Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson
2 Reyes 18: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)
1. Reinado de Ezequías
F. Reinados de los reyes de Judá (2 Reyes 18:1–25:30)
Los últimos ocho capítulos de 2 Reyes describen la historia del reino del sur después de la caída del reino del norte. Aunque la mayor parte de la historia en 1 & 2 Reyes es trágica y puede ser algo desalentadora para leer, el final del libro contiene dos puntos brillantes en la historia, Ezequías y Josías.
El reinado justo de Ezequías es el tema de 2 Reyes 18–20. El foco de los capítulos 18-19 trata sobre el fracaso de la invasión de Judá por Senaquerib debido a la confianza de Ezequías en Yahvé. El capítulo 20 describe la recuperación de Ezequías de una enfermedad a través de la confianza en Yahvé, pero también su costosa falta de confianza en dar la bienvenida a los embajadores de Babilonia. El escritor de 2 Reyes al parecer copió⁶⁰ 18:13–20:6 y 20:12-19 de Isaías 36:1–38:6 y 39:1-8, un raro caso de material exactamente paralelo en la Biblia. Las pocas diferencias menores entre los dos pasajes se deben en algunos casos a errores de copia, aunque es posible que en algunos casos el escritor de 2 Reyes use un lenguaje ligeramente diferente al de Isaías. La repetición exacta de este material da fe de la importancia de los eventos registrados: la derrota de Yahvé de Senaquerib en Judá es un poderoso testimonio de su poder sobrenatural que confunde a los escépticos hasta el día de hoy.⁶¹
Ezequías comenzó su reinado como corregente (príncipe heredero) con su padre Acaz, seis años antes de la caída del reino del norte (18:1-2). Pero inmediatamente después de la muerte de Acaz en el 715 a. C., cuando Ezequías se convirtió en el único regente sobre Judá, se volvió abiertamente contra todo lo que su padre había defendido (cf. 2 Crónicas 29:3-11). Ezequías siguió a Yahvé con un corazón puro, como David (18:3). Fue el primer rey de Judá en eliminar los lugares altos de sacrificio desde que fueron construidos durante la época de Salomón y Roboam (18:4a). Destruyó los ídolos y los símbolos paganos, e incluso destruyó la serpiente de bronce que Moisés había hecho en el desierto, la cual había sido venerada indebidamente por el pueblo (18:4b; cf. Números 21:8-9). Ezequías se destaca como el hombre que mostró mayor confianza en Yahvé que cualquier otro rey de Judá (18:5-6). Expresó su fe al negarse a someterse al rey de Asiria, ya que esto implicaba someterse a los dioses de Asiria, a pesar de que todas las probabilidades humanas estaban en contra del éxito de esta rebelión (18:7). La bendición de Yahvé sobre Ezequías se vio a través de su exitosa invasión de Filistea al principio de su reinado, en retribución por la invasión filistea de Judá durante el reinado de su padre (18:8; cf. 2 Crónicas 28:18).
Luego, el narrador conecta la historia del reinado de Ezequías sobre Judá con la historia del reino del norte al afirmar que Samaria cayó y su pueblo se exilió durante el sexto año de Ezequías (como corregente; 18:9-11). El narrador no pierde la oportunidad de enfatizar el punto de que el reino del norte se exilió por su negativa a obedecer los mandamientos de Yahvé (18:12).
El evento central del reinado de Ezequías fue la invasión del rey asirio Senaquerib, que se describe en 18:13–19:37. Senaquerib fue posiblemente el rey más poderoso que el mundo haya visto. Ocupó el trono asirio en la cima del poder neoasirio, y aplastó totalmente a sus enemigos por todos lados, excepto por el rey Ezequías del pequeño Judá. En realidad, Senaquerib estaba en el proceso de aplastar a Ezequías y Judá cuando Yahvé intervino.
Cuando Senaquerib invadió Judá, inicialmente disfrutó del mismo tipo de éxito militar que había encontrado en otros lugares. Planeaba capturar las ciudades fortificadas periféricas de Judá y subyugar el campo antes de sitiar Jerusalén y deportar a los judaítas. De hecho, capturó con éxito las ciudades exteriores de defensa de Judá (18:13; cf. Isaías 7:17; Miqueas 1:8-16). En una insensata desesperación, Ezequías se disculpó con Senaquerib por su rebelión y le ofreció pagar una multa si él se iba (18:14). La multa que Senaquerib impuso fue tan fuerte que Ezequías robó la casa de Dios para pagarla, algo que no solo fue lamentable, sino también vergonzoso, ya que Ezequías había sido engañado por el mentiroso Senaquerib (18:14-16). Senaquerib nunca aceptó la disculpa de un rey rebelde; simplemente se embolsó el oro y la plata y prosiguió con su campaña. Inmediatamente después de recibir el tributo de Ezequías, envió un gran ejército a Jerusalén en un intento de asustar al pueblo para que se rindiera sin luchar (18:17-18). Un comandante del ejército de habla hebrea con el título de Rabsaces —posiblemente un exiliado del reino del norte—pronunció un discurso lleno de mentiras, contradicciones y blasfemias, cuya intención era convencer al pueblo de rebelarse contra Ezequías y de entregar la ciudad de Jerusalén sin pelear (18:19-35). El Rabsaces en repetidas ocasiones dejó en claro que Senaquerib estaba atacando a Yahvé, así como a Ezequías y Judá. Cuando los funcionarios de Ezequías le informaron el discurso del Rabsaces (18:36-37), Ezequías fue al templo a lamentarse y orar, mientras enviaba a sus oficiales al profeta Isaías (19:1-5). Isaías prometió que Senaquerib dejaría Judá y nunca regresaría, pero no dio más detalles (19:6-7).
