Catecismo Mayor de Westminster · Asamblea de Westminster

Lo que Dios requiere del hombre

¿Cuál es el deber que Dios requiere del hombre?

El deber que Dios requiere del hombre es la obediencia a su voluntad revelada.

¿Qué reveló Dios al principio al hombre como regla de su obediencia?

La regla de obediencia revelada a Adán en el estado de inocencia, y a toda la humanidad en él, fue la ley moral, además de un mandato especial de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.

¿Qué es la ley moral?

La ley moral es la declaración de la voluntad de Dios a la humanidad, que dirige y obliga a cada uno a una conformidad y obediencia a ella personal, perfecta y perpetua, en la constitución y disposición del hombre entero, alma y cuerpo, y en el cumplimiento de todos los deberes de santidad y de justicia que debe a Dios y a los hombres; prometiendo vida por su cumplimiento y amenazando con muerte por su quebrantamiento.

¿Hay algún uso de la ley moral para el hombre desde la caída?

Aunque ningún hombre, desde la caída, puede alcanzar la justicia y la vida por la ley moral, sin embargo hay gran uso de ella, tanto común a todos los hombres como particular, ya sea de los no regenerados o de los regenerados.

¿De qué uso es la ley moral para todos los hombres?

La ley moral es de uso para todos los hombres: para informarles de la santa naturaleza y voluntad de Dios y de su deber, obligándolos a andar conforme a ello; para convencerlos de su incapacidad de guardarla y de la contaminación pecaminosa de su naturaleza, de su corazón y de su vida; para humillarlos en el sentido de su pecado y de su miseria, y ayudarlos así a ver con más claridad la necesidad que tienen de Cristo y la perfección de su obediencia.

¿Qué uso particular tiene la ley moral para los hombres no regenerados?

La ley moral es de uso para los hombres no regenerados: para despertar su conciencia a huir de la ira venidera y empujarlos hacia Cristo; o bien, si continúan en el estado y camino del pecado, para dejarlos sin excusa y bajo su maldición.

¿Qué uso especial tiene la ley moral para los regenerados?

Aunque los que son regenerados y creen en Cristo están libres de la ley moral como pacto de obras, de modo que por ella no son ni justificados ni condenados, sin embargo, además de los usos generales que tiene en común con todos los hombres, es de uso especial para mostrarles cuánto están obligados a Cristo por haberla cumplido y por haber sufrido su maldición en lugar de ellos y para su bien; y así provocarlos a mayor gratitud y a expresarla en un mayor cuidado de conformarse a ella como regla de su obediencia.

¿Dónde está resumida la ley moral?

La ley moral está resumida en los diez mandamientos, que fueron dados por la voz de Dios en el monte Sinaí y escritos por él en dos tablas de piedra, y están registrados en el capítulo veinte de Éxodo. Los cuatro primeros mandamientos contienen nuestro deber para con Dios, y los otros seis, nuestro deber para con los hombres.

¿Qué reglas se han de observar para entender rectamente los diez mandamientos?

Para entender rectamente los diez mandamientos se han de observar estas reglas. Que la ley es perfecta, y obliga a cada uno a una plena conformidad, en todo el hombre, con su justicia y a una obediencia entera para siempre; de modo que requiere la más absoluta perfección en cada deber y prohíbe el más mínimo grado de cada pecado. Que es espiritual, y por tanto alcanza el entendimiento, la voluntad, los afectos y todas las demás facultades del alma, así como las palabras, las obras y los gestos. Que una misma cosa, bajo diversos respectos, es requerida o prohibida en varios mandamientos. Que, así como donde se manda un deber se prohíbe el pecado contrario, y donde se prohíbe un pecado se manda el deber contrario, así donde se añade una promesa se incluye la amenaza contraria, y donde se añade una amenaza se incluye la promesa contraria. Que lo que Dios prohíbe no se ha de hacer en ningún tiempo; lo que manda es siempre nuestro deber; y, sin embargo, no todo deber particular se ha de cumplir en todo tiempo. Que bajo un pecado o un deber quedan prohibidos o mandados todos los de la misma clase, junto con todas sus causas, medios, ocasiones y apariencias, y las provocaciones a ellos. Que lo que se nos prohíbe o manda a nosotros mismos, estamos obligados, según nuestro lugar, a procurar que sea evitado o cumplido por otros, conforme al deber de su lugar. Y que en lo que se manda a otros, estamos obligados, según nuestro lugar y vocación, a ayudarlos, y a cuidarnos de participar con otros en lo que a ellos se les prohíbe.

¿Qué cosas especiales hemos de considerar en los diez mandamientos?

Hemos de considerar, en los diez mandamientos, el prefacio, la sustancia de los mandamientos mismos y varias razones añadidas a algunos de ellos para reforzarlos más.

¿Cuál es el prefacio de los diez mandamientos?

El prefacio de los diez mandamientos está contenido en estas palabras: Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. En ellas Dios manifiesta su soberanía, como JEHOVÁ, el Dios eterno, inmutable y todopoderoso, que tiene su ser en sí y de sí mismo, y da ser a todas sus palabras y obras; y que es un Dios en pacto, como lo fue con Israel de antiguo, así con todo su pueblo, el cual, así como los sacó de su servidumbre en Egipto, nos libra a nosotros de nuestra esclavitud espiritual; y que por lo tanto estamos obligados a tomarlo solo a él por nuestro Dios y a guardar todos sus mandamientos.

¿Cuál es el resumen de los cuatro mandamientos que contienen nuestro deber para con Dios?

El resumen de los cuatro mandamientos que contienen nuestro deber para con Dios es amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente.

¿Cuál es el primer mandamiento?

El primer mandamiento es: No tendrás otros dioses delante de mí.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el primer mandamiento?

Los deberes requeridos en el primer mandamiento son conocer y reconocer a Dios como el único Dios verdadero, y como nuestro Dios, y adorarlo y glorificarlo en conformidad con ello: pensando en él, meditando en él, recordándolo, estimándolo en alto grado, honrándolo, adorándolo, escogiéndolo, amándolo, deseándolo, temiéndolo; creyéndole; confiando en él, esperando en él, deleitándonos y gozándonos en él; siendo celosos por él; invocándolo, dándole toda alabanza y acción de gracias, y rindiéndole toda obediencia y sumisión con todo el hombre; cuidando en todo de agradarle y entristeciéndonos cuando en algo es ofendido; y andando humildemente con él.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el primer mandamiento?

