Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Génesis 50: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- El duelo por Jacob (1-6).
- Su funeral (7-14).
- Los hermanos de José le piden perdón; él los consuela (15-21).
- Las instrucciones de José acerca de sus huesos; su muerte (22-26).
Génesis 50:1-6
Aunque parientes y amigos piadosos hayan llegado a una buena vejez, y estemos seguros de que han partido a la gloria, podemos lamentar nuestra pérdida y honrar su memoria llorándolos. La gracia no destruye el afecto natural, sino que lo purifica, lo modera y lo regula. El alma que ha partido está fuera del alcance de cualquier muestra de nuestro afecto; pero es apropiado mostrar respeto al cuerpo, del cual esperamos una resurrección gloriosa y gozosa, sea lo que sea de sus restos en este mundo. Así mostró José su fe en Dios y su amor a su padre. Mandó embalsamar el cuerpo, o envolverlo con especias, para conservarlo. Mira qué viles son nuestros cuerpos cuando el alma los ha dejado: en muy poco tiempo se vuelven fétidos y repulsivos.
Génesis 50:7-14
El cuerpo de Jacob fue acompañado no solo por su propia familia, sino por los grandes de Egipto. Ahora que conocían mejor a los hebreos, comenzaron a respetarlos. Los que profesan la religión deben procurar, con sabiduría y amor, quitar los prejuicios que muchos tienen contra ellos. Los que lo presenciaban lo notaron como un duelo grande. La muerte de los hombres buenos es una pérdida para cualquier lugar, y debe lamentarse mucho.
Génesis 50:15-21
Varios motivos pudieron hacer que los hijos de Jacob permanecieran en Egipto, a pesar de la visión profética que Abraham había tenido de su esclavitud allí. Juzgando a José por la disposición general de la naturaleza humana, pensaron que ahora se vengaría de quienes lo habían odiado y agraviado sin causa. Como no podían resistir ni huir, intentaron ablandarlo humillándose. Le rogaron como siervos del Dios de Jacob. José se conmovió mucho al ver este cumplimiento completo de sus sueños. Les indica que no le teman a él, sino a Dios; que se humillen delante del Señor y busquen el perdón divino. Les asegura su propia bondad hacia ellos. Mira qué espíritu tan excelente tenía José, y aprende de él a devolver bien por mal. Los consoló y, para desterrar todos sus temores, les habló con bondad. Hay que vendar y animar a los espíritus quebrantados. A quienes amamos y perdonamos no solo debemos hacerles bien, sino también hablarles con bondad.
Génesis 50:22-26
Por haber honrado a su padre, los días de José fueron largos en la tierra que, por entonces, Dios le había dado. Cuando vio acercarse su muerte, consoló a sus hermanos con la seguridad de que volverían a Canaán a su debido tiempo. Debemos consolar a otros con la misma consolación con que Dios nos ha consolado, y animarlos a descansar en las promesas que son nuestro sostén. Como confesión de su propia fe y confirmación de la de ellos, les encarga que guarden sus restos sin sepultar hasta aquel día glorioso en que se establecieran en la tierra prometida. Así José, por la fe en la doctrina de la resurrección y en la promesa de Canaán, dio mandamiento acerca de sus huesos. Esto mantendría viva su esperanza de una pronta salida de Egipto y les haría tener a Canaán continuamente presente. Esto también uniría a la descendencia de José con sus hermanos.
La muerte de este eminente santo, lo mismo que su vida, fue verdaderamente excelente; ambas nos dan un fuerte estímulo para perseverar en el servicio de Dios. ¡Qué dicha comenzar temprano la carrera celestial, continuar en ella con firmeza y acabarla con gozo! Así lo hizo José, y así podemos hacerlo también nosotros. Aun cuando los dolores de la muerte estén sobre nosotros, si hemos confiado en Aquel en quien confiaron los patriarcas, los profetas y los apóstoles, no tenemos por qué temer decir: «Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre».
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.