Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Santiago 1: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

Introducción

I. Introducción

La Epístola de Santiago es un libro que durante mucho tiempo ha gozado de gran popularidad, gracias a que describe en términos muy sencillos cómo vivir la vida cristiana en medio de la pobreza y la persecución. Esta es una carta (técnicamente un sermón)¹ escrita a los laicos para recordarles en un lenguaje fácil de entender las verdades que necesitan saber para afrontar las circunstancias de la vida diaria. Es práctica, correctiva y orientada hacia el comportamiento. La preocupación de Santiago en esta epístola es la vida diaria, no asuntos de teología sistemática. Santiago asume que sus lectores comprenden y aceptan doctrinas tales como la triunidad de Dios (1:1; 2:19; 4:5, 12), la justicia de Dios (1:20), la impecabilidad de Dios (1:13), la inmutabilidad de Dios (1:17), la providencia de Dios (1:5, 17), la soberanía de Dios (4:12-15; 5:1-4), el señorío de Jesucristo (1:1; 2:1), la morada del Espíritu Santo en los creyentes (4:5), la inspiración de las Escrituras del Antiguo Testamento (2:8-11, 21-25; 5:11, 17-18), la creación del hombre a semejanza de Dios (3:9), la salvación por fe (2:1-26), la existencia y estructura de la Iglesia (5:14), la regeneración de los creyentes (1:17-18, 27; 3:9), el llamado y elección de los creyentes (2:5, 7), la resurrección de los creyentes (1:18; 2:5), un juicio escatológico de los creyentes (2:12-13; 3:1), el reino prometido (2:5) y la segunda venida de Cristo para juzgar la tierra (5:7-9).² Sin embargo, estas doctrinas solo se mencionan de pasada como fundamento para exhortaciones parenéticas;³ hay unos 55 verbos en forma imperativa en los 108 versículos del libro. Los problemas en medio de la congregación de Santiago tienen que ver con una desconexión entre teología y práctica, no con mala teología per se. A Santiago le preocupan especialmente los asuntos éticos, pero también enfatiza las actitudes apropiadas. Aunque Santiago suele ser descrito como un defensor de la justicia y la reforma social —el supuesto mejor amigo del teólogo liberal—, en realidad no expresa sus exhortaciones en términos de tópicos generales o principios filosóficos, sino dentro del marco de una responsabilidad espiritual cristiana ante Dios.⁴ Al eliminar la teología de Santiago se elimina el fundamento de su enseñanza ética. Es necesario estudiar y enseñar el libro de Santiago para recordar al creyente los principios fundamentales de la vida cristiana y advertir contra el intento de separar la doctrina de la práctica.

No hay duda de que el contenido de esta epístola está profundamente empapado con el contenido y el espíritu de la predicación de Jesús, quien fue el Hermano de Santiago. La Iglesia primitiva debe haber visto en Santiago un gran parecido a Jesús, tanto en su carácter como en su predicación, razón por la cual Santiago fue elegido para ser líder de la iglesia de Jerusalén aun cuando los Doce todavía residían en Jerusalén.

II. Autor

El autor de este libro simplemente se llama a sí mismo «Santiago [más apropiadamente “Jacobo”], siervo de Dios y del Señor Jesucristo».⁵ El hecho de que no haya una descripción más detallada de este Santiago en el sobrescrito, evidencia que debe ser el Santiago (Jacobo) más prominente del Nuevo Testamento, y también que era alguien bien conocido por los destinatarios de la carta. Él se identifica como un maestro (3:1), un judío (2:21) y alguien que no era rico (5:1-6). Su epístola tiene un tono autoritativo, y el autor espera que sea aceptada como autoritativa en la Iglesia. Santiago no se autodenomina un apóstol, lo que hace improbable que el autor sea Jacobo el hermano de Juan, el primer mártir apostólico (Hechos 12:2).⁶ El libro de Hechos contiene varias referencias a otro Jacobo (Santiago). Cuando un ángel liberó a Pedro de la prisión en Hechos 12, luego del martirio de Jacobo, el hermano de Juan, Pedro le dijo a un grupo de creyentes: «Informad de estas cosas a Jacobo y a los hermanos» (Hechos 12:17, LBLA). En Hechos 15, en el concilio de Jerusalén, es este Jacobo quien da el veredicto final con respecto a la conversión de los gentiles. Cuando Pablo llegó a Jerusalén en Hechos 21, se reunió con «Jacobo y todos los ancianos» (Hechos 21:18). Pablo identifica a este Jacobo en Gálatas 1:19 como «Jacobo, el hermano del Señor» (NBLA) (cf. Mateo 13:55; Marcos 6:3; Hechos 1:14).⁷ Santiago y los otros hermanos de Jesús viajaron con Él durante Su ministerio, pero no creían en Él (Juan 7:5). Santiago solo fue finalmente convencido por la resurrección. Pablo menciona en 1 Corintios 15:7 que Jesús se apareció de manera especial a Santiago después de la resurrección. Esto debió ser un conmovedor llamado personal a creer, seguido de una designación de Santiago a un ministerio especial, similar de alguna manera a la experiencia de conversión de Pablo. Gálatas 1:19 indica que Santiago fue nombrado apóstol, y 1 Corintios 9:5-6 parece indicar lo mismo. El último pasaje también afirma que Santiago estaba casado. Al parecer Santiago era el hermano mayor de los hermanos de Jesús, ya que se menciona primero en Mateo 13:55 y Marcos 6:3. Pablo llama a este Santiago (Jacobo) una «columna de la iglesia» en Gálatas 2:9, un hombre que era tan conocido que muchos años después de su muerte, cuando Judas escribió su epístola se refiere a sí mismo como «el hermano de Jacobo» (Judas 1). Se deduce a partir de las referencias en Hechos que Santiago era el pastor principal de la iglesia de Jerusalén. Estaba de forma permanente en Jerusalén mientras que los otros apóstoles desarrollaron ministerios itinerantes.