Los pecados prohibidos en el primer mandamiento son: el ateísmo, que niega o no tiene a Dios; la idolatría, que tiene o adora más de un dios, o a alguno junto con el Dios verdadero o en lugar de él; el no tenerlo y reconocerlo como Dios, y como nuestro Dios; la omisión o el descuido de cualquier cosa que se le debe y que este mandamiento requiere; la ignorancia, el olvido, los conceptos erróneos, las falsas opiniones, los pensamientos indignos y perversos acerca de él; la búsqueda atrevida y curiosa de sus secretos; toda profanidad, el odio a Dios; el amor propio, el buscarse a sí mismo y todo otro poner desordenado e inmoderado nuestra mente, voluntad o afectos en otras cosas, apartándolos de él en todo o en parte; la credulidad vana, la incredulidad, la herejía, la falsa creencia, la desconfianza, la desesperación, la incorregibilidad e insensibilidad bajo los juicios, la dureza de corazón, la soberbia, la presunción, la seguridad carnal, el tentar a Dios; el usar medios ilícitos y el confiar en los medios lícitos; los deleites y gozos carnales; el celo corrompido, ciego e imprudente; la tibieza y la frialdad en las cosas de Dios; el alejarnos y apostatar de Dios; el orar, o dar cualquier culto religioso, a los santos, a los ángeles o a cualquier otra criatura; todo pacto y consulta con el diablo y el prestar oído a sus sugerencias; el hacer de los hombres señores de nuestra fe y conciencia; el menospreciar y despreciar a Dios y sus mandamientos; el resistir y entristecer a su Espíritu, el descontento e impaciencia ante sus disposiciones, el acusarlo neciamente por los males que nos inflige; y el atribuir la alabanza de cualquier bien que somos, tenemos o podemos hacer, a la fortuna, a los ídolos, a nosotros mismos o a cualquier otra criatura.

¿Qué se nos enseña especialmente con estas palabras del primer mandamiento: «delante de mí»?

Estas palabras del primer mandamiento, «delante de mí», o «delante de mi rostro», nos enseñan que Dios, que ve todas las cosas, toma especial nota del pecado de tener cualquier otro dios, y le desagrada mucho: para que sea un argumento que disuada de él y lo agrave como una provocación del todo descarada; y también para persuadirnos a hacer como en su presencia todo lo que hagamos en su servicio.

¿Cuál es el segundo mandamiento?

El segundo mandamiento es: No te harás ninguna imagen tallada, ni semejanza alguna de cosa que esté arriba en el cielo, o abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra; no te inclinarás ante ellas ni les servirás; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares de los que me aman y guardan mis mandamientos.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el segundo mandamiento?

Los deberes requeridos en el segundo mandamiento son recibir, observar y guardar puros e íntegros todo el culto religioso y las ordenanzas que Dios ha establecido en su Palabra: particularmente la oración y la acción de gracias en el nombre de Cristo; la lectura, la predicación y el oír la Palabra; la administración y recepción de los sacramentos; el gobierno y la disciplina de la iglesia; el ministerio y su sostenimiento; el ayuno religioso; el jurar por el nombre de Dios y el hacerle votos; así como el desaprobar, detestar y oponerse a todo culto falso y, según el lugar y vocación de cada uno, quitarlo, y quitar todos los monumentos de idolatría.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el segundo mandamiento?

Los pecados prohibidos en el segundo mandamiento son: todo idear, aconsejar, mandar, usar y de cualquier modo aprobar cualquier culto religioso no instituido por el mismo Dios; el tolerar una religión falsa; el hacer cualquier representación de Dios, de las tres personas o de cualquiera de ellas, ya sea interiormente en nuestra mente o exteriormente en cualquier clase de imagen o semejanza de alguna criatura, sea cual fuere; toda adoración de ella, o de Dios en ella o por medio de ella; el hacer cualquier representación de deidades fingidas y todo culto a ellas o servicio que les pertenezca; todos los artificios supersticiosos que corrompen el culto de Dios, añadiéndole o quitándole algo, ya sean inventados y adoptados por nosotros mismos o recibidos por tradición de otros, aunque sea bajo el título de antigüedad, costumbre, devoción, buena intención o cualquier otro pretexto, sea cual fuere; la simonía; el sacrilegio; todo descuido, desprecio, estorbo y oposición al culto y a las ordenanzas que Dios ha establecido.

¿Cuáles son las razones añadidas al segundo mandamiento para reforzarlo más?

Las razones añadidas al segundo mandamiento para reforzarlo más, contenidas en estas palabras: Porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares de los que me aman y guardan mis mandamientos, son, además de la soberanía de Dios sobre nosotros y su propiedad sobre nosotros, su ferviente celo por su propio culto y su indignación vengadora contra todo culto falso, por ser una prostitución espiritual; que tiene a los que quebrantan este mandamiento por aborrecedores suyos y amenaza castigarlos hasta varias generaciones; y que estima a los que lo guardan como a los que lo aman y guardan sus mandamientos, y les promete misericordia hasta muchas generaciones.

¿Cuál es el tercer mandamiento?

El tercer mandamiento es: No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que toma su nombre en vano.

¿Qué se requiere en el tercer mandamiento?

El tercer mandamiento requiere que el nombre de Dios, sus títulos, atributos, ordenanzas, la Palabra, los sacramentos, la oración, los juramentos, los votos, las suertes, sus obras y cualquier otra cosa por la cual él se da a conocer, sean usados santa y reverentemente en el pensamiento, la meditación, la palabra y la escritura; mediante una santa profesión y una conducta que corresponda a ella, para la gloria de Dios y el bien de nosotros mismos y de los demás.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el tercer mandamiento?

Los pecados prohibidos en el tercer mandamiento son: el no usar el nombre de Dios como se requiere; y el abuso de él, mencionando de manera ignorante, vana, irreverente, profana, supersticiosa o perversa, o usando de otro modo, sus títulos, atributos, ordenanzas u obras, por blasfemia o perjurio; todas las maldiciones, juramentos, votos y suertes pecaminosos; el violar nuestros juramentos y votos, si son lícitos, y el cumplirlos, si son de cosas ilícitas; el murmurar y contender contra los decretos y providencias de Dios, el escudriñarlos con curiosidad y el aplicarlos mal; el interpretar mal, aplicar mal o de cualquier modo pervertir la Palabra, o cualquier parte de ella, para bromas profanas, cuestiones curiosas o inútiles, vanas contiendas o el sostener falsas doctrinas; el abusar de ella, de las criaturas o de cualquier cosa contenida bajo el nombre de Dios, para encantamientos o para pasiones y prácticas pecaminosas; el difamar, escarnecer, vilipendiar o de cualquier modo oponerse a la verdad, la gracia y los caminos de Dios; el hacer profesión de religión con hipocresía o con fines torcidos; el avergonzarse de ella o ser una vergüenza para ella, por un andar inconsecuente, imprudente, infructuoso y escandaloso, o por apartarse de ella.

¿Qué razones se añaden al tercer mandamiento?

Las razones añadidas al tercer mandamiento, en estas palabras: El Señor tu Dios, y Porque el Señor no tendrá por inocente al que toma su nombre en vano, son que, por ser él el Señor y nuestro Dios, su nombre no ha de ser profanado ni de ningún modo abusado por nosotros; especialmente porque él, lejos de absolver y perdonar a los transgresores de este mandamiento, no permitirá que escapen de su justo juicio, aunque muchos de ellos escapen de las censuras y castigos de los hombres.

¿Cuál es el cuarto mandamiento?

El cuarto mandamiento es: Acuérdate del día de reposo para guardarlo santo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; pero el séptimo día es el día de reposo del Señor tu Dios; en él no harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está dentro de tus puertas; porque en seis días el Señor hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y reposó el séptimo día; por eso el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó.

