Notas sobre la Biblia · John Wesley
Romanos 9: comentario de John Wesley
Romanos 9:1
En Cristo — Esto parece implicar una apelación a él. Por el Espíritu Santo — Mediante su gracia.
Romanos 9:2
Tengo gran tristeza — Un alto grado de tristeza espiritual y de gozo espiritual pueden coexistir, Ro 8:39. Al declarar su tristeza por los judíos incrédulos, que se excluyeron a sí mismos de todas las bendiciones que él había enumerado, muestra que lo que estaba por decir no lo decía por ningún prejuicio contra ellos.
Romanos 9:3
Deseara yo mismo — Las palabras humanas no pueden describir plenamente los movimientos de las almas llenas de Dios. Como si dijera: Desearía padecer en lugar de ellos; más aún, ser anatema, separado de Cristo, en su lugar. En qué sentido tan alto deseaba esto, ¿quién puede decirlo, a menos que el mismo apóstol hubiera sido preguntado y hubiera resuelto la cuestión? Ciertamente no se consideraba entonces a sí mismo en absoluto, sino solo a los demás y la gloria de Dios. La cosa no podía ser; pero el deseo era piadoso y sólido, aunque con una condición tácita: si fuera justo y posible.
Romanos 9:4
Que son israelitas, de los cuales son la adopción, etc. — Enumera seis prerrogativas, de las cuales el primer par se refiere a Dios Padre, el segundo a Cristo, el tercero al Espíritu Santo. La adopción y la gloria — Es decir, Israel es el hijo primogénito de Dios, y el Dios de gloria es su Dios, Dt 4:7; Sal 106:20. Estas cosas se corresponden entre sí. A la vez Dios es el Padre de Israel e Israel es el pueblo de Dios. No habla aquí del arca ni de ninguna cosa corporal. Dios mismo es «la gloria de su pueblo Israel». Y los pactos, la promulgación de la ley — El pacto fue dado mucho antes que la ley. Se llama pactos, en plural, porque fue repetido tantas veces y de tan diversas maneras, y porque tuvo dos disposiciones, Gá 4:24, llamadas con frecuencia dos pactos: el uno que prometía, el otro que exhibía la promesa. El culto y las promesas — La verdadera manera de adorar a Dios; y todas las promesas hechas a los padres.
Romanos 9:5
A las anteriores, san Pablo añade ahora dos prerrogativas más. De quienes son los patriarcas — Los patriarcas y los santos varones de antaño; y aun el Mesías mismo. El cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos — Las palabras originales implican al Ser que existe por sí mismo, independiente, que era, es y ha de venir. Sobre todas las cosas — El supremo, por ser Dios y, en consecuencia, bendito por los siglos. Ninguna palabra puede expresar con más claridad su majestad divina y suprema, y su soberanía llena de gracia tanto sobre judíos como sobre gentiles.
Romanos 9:6
No que — Los judíos imaginaban que la palabra de Dios fallaría si no se salvaba toda su nación. Esto lo refuta ahora san Pablo, y prueba que la misma palabra había predicho su caída. La palabra de Dios — Las promesas de Dios a Israel. Haya fallado — Esto no podía ser. Aun ahora, dice el apóstol, algunos gozan de las promesas; y después «todo Israel será salvo». Este es el resumen de los capítulos noveno, décimo y undécimo. Porque — Aquí comienza la prueba de ello. No todos los que descienden de Israel son israelitas — Los judíos sostenían con vehemencia lo contrario; a saber, que todos los nacidos israelitas, y solo ellos, eran el pueblo de Dios. La primera parte de esta afirmación se refuta aquí; la segunda, en Ro 9:24, etc. En suma: Dios acepta a todos los creyentes, y solo a ellos; y esto no es de ningún modo contrario a su palabra. Más aún, ha declarado en su palabra, tanto por tipos como por testimonios expresos, que los creyentes son aceptados como «hijos de la promesa», mientras que los incrédulos son rechazados, aunque sean «hijos según la carne». No todos son israelitas — No en el favor de Dios. Los que descienden de Israel — En línea directa.
