Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Deuteronomio 5: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

1. La esencia de la Ley y su cumplimiento

B. Segundo discurso principal de Moisés: una exposición de la Ley (5:1–26:19)

La mayor parte del libro de Deuteronomio, capítulos 5–26, consiste en una exposición de la Ley, que era los términos del pacto entre Yahvé e Israel. Los capítulos 5 al 11 exponen los términos básicos y las responsabilidades del pacto, comenzando con el Decálogo (los diez mandamientos —capítulo 5). En estos capítulos, Moisés también relata los eventos en Sinaí y en el desierto para la generación que los experimentó cuando eran niños, y les da instrucciones que anticipan la vida futura de Israel en la tierra. Los capítulos 12 al 25 consisten en una exposición de preceptos legales que surgen de los diez mandamientos. La ubicación de los diez mandamientos dentro del arca (10:3-5) muestra que son los términos básicos del pacto, de los cuales se derivan todas las demás leyes. Esta es también la forma en que estos son presentados en Éxodo 20 (ver 1 Reyes 8:21). Así, Moisés explica en detalle leyes específicas que se derivan de cada una de las diez leyes básicas.

La sección comienza en el capítulo 5 con una recapitulación de los términos del Pacto Sinaítico y los eventos en Sinaí para la generación que estuvo allí cuando eran niños, o que aún no había nacido. Después de dar el contexto histórico de la ceremonia del pacto original (5:1-5),⁷ Moisés enumera los diez mandamientos en orden (5:6-21). Él recuerda cómo el pueblo fue temeroso de la presencia de Dios y le pidió a Moisés que actuara como intermediario entre ellos y Dios (5:22-27). Dios le dijo a Moisés que desempeñara el papel de mediador, pero que advirtiera al pueblo obedecer los mandamientos de Dios, ya que el compromiso anterior del pueblo de hacerlo fue hecho con un corazón impuro (5:28-33).

Después de repasar los eventos históricos de la ceremonia del pacto, Moisés define a continuación la responsabilidad básica de Israel como el pueblo del pacto de Yahvé (6:1–7:5). La sección comienza con un encabezado temático y una exhortación a obedecer a fin de recibir las bendiciones prometidas (6:1-3). A esto le sigue una exhortación a la fidelidad a Yahvé (6:4-9), lo cual incluye (a) comprendiendo la naturaleza de Yahvé (6:4);⁸ (b) amando a Yahvé con todo el ser (6:5); (c) teniendo continuamente los mandamientos de Yahvé en la mente (6:6, 8); y (d) enseñando con diligencia la Ley a los jóvenes y hablando continuamente de la Ley en la vida cotidiana (6:7, 9). El enunciado de 6:4-5 es quizás la declaración teológica más grande de todo el Antiguo Testamento, el Juan 3:16 del judaísmo. Este fue identificado por Jesús como “el más grande y primer mandamiento” en la Ley, y los judíos desde los días de Jesús hasta el presente también lo consideran la confesión fundamental de su religión (Mateo 22:34-40; Marcos 12:28-34; cf. Santiago 2:19). El mandato positivo de ser fiel a Yahvé es contrarrestado negativamente por una advertencia contra el politeísmo (6:10-15) y una advertencia contra tentar a Yahvé a través de la desobediencia (6:16-19). Esto es seguido de una exhortación para pasar la fe nacional a la siguiente generación (6:20-25). Finalmente, Moisés advierte al pueblo que deben destruir por completo a los pueblos cananeos y sus objetos de adoración, ya que si ellos no los destruyen serán desviados (7:1-5).

En 7:6–11:32, Moisés presenta las razones por las cuales Israel debe ser fiel al pacto, apelando tanto a la historia de la nación como a su situación futura en la tierra de Canaán. Israel le debe a Yahvé amor y fidelidad como la respuesta apropiada al inmerecido amor y fidelidad que Yahvé les ha mostrado (7:6-11). La fidelidad también es en beneficio de Israel porque Yahvé bendecirá a la nación con prosperidad si ellos son fieles (7:12-16).⁹ Yahvé vencerá a los cananeos y les permitirá a los israelitas tomar su tierra, ya que los dioses cananeos son ídolos sin vida, y los israelitas deben destruir estos ídolos, no sea que los adoren y sean destruidos como ellos (7:17-26). Así como Yahvé cuidó a los israelitas en el desierto, Él también los cuidará en la tierra de Canaán y los hará muy prósperos, si ellos cumplen con el pacto que han hecho con Él (8:1-10). Cuando los israelitas lleguen a ser prósperos en la tierra, deben tener cuidado de no pensar que se han hecho prósperos por ellos mismos, sino que deben reconocer que dependen de Yahvé para su prosperidad (8:11-20). Del mismo modo, ellos no deben pensar cuando conquisten la tierra que su éxito se debe a su propia justicia, sino a la fidelidad de Yahvé al pacto que hizo con sus antepasados (9:1-5). Prueba de esto es que Israel tiene una historia de rebelión contra Yahvé, incluyendo la adoración del becerro de oro en el Monte Sinaí (9:6-21) y otras rebeliones graves en el desierto (9:22-24). Después de la adoración del becerro de oro, Moisés le suplicó a Yahvé que perdonara al pueblo debido a su pacto con sus antepasados, aunque merecían ser destruidos (9:25-29). Moisés luego pasó otros cuarenta días en el Monte Sinaí, obteniendo nuevas tablas con los diez mandamientos y recibiendo una comisión renovada para llevar al pueblo a la tierra, a pesar de su pecado (10:1-11). Es eminentemente razonable para Israel servir a un Dios tan misericordioso, quien no requiere nada de ellos sino lo que es bueno y correcto, y para su propio beneficio (10:12-22). Los adultos especialmente deberían creer en Yahvé y guardar Sus mandamientos, ya que ellos habían visto todas las obras poderosas que Él había hecho, desde las plagas en Egipto todo el camino hasta hoy (11:1-7). A medida que el pueblo se preparaba para entrar a la tierra de Canaán, la bondad de esa tierra debería motivarlos a guardar los mandamientos de la Ley para prolongar su vida en la tierra (11:8-12). La prosperidad de Israel en la tierra depende de su fidelidad a Yahvé, tanto con respecto a la abundancia agrícola (11:13-17) como con respecto al dominio militar (11:18-25). La sección se cierra con una exhortación resumida, junto con un mandato para proclamar las bendiciones y maldiciones de la Ley en el monte Gerizim y el monte Ebal, respectivamente (11:26-32; cf. capítulos 27–28).

⁷ Cabe señalar que la referencia a “nuestros padres” en 5:3 significa “nuestros antepasados”, es decir, los patriarcas (cf. Deuteronomio 1:8; 4:31, 37; 7:8, 12; 8:18).

⁸ Deuteronomio 6:4 es una afirmación de la unidad de las Personas en la Deidad. Jesús da la traducción correcta de este versículo en Marcos 12:29 (“Yahvé nuestro Dios, Yahvé uno es”). La idea es que las tres Personas de la Trinidad no son tres dioses diferentes, sino un Dios en un Ser. Juntos son Yahvé. Este verso es una afirmación del monoteísmo, contra el medio cultural politeísta de Egipto, Canaán y el antiguo Cercano Oriente, pero es una afirmación fuertemente trinitaria del monoteísmo. Si la doctrina de la Trinidad fuera desconocida antes de la llegada del Mesías, la afirmación esperada sería “Yahvé es el único Dios” o "Yahvé es Dios, solo