¿Qué se requiere en el cuarto mandamiento?

El cuarto mandamiento requiere de todos los hombres santificar, o guardar santos para Dios, los tiempos fijos que él ha establecido en su Palabra; expresamente un día entero de cada siete, el cual fue el séptimo desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo, y el primer día de la semana desde entonces, y así ha de continuar hasta el fin del mundo; este es el día de reposo cristiano, llamado en el Nuevo Testamento el día del Señor.

¿Cómo se ha de santificar el día de reposo o día del Señor?

El día de reposo o día del Señor se ha de santificar con un santo descanso durante todo el día, no solo de las obras que son pecaminosas en todo tiempo, sino aun de las ocupaciones y recreaciones mundanas que son lícitas en los demás días; y poniendo nuestro deleite en emplear todo el tiempo (excepto lo que haya de ocuparse en obras de necesidad y de misericordia) en los ejercicios públicos y privados del culto de Dios. Y, para ello, hemos de preparar nuestro corazón y, con tal previsión, diligencia y moderación, disponer y despachar a tiempo nuestros negocios mundanos, que estemos más libres y preparados para los deberes de ese día.

¿Por qué el mandato de guardar el día de reposo se dirige más especialmente a los jefes de familia y a otros superiores?

El mandato de guardar el día de reposo se dirige más especialmente a los jefes de familia y a otros superiores porque están obligados no solo a guardarlo ellos mismos, sino a cuidar de que sea observado por todos los que están a su cargo; y porque muchas veces son propensos a estorbarlos con ocupaciones propias.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el cuarto mandamiento?

Los pecados prohibidos en el cuarto mandamiento son: toda omisión de los deberes requeridos, todo cumplimiento descuidado, negligente e infructuoso de ellos y el cansarse de ellos; toda profanación del día por la ociosidad y por hacer lo que en sí mismo es pecaminoso, y por todas las obras, palabras y pensamientos innecesarios acerca de nuestras ocupaciones y recreaciones mundanas.

¿Cuáles son las razones añadidas al cuarto mandamiento para reforzarlo más?

Las razones añadidas al cuarto mandamiento para reforzarlo más se toman de su equidad, pues Dios nos permite seis días de siete para nuestros propios asuntos y se reserva solo uno para sí, en estas palabras: Seis días trabajarás y harás toda tu obra; de que Dios reclama una propiedad especial sobre ese día: El séptimo día es el día de reposo del Señor tu Dios; del ejemplo de Dios, que en seis días hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y reposó el séptimo día; y de la bendición que Dios puso sobre ese día, no solo al santificarlo para que fuera un día para su servicio, sino al ordenarlo para que fuera un medio de bendición para nosotros al santificarlo: Por eso el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó.

¿Por qué se pone la palabra «Acuérdate» al comienzo del cuarto mandamiento?

La palabra «Acuérdate» se pone al comienzo del cuarto mandamiento en parte por el gran beneficio de recordarlo, pues así somos ayudados en nuestra preparación para guardarlo y, al guardarlo, a guardar mejor todos los demás mandamientos, y a mantener un agradecido recuerdo de los dos grandes beneficios de la creación y de la redención, que contienen un breve compendio de la religión; y en parte porque estamos muy dispuestos a olvidarlo, ya que la luz de la naturaleza es menor para él, y sin embargo restringe nuestra libertad natural en cosas que en otros tiempos son lícitas; porque viene solo una vez cada siete días, y muchos negocios mundanos se interponen y con demasiada frecuencia apartan nuestra mente de pensar en él, ya sea para prepararnos para él o para santificarlo; y porque Satanás, con sus instrumentos, se esfuerza mucho por borrar la gloria y aun la memoria de este día, para introducir toda irreligión e impiedad.

¿Cuál es el resumen de los seis mandamientos que contienen nuestro deber para con los hombres?

El resumen de los seis mandamientos que contienen nuestro deber para con los hombres es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y hacer a otros lo que quisiéramos que ellos hicieran con nosotros.

¿Cuál es el quinto mandamiento?

El quinto mandamiento es: Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean largos sobre la tierra que el Señor tu Dios te da.

¿A quiénes se refiere el quinto mandamiento con «padre» y «madre»?

Por «padre» y «madre», en el quinto mandamiento, se entiende no solo a los padres naturales, sino a todos los superiores en edad y en dones; y especialmente a aquellos que, por ordenanza de Dios, están sobre nosotros en lugar de autoridad, ya sea en la familia, en la iglesia o en el Estado.

¿Por qué se llama «padre» y «madre» a los superiores?

Se llama «padre» y «madre» a los superiores, tanto para enseñarles todos los deberes hacia sus inferiores, de modo que, como los padres naturales, les muestren amor y ternura según sus diversas relaciones; como para mover a los inferiores a una mayor voluntad y alegría en el cumplimiento de sus deberes hacia sus superiores, como hacia sus padres.

¿Cuál es el alcance general del quinto mandamiento?

El alcance general del quinto mandamiento es el cumplimiento de aquellos deberes que nos debemos unos a otros en nuestras diversas relaciones, como inferiores, superiores o iguales.

¿Cuál es la honra que los inferiores deben a sus superiores?

La honra que los inferiores deben a sus superiores es: toda debida reverencia de corazón, de palabra y de conducta; oración y acción de gracias por ellos; imitación de sus virtudes y gracias; obediencia voluntaria a sus mandatos y consejos lícitos; debida sumisión a sus correcciones; fidelidad a sus personas y autoridad, y defensa y sostenimiento de ellas, según sus diversos rangos y la naturaleza de sus lugares; soportar sus debilidades y cubrirlas con amor, para que así sean una honra para ellos y para su gobierno.

¿Cuáles son los pecados de los inferiores contra sus superiores?

Los pecados de los inferiores contra sus superiores son: todo descuido de los deberes que se les deben; la envidia, el desprecio y la rebelión contra sus personas y lugares, en sus consejos, mandatos y correcciones lícitos; la maldición, la burla y toda conducta rebelde y escandalosa que resulte en vergüenza y deshonra para ellos y para su gobierno.

¿Qué se requiere de los superiores hacia sus inferiores?

Se requiere de los superiores, según el poder que reciben de Dios y la relación en que están, amar a sus inferiores, orar por ellos y bendecirlos; instruirlos, aconsejarlos y amonestarlos; favoreciendo, elogiando y recompensando a los que hacen bien, y desaprobando, reprendiendo y castigando a los que hacen mal; protegiéndolos y proveyéndoles todas las cosas necesarias para el alma y para el cuerpo; y, con una conducta seria, sabia, santa y ejemplar, procurar gloria a Dios y honra a sí mismos, y así preservar la autoridad que Dios les ha dado.

¿Cuáles son los pecados de los superiores?

Los pecados de los superiores son, además del descuido de los deberes que se les requieren: el buscarse desordenadamente a sí mismos, su propia gloria, comodidad, provecho o placer; el mandar cosas ilícitas, o que no está en poder de los inferiores cumplir; el aconsejarlos, animarlos o favorecerlos en lo malo; el disuadirlos, desanimarlos o desaprobarlos en lo bueno; el corregirlos indebidamente; el exponerlos o dejarlos descuidadamente al agravio, a la tentación y al peligro; el provocarlos a ira; o el deshonrarse a sí mismos o disminuir su autoridad de cualquier modo, con una conducta injusta, imprudente, rigurosa o descuidada.