El historiador judío del siglo primero, Josefo, quien no fue cristiano, relata la historia del martirio de Santiago a manos del sumo sacerdote Anás (Anán/Ananías) luego de la muerte del procurador Festo en el 62 d. C., poco antes de que el siguiente procurador, Albino, asumiera el cargo:

Siendo Anán de este carácter, aprovechándose de la oportunidad, pues Festo había fallecido y Albino todavía estaba en camino, reunió el sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús que se llamó Cristo, su nombre era Jacobo, y con él hizo comparecer a varios otros [cristianos]. Los acusó de ser infractores a la ley y los condenó a ser apedreados. Pero los habitantes de la ciudad, más moderados y afectos a la ley se indignaron. A escondidas enviaron mensajeros al rey, pidiéndole que por carta exhortara a Anán a que, en adelante, no hiciera tales cosas, pues lo realizado no estaba bien. Algunos de ellos fueron a encontrar a Albino, que venía de Alejandría; le pidieron que no permitiera que Anán, sin su consentimiento, convocara al sanedrín. Albino, convencido, envió una carta a Anán, en la cual lleno de indignación le anunciaba que tomaría venganza con él. Luego el rey Agripa, habiéndole quitado el pontificado, que ejerció durante tres meses, puso en su lugar a Jesús hijo de Damneo.⁸

Josefo también es citado por Orígenes y Eusebio diciendo que muchos judíos pensaban que Jerusalén fue destruida como castigo divino por el asesinato de Santiago.⁹

En el 2002 se produjo otra atestación extrabíblica de Santiago, cuando se descubrió el llamado osario de Santiago en una colección privada. Aunque algunos eruditos aún no aceptan su autenticidad, un consenso cada vez mayor sostiene que en realidad es auténtico. Este osario (es decir, una caja en la que se guardan los huesos del fallecido luego de que la carne se descompone) es fechado por los paleógrafos en el siglo I d. C. y tiene una inscripción en arameo que dice «Jacob (=Santiago) el hijo de José, hermano de Jesús». Probablemente fue hallado en el Monte del Templo o cerca de él. La inscripción demuestra que la primera lengua de Santiago era el arameo, y que murió en Jerusalén.

La imagen de Santiago en Hechos 15 es la de «una personalidad fuerte y enérgica»,¹⁰ un hombre sabio y el reconocido líder de la iglesia de Jerusalén. Era «un hombre de gran influencia, impresionante carácter e intensa piedad».¹¹ Era amado por los judíos en Jerusalén, sin embargo, apoyaba la obra misionera de Pablo entre los gentiles (Hechos 15:13-21; 21:17-25; Gálatas 2:9-10).

Pocos escritos de la misma extensión revelan más de la personalidad de su autor que esta epístola [...] Su tono firme, conciso y autoritativo llama la atención. Sus oraciones breves y penetrantes, como flechas afiladas, constantemente dan en el blanco. Usa «un lenguaje cuya contundencia es sin paralelo en la literatura cristiana primitiva, a excepción de los discursos de Jesús» (Zahn, 1:111) [...]

Era un hombre de fuertes convicciones morales, cuyo profundo sentido de lo

correcto le obligaba a pronunciarse tajantemente contra el mal dondequiera que lo encontrara [...] sin embargo, su carácter es esencialmente bondadoso [...]

