presentadas por las doce tribus en la dedicación del tabernáculo son enumeradas en 7:1-88. Aunque la dedicación cronológicamente precedió al censo, es presentada después de que la organización de la nación por tribu ha sido descrita en la narrativa. Esta fue una importante ceremonia de pacto, por medio de la cual cada una de las tribus puso su propia petición sobre el tabernáculo, razón por la cual es presentada justo antes de los viajes de la nación hacia Canaán. Al final de la escena de la dedicación, Moisés, como un sacerdote superior, entró al Lugar Santísimo para conversar con Yahvé (7:89). Allí Yahvé le dio instrucciones acerca del servicio de los levitas: su responsabilidad de encender las lámparas en el tabernáculo (8:1-4), la necesidad de limpiar ceremonialmente a los levitas (8:5-13) y la necesidad de separar los levitas del resto de Israel (8:14-19). Los levitas fueron debidamente limpiados y separados de acuerdo con el mandamiento divino (8:20-22), y comenzaron a servir de acuerdo con los requisitos de edad especificados en 8:23-26.

Se celebró una Pascua poco antes de que Israel viajara, dando origen a un precepto adicional con respecto a su celebración: aquellos que estaban ceremonialmente impuros porque habían sepultado a alguien debían celebrar una Pascua tardía un mes después (9:1-14; cf. 2 Crónicas 30:2).

Dos notas finales del viaje que estaba a punto de seguir se dan en 9:15-10:10. Primero, la manera en que se encuentra la nube sobre el tabernáculo, y cómo esta dirigió a los israelitas en sus viajes, es descrita en 9:15-23. En segundo lugar, 10:1-10 describe la construcción de dos trompetas de plata para usar como señal con el propósito de advertir de un peligro o de llamar a la nación a un festejo.

² Se trata de un osado erudito quien afirma que no podría haber tantos israelitas vivos en el siglo XV a. C. como el Pentateuco dice que hubo. ¿Cómo podría un erudito posiblemente saber cuán grande era la nación de Israel aparte de los registros escritos que dan los números? Lo mismo ocurre con las poblaciones de las naciones vecinas. Los números en los censos difícilmente pueden ser metafóricos, ya que el total es igual a la suma de las partes. Además, el argumento de que אֶלֶף significa “familia” en lugar de “mil” no explica los usos de מֵאָה (cien) en el número de las tribus individuales y en el total, como el uso de חֲמִשִּׁים (cincuenta) para Gad y en el total. Éxodo 38:25-26 presenta un argumento aún más fuerte, en el que a cada hombre adulto que fue contado en el censo se le cobra un impuesto de media siclo de plata y se entrega la cantidad total de plata, una cantidad que es igual a 603 550 medios ciclos de plata. Cabe señalar que los eruditos modernos no solo niegan la exactitud de las grandes cifras de población en la Biblia, sino también en muchos otros registros antiguos. Parecería, en vez de que todos los testimonios de los antiguos testigos presenciales estuvieran equivocados y las conjeturas de los estudiosos modernos fueran correctas, que en cambio los arqueólogos e historiadores han errado en sus suposiciones con respecto al tamaño de los grupos de personas antiguas y la capacidad de la tierra para contenerlos. Además, la mayor parte de la evidencia de ocupación humana hace tres mil años ha sido destruida. Esto realmente es solo un ejemplo de la arrogancia de la erudición moderna, que desestima a todos los estudiosos más antiguos y cree que ha descubierto toda la evidencia necesaria para reconstruir el pasado por sí sola.

³ La ley prescrita aquí para la sospecha de infidelidad es incalculablemente más efectiva y justa que las leyes respectivas en Mesopotamia, las cuales involucraron la “prueba del agua”. En la prueba del agua, la mujer era amarrada y atada a pesas, y luego arrojada al río. En algunas ciudades, la mujer era considerada culpable si se ahogaba e inocente si flotaba. Por supuesto, las mujeres nunca flotaban en esta condición, así que esto fue simplemente una sentencia de muerte. En algunas ciudades, la mujer era considerada inocente si se ahogaba y culpable si flotaba, y debía ser asesinada si era culpable, lo que significaba que ella moriría de cualquier manera.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.