¿Cuáles son los deberes de los iguales?

Los deberes de los iguales son considerar la dignidad y el valor de los demás, dando honra adelantándose unos a otros; y gozarse en los dones y en el adelanto de los demás como en los propios.

¿Cuáles son los pecados de los iguales?

Los pecados de los iguales son, además del descuido de los deberes requeridos: el menospreciar el valor de los demás, el envidiar sus dones, el entristecerse por el adelanto o la prosperidad de los unos a los otros y el usurpar preeminencia unos sobre otros.

¿Cuál es la razón añadida al quinto mandamiento para reforzarlo más?

La razón añadida al quinto mandamiento, en estas palabras: Para que tus días sean largos sobre la tierra que el Señor tu Dios te da, es una promesa expresa de larga vida y prosperidad, en cuanto sirva para la gloria de Dios y para su propio bien, a todos los que guardan este mandamiento.

¿Cuál es el sexto mandamiento?

El sexto mandamiento es: No matarás.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el sexto mandamiento?

Los deberes requeridos en el sexto mandamiento son todos los esfuerzos cuidadosos y lícitos para preservar la vida nuestra y la de los demás: resistiendo todos los pensamientos y propósitos, dominando todas las pasiones y evitando todas las ocasiones, tentaciones y prácticas que tienden a quitar injustamente la vida a alguien; defendiéndola con justicia contra la violencia; soportando con paciencia la mano de Dios, con tranquilidad de mente y alegría de espíritu; usando con sobriedad la comida, la bebida, la medicina, el sueño, el trabajo y las recreaciones; con pensamientos caritativos, amor, compasión, mansedumbre, gentileza y bondad; con palabras y conducta pacíficas, suaves y corteses; con tolerancia, prontitud para reconciliarse, paciencia para soportar y perdonar las injurias, y pagando mal con bien; consolando y socorriendo a los afligidos, y protegiendo y defendiendo a los inocentes.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el sexto mandamiento?

Los pecados prohibidos en el sexto mandamiento son: todo quitar la vida a nosotros mismos o a otros, excepto en caso de justicia pública, guerra lícita o defensa necesaria; el descuidar o retirar los medios lícitos y necesarios para preservar la vida; la ira pecaminosa, el odio, la envidia, el deseo de venganza; todas las pasiones excesivas, los afanes que distraen; el uso inmoderado de la comida, la bebida, el trabajo y las recreaciones; las palabras provocadoras, la opresión, las riñas, los golpes, las heridas y cualquier otra cosa que tienda a la destrucción de la vida de alguien.

¿Cuál es el séptimo mandamiento?

El séptimo mandamiento es: No cometerás adulterio.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el séptimo mandamiento?

Los deberes requeridos en el séptimo mandamiento son: la castidad en el cuerpo, la mente, los afectos, las palabras y la conducta, y su preservación en nosotros mismos y en los demás; la vigilancia sobre los ojos y todos los sentidos; la templanza, el mantener compañía casta, la modestia en el vestir; el matrimonio para los que no tienen el don de continencia, el amor conyugal y la cohabitación; el trabajo diligente en nuestras vocaciones; el evitar todas las ocasiones de impureza y el resistir las tentaciones a ella.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el séptimo mandamiento?

Los pecados prohibidos en el séptimo mandamiento son, además del descuido de los deberes requeridos: el adulterio, la fornicación, la violación, el incesto, la sodomía y todas las pasiones contra natura; todas las imaginaciones, pensamientos, propósitos y afectos impuros; toda conversación corrompida u obscena, o el escucharla; las miradas lascivas, la conducta desvergonzada o ligera, el vestido inmodesto; el prohibir los matrimonios lícitos y el dispensar los ilícitos; el permitir, tolerar y mantener burdeles, y el frecuentarlos; los votos de soltería que enredan, la dilación indebida del matrimonio; el tener más de una esposa o más de un marido al mismo tiempo; el divorcio injusto o el abandono; la ociosidad, la glotonería, la embriaguez, la compañía impura; las canciones, libros, pinturas, bailes y espectáculos teatrales lascivos; y todas las demás provocaciones a la impureza, o actos de ella, ya sea en nosotros mismos o en otros.

¿Cuál es el octavo mandamiento?

El octavo mandamiento es: No robarás.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el octavo mandamiento?

Los deberes requeridos en el octavo mandamiento son: la verdad, la fidelidad y la justicia en los contratos y en el comercio entre los hombres; dar a cada uno lo que se le debe; la restitución de los bienes retenidos ilícitamente a sus legítimos dueños; dar y prestar generosamente, conforme a nuestras posibilidades y a las necesidades de los demás; la moderación de nuestros juicios, voluntades y afectos acerca de los bienes mundanos; un cuidado y empeño providentes para obtener, guardar, usar y disponer de las cosas que son necesarias y convenientes para el sustento de nuestra naturaleza y adecuadas a nuestra condición; una vocación lícita y diligencia en ella; la frugalidad; el evitar los pleitos innecesarios y las fianzas u otros compromisos semejantes; y el esfuerzo por procurar, preservar y fomentar, por todos los medios justos y lícitos, la riqueza y el estado exterior de los demás, tanto como los nuestros.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el octavo mandamiento?

Los pecados prohibidos en el octavo mandamiento son, además del descuido de los deberes requeridos: el hurto, el robo, el plagio de personas y el recibir cualquier cosa robada; el trato fraudulento, las pesas y medidas falsas, el mover los linderos, la injusticia y la infidelidad en los contratos entre los hombres o en asuntos de confianza; la opresión, la extorsión, la usura, el soborno, los pleitos vejatorios, los cercados y despoblaciones injustos; el acaparar mercancías para subir el precio; las vocaciones ilícitas y todos los demás modos injustos o pecaminosos de tomar o retener a nuestro prójimo lo que le pertenece, o de enriquecernos nosotros; la codicia; el estimar y apetecer desordenadamente los bienes mundanos; los afanes y empeños desconfiados y que distraen para obtenerlos, guardarlos y usarlos; el envidiar la prosperidad de otros; así como la ociosidad, la prodigalidad, el juego derrochador; y todos los demás modos por los cuales perjudicamos indebidamente nuestro propio estado exterior y nos defraudamos a nosotros mismos del debido uso y consuelo del estado que Dios nos ha dado.

¿Cuál es el noveno mandamiento?

El noveno mandamiento es: No darás falso testimonio contra tu prójimo.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el noveno mandamiento?