Romanos 9:7
Ni por ser descendientes de Abraham — Por ser en línea directa la simiente de Abraham, no se sigue que todos sean hijos de Dios. Esto no se cumplió ni siquiera en la propia familia de Abraham; y mucho menos en sus descendientes lejanos. Sino: En Isaac te será llamada descendencia — Dios dijo entonces: Isaac, y no Ismael, será llamado tu simiente; aquella simiente a la que se hace la promesa.
Romanos 9:8
Esto es: No los que son hijos según la carne, etc. — Como si dijera: Este es un claro tipo de las cosas por venir; nos muestra que en todas las generaciones sucesivas los hijos de Dios no son los hijos de la carne, los descendientes directos de Abraham, sino los hijos de la promesa, aquellos a quienes se hace la promesa; es decir, los creyentes. Gn 21:12.
Romanos 9:9
Porque la palabra de la promesa es esta — Por cuyo poder fue concebido Isaac, y no por el poder de la naturaleza. No dice: Todo el que nazca de ti será bendito, sino: Por este tiempo — Que ahora fijo. Vendré, y Sara tendrá un hijo — Y él heredará la bendición. Gn 18:10.
Romanos 9:10-11
Y que la bendición de Dios no pertenece a todos los descendientes de Abraham, se ve no solo por este caso, sino por el de Esaú y Jacob, quien fue escogido para heredar la bendición antes de que ninguno de los dos hubiera hecho bien ni mal. El apóstol lo menciona para mostrar que tampoco sus antepasados fueron aceptados por mérito propio. Para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese — Cuyo propósito era elegir o escoger la simiente prometida. No por las obras — No escogió por ningún mérito anterior en él. Sino por el que llama — Por su propio beneplácito, llamó a ese privilegio a quien vio bueno.
Romanos 9:12
El mayor — Esaú. Servirá al menor — No en persona, pues nunca lo hizo; sino en su posteridad. Así, los edomitas fueron sometidos a menudo por los israelitas. Gn 25:23.
Romanos 9:13
Como está escrito — Con esta palabra de Génesis, dicha tanto tiempo antes, concuerda la de Malaquías. A Jacob amé — Con un amor particular; es decir, a los israelitas, la posteridad de Jacob. Y a Esaú aborrecí — Comparativamente; es decir, a los edomitas, la posteridad de Esaú. Pero obsérvese que esto no se refiere a la persona de Jacob ni a la de Esaú. Ni se refiere al estado eterno de ninguno de ellos ni de su posteridad. Hasta aquí el apóstol ha estado probando su proposición; a saber, que la exclusión de gran parte de la simiente de Abraham, y aun de Isaac, de las promesas especiales de Dios, estaba tan lejos de ser imposible que, según las mismas Escrituras, había ocurrido de hecho. Ahora introduce y refuta una objeción. Mal 1:2-3.
Romanos 9:14
¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? — ¿Es injusto Dios al dar la bendición a Jacob antes que a Esaú? ¿O al aceptar a los creyentes, y solo a ellos? En ninguna manera — De ningún modo. Esto concuerda bien con la justicia; pues él tiene derecho a fijar las condiciones en que mostrará misericordia, conforme a su declaración a Moisés, que rogaba por todo el pueblo después de que cometieron idolatría con el becerro de oro. Tendré misericordia del que yo tenga misericordia — Según las condiciones que yo mismo he fijado. Y me compadeceré del que yo me compadezca — A saber, solo de los que se someten a mis condiciones, los que la aceptan por el camino que yo he establecido.
Romanos 9:15
Éx 33:19.
Romanos 9:16
Así que — La bendición. No depende del que quiere, ni del que corre — No es efecto ni de la voluntad ni de las obras del hombre, sino de la gracia y el poder de Dios. La voluntad del hombre se opone aquí a la gracia de Dios, y el correr del hombre, a la operación divina. Y esta declaración general no se refiere solo a Isaac y Jacob, ni a los israelitas en tiempo de Moisés, sino también a todos los hijos espirituales de Abraham, hasta el fin del mundo.