Como un cristiano devoto, el pensamiento del autor está arraigado en un

trasfondo judío [...] De forma natural se remite al Antiguo Testamento para ilustraciones, pero no hace referencia a la observancia de los rituales y sacrificios judíos.¹²

Nos imaginamos a un hombre tanto serio como tranquilo, la mayoría de las veces silencioso, pero que cuando hablaba, dejaba salir palabras que eran como semillas que brotaban y echaban raíces en las almas de otros, [un hombre] indiferente a los lujos y comodidades de la vida, honrando al pobre más que al rico, visitando a los huérfanos y a las viudas, acompañando a los ancianos de la iglesia cuando ungían a los enfermos con aceite con la esperanza de que se recuperaran, lento para juzgar, calmando por su santa mansedumbre las pasiones enojadas de los contendientes, adoptando la política de no resistencia en tiempos de persecución. No sin razón los hombres hablaban de él enfáticamente como «el justo», presentándolo como un tipo de carácter según el modelo de Aquel que era definitivamente el Justo, Jesucristo el Justo. (Mateo 27:19; Lucas 23:47; Hechos 3:14, 7:52; 1 Juan 2:1) [...]

La cristiandad ha presentado muchos ejemplos de santidad más intensos y

ardientes, más místicos y espirituales, con pensamientos más amplios, o al menos una expresión más libre, de los misterios de Dios. Fue bueno que la era apostólica presentara un ejemplo como este, en el que la santidad parecía principalmente idéntica a la sabiduría; que esta habría sido la característica especial de Santiago, al igual que la fe lo fue de San Pablo, la esperanza de San Pedro y el amor del discípulo amado.¹³

III. Estilo de escritura

La Epístola de Santiago está escrita en un estilo muy pulido del griego literario. Es interesante que la Epístola de Judas también está escrita en griego literario, ya que tanto Santiago como Judas eran hermanos de Jesús. Toda la familia de Jesús debió haber hablado un griego muy culto. Esto tiene sentido, dado que Jesús vivió los primeros años de su infancia en Egipto, y luego creció en un área gentil de Galilea. Además, siendo perfectamente inteligente, Jesús habría discernido con facilidad la forma correcta del griego, y es muy probable que se haya asegurado de usar la gramática correctamente. Quizás incluso haya corregido a sus hermanos cuando ellos cometían errores gramaticales o usaban lenguaje coloquial. Metzger describe el lenguaje del libro de Santiago de la siguiente manera:

La breve Epístola de Santiago comparte muchas de las características literarias de la Epístola de Hebreos. También está escrita en un griego excelente y en un estilo extraordinariamente elevado y pintoresco que se asemeja al de los profetas hebreos. Aunque tiene un marcado tono judío, hay pocos hebraísmos en la epístola. El autor tiene en cuenta ciertos detalles sutiles de las distinciones gramaticales (tales como el uso correcto de las dos negaciones en griego: οὐ y μή) y mantiene un alto grado de precisión en la elección idiomática de modos y tiempos. En cuanto a su vocabulario, emplea palabras y compuestos poco

comunes, todos ellos formados de manera correcta y algunos probablemente creados por él mismo. Muestra gran habilidad retórica recurriendo a muchas figuras literarias que fueron usadas por los mejores autores del período koiné. Muestra una marcada tendencia a unir frases y oraciones mediante la repetición de la palabra principal o el uso de unas con la misma raíz, que es un recurso literario conocido como paronomasia o asonancia. Se da el lujo de practicar el delicado arte de la aliteración; por ejemplo, las tres palabras destacadas en 1:21 comienzan con δ. A menudo dos o más palabras yuxtapuestas terminan con la misma sílaba o sílabas, como en 1:7, 14; 2:16, 19; 5:5, 6. En general, la estructura de sus oraciones es concisa, vívida y rítmica, y se caracteriza por una cierta concisión epigramática.¹⁴

La evaluación de Simcox es similar:

“La carta de aquel apóstol especialmente judío, san Santiago ―dice el Dr. Salmon― es quizás el mejor griego en el Nuevo Testamento” [...] Sin nada de la estudiada retórica de la Epístola a los Hebreos, ni del estudiado clasicismo de partes de los Hechos, expresa de manera correcta e inteligente lo que el escritor tiene que decir. Las oraciones no tienen mucha variedad en la estructura o viveza idiomática, pero no nos dan la impresión, como las de san Juan, de ser simples por limitación o de ser monótonas en su conexión. Y a medida que el tema y el estilo literario (a diferencia del gramatical) del autor alcanzan un nivel más alto de elocuencia, su vocabulario es bastante adecuado para ello.¹⁵

Santiago eligió escribir en griego, en lugar de arameo, porque el griego era la única lengua que todos sus destinatarios podían entender. En el día de Pentecostés había judíos en Jerusalén que habían venido de todas partes del mundo, y muchos de ellos no entendían arameo. Sin embargo, los judíos que eran de Judea entendían griego.¹⁶ El griego fue así la lengua elegida para todos los escritos del Nuevo Testamento.