Los deberes requeridos en el noveno mandamiento son: mantener y promover la verdad entre los hombres, y el buen nombre de nuestro prójimo, así como el nuestro; comparecer y defender la verdad; y, de corazón, con sinceridad, libertad, claridad y plenitud, decir la verdad, y solo la verdad, en asuntos de juicio y de justicia y en todas las demás cosas, sean las que fueren; una estima caritativa de nuestros prójimos; amar, desear y gozarnos en su buen nombre; dolernos de sus debilidades y cubrirlas; reconocer libremente sus dones y gracias, defender su inocencia; recibir con prontitud un buen informe acerca de ellos, y no estar dispuestos a admitir uno malo; desalentar a los chismosos, aduladores y calumniadores; amar y cuidar nuestro propio buen nombre y defenderlo cuando sea necesario; cumplir las promesas lícitas; procurar y practicar todo lo que es verdadero, honesto, amable y de buen nombre.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el noveno mandamiento?

Los pecados prohibidos en el noveno mandamiento son: todo perjuicio a la verdad y al buen nombre de nuestros prójimos, así como al nuestro, especialmente en la administración pública de justicia; dar falso testimonio, sobornar falsos testigos, comparecer y abogar a sabiendas por una mala causa, arrostrar y atropellar la verdad; dictar sentencia injusta, llamar bien al mal y mal al bien; recompensar al impío conforme a la obra del justo, y al justo conforme a la obra del impío; la falsificación, el ocultar la verdad, el silencio indebido en una causa justa y el callar cuando la iniquidad pide ya una reprensión de nuestra parte, ya una denuncia a otros; decir la verdad a destiempo, o con malicia y a un mal fin, o pervertirla a un mal sentido, o en expresiones dudosas y equívocas, en perjuicio de la verdad o de la justicia; decir falsedades, mentir, calumniar, murmurar, detraer, chismear, susurrar, burlarse, vilipendiar, juzgar de manera precipitada, dura y parcial; interpretar mal las intenciones, palabras y acciones; adular, jactarse vanagloriosamente, pensar o hablar demasiado bien o demasiado mal de nosotros mismos o de otros; negar los dones y las gracias de Dios; agravar las faltas menores; ocultar, excusar o atenuar los pecados cuando se nos pide una libre confesión; descubrir sin necesidad las debilidades; levantar falsos rumores, recibir y favorecer malos informes y cerrar nuestros oídos a la justa defensa; la mala sospecha; envidiar o entristecerse por el crédito merecido de alguien, procurar o desear menoscabarlo, gozarse en su deshonra e infamia; el desprecio burlón, la admiración necia; el quebrantamiento de las promesas lícitas; el descuidar las cosas que son de buen nombre, y el practicar, o no evitar nosotros mismos, o no impedir en otros lo que podamos, las cosas que procuran mala fama.

¿Cuál es el décimo mandamiento?

El décimo mandamiento es: No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo.

¿Cuáles son los deberes requeridos en el décimo mandamiento?

Los deberes requeridos en el décimo mandamiento son un pleno contentamiento con nuestra propia condición y una disposición tan caritativa de toda el alma hacia nuestro prójimo, que todos nuestros impulsos y afectos interiores respecto de él tiendan a todo el bien que es suyo y lo promuevan.

¿Cuáles son los pecados prohibidos en el décimo mandamiento?

Los pecados prohibidos en el décimo mandamiento son: el descontento con nuestro propio estado; la envidia y el pesar por el bien de nuestro prójimo, junto con todos los impulsos y afectos desordenados hacia cualquier cosa que sea suya.

¿Puede algún hombre guardar perfectamente los mandamientos de Dios?

Ningún hombre puede, por sí mismo ni por alguna gracia recibida en esta vida, guardar perfectamente los mandamientos de Dios, sino que los quebranta diariamente de pensamiento, palabra y obra.

¿Son todas las transgresiones de la ley de Dios igualmente graves en sí mismas y a los ojos de Dios?

No todas las transgresiones de la ley de Dios son igualmente graves; sino que algunos pecados, en sí mismos y por razón de diversas agravantes, son más graves a los ojos de Dios que otros.

¿Cuáles son esas agravantes que hacen a algunos pecados más graves que otros?

Los pecados reciben sus agravantes: De las personas que ofenden: si son de edad más madura, de mayor experiencia o gracia, eminentes por su profesión, dones, posición u oficio, guías de otros, y cuyo ejemplo es probable que sea seguido por otros. De las partes ofendidas: si son directamente contra Dios, sus atributos y su culto; contra Cristo y su gracia; contra el Espíritu Santo, su testimonio y sus obras; contra superiores, hombres eminentes y aquellos con quienes estamos especialmente relacionados y comprometidos; contra cualquiera de los santos, en particular los hermanos débiles, sus almas o las de cualquier otro, y el bien común de todos o de muchos. De la naturaleza y calidad de la ofensa: si es contra la letra expresa de la ley, quebranta muchos mandamientos, contiene en sí muchos pecados; si no solo es concebida en el corazón, sino que prorrumpe en palabras y acciones, escandaliza a otros y no admite reparación; si es contra los medios, las misericordias, los juicios, la luz de la naturaleza, la convicción de la conciencia, la amonestación pública o privada, las censuras de la iglesia, los castigos civiles; y contra nuestras oraciones, propósitos, promesas, votos, pactos y compromisos con Dios o con los hombres; si se hace deliberadamente, voluntariamente, con presunción, con descaro, con jactancia, con malicia, con frecuencia, con obstinación, con deleite, con persistencia, o recayendo después del arrepentimiento. De las circunstancias de tiempo y lugar: si es en el día del Señor u otros tiempos de culto divino, o inmediatamente antes o después de estos u otras ayudas para prevenir o remediar tales fallas; si es en público o en presencia de otros, que por ello probablemente serán provocados o contaminados.

¿Qué merece todo pecado de parte de Dios?

Todo pecado, aun el más pequeño, por ser contra la soberanía, la bondad y la santidad de Dios, y contra su justa ley, merece su ira y maldición, tanto en esta vida como en la venidera; y no puede ser expiado sino por la sangre de Cristo.

¿Qué requiere Dios de nosotros para que escapemos de su ira y maldición que merecemos por la transgresión de la ley?

Para que escapemos de la ira y la maldición de Dios que merecemos por la transgresión de la ley, Dios requiere de nosotros arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo, y el uso diligente de los medios externos por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de su mediación.

¿Cuáles son los medios externos por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de su mediación?

Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo comunica a su iglesia los beneficios de su mediación son todas sus ordenanzas, especialmente la Palabra, los sacramentos y la oración, todos los cuales son hechos eficaces para la salvación de los elegidos.

¿Cómo se hace eficaz la Palabra para salvación?

El Espíritu de Dios hace de la lectura, pero especialmente de la predicación de la Palabra, un medio eficaz para iluminar, convencer y humillar a los pecadores; para sacarlos de sí mismos y atraerlos a Cristo; para conformarlos a su imagen y sujetarlos a su voluntad; para fortalecerlos contra las tentaciones y corrupciones; para edificarlos en la gracia y establecer sus corazones en santidad y consuelo, por medio de la fe, para salvación.

¿Han de leer todos la Palabra de Dios?

Aunque no a todos se ha de permitir leer públicamente la Palabra a la congregación, sin embargo todo tipo de personas están obligadas a leerla aparte, por sí mismas y con sus familias; y para ello las santas Escrituras han de ser traducidas de las lenguas originales a las lenguas vulgares.

