Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry
Salmo 50: comentario de Matthew Henry
Resumen del capítulo
- La gloria de Dios (1-6).
- Los sacrificios han de cambiarse por oraciones (7-15).
- Se exige una obediencia sincera (16-23).
Salmos 50:1-6
Este salmo es un salmo de instrucción. Habla de la venida de Cristo y del día del juicio, en el cual Dios llamará a los hombres a rendir cuentas; y el Espíritu Santo es el Espíritu de juicio. A todos los hijos de los hombres les importa conocer la manera correcta de adorar al Señor, en espíritu y en verdad. En el gran día vendrá nuestro Dios y hará oír su juicio a los que no quisieron escuchar su ley. Dichosos los que entran en el pacto de gracia por la fe en el sacrificio expiatorio del Redentor, y muestran la sinceridad de su amor con frutos de justicia. Cuando Dios rechaza el culto de los que descansan en actos exteriores, acepta con benevolencia a los que le buscan como es debido. Solo por el sacrificio, por Cristo, el gran Sacrificio, del que los sacrificios de la ley recibían el valor que tenían, podemos ser aceptados por Dios. Verdaderos y justos son sus juicios; aun la conciencia de los pecadores se verá obligada a reconocer la justicia de Dios.
Salmos 50:7-15
Obedecer es mejor que los sacrificios, y amar a Dios y al prójimo es más que todos los holocaustos. Aquí se nos advierte que no descansemos en estos actos. Y guardémonos de descansar en cualquier forma exterior. Dios pide el corazón; ¿y cómo pueden agradarle las invenciones humanas cuando se descuidan el arrepentimiento, la fe y la santidad? En el día de la angustia debemos acudir al Señor con oración ferviente. Nuestras aflicciones, aunque veamos que vienen de la mano de Dios, deben llevarnos a él, no alejarnos de él. Debemos reconocerle en todos nuestros caminos, depender de su sabiduría, su poder y su bondad, y remitirnos por completo a él, y así darle gloria. De este modo hemos de mantener la comunión con Dios: saliendo a su encuentro con oraciones en las pruebas y con alabanzas en las liberaciones. El suplicante creyente no solo recibirá una respuesta benévola a su petición, y tendrá así motivo para alabar a Dios, sino que también recibirá gracia para alabarle.
Salmos 50:16-23
La hipocresía es maldad, y Dios la juzgará. Es demasiado común que quienes declaran a otros los estatutos del Señor vivan ellos mismos en desobediencia a ellos. Este engaño nace del abuso de la longanimidad de Dios y de un error voluntario acerca de su carácter y del propósito de su evangelio. Los pecados de los pecadores quedarán plenamente probados contra ellos en el juicio del gran día. Viene el día en que Dios pondrá sus pecados en orden delante de ellos, pecados de la niñez y de la juventud, de la edad madura y de la vejez, para su vergüenza y su terror eternos. Consideren el peligro inminente en que se hallan los que hasta ahora se han olvidado de Dios, los entregados a la maldad o los que de algún modo descuidan su salvación. La paciencia del Señor es muy grande. Es tanto más admirable cuanto que los pecadores hacen tan mal uso de ella; pero, si no se convierten, se les hará ver su error cuando ya sea demasiado tarde. Los que se olvidan de Dios se olvidan de sí mismos, y nunca les irá bien hasta que reflexionen.
El fin principal del hombre es glorificar a Dios: «El que sacrifica alabanza me honrará», y sus sacrificios espirituales serán aceptados. Debemos alabar a Dios, ofrecer alabanza en sacrificio, ponerla en manos del Sacerdote, nuestro Señor Jesús, que es también el altar; debemos ser «fervientes en espíritu», alabando al Señor. Aceptemos con gratitud la misericordia de Dios y procuremos glorificarle de palabra y de obra.
Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.