Se debe tener en cuenta que esta epístola no es la única muestra que se preserva en el Nuevo Testamento de lo que escribió o habló Santiago: Hechos 15:13-21 registra un discurso de Santiago, y Hechos 15:23-29 registra una breve carta escrita por Santiago junto con los otros apóstoles y ancianos de la iglesia de Jerusalén. Una comparación del lenguaje usado en estos cortos pasajes de Hechos con el lenguaje de la Epístola de Santiago revela sorprendentes similitudes. La palabra χαίρειν [jairein] (‘saludos’) aparece en Santiago 1:1 y Hechos 15:23, y en otra parte con este sentido solo en Hechos 23:26. Los únicos dos pasajes del Nuevo Testamento en los que se habla de creyentes siendo llamados por (ἐπικαλέω ἐπί) el nombre del Señor son Hechos 15:17 y Santiago 2:7. La exhortación «Escúchenme, hermanos» (ἀδελφοί [ἀκούσατέ]) en Hechos 15:13 (NBLA) es paralela a «Hermanos míos amados, escuchen» (Ἀκούσατε [ἀδελφοί μου ἀγαπητοί]) en Santiago 2:5 (NBLA), con paralelos menos exactos que se encuentran en el Nuevo Testamento solamente en Hechos 7:2 y Hechos 22:1. La idea de «guardarse» ([δια]τηρέω) uno mismo (ἑαυτοῦ) del pecado solo se encuentra en Hechos 15:29 y Santiago 1:27.¹⁷ Estas similitudes no solo respaldan la afirmación de que esta epístola fue escrita por Santiago, sino que también atestiguan la extrema meticulosidad de Lucas como escritor de historia en el libro de Hechos.

IV. Fecha y ocasión para escribir

En el momento en que Santiago escribió esta epístola, la Iglesia aún estaba compuesta en su totalidad por judíos. Así lo indica la dirección a «las doce tribus» en 1:1 y la referencia a la reunión de la Iglesia en «sinagogas» en 2:2.¹⁸ Santiago llama a Abraham «nuestro padre» en 2:21. Su epístola es la única que usa el término judío Gehenna (3:6) para referirse al infierno, en lugar del término griego Tártaro (cf. 2 Pedro 2:4) o el término de la Septuaginta Hades. En 1:1, Santiago dirige la carta a «los que están en la dispersión» (τῇ διασπορᾷ [tē diaspora]), es decir, los primeros cristianos que fueron dispersados de Jerusalén en la persecución tras el martirio de Esteban (Hechos 8:1; 11:19-20). La referencia a «la lluvia temprana y la tardía» en 5:7 demuestra que todos estos creyentes residían en Palestina o cerca de allí. Además, la ausencia de cualquier saludo personal o mención de contactos personales indica que todos los creyentes cristianos seguían viviendo muy cerca unos de otros y de Jerusalén. Santiago fue el primer pastor de todos aquellos que fueron dispersados de Jerusalén. En esta epístola, el pastor Santiago escribe un sermón a su congregación dispersa. La recién establecida Iglesia estaba bajo presión debido a la persecución, por lo cual Santiago escribió una carta para explicar cómo vivir la vida cristiana en medio de circunstancias difíciles. La teología solo se menciona brevemente porque las controversias doctrinales y las herejías aún no habían surgido en la Iglesia. Aunque esta epístola por lo general es fechada alrededor del 45-49 d. C., una fecha tan tardía no puede explicar el carácter del libro.¹⁹ Dado que la epístola al parecer fue escrita durante la persecución de Hechos 8, debe fecharse en 34-35 d. C. Por lo tanto, Santiago es por mucho el más antiguo de los libros del Nuevo Testamento, al escribirse más de una década antes de Mateo y Gálatas.

V. Propósito y mensaje

Santiago escribió esta epístola con el propósito de enseñar y exhortar a los creyentes que habían sido dispersados de Jerusalén por la persecución sobre cómo vivir la vida cristiana en las circunstancias en las que se encontraban. El mensaje de Santiago es que los creyentes deben vivir de acuerdo con su nueva naturaleza en medio de sus circunstancias, confiando en la bondad de Dios en las pruebas, y manteniendo en todo momento una fe pura, una enseñanza pura y actitudes puras.