¿Cómo se ha de leer la Palabra de Dios?

Las santas Escrituras se han de leer con una estima alta y reverente de ellas; con la firme persuasión de que son la misma Palabra de Dios y de que solo él puede capacitarnos para entenderlas; con deseo de conocer, creer y obedecer la voluntad de Dios revelada en ellas; con diligencia y atención a su materia y propósito; con meditación, aplicación, abnegación y oración.

¿Por quién ha de ser predicada la Palabra de Dios?

La Palabra de Dios ha de ser predicada solo por los que tengan los dones suficientes y además sean debidamente aprobados y llamados a ese oficio.

¿Cómo ha de ser predicada la Palabra de Dios por los que son llamados a ello?

Los que son llamados a trabajar en el ministerio de la Palabra han de predicar la sana doctrina: con diligencia, a tiempo y fuera de tiempo; con claridad, no con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder; con fidelidad, dando a conocer todo el consejo de Dios; con sabiduría, acomodándose a las necesidades y capacidades de los oyentes; con celo, con ferviente amor a Dios y a las almas de su pueblo; con sinceridad, procurando su gloria y la conversión, edificación y salvación de ellos.

¿Qué se requiere de los que oyen la Palabra predicada?

Se requiere de los que oyen la Palabra predicada que atiendan a ella con diligencia, preparación y oración; que examinen por las Escrituras lo que oyen; que reciban la verdad con fe, amor, mansedumbre y prontitud de ánimo, como Palabra de Dios; que mediten en ella y conversen sobre ella; que la guarden en su corazón y den el fruto de ella en su vida.

¿Cómo llegan a ser los sacramentos medios eficaces de salvación?

Los sacramentos llegan a ser medios eficaces de salvación no por ningún poder que haya en ellos, ni por virtud alguna derivada de la piedad o intención de quien los administra, sino solo por la obra del Espíritu Santo y la bendición de Cristo, por quien fueron instituidos.

¿Qué es un sacramento?

Un sacramento es una santa ordenanza instituida por Cristo en su iglesia para significar, sellar y presentar a los que están dentro del pacto de gracia los beneficios de su mediación; para fortalecer y aumentar su fe y todas las demás gracias; para obligarlos a la obediencia; para testificar y fomentar su amor y comunión unos con otros; y para distinguirlos de los que están fuera.

¿Cuáles son las partes de un sacramento?

Las partes de un sacramento son dos: una, una señal externa y sensible, usada conforme a la institución del mismo Cristo; la otra, una gracia interna y espiritual significada por ella.

¿Cuántos sacramentos ha instituido Cristo en su iglesia bajo el Nuevo Testamento?

Bajo el Nuevo Testamento Cristo ha instituido en su iglesia solamente dos sacramentos: el bautismo y la Cena del Señor.

¿Qué es el bautismo?

El bautismo es un sacramento del Nuevo Testamento en el cual Cristo ha ordenado el lavamiento con agua, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, para que sea señal y sello de nuestro injerto en él, de la remisión de los pecados por su sangre y de la regeneración por su Espíritu; de la adopción y de la resurrección para vida eterna; y por el cual los bautizados son solemnemente admitidos en la iglesia visible y entran en un compromiso abierto y declarado de ser enteramente y solo del Señor.

¿A quién se ha de administrar el bautismo?

El bautismo no se ha de administrar a ninguno de los que están fuera de la iglesia visible, y por lo tanto extraños al pacto de la promesa, hasta que profesen su fe en Cristo y su obediencia a él; pero los niños descendientes de padres que, ambos o uno solo de ellos, profesan fe en Cristo y obediencia a él, están por ello dentro del pacto y han de ser bautizados.

¿Cómo hemos de aprovechar nuestro bautismo?

El deber necesario, pero muy descuidado, de aprovechar nuestro bautismo, hemos de cumplirlo todos durante toda la vida, especialmente en tiempo de tentación y cuando estamos presentes en su administración a otros: considerando seria y agradecidamente su naturaleza y los fines para los cuales Cristo lo instituyó, los privilegios y beneficios conferidos y sellados por él, y el solemne voto que en él hicimos; humillándonos por nuestra contaminación pecaminosa, por quedar cortos respecto de la gracia del bautismo y de nuestros compromisos, y por andar contrariamente a ellos; creciendo hasta la seguridad del perdón del pecado y de todas las demás bendiciones selladas a nosotros en ese sacramento; sacando fuerza de la muerte y resurrección de Cristo, en quien fuimos bautizados, para la mortificación del pecado y la vivificación de la gracia; y procurando vivir por la fe, conducirnos en santidad y justicia, como los que en él han entregado sus nombres a Cristo; y andar en amor fraternal, como bautizados por el mismo Espíritu en un solo cuerpo.

¿Qué es la Cena del Señor?

La Cena del Señor es un sacramento del Nuevo Testamento en el cual, al dar y recibir pan y vino según la institución de Jesucristo, se anuncia su muerte; y los que participan dignamente se alimentan de su cuerpo y de su sangre, para su nutrición espiritual y su crecimiento en la gracia; ven confirmadas su unión y comunión con él; testifican y renuevan su gratitud y su compromiso con Dios, y su amor y comunión mutuos unos con otros, como miembros de un mismo cuerpo místico.

¿Cómo ha establecido Cristo que se den y reciban el pan y el vino en el sacramento de la Cena del Señor?

Cristo ha establecido que los ministros de su Palabra, en la administración de este sacramento de la Cena del Señor, aparten el pan y el vino del uso común por la palabra de institución, la acción de gracias y la oración; tomen y partan el pan, y den tanto el pan como el vino a los participantes; los cuales, por la misma institución, han de tomar y comer el pan y beber el vino, en agradecido recuerdo de que el cuerpo de Cristo fue partido y entregado, y su sangre derramada, por ellos.

¿Cómo se alimentan del cuerpo y de la sangre de Cristo los que participan dignamente en la Cena del Señor?

Así como el cuerpo y la sangre de Cristo no están corporal ni carnalmente presentes en, con o bajo el pan y el vino en la Cena del Señor, y sin embargo están espiritualmente presentes a la fe del que recibe, no menos verdadera y realmente que los mismos elementos lo están a sus sentidos externos; así los que participan dignamente en el sacramento de la Cena del Señor se alimentan en él del cuerpo y de la sangre de Cristo, no de manera corporal y carnal, sino espiritual; sin embargo, verdadera y realmente, mientras por la fe reciben y se aplican a sí mismos a Cristo crucificado y todos los beneficios de su muerte.

¿Cómo han de prepararse, antes de acercarse a él, los que reciben el sacramento de la Cena del Señor?

Los que reciben el sacramento de la Cena del Señor han de prepararse, antes de acercarse a él, examinándose acerca de su estar en Cristo, de sus pecados y necesidades; de la verdad y medida de su conocimiento, fe y arrepentimiento; del amor a Dios y a los hermanos, de la caridad para con todos los hombres, perdonando a los que les han hecho mal; de sus deseos de Cristo y de su nueva obediencia; y renovando el ejercicio de estas gracias mediante seria meditación y ferviente oración.

