Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Génesis 24: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- El cuidado de Abraham por el casamiento de Isaac (1-9).
- El viaje del siervo de Abraham a Mesopotamia; su encuentro con Rebeca (10-28).
- Rebeca y sus parientes consienten en el casamiento (29-53).
- El feliz encuentro y casamiento de Isaac y Rebeca (54-67).
Génesis 24:1-9
El efecto del buen ejemplo, la buena enseñanza y el culto a Dios en una familia se verá generalmente en la piedad, la fidelidad, la prudencia y el afecto de los siervos. Vivir en tales familias o tener tales siervos son bendiciones de Dios que deben estimarse mucho y reconocerse con gratitud. Pero ningún asunto de la vida es de mayor importancia para nosotros mismos, para otros o para la iglesia de Dios que el matrimonio. Por eso debe emprenderse siempre con mucho cuidado y prudencia, sobre todo atendiendo a la voluntad de Dios y con oración pidiendo su dirección y su bendición. Donde no se consulta ni se respeta a los buenos padres, no puede esperarse la bendición de Dios. Los padres, al disponer de sus hijos, deben procurar cuidadosamente el bien de sus almas y su adelanto en el camino al cielo.
Obsérvese el encargo que Abraham dio a un buen siervo, cuya conducta, fidelidad y afecto hacia él y su familia conocía desde hacía mucho. Obsérvese también que Abraham recuerda que Dios lo había sacado maravillosamente de la tierra de su nacimiento por el llamamiento de su gracia; y por eso no duda de que él hará prosperar su empeño en no llevar allá de nuevo a su hijo. Dios hará que termine en consuelo nuestro aquello en que sinceramente buscamos su gloria.
Génesis 24:10-28
El siervo de Abraham reconoció a Dios con devoción. Se nos permite ser concretos al encomendar nuestros asuntos al cuidado de la providencia divina. Propone una señal, no porque pensara no seguir adelante si no se le concedía, sino como una oración para que Dios proveyera una buena esposa para su joven amo; y fue una buena oración. Ella debía ser sencilla, trabajadora, humilde, alegre, servicial y hospitalaria. Sea cual sea la moda, el sentido común, así como la piedad, nos dice que estas son las cualidades propias de una esposa y madre: de quien ha de ser compañera de su marido, administradora de los asuntos de la casa, y a quien se confía formar la mente de los hijos. Cuando el mayordomo vino a buscar esposa para su amo, no fue a lugares de diversión y placer pecaminoso a pedir encontrarla allí, sino al pozo de agua, esperando hallarla bien ocupada. Oró para que a Dios le agradara hacer llano y claro su camino en este asunto.
Nuestros tiempos están en la mano de Dios: no solo los acontecimientos mismos, sino el momento en que suceden. Debemos cuidarnos de ser demasiado atrevidos al insistir en lo que Dios debe hacer, no sea que el resultado debilite nuestra fe en vez de fortalecerla. Pero Dios lo respaldó haciendo claro su camino. Rebeca respondía en todo a las cualidades que él buscaba en la mujer que había de ser esposa de su amo. Cuando llegó al pozo, descendió, llenó su cántaro y subió para volver a casa con él. No se quedó mirando al forastero y sus camellos, sino que atendió a lo suyo, y no se habría desviado de ello sino por una oportunidad de hacer el bien. No entabló conversación con él por curiosidad ni con descaro, sino que le respondió con modestia. Convencido de que el Señor había oído su oración, dio a la joven algunos adornos de los que se usaban en los países de Oriente, preguntándole a la vez por su parentela. Al saber que era de los parientes de su amo, inclinó la cabeza y adoró, bendiciendo a Dios. Sus palabras iban dirigidas al Señor, pero, dichas a oídos de Rebeca, ella pudo darse cuenta de quién era él y de dónde venía.
Génesis 24:29-53
El arreglo del casamiento entre Isaac y Rebeca se relata con mucho detalle. Debemos advertir la providencia de Dios en los sucesos comunes de la vida humana, y ejercitar en ellos la prudencia y las demás gracias. Labán salió a invitar a entrar al siervo de Abraham, pero no hasta que vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana. Conocemos el carácter de Labán por su conducta posterior, y podemos pensar que no habría estado tan dispuesto a hospedarlo si no hubiera esperado ser bien recompensado por ello. El siervo estaba concentrado en su encargo. Aunque venía de un viaje y había llegado a una buena casa, no quiso comer hasta haber dicho a qué venía. Hacer nuestro trabajo y cumplir lo que se nos ha confiado, sea para Dios o para los hombres, debe ser preferido por nosotros antes que la comida: esa era la comida y la bebida de nuestro Salvador (Jn 4:34).
Les cuenta el encargo que le había dado su amo, con la razón de él. Relata lo que había sucedido en el pozo, para favorecer la propuesta, mostrando claramente en ello el dedo de Dios. Los sucesos que a nosotros nos parecen fruto de la elección, del ingenio o del azar, son «destinados» por Dios. Esto no impide, sino que más bien anima, el uso de todos los medios adecuados. Ellos aceptan la propuesta con libertad y alegría; y cualquier asunto promete ser dichoso cuando procede del Señor. El siervo de Abraham reconoce con gratitud el buen éxito que había tenido. Era un hombre humilde, y los humildes no se avergüenzan de reconocer su condición en la vida, sea cual sea. Todos nuestros asuntos temporales son dulces si van mezclados con la piedad.
Génesis 24:54-67
El siervo de Abraham, como quien prefería su trabajo a su placer, quería apresurarse a volver a casa. La tardanza y la holgazanería de ningún modo convienen a un hombre sabio y bueno que es fiel a su deber. Así como los hijos no deben casarse sin el consentimiento de sus padres, los padres no deben casarlos sin el consentimiento de ellos. Rebeca consintió no solo en ir, sino en ir enseguida. La bondad del carácter de Rebeca muestra que no había nada malo en su respuesta, aunque no concuerde con las costumbres modernas entre nosotros. Podemos esperar que tuviera tal idea de la religión y la piedad de la familia a la que iba, que estuviera dispuesta a olvidar a su pueblo y la casa de su padre. Sus familiares la despiden con la compañía adecuada y con sinceros buenos deseos. Bendijeron a Rebeca. Cuando nuestros parientes entran en un nuevo estado, debemos encomendarlos en oración a la bendición y la gracia de Dios.
Isaac estaba bien ocupado cuando encontró a Rebeca. Había salido a aprovechar la quietud de la tarde y un lugar solitario para la meditación y la oración, esos ejercicios divinos por los que conversamos con Dios y con nuestro propio corazón. Las almas santas aman el retiro; nos hará bien estar a menudo a solas, si lo empleamos bien, y nunca estamos menos solos que cuando estamos solos. Obsérvese qué hijo tan afectuoso era Isaac: hacía unos tres años que había muerto su madre, y aun así no se había consolado hasta entonces. Véase también qué esposo tan afectuoso fue para su mujer. Los hijos obedientes prometen ser esposos afectuosos; el que cumple con honra su primer puesto en la vida probablemente hará lo mismo en los que siguen.
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.