VI. Asuntos críticos

Aunque los eruditos críticos coinciden en rechazar el punto de vista de la autoría y la fecha de la epístola implícitas en el contenido de la carta,²⁰ sus argumentos son sorprendentemente débiles. Las afirmaciones acerca del punto de vista teológico de la epístola o sobre el hecho de que no se mencionen ciertas doctrinas se hacen a partir de un sesgo anticristiano que intenta encontrar contradicciones dentro de las Escrituras. Ningún libro del Nuevo Testamento menciona cada doctrina o enfatiza cada punto por igual, puesto que no podría. El hecho de que esta epístola esté escrita en un griego excelente no es una objeción al punto de vista tradicional de la autoría, pues ¿cómo pueden saber los eruditos críticos que Santiago, el hermano de Jesús, no podía escribir en buen griego literario?

Muchos eruditos afirman que la Epístola de Santiago fue de los últimos libros en obtener una amplia aceptación de la Iglesia, y, por lo tanto, fue uno de los últimos en escribirse, una afirmación que no puede explicar la identidad exclusivamente judía de los cristianos a quienes Santiago se dirige. Dado que Santiago fue el primer libro del Nuevo Testamento en ser escrito, en realidad este fue el primer libro del Nuevo Testamento en ser aceptado como canónico en la Iglesia. El hecho de que algunos padres de la Iglesia no lo citen no hace ninguna diferencia, ya que Santiago es un libro corto que es más práctico que teológico; no todos los padres de la Iglesia citan todos los libros del Nuevo Testamento.

Los argumentos en contra del punto de vista crítico son fuertes. Si esta carta fuera seudónima, el encabezado sería mucho más elaborado y haría fuertes afirmaciones, por ejemplo, «Santiago el hermano de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, llamado a ser un apóstol, obispo de la iglesia de Jerusalén, etc.». Solo un escritor que fuera muy prominente y familiar para sus destinatarios originales podría simplemente identificarse como «Santiago» y esperar que su autoridad fuera aceptada, y, en efecto, haber sido aceptada por la Iglesia. Además, las obras que son indiscutiblemente seudónimas, al igual que las epístolas escritas por los padres apostólicos, son de un carácter muy diferente al de cualquier escrito inspirado. El punto de vista crítico es un intento ligeramente disfrazado de desacreditar la Biblia, dado que una obra seudónima sería un fraude deshonesto y poco confiable.

VII. Base textual

Hay más manuscritos de papiro²¹ para la epístola de Santiago que para otras epístolas de extensión similar, probablemente porque esta fue la primera epístola escrita y, por lo tanto, la que tuvo más oportunidad de circular desde el comienzo. Los cinco papiros conservados para Santiago son P20 (siglo III; 2:19–3:9), P23 (siglo III; 1:10-12, 15-18), P54 (siglo V/VI; 2:16-18, 22-26; 3:2-4), P74 (siglo VII.; gran parte del libro) y P100 (siglo III/IV; 3:13–4:4; 4:9–5:1). El número e identidad de los manuscritos unciales²² para Santiago es típico para una epístola, y B (el Códice Vaticano) está incluido entre ellos. Los principales testimonios del texto alejandrino²³ son los papiros, א, A, B y C. Estos testimonios presentan un texto unificado de Santiago, lo cual desmiente el punto de vista crítico de que el libro canónico es el resultado de un largo proceso redaccional; de hecho, Santiago ni siquiera tiene un texto occidental.²⁴ 23F

UNCIALES Y PAPIROS DE SANTIAGO POR CAPÍTULO

(Aquí la guía trae una tabla, que puede verse en el PDF del autor.)

VIII. Esquema de Santiago

Esquema general

Esquema detallado

IX. El argumento de Santiago

El primer capítulo de esta carta da instrucciones sobre soportar las pruebas, debido a que la congregación de Santiago estaba sufriendo persecución. El cuerpo de la carta, 2:1–5:6, no menciona las pruebas de manera directa, sino que es un llamado a la religión pura como un remedio para los problemas que los lectores de Santiago estaban enfrentando en sus circunstancias en ese momento. La epístola termina con una sección que aplica los puntos principales del cuerpo de la epístola a las circunstancias de prueba (5:7-20).²⁵

X. Comentarios sugeridos

A. Comentarios en español

B. Comentarios en inglés

1. Comentarios clásicos excelentes

2. Buenos comentarios homiléticos/aplicación

3. Comentario evangélico conservador

¹ Al igual que Hebreos, Santiago es una carta solo en el sentido en que fue escrita a un grupo específico de destinatarios. Sin embargo, aparte del primer versículo, no tiene el conjunto estándar de saludos que caracteriza a las cartas.