¿Puede acercarse a la Cena del Señor el que duda de estar en Cristo o de su debida preparación?

El que duda de estar en Cristo, o de su debida preparación para el sacramento de la Cena del Señor, puede tener verdadera parte en Cristo aunque todavía no esté seguro de ello; y la tiene en la cuenta de Dios si se siente debidamente afectado por la percepción de que le falta y desea sinceramente ser hallado en Cristo y apartarse de la iniquidad. En tal caso (porque las promesas se hacen, y este sacramento se estableció, para alivio aun de los cristianos débiles y dudosos), ha de lamentar su incredulidad y procurar que sus dudas se resuelvan; y, haciéndolo así, puede y debe acercarse a la Cena del Señor, para ser fortalecido aún más.

¿Puede apartarse de la Cena del Señor a alguno que profese la fe y desee acercarse a ella?

Los que se hallen ignorantes o escandalosos, a pesar de su profesión de fe y de su deseo de acercarse a la Cena del Señor, pueden y deben ser apartados de ese sacramento, por el poder que Cristo ha dejado en su iglesia, hasta que reciban instrucción y manifiesten su enmienda.

¿Qué se requiere de los que reciben el sacramento de la Cena del Señor durante su administración?

Se requiere de los que reciben el sacramento de la Cena del Señor que, durante el tiempo de su administración, con toda santa reverencia y atención aguarden a Dios en esa ordenanza; observen con diligencia los elementos y los actos sacramentales; disciernan con cuidado el cuerpo del Señor y mediten afectuosamente en su muerte y sufrimientos, y así se estimulen a un vigoroso ejercicio de sus gracias: juzgándose a sí mismos y doliéndose por el pecado; con ardiente hambre y sed de Cristo, alimentándose de él por la fe, recibiendo de su plenitud, confiando en sus méritos, gozándose en su amor, dando gracias por su gracia; renovando su pacto con Dios y su amor a todos los santos.

¿Cuál es el deber de los cristianos después de haber recibido el sacramento de la Cena del Señor?

El deber de los cristianos, después de haber recibido el sacramento de la Cena del Señor, es considerar seriamente cómo se han conducido en él y con qué resultado. Si hallan vivificación y consuelo, han de bendecir a Dios por ello, rogarle que los continúe, velar contra las recaídas, cumplir sus votos y animarse a asistir con frecuencia a esa ordenanza. Pero si no hallan provecho presente, han de revisar con más exactitud su preparación para el sacramento y su conducta en él; y si en ambas cosas pueden aprobarse ante Dios y su propia conciencia, han de esperar el fruto a su debido tiempo; pero si ven que han fallado en alguna de ellas, han de humillarse y asistir a él después con más cuidado y diligencia.

¿En qué concuerdan los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor?

Los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor concuerdan en que el autor de ambos es Dios; la parte espiritual de ambos es Cristo y sus beneficios; ambos son sellos del mismo pacto, han de ser administrados por ministros del evangelio y por ningún otro, y han de continuar en la iglesia de Cristo hasta su segunda venida.

¿En qué difieren los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor?

Los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor difieren en que el bautismo se ha de administrar una sola vez, con agua, para ser señal y sello de nuestra regeneración y de nuestro injerto en Cristo, y esto aun a los niños; mientras que la Cena del Señor se ha de administrar a menudo, en los elementos del pan y del vino, para representar y presentar a Cristo como alimento espiritual del alma y para confirmar nuestra permanencia y crecimiento en él, y solo a los que tienen edad y capacidad para examinarse a sí mismos.

¿Qué es la oración?

La oración es presentar nuestros deseos a Dios, en el nombre de Cristo, con la ayuda de su Espíritu, con confesión de nuestros pecados y reconocimiento agradecido de sus misericordias.

¿Hemos de orar solo a Dios?

Siendo solo Dios quien puede escudriñar los corazones, oír las peticiones, perdonar los pecados y cumplir los deseos de todos; y siendo el único en quien se ha de creer y a quien se ha de adorar con culto religioso, la oración, que es una parte especial de ese culto, ha de ser hecha por todos a él solo y a ningún otro.

¿Qué es orar en el nombre de Cristo?

Orar en el nombre de Cristo es, en obediencia a su mandato y con confianza en sus promesas, pedir misericordia por amor a él; no con la mera mención de su nombre, sino sacando de Cristo y de su mediación nuestro ánimo para orar, y nuestra confianza, fuerza y esperanza de ser aceptados en la oración.

¿Por qué hemos de orar en el nombre de Cristo?

Siendo tan grande la pecaminosidad del hombre, y su distancia de Dios por causa de ella, que no podemos tener acceso a su presencia sin un mediador; y no habiendo en el cielo ni en la tierra ninguno designado para esa gloriosa obra, o capaz de ella, sino Cristo solo, hemos de orar en ningún otro nombre sino en el suyo solamente.

¿Cómo nos ayuda el Espíritu a orar?

No sabiendo nosotros qué hemos de pedir como conviene, el Espíritu ayuda nuestra debilidad, capacitándonos para entender por quién, y qué, y cómo se ha de orar; y obrando y avivando en nuestros corazones (aunque no en todas las personas, ni en todo tiempo, en la misma medida) aquellas percepciones, afectos y gracias que se requieren para el cumplimiento correcto de ese deber.

¿Por quiénes hemos de orar?

Hemos de orar por toda la iglesia de Cristo sobre la tierra; por los magistrados y los ministros; por nosotros mismos, por nuestros hermanos, y aun por nuestros enemigos; y por toda clase de hombres que viven, o que vivirán después; pero no por los muertos, ni por los que se sabe que han pecado de muerte.

¿Por qué cosas hemos de orar?

Hemos de orar por todas las cosas que tienden a la gloria de Dios, al bienestar de la iglesia, y a nuestro bien o al de otros; pero no por nada que sea ilícito.

¿Cómo hemos de orar?

Hemos de orar con una reverente percepción de la majestad de Dios y un profundo sentido de nuestra propia indignidad, necesidades y pecados; con corazones arrepentidos, agradecidos y ensanchados; con entendimiento, fe, sinceridad, fervor, amor y perseverancia, esperando en él, con humilde sumisión a su voluntad.

¿Qué regla ha dado Dios para dirigirnos en el deber de la oración?

Toda la Palabra de Dios sirve para dirigirnos en el deber de la oración; pero la regla especial de dirección es aquella forma de oración que nuestro Salvador Cristo enseñó a sus discípulos, llamada comúnmente la oración del Señor.

¿Cómo se ha de usar la oración del Señor?

La oración del Señor no es solamente para dirección, como modelo conforme al cual hayamos de hacer otras oraciones, sino que también puede usarse como oración, con tal que se haga con entendimiento, fe, reverencia y las demás gracias necesarias para el cumplimiento correcto del deber de la oración.

¿De cuántas partes consta la oración del Señor?

La oración del Señor consta de tres partes: un prefacio, peticiones y una conclusión.

¿Qué nos enseña el prefacio de la oración del Señor?

