Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Jueces 1: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

El libro de Jueces es la historia de Israel durante el gobierno de los jueces, que fueron libertadores ocasionales levantados por Dios para rescatar a Israel de sus opresores, reformar el estado de la religión y administrar justicia al pueblo. En este libro el estado del pueblo de Dios no aparece tan próspero, ni su carácter tan religioso, como cabría esperar; pero había muchos creyentes entre ellos, y se atendía al servicio del tabernáculo. La historia ilustra las frecuentes advertencias y predicciones de Moisés, y merece mucha atención. Todo el libro está lleno de instrucción importante.

Jueces 1:1-8

Los israelitas estaban convencidos de que la guerra contra los cananeos debía continuar, pero dudaban de cómo debía llevarse adelante tras la muerte de Josué. Acerca de esto consultaron al Señor. Dios asigna el servicio según las fuerzas que ha dado: de los más capaces se espera más trabajo. Judá era el primero en dignidad, y debía ser el primero en el deber. El servicio de Judá no servirá de nada si Dios no da el éxito; pero Dios no dará el éxito si Judá no se aplica al servicio. Judá era la más importante de todas las tribus, y Simeón la menor; sin embargo, Judá pide la amistad de Simeón y le ruega que lo ayude. Conviene que los israelitas se ayuden unos a otros contra los cananeos; y todos los cristianos, aun los de distintas tribus, deben fortalecerse mutuamente. Los que así se ayudan unos a otros en amor tienen motivo para esperar que Dios ayudará bondadosamente a ambos.

Adoni-bezec fue hecho prisionero. Este príncipe había sido un tirano cruel. Los israelitas, sin duda bajo la dirección divina, le hicieron sufrir lo que él había hecho a otros; y su propia conciencia confesó que se le trataba con justicia, como él había tratado a otros. Así, el Dios justo a veces, en su providencia, hace que el castigo corresponda al pecado.

Jueces 1:9-20

Los cananeos tenían carros de hierro; pero Israel tenía de su parte a Dios, cuyos carros son millares de ángeles (Sal 68:17). Aun así, dejaron que sus temores prevalecieran sobre su fe. Acerca de Caleb leemos en Jos 15:16-19. Los ceneos se habían establecido en la tierra. Israel les dejó asentarse donde quisieran, por ser un pueblo tranquilo y contento. Los que no molestaban a nadie no fueron molestados por nadie. «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad».

Jueces 1:21-36

El pueblo de Israel fue muy descuidado con su deber y su propio interés. Por pereza y cobardía, no quisieron tomarse el trabajo de completar sus conquistas. También se debió a su codicia: estaban dispuestos a dejar que los cananeos vivieran entre ellos para sacar provecho de ellos. No tenían el temor y el aborrecimiento de la idolatría que debían haber tenido. La misma incredulidad que mantuvo a sus padres cuarenta años fuera de Canaán les impedía ahora poseerla plenamente. La desconfianza del poder y de la promesa de Dios los privó de ventajas y los metió en dificultades.

Así se ve estorbado más de un creyente que comienza bien. Sus gracias languidecen, sus concupiscencias reviven, Satanás lo asedia con tentaciones a su medida, el mundo recupera su dominio; trae culpa a su conciencia, angustia a su corazón, descrédito a su reputación y oprobio al evangelio. Aunque reciba duras reprensiones y sea restaurado de modo que no perezca, tendrá que lamentar profundamente su necedad el resto de sus días, y llorar en su lecho de muerte las oportunidades de glorificar a Dios y servir a la iglesia que ha perdido. No podemos tener comunión con los enemigos de Dios, dentro o alrededor de nosotros, sino para nuestro daño; por eso nuestra única sabiduría es mantener contra ellos una guerra sin tregua.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.