² Si alguien hiciera un estudio sistemático de todo lo que Santiago enseña o asume respecto a un área de teología sistemática —Dios, pecado, Cristo, eventos futuros, soteriología, etc.—, encontraría que el libro de Santiago no solo tiene fuertes cimientos teológicos, sino que realmente dice mucho acerca de la mayoría de las áreas de la teología. No hay nada débil o superficial en la teología de Santiago; simplemente la teología sistemática no es el tema principal de la epístola.

³ Por cierto, esto indica que Santiago fue escrito antes de que surgieran controversias doctrinales en la Iglesia. Por ejemplo, los destinatarios de la carta creían tan firmemente en la salvación por fe que Santiago da esto por sentado y argumenta que las obras deben acompañar la fe salvadora (2:14-26). La fuerte base doctrinal que presupone Santiago desmiente la afirmación de que este es un libro para creyentes débiles o inmaduros.

⁴ Como ejemplo, compárese Séneca Epístolas morales a Lucilio 101 con Santiago 4:13-17. Séneca, que escribió entre los años 63 y 65 d. C., usa un lenguaje que es muy similar al de Santiago, y quizás influenciado por Santiago. Sin embargo, Séneca ve la incertidumbre de la vida como el producto del azar y el destino, mientras que Santiago la ve como un producto del gobierno providencial de Dios sobre el mundo. Séneca ve la jactancia de los presuntuosos como necia porque asume algo que no sabemos, mientras que Santiago la ve como necia porque ignora la voluntad del Señor.

⁵ Ropero nota que «la forma castellana Santiago es una contracción de Sancti Iacobi, Sant Yacob». A. Ropero, “Santiago”, en Gran Diccionario Enciclopédico de La Biblia, editado por Alfonso Ropero Berzosa (Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2013), 2247. Así, hay un nombre en griego, Ἰάκωβος [Iakōbos], que está representado en español con dos nombres, Jacobo y Santiago.

⁶ Es aún menos probable que el autor fuera Santiago el hijo de Alfeo, ya que era uno de los apóstoles menos prominentes y nunca fue reconocido como un líder principal en la Iglesia. Si Santiago el hijo de Alfeo escribió una epístola, se habría identificado claramente.

⁷ Algunos escritores han tratado de explicar la relación de Santiago con Jesús de una manera que pueda encajar con la afirmación del catolicismo romano de que María fue una virgen perpetua. La teoría de Epifanio propone que los hermanos de Jesús eran hijos de José por un matrimonio anterior. Sin embargo, en los evangelios Jesús es presentado como el cuidador de sus hermanos tras la muerte de José, lo cual indica que Jesús era el hermano mayor (José no estuvo casado antes). Además, Mateo 1:25 indica que José tuvo relaciones maritales normales con María después del nacimiento de Jesús. La teoría jeronimiana, propuesta por Jerónimo, afirma que los hermanos y hermanas de Jesús eran sus primos. No hay evidencia para esta teoría, y contradice el lenguaje usado y las descripciones que se hacen de la familia de Jesús. El punto de vista bíblico, que Santiago fue el hijo de José y María, a veces se le llama teoría helvidiana, aunque, por supuesto, se origina de las primeras realidades históricas y de las primeras enseñanzas cristianas. Esta teoría no presenta dificultades teológicas y está de acuerdo con las declaraciones de la Escritura. Nótese que es inapropiado llamar a Santiago el medio hermano de Jesús, ya que esto implicaría que Jesús fue concebido al unirse un óvulo de María con el espermatozoide del Espíritu Santo. En realidad, el Espíritu Santo creó un embrión directamente en el vientre de María, sin contribución genética de ella ni inseminación de Dios.

⁸ Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, editado por Alfonso Ropero Berzosa, Colección Historia (Barcelona, España: Editorial CLIE, 2013), 754.

⁹ Orígenes, Contra Celso 1.47 (p. 80); 2.13 (p. 123); Eusebio Historia eclesiástica 2.23.20. Suele indicarse que se trata de una interpolación en los primeros manuscritos de Josefo, ya que la cita no se encuentra en los manuscritos existentes de Josefo. Sin embargo, un interpolador cristiano habría dicho que Jerusalén fue destruida como un castigo divino por la crucifixión de Jesús, no por el asesinato de Santiago. Así que este puede ser un pasaje auténtico que fue eliminado.

¹⁰ Traducido de D. Edmond Hiebert, The Epistle of James: Tests of a Living Faith (Chicago: Moody Press, 1979), 30.

