Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Salmo 110: comentario de Matthew Henry
Salmos 110:1-7
El reino de Cristo.
Aquí se dicen cosas gloriosas de Cristo. No solo había de ser superior a todos los reyes de la tierra, sino que ya entonces existía en gloria como el Hijo eterno de Dios. Estar sentado es una postura de reposo: tras sus servicios y sufrimientos, se sienta para dar ley y para juzgar. Es una postura de permanencia: se sienta como rey para siempre. Todos sus enemigos están ahora encadenados, pero aún no han sido puestos por estrado de sus pies. Y su reino, una vez establecido, se mantendrá en el mundo a pesar de todos los poderes de las tinieblas.
El pueblo de Cristo es un pueblo que se ofrece voluntariamente. El poder del Espíritu, que acompaña al poder de la palabra, es eficaz para que el pueblo de Cristo esté dispuesto. Le servirán con el hermoso atavío de la santidad, que conviene a su casa para siempre. Y tendrá muchos consagrados a él. El rocío de nuestra juventud, la mañana misma de nuestros días, debe consagrarse a nuestro Señor Jesús. Cristo no solo será Rey, sino también Sacerdote. Él es ministro de Dios para con nosotros y nuestro Abogado ante el Padre, y así es el Mediador entre Dios y los hombres. Es Sacerdote según el orden de Melquisedec, que fue anterior al de Aarón, superior a él en muchos aspectos, y una representación más viva del sacerdocio de Cristo.
El estar Cristo sentado a la diestra de Dios anuncia tanto terror a sus enemigos como felicidad a su pueblo. El efecto de esta victoria será la ruina total de sus enemigos. Aquí vemos al Redentor salvando a sus amigos y consolándolos. Él será humillado: «Del arroyo beberá en el camino». La ira de Dios, que corre en la maldición de la ley, puede considerarse como el arroyo en el camino de su empresa. Cristo bebió de las aguas de la aflicción en su camino al trono de gloria. Pero será exaltado.
¿Qué somos, pues, nosotros? ¿Ha sido para nosotros el evangelio de Cristo «poder de Dios para salvación»? ¿Se ha establecido su reino en nuestro corazón? ¿Somos súbditos suyos de buena voluntad? Hubo un tiempo en que no conocíamos nuestra necesidad de su salvación y no queríamos que él reinara sobre nosotros. ¿Estamos dispuestos a renunciar a todo pecado, a apartarnos de un mundo malvado y engañoso, y a confiar solo en sus méritos y su misericordia, teniéndolo por nuestro Profeta, Sacerdote y Rey? ¿Y deseamos ser santos? A los que han sido así transformados les pertenecen el sacrificio, la intercesión y la bendición del Salvador.
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.