Romanos 9:17
Porque — Dios tiene un derecho indiscutible de rechazar a los que no quieran aceptar las bendiciones en sus propias condiciones. Y esto lo ejerció en el caso de Faraón; a quien, después de muchos casos de terquedad y rebelión, dijo, como está registrado en la Escritura: Para esto mismo te he levantado — Es decir: Si no te arrepientes, esta será sin duda la consecuencia de haberte levantado, haciéndote un rey grande y glorioso: que mi poder se mostrará en ti (como en efecto se mostró, al anegarlo a él y a su ejército en el mar), y mi nombre sea anunciado por toda la tierra — Como lo es hasta hoy. Quizá esto tenga todavía un sentido más amplio. Parece que Dios estaba resuelto a mostrar su poder sobre el río, los insectos, los demás animales (con las causas naturales de su salud, enfermedades, vida y muerte), sobre los meteoros, el aire, el sol (todo lo cual era adorado por los egipcios, de quienes otras naciones aprendieron su idolatría), y a la vez sobre todos sus dioses, con aquel terrible golpe de matar a todos sus sacerdotes y a sus víctimas más escogidas, los primogénitos de hombres y de animales; y todo esto con el designio no solo de librar a su pueblo Israel (para lo cual habría bastado un solo acto de omnipotencia), sino de convencer a los egipcios de que los objetos de su culto no eran sino criaturas de Jehová y estaban enteramente en su poder, y de apartar de su idolatría, para adorar al Dios único, a ellos y a las naciones vecinas que oyeran de todas estas maravillas. Para la ejecución de este designio (a fin de mostrar el poder divino sobre los diversos objetos de su culto, en variedad de actos maravillosos que eran al mismo tiempo justos castigos por su cruel opresión de los israelitas), Dios tuvo a bien elevar al trono de una monarquía absoluta a un hombre, no a quien hubiera hecho malo a propósito, sino a quien halló tal: el más soberbio, el más atrevido y obstinado de todos los príncipes egipcios; el cual, por ser incorregible, merecía bien ser colocado en aquella posición, donde los juicios divinos cayeron con mayor peso. Éx 9:16.
Romanos 9:18
De manera que — Es decir, en consecuencia, él muestra misericordia en sus propias condiciones; a saber, a los que creen. Y al que quiere — A saber, a los que no creen. Endurece — Los abandona a la dureza de sus corazones.
Romanos 9:19
¿Por qué, pues, inculpa todavía? — La partícula «todavía» expresa con fuerza el murmurar agrio y hosco del objetor. Porque ¿quién ha resistido a su voluntad? — La palabra «su» expresa igualmente su hosquedad y su aversión a Dios, a quien ni siquiera se digna nombrar.
Romanos 9:20
Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú? — Hombre pequeño, impotente, ignorante. Para que alterques con Dios — ¿Que acusas a Dios de injusticia por fijar él mismo las condiciones en que mostrará misericordia? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así? — ¿Por qué me has hecho capaz de honor e inmortalidad solo por creer?
Romanos 9:21
¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro? — Y mucho más, ¿no tiene Dios potestad sobre sus criaturas para destinar un vaso, a saber, el creyente, para honra, y otro, el incrédulo, para deshonra?
Si examinamos el derecho que Dios tiene sobre nosotros de un modo más general, con respecto a sus criaturas inteligentes, podemos considerar a Dios bajo dos aspectos distintos: como Creador, Propietario y Señor de todo; o como su Gobernador moral y Juez.
Dios, como Señor soberano y Propietario de todo, dispensa sus dones o favores a sus criaturas con perfecta sabiduría, pero por reglas o métodos de proceder que no conocemos. El tiempo en que existiremos, el país donde viviremos, nuestros padres, nuestra constitución corporal y el temple de nuestra mente: estas y otras innumerables circunstancias están sin duda ordenadas con perfecta sabiduría, pero por reglas que quedan del todo fuera de nuestra vista. Pero los métodos de Dios para tratar con nosotros como nuestro Gobernador y Juez están claramente revelados y perfectamente conocidos; a saber, que finalmente recompensará a cada hombre según sus obras: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado».
Por tanto, aunque «de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere, endurece», es decir, permite que se endurezca a consecuencia de su obstinada maldad, su voluntad no es la de un ser arbitrario, caprichoso o tiránico. No quiere nada que no sea infinitamente sabio y bueno; y por eso su voluntad es la regla más propia de juicio. Mostrará misericordia, como nos ha asegurado, solo a los verdaderos creyentes, y no endurecerá sino a los que rehúsan obstinadamente su misericordia. Jer 18:6-7.