¹¹ Traducido de Wilber T. Dayton, “James”, en The Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible, editado por Merrill C. Tenney y Steven Barabas (Grand Rapids: Zondervan, 1975), 3:395.

¹² Traducido de Hiebert, James, 25-26.

¹³ Traducido de E. H. Plumptre, The General Epistle of St. James, with Notes and Introduction, Cambridge Bible for Schools, editado por J. J. S. Perowne (Cambridge: Cambridge, 1878), 33-34.

¹⁴ Traducido de Bruce M. Metzger, “The Language of the New Testament”, en The Interpreter’s Bible, tomo 7 (New York: Abingdon Press, 1951), 47.

¹⁵ Traducido de William Henry Simcox, The Writers of the New Testament: Their Style and Characteristics, tomo 2 de The Language of the New Testament, The Theological Educator (London: Hodder and Stoughton, 1890), 60.

¹⁶ Un estudio de las lápidas del siglo I d. C. en Jerusalén reveló que dos tercios de las inscripciones estaban en griego.

¹⁷ Existen, por supuesto, otros paralelos verbales entre Hechos 15:13-29 y Santiago, tales como τὰς ψυχὰς ὑμῶν (sus almas, Hechos 15:24; Santiago 1:21), ἐκλέγομαι (escogió, Hechos 15:25; Santiago 2:5), ἐπιστρέφω (convertirse, volver, Hechos 15:19; Santiago 5:19-20) y ἐπισκέπτομαι (visitar, Hechos 15:14; Santiago 1:27). Sin embargo, estos términos paralelos son muy frecuentes en otras partes del Nuevo Testamento como para probar una conexión específica. Las expresiones únicas o poco frecuentes son las más importantes.

¹⁸ El concepto de Iglesia y el gobierno de la Iglesia está presente en 5:14. La mayoría de las versiones de la Biblia en español usan el término congregación en lugar de sinagoga.

¹⁹ Por alguna razón, hay una percepción generalizada entre los comentaristas de que es arriesgado fechar esta epístola en los primeros años de la Iglesia cristiana.

²⁰ Las propuestas críticas para la autoría incluyen un escritor que escribió bajo el seudónimo «Santiago», un maestro desconocido llamado «Santiago» y un redactor que recopiló dichos que fueron atribuidos a Santiago. Incluso hay una sugerencia de que la carta fue escrita originalmente por un judío no cristiano a otros judíos, y fue posteriormente revisada por un escritor cristiano y atribuida a Santiago. Ninguna de estas propuestas tiene una pizca de respaldo histórico, a diferencia de la afirmación de que Santiago escribió el libro. Asimismo, algunos críticos fechan el libro de Santiago en una fecha tan tardía como el 130 d. C., por razones que son, en el mejor de los casos, conjeturas arbitrarias y, en el peor, polémicas anticristianas. Para un listado de las posturas de los comentaristas, véase Peter H. Davids, The Epistle of James: A Commentary on the Greek Text, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 1982), 4. Irónicamente la primera persona en la historia de la Iglesia en negar que Santiago, el hermano de Jesús, escribió esta epístola fue Martín Lutero, quien malinterpretó el argumento de Santiago sobre la justificación por obras, y por lo tanto tuvo una aversión al libro.

²¹ Los manuscritos de papiro provienen de Egipto y están entre los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento porque el clima árido de Egipto es ideal para la preservación de manuscritos.

²² La palabra uncial significa ‘mayúscula’ y se refiere a los manuscritos que fueron escritos completamente en mayúscula. Estos son los manuscritos más antiguos, dado que una escritura minúscula empezó a ser usada temprano en la Edad Media. (Aunque los papiros sean unciales son contados por separado).

²³ El texto alejandrino es el nombre dado al tipo de texto que se encuentra en la mayoría de los manuscritos más antiguos, y que es generalmente reconocido como el texto más cerca al texto original del Nuevo Testamento. Muchos de estos manuscritos provienen de Egipto debido al clima de esa tierra, pero algunos manuscritos del texto alejandrino provienen de otros lugares. Incluso algunos de los manuscritos que fueron descubiertos en Egipto (p. ej., el Códice Sinaítico) fueron originalmente copiados en otro lugar.

²⁴ El texto occidental es el nombre dado a un tipo de texto relativamente temprano pero no común en que escribas intencionalmente modificaron el texto original del Nuevo Testamento haciendo ciertos cambios sistemáticamente. El texto occidental (un nombre impreciso) está representado principalmente por el Códice de Beza, que es conocido por el símbolo D.

²⁵ Hiebert ve el tema unificador de Santiago como «pruebas de una fe viva». Sin embargo, este encabezado solo encaja con el capítulo 2, y no con todo el libro.