El prefacio de la oración del Señor (contenido en estas palabras: «Nuestro Padre que estás en el cielo») nos enseña, cuando oramos, a acercarnos a Dios con confianza en su bondad de Padre y en nuestra parte en ella; con reverencia y todas las demás disposiciones propias de hijos, afectos celestiales y debida percepción de su soberano poder, majestad y condescendencia llena de gracia; y también a orar con otros y por otros.

¿Qué pedimos en la primera petición?

En la primera petición (que es «Santificado sea tu nombre»), reconociendo la total incapacidad e indisposición que hay en nosotros y en todos los hombres para honrar a Dios como es debido, pedimos que Dios, por su gracia, nos capacite y nos incline a nosotros y a otros a conocer, reconocer y estimar en alto grado a él, sus títulos, atributos, ordenanzas, Palabra, obras y todo aquello por lo cual él quiere darse a conocer; y a glorificarlo en pensamiento, palabra y obra; que prevenga y quite el ateísmo, la ignorancia, la idolatría, la profanidad y todo lo que le sea deshonroso; y que, por su providencia que todo lo gobierna, dirija y disponga todas las cosas para su propia gloria.

¿Qué pedimos en la segunda petición?

En la segunda petición (que es «Venga tu reino»), reconociendo que nosotros y toda la humanidad estamos por naturaleza bajo el dominio del pecado y de Satanás, pedimos que el reino del pecado y de Satanás sea destruido; que el evangelio sea propagado por todo el mundo, los judíos llamados y la plenitud de los gentiles introducida; que la iglesia sea provista de todos los oficiales y ordenanzas del evangelio, purgada de corrupción, y favorecida y sostenida por el magistrado civil; que las ordenanzas de Cristo sean dispensadas con pureza y hechas eficaces para la conversión de los que aún están en sus pecados, y para la confirmación, consuelo y edificación de los que ya están convertidos; que Cristo reine en nuestros corazones aquí y apresure el tiempo de su segunda venida y de nuestro reinar con él para siempre; y que él tenga a bien ejercer el reino de su poder en todo el mundo de la manera que mejor conduzca a estos fines.

¿Qué pedimos en la tercera petición?

En la tercera petición (que es «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»), reconociendo que por naturaleza nosotros y todos los hombres no solo somos totalmente incapaces y reacios para conocer y hacer la voluntad de Dios, sino propensos a rebelarnos contra su Palabra, a quejarnos y murmurar contra su providencia, y del todo inclinados a hacer la voluntad de la carne y del diablo, pedimos que Dios, por su Espíritu, quite de nosotros y de otros toda ceguera, debilidad, indisposición y perversidad de corazón; y que por su gracia nos haga capaces y dispuestos para conocer, hacer y someternos a su voluntad en todas las cosas, con la misma humildad, alegría, fidelidad, diligencia, celo, sinceridad y constancia con que lo hacen los ángeles en el cielo.

¿Qué pedimos en la cuarta petición?

En la cuarta petición (que es «Danos hoy nuestro pan de cada día»), reconociendo que en Adán, y por nuestro propio pecado, hemos perdido el derecho a todas las bendiciones externas de esta vida, y merecemos ser enteramente privados de ellas por Dios y que nos sean malditas en su uso; y que ni ellas por sí mismas pueden sostenernos, ni nosotros merecerlas ni procurarlas con nuestra propia industria, sino que somos propensos a desearlas, obtenerlas y usarlas ilícitamente, pedimos para nosotros y para otros que tanto ellas como nosotros, esperando en la providencia de Dios de día en día en el uso de los medios lícitos, gocemos, por su don gratuito y según parezca mejor a su sabiduría de Padre, de una porción suficiente de ellas; que nos sean continuadas y bendecidas en nuestro uso santo y reconfortante de ellas y en el contentamiento con ellas; y que seamos guardados de todo lo que sea contrario a nuestro sustento y consuelo temporales.

¿Qué pedimos en la quinta petición?

En la quinta petición (que es «Y perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores»), reconociendo que nosotros y todos los demás somos culpables tanto de pecado original como actual, y por ello nos hemos hecho deudores a la justicia de Dios, y que ni nosotros ni ninguna otra criatura puede dar la más mínima satisfacción por esa deuda, pedimos para nosotros y para otros que Dios, por su gracia gratuita, mediante la obediencia y satisfacción de Cristo, aprehendidas y aplicadas por la fe, nos absuelva tanto de la culpa como del castigo del pecado, nos acepte en su Amado, nos continúe su favor y gracia, perdone nuestras faltas diarias y nos llene de paz y gozo, dándonos cada día más y más seguridad del perdón; lo cual nos sentimos tanto más animados a pedir y alentados a esperar cuando tenemos este testimonio en nosotros mismos: que de corazón perdonamos a otros sus ofensas.

¿Qué pedimos en la sexta petición?

En la sexta petición (que es «Y no nos lleves a la tentación, mas líbranos del mal»), reconociendo que el Dios sapientísimo, justo y misericordioso, por diversos fines santos y justos, puede ordenar las cosas de tal manera que seamos asaltados, derrotados y, por un tiempo, llevados cautivos por las tentaciones; que Satanás, el mundo y la carne están prontos para apartarnos poderosamente y enredarnos; y que nosotros, aun después del perdón de nuestros pecados, por nuestra corrupción, debilidad y falta de vigilancia, no solo estamos sujetos a ser tentados y prontos a exponernos a las tentaciones, sino también somos por nosotros mismos incapaces y reacios para resistirlas, para recobrarnos de ellas y para aprovecharlas, y dignos de ser dejados bajo su poder, pedimos que Dios gobierne de tal modo el mundo y todo lo que hay en él, someta la carne y refrene a Satanás, ordene todas las cosas, conceda y bendiga todos los medios de gracia y nos avive a la vigilancia en el uso de ellos, que nosotros y todo su pueblo seamos guardados por su providencia de ser tentados a pecar; o, si somos tentados, que por su Espíritu seamos poderosamente sostenidos y capacitados para estar firmes en la hora de la tentación; o, si hemos caído, levantados de nuevo y recobrados de ella, y tengamos un uso y provecho santificados de ella; que nuestra santificación y salvación sean perfeccionadas, Satanás sea hollado bajo nuestros pies y seamos plenamente libres del pecado, de la tentación y de todo mal, para siempre.

¿Qué nos enseña la conclusión de la oración del Señor?

La conclusión de la oración del Señor (que es «Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén») nos enseña a reforzar nuestras peticiones con argumentos, que no han de tomarse de ningún mérito en nosotros ni en ninguna otra criatura, sino de Dios; y a unir alabanzas a nuestras oraciones, atribuyendo solo a Dios la soberanía eterna, la omnipotencia y la excelencia gloriosa; en atención a lo cual, así como él puede y quiere ayudarnos, así nosotros, por la fe, nos sentimos animados a suplicarle que lo haga y a descansar tranquilamente en él, confiando en que cumplirá nuestras peticiones. Y, para testificar este nuestro deseo y seguridad, decimos: Amén.

Asamblea de Westminster, 1647 (dominio público). Traducción al español de Berea, hecha con IA a partir del texto inglés de Wikisource.