Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Salmo 118: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- Es bueno confiar en el Señor (1-18).
- La venida de Cristo en su reino (19-29).
Salmos 118:1-18
El relato que el salmista hace aquí de sus angustias se aplica muy bien a Cristo: muchos lo aborrecieron sin causa; más aún, el Señor mismo lo castigó duramente, «quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento», para que por su llaga fuéramos nosotros curados. A veces Dios es la fortaleza de su pueblo cuando no es su cántico: tienen sostén espiritual aunque les falten los deleites espirituales. Ya sea que el creyente remonte su consuelo a la bondad y misericordia eternas de Dios, o que mire hacia adelante, a la bendición que tiene asegurada, hallará abundantes motivos de gozo y alabanza.
Cada respuesta a nuestras oraciones es una prueba de que el Señor está de nuestra parte; y entonces no tenemos por qué temer lo que nos pueda hacer el hombre. Debemos cumplir a conciencia nuestro deber para con todos, y confiar solo en él para que nos acepte y nos bendiga. Procuremos vivir para contar las obras de Dios y para animar a otros a servirle y confiar en él. Tales eran los triunfos del Hijo de David, con la seguridad de que la voluntad del Señor sería en su mano prosperada.
Salmos 118:19-29
Los que vieron el día de Cristo desde tan gran distancia hallaron en esa perspectiva motivo para alabar a Dios. La profecía de los vv. 22-23 puede referirse al encumbramiento de David, pero se refiere principalmente a Cristo.
- Su humillación: él es la piedra que desecharon los edificadores; querían seguir con su edificio sin él. Esto fue la ruina de los que así lo menospreciaron. Los que rechazan a Cristo son rechazados por Dios.
- Su exaltación: él es la principal piedra del ángulo en el fundamento. Él es también la principal piedra de remate, en quien se completa el edificio, y que en todo debe tener la preeminencia.
El nombre de Cristo es Admirable, y la redención que él obró es la más asombrosa de todas las maravillas de Dios. Nos gozaremos y alegraremos en el día del Señor; no solo porque se ha señalado tal día, sino por lo que en él se celebra: que Cristo llegó a ser cabeza. Los días de reposo deben ser días de gozo; entonces son para nosotros como días del cielo. Sea este Salvador mi Salvador y mi Soberano. Prospere mi alma y tenga salud en la paz y la justicia que trae su gobierno. Tenga yo victoria sobre las pasiones que batallan contra mi alma, y que la gracia divina someta mi corazón.
El día que el Señor ha hecho trae consigo luz, luz verdadera. Aquí se expone el deber que este privilegio exige. Los sacrificios que debemos ofrecer a Dios en gratitud por su amor redentor somos nosotros mismos: no para ser inmolados sobre el altar, sino como sacrificios vivos, atados al altar; sacrificios espirituales de oración y alabanza en los que debe estar comprometido nuestro corazón. El salmista alaba a Dios y llama a todos los que lo rodean a darle gracias por las nuevas de gran gozo para todo el pueblo: que hay un Redentor, que es Cristo el Señor. En él el pacto de gracia queda firme y eterno.
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.