A. Saludo

A diferencia de la mayoría de las epístolas paulinas, la introducción de Santiago es solo un versículo, y luego Santiago pasa directamente a su sermón. Con respecto a este versículo, véanse los comentarios acerca de «Autor» y «Fecha».

1. El propósito de Dios en las pruebas

B. Instrucción sobre las pruebas (1:2-27)

Santiago comienza su sermón abordando el asunto de manejar las pruebas, ya que su congregación estaba enfrentando persecución.

Santiago abre su sermón con un impactante ajuste de perspectiva: las pruebas son algo bueno, porque, en última instancia, están diseñadas para hacernos mejor. Además, podemos y deberíamos alegrarnos mientras atravesamos pruebas porque el resultado final de una fe probada es la madurez. Las pruebas pueden hacer que incluso las pequeñas deficiencias de nuestro carácter parezcan errores flagrantes, y así nos vemos obligados a lidiar con nuestros defectos uno por uno hasta que finalmente seamos cristianos completos (1:4).

2. La provisión de Dios en las pruebas

Después de argumentar en 1:2-4 que el propósito de Dios en las pruebas es hacer al cristiano completo, Santiago trata en 1:5-8 con algo que es posible que falte: sabiduría. En contexto, este es un tipo específico de sabiduría, la sabiduría para ver el valor y la importancia de las pruebas. Santiago dice: si no puedes entender por qué te están pasando cosas malas, entonces necesitas pedirle a Dios que te de la sabiduría para comprender la vida desde una perspectiva celestial (1:5). La oración por esta sabiduría está condicionada a una fe que no cuestiona el carácter de Dios (1:6). El hombre que no está anclado por la fe en un Dios inmutable es arrastrado por las circunstancias, fluctuará e irá de aquí para allá a medida que cambien las circunstancias (1:7-8).

3. La perspectiva de Dios en las pruebas

Después de afirmar que Dios tiene un propósito positivo en las pruebas (1:2-4) que se puede discernir a través de la sabiduría que Él da a quienes confían en Él (1:5-8), Santiago sigue sacudiendo el pensamiento de su congregación perseguida en 1:9-11 al poner una perspectiva celestial sobre el estatus terrenal. Estos versículos le recuerdan al cristiano que existirá un cambio de fortunas en el mundo venidero: los creyentes pobres se volverán ricos, mientras que los ricos se volverán pobres.

4. El plan de Dios en las pruebas

Los versículos 12-18 describen con más detalle el plan de Dios en las pruebas, el cual es llevar a los creyentes a la perfección. Aquellos que permanecen firmes en la fe en medio de las pruebas obtendrán la aprobación de Dios y recibirán la corona de vida (1:12). Sin embargo, debido a que la palabra griega para prueba, πειρασμός [peirasmós], también se usa para referirse a ‘tentación’, Santiago aclara en 1:13-18 que las pruebas que Dios trae a la vida de los creyentes no están destinadas a ser tentaciones para pecar. La tentación no proviene de Dios, sino que es un problema interno, que surge de la naturaleza pecaminosa (1:13-14). El resultado final de seguir el camino de la tentación es la muerte (1:15).

Un creyente debe darse cuenta de que Dios nunca es la fuente del mal, sino que Él siempre es el origen de dádivas y dones perfectos. Dado que Dios es inmutable («en el cual no hay mudanza ni sombra de variación»), el mal nunca procederá de Su ser bueno y santo. El pecado de nuestros deseos lujuriosos engendra muerte, pero Su voluntad nos dio un nuevo nacimiento (cf. Juan 3:5). Dado que lo semejante engendra lo semejante, un Dios bueno y santo produce vidas humanas buenas y santas, no pecaminosas. Como «primicias de sus criaturas», los creyentes deben parecerse a Él.²⁶

²⁶ Traducido de Robert G. Gromacki, New Testament Survey (Grand Rapids: Baker, 1974), 341-42.

5. La Palabra de Dios en las pruebas

La referencia en 1:18 a la regeneración por «la palabra de verdad» introduce el tema de 1:19-27, que enfatiza la necesidad de los creyentes de seguir la Palabra de Dios en todas las circunstancias de la vida, viviendo como personas regeneradas.²⁷ El último versículo del capítulo, 1:27, resume los temas de los capítulos 2–5.

²⁷ Para los cristianos modernos la Palabra de Dios es el Antiguo y el Nuevo Testamento. Cuando Santiago escribió, la Palabra de Dios incluía el Antiguo Testamento, el mensaje de salvación que fue transmitido oralmente por los apóstoles y otras enseñanzas apostólicas.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.