Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Deuteronomio 31: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- Moisés anima al pueblo y a Josué (1-8).
- La ley ha de leerse cada siete años (9-13).
- Se predice la apostasía de los israelitas; se da un cántico como testigo contra ellos (14-22).
- La ley entregada a los levitas (22-30).
Deuteronomio 31:1-8
Moisés asegura a Israel la presencia constante de Dios con ellos. El apóstol aplica esto a todo el Israel espiritual de Dios, para animar su fe y su esperanza; también a nosotros se nos ha anunciado este evangelio, como a ellos: «No te desampararé, ni te dejaré» (He 13:5). Moisés les recomienda a Josué como caudillo: alguien cuya sabiduría, valor y afecto conocían desde hacía mucho; alguien a quien Dios había designado como su guía y a quien, por tanto, reconocería y bendeciría. Josué recibe de buena gana la exhortación de Moisés a esforzarse y ser valiente. Les irá bien a los que tienen a Dios consigo; por eso deben ser valientes. En Dios hagamos proezas, porque por él saldremos victoriosos; si resistimos al diablo, huirá de nosotros.
Deuteronomio 31:9-13
Aunque leamos la palabra en privado, no debemos pensar que es innecesario oírla leer en público. Esta lectura solemne de la ley debía hacerse en el año de la remisión. El año de la remisión era figura de la gracia del evangelio, que se llama «el año agradable del Señor»; porque el perdón y la libertad que tenemos por Cristo nos obligan a guardar sus mandamientos. Debía leerse a todo Israel: hombres, mujeres, niños y extranjeros. Es voluntad de Dios que todos conozcan su palabra; es regla para todos, y por eso debe leerse a todos.
Quien haya leído cuánto se esforzaron muchas personas por conseguir fragmentos de las Escrituras, cuando no podían obtener un ejemplar completo o poseerlo sin peligro, verá cuán agradecidos debemos estar por los miles de ejemplares que tenemos entre nosotros. Entenderá también cuán distinta fue, durante muchos siglos, la situación de los israelitas. Pero el corazón del hombre es tan descuidado, que todo resultará poco para mantener vivo el conocimiento de las verdades, los preceptos y el culto de Dios.
Deuteronomio 31:14-22
Moisés y Josué se presentaron ante la Majestad divina a la puerta del tabernáculo. A Moisés se le dice otra vez que pronto ha de morir; aun los que están más preparados y dispuestos a morir necesitan que se les recuerde a menudo su llegada. El Señor le dice a Moisés que, después de su muerte, el pacto que con tanto esfuerzo había establecido entre Israel y su Dios sería ciertamente quebrantado. Israel abandonaría a Dios, y entonces Dios abandonaría a Israel. Con justicia desecha él a quienes tan injustamente lo desechan. Se ordena a Moisés que les entregue un cántico que quedara como testimonio permanente a favor de Dios, que fue fiel con ellos al advertirles, y contra ellos, que fueron infieles a sí mismos al no hacer caso de la advertencia. La palabra de Dios «discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» de los hombres, y les sale al encuentro con reprensión y corrección. Los ministros que predican la palabra no conocen los designios de los hombres; pero Dios, cuya palabra es, los conoce perfectamente.
Deuteronomio 31:23-30
Se relata de nuevo la entrega solemne del libro de la ley a los levitas, para que lo depositaran en el arca, o más bien al lado de ella. El cántico que sigue en el capítulo siguiente se entrega a Moisés, y él lo entrega al pueblo. Primero lo escribió, según el Espíritu Santo le enseñó, y luego lo pronunció a oídos de todo el pueblo. Moisés les dice claramente: «Yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis». Sin duda esto le causó a aquel buen hombre muchos pensamientos tristes; pero su consuelo era haber cumplido su deber, y saber que Dios sería glorificado en la dispersión de ellos, si no en su establecimiento, porque «el fundamento de Dios está firme».
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.