Notas sobre la Biblia · John Wesley

Éxodo 37: comentario de John Wesley

Éxodo 37:1-9

Estos diversos adornos de que estaba provisto el tabernáculo no los veía el pueblo, sino solo los sacerdotes; y por eso era necesario que se describieran tan por extenso, en particular para ellos. Y Moisés mostraría así el gran cuidado que él y sus obreros pusieron en hacerlo todo exactamente conforme al modelo que se le mostró en el monte. Así apela a todo lector sobre su fidelidad al que lo estableció en toda su casa. Y así nos enseña a tener respeto a todos los mandamientos de Dios, hasta la última jota y tilde de ellos. En estos versículos tenemos el relato de la hechura del arca con sus gloriosos y significativos accesorios, el propiciatorio y los querubines. Considerados juntos, representan la gloria de un Dios santo, la sinceridad de un corazón santo y la comunión que hay entre ellos por medio de un Mediador. Es la gloria de un Dios santo que mora entre los querubines, es decir, que lo asisten continuamente los santos ángeles, cuya rapidez se significaba por las alas de los querubines, y su unanimidad en sus servicios por sus rostros vueltos el uno hacia el otro. Es el carácter de un corazón recto que, como el arca del testimonio, tenga escondida y guardada en sí la ley de Dios. Por Jesucristo, la gran propiciación, se hace la reconciliación y se establece la comunión entre nosotros y Dios: él se interpone entre nosotros y el desagrado de Dios, y por medio de él tenemos derecho al favor de Dios.

Éxodo 37:10-16

Observa cuánto excede la dispensación del evangelio a la de la ley. Aunque aquí había una mesa provista, solo lo estaba de panes de la proposición, pan para mirarlo, no para comerlo mientras estaba en la mesa, y después solo por los sacerdotes; pero a la mesa que Cristo ha puesto en el nuevo pacto todos los buenos cristianos son convidados, y a ellos se les dice: «Comed, amigos, venid, comed de mi pan». Lo que la ley daba solo para ver de lejos, el evangelio lo da para disfrutarlo.

Éxodo 37:17-24

Este candelero, que no era de madera cubierta de oro, sino todo de oro puro labrado a martillo, significaba aquella luz de la revelación divina con que la iglesia de Dios en la tierra (que es su tabernáculo entre los hombres) ha sido siempre alumbrada, provista siempre de aceite fresco de Cristo, el buen olivo, Zac 4:2-3. La Biblia es un candelero de oro, es de oro puro; de ella se difunde la luz a cada parte del tabernáculo de Dios, para que por ella los sacerdotes espirituales vean para hacer el servicio de su santuario. El candelero no solo tiene sus copas para el uso necesario, sino sus manzanas y flores para adorno; hay muchas cosas con que Dios tuvo a bien hermosear su palabra, de las que no podemos dar razón más que de estas manzanas y flores, y con todo, debemos estar seguros de que se añadieron con buen propósito. ¡Bendigamos a Dios por este candelero, pongamos los ojos en él continuamente y temamos que sea quitado de su lugar!

Éxodo 37:25-29

El incienso quemado diariamente en este altar significaba tanto las oraciones de los santos como la intercesión de Cristo, a la cual se debe que sean aceptables.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.