Romanos 9:22
¿Qué, pues, si Dios, queriendo — Refiriéndose a Ro 9:18-19. Es decir, aunque ahora era su voluntad, a causa de su obstinada incredulidad, mostrar su ira — Lo cual presupone necesariamente el pecado. Y hacer notorio su poder — Esto se repite del versículo 17. Soportó — Como lo hizo con Faraón. Con mucha paciencia — Que debía haberlos llevado al arrepentimiento. Los vasos de ira — Los que habían movido su ira rechazando todavía su misericordia. Preparados para destrucción — Por su propia impenitencia voluntaria y final. ¿Hay alguna injusticia en esto?
Romanos 9:23
Para hacer notorias — ¿Qué si, al mostrar tanta paciencia aun con «los vasos de ira», mostró con más abundancia la grandeza de su gloriosa bondad, sabiduría y poder sobre los vasos de misericordia; sobre aquellos a quienes él mismo, por su gracia, había preparado para gloria? ¿Es esto alguna injusticia?
Romanos 9:24
A los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros — Aquí el apóstol llega a la otra proposición: la gracia libre para todos, sean judíos o gentiles. No sólo de los judíos — De esto trata en Ro 9:25. Sino también de los gentiles — Tratado en el mismo versículo.
Romanos 9:25
Amada — Como esposa. A la que no era amada — En consecuencia, no elegida incondicionalmente. Esto se refiere directamente a la restauración final de los judíos. Os 2:23.
Romanos 9:26
Allí serán llamados hijos del Dios viviente — De modo que no necesitan dejar su propio país y venir a Judea. Os 1:10.
Romanos 9:27
Pero Isaías testifica que (así como muchos gentiles serán aceptados) muchos judíos serán rechazados; que de todos los millares de Israel solo un remanente será salvo. Esto se dijo originalmente de los pocos que se salvaron del estrago del ejército de Senaquerib. Is 10:22-23.
Romanos 9:28
Porque el Señor ejecutará su palabra sobre la tierra, cumpliéndola y acortándola en justicia — Él está concluyendo o abreviando su cuenta; en justicia rigurosa dejará solo un pequeño remanente. Habrá una destrucción tan general que solo escapará un número pequeño.
Romanos 9:29
Y como antes dijo Isaías — A saber, Is 1:9, acerca de los que fueron sitiados en Jerusalén por Rezín y Peka. Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia — Lo cual denota la escasez presente y la abundancia futura. Como Sodoma habríamos venido a ser — De modo que no es cosa sin precedente que el grueso de la nación judía se rebele contra Dios y perezca en su pecado.
Romanos 9:30-31
¿Qué, pues, diremos? — ¿Qué se ha de concluir de todo lo dicho sino esto: que los gentiles, que no iban tras la justicia — Que hace poco no tenían conocimiento de ella, ni cuidado ni pensamiento por ella. Han alcanzado la justicia — O justificación. Esto es, la justicia que es por fe. Esta es la primera conclusión que podemos sacar de las observaciones anteriores. La segunda es que Israel — Los judíos — Que iba tras la ley de justicia — Aquella ley que, bien usada, los habría llevado a la fe y, por ella, a la justicia. No la ha alcanzado — Aquella justicia o justificación que es uno de los grandes fines de la ley.
Romanos 9:32
¿Por qué? Porque la buscaron — ¿Acaso porque Dios decretó eternamente que no la alcanzaran? No hay nada semejante en la Escritura; sino que, conforme a su argumento, el apóstol nos da esta buena razón: No por fe — Por la cual sola podía alcanzarse. Sino como por las obras — En efecto, si no de manera declarada, por obras. Pues tropezaron en la piedra de tropiezo — Cristo crucificado.
Romanos 9:33
Como está escrito — Predicho por su propio profeta. He aquí pongo en Sion — Presento en mi iglesia lo que, aunque es en verdad el único fundamento seguro de la felicidad, será de hecho piedra de tropiezo y roca de caída — Ocasión de ruina para muchos, por su obstinada incredulidad. Is 8:14; 28:16.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.