Cuando el Rabsaces regresó a Senaquerib desde Jerusalén, descubrió que la ciudad fuertemente defendida de Laquis había caído ante Asiria, pero también que el gobernante nubio Tirhaca había sacado un ejército de Egipto para luchar con Senaquerib, en apoyo a Ezequías (19:8-9). Mientras Senaquerib interrumpió su campaña de Judá para prepararse para una gran batalla con Egipto/Nubia, advirtió a Ezequías que se quedaría en Judá para acabar con él tan pronto como hubiera vencido a Tirhaca (19:10-13). El argumento básico de Senaquerib fue que ha vencido a todos los dioses de las naciones, y que el Dios de Ezequías no es mejor que el de ellos (cf. Isaías 10:10-11), un argumento que, como se vio después, demostró que Yahvé es diferente a todos los otros dioses. Ezequías ahora hizo una segunda súplica a Yahvé en respuesta a este mensaje (19:14-19), e Isaías devolvió una segunda respuesta que fue mucho más detallada (19:20-34). En esa misma noche, probablemente la noche anterior a la batalla de Senaquerib con Tirhaca, el Mensajero de Yahvé mató a 185 000 soldados en el campamento asirio (19:35). Senaquerib no pudo enfrentar al gran ejército de Tirhaca después de la pérdida de tantos combatientes expertos, y rápidamente abandonó el campo de batalla y marchó de regreso a Asiria, probablemente bajo la amenaza de motín de su ejército (19:36). Senaquerib nunca regresó a Judá, y su reinado terminó en agitación unos veinte años después, evidentemente como castigo por su oposición a Yahvé. Dos de los propios hijos de Senaquerib lo mataron en el templo del dios en el que confiaba en lugar de Yahvé, y huyeron con éxito del territorio asirio antes del avance de un ejército dirigido por su hermano Esar-hadón, quien sucedió a Senaquerib como rey de Asiria (19:37).
En el mismo año de la invasión asiria, Ezequías contrajo una enfermedad de la que habría muerto si no le hubiera suplicado a Yahvé que lo sanara (20:1-3). Pero como resultado de la ferviente oración de Ezequías, Yahvé lo sanó y agregó quince años a su vida (20:4-7). Ezequías también solicitó y recibió una señal de que sería sanado (20:8-11), en contraste con el rechazo incrédulo de una señal de su padre Acaz (cf. Isaías 7:10-12).
Poco después de la recuperación milagrosa de Ezequías y la retirada de Senaquerib de Judá, Ezequías recibió embajadores del rey caldeo Merodac-baladán, quien se había rebelado contra Asiria mientras Senaquerib estaba haciendo campaña en Judá (20:12). Ezequías mostró con orgullo toda su riqueza a los embajadores de Babilonia en un intento de impresionarlos con su grandeza (20:13). Ezequías se sentía bien consigo mismo porque los embajadores habían acudido a él desde un lugar tan lejano como Babilonia (20:14-15), pero Isaías le dijo que debería tener un mal presentimiento sobre el primer contacto de Judá con Babilonia, porque todo en el palacio de Ezequías y sus propios sucesores al trono de Judá serían llevados cautivos a Babilonia algún día (20:16-18).⁶² Ezequías egoístamente no hizo caso al mensaje de Isaías, ya que Isaías le dijo que el exilio en Babilonia no sucedería en su propia vida (20:19). Al parecer, Ezequías continuó engreído sobre la grandeza de su reino, un factor que pudo haber contribuido a un fracaso evidente en la preparación de un sucesor espiritualmente fiel, a pesar de saber el año exacto de su muerte. El narrador ofrece un resumen final del reinado de Ezequías en 20:20-21, incluida una mención de su famoso conducto, que es una de las principales atracciones turísticas de Jerusalén en la actualidad (el “Túnel de Ezequías” o “Túnel de Siloé”).
⁶⁰ Una explicación alternativa es que Dios dio exactamente el mismo mensaje a dos escritores diferentes de las Escrituras en dos ocasiones diferentes.
⁶¹ Hay una sala entera en el Museo Británico que contiene las representaciones de Senaquerib de su asedio a Laquis, ya que nunca asedió ni conquistó Jerusalén. Los historiadores seculares modernos, que rechazan la mera idea de lo sobrenatural, no pueden dar una buena explicación de por qué Senaquerib no pudo tomar Jerusalén, y por qué nunca volvió a hacer campaña en Judá. La propia explicación de Senaquerib —que él se fue porque estaba satisfecho con el dinero del tributo de Ezequías— se reconoce como evidentemente falsa.
⁶² Esta fue una profecía implícita de que Babilonia conquistaría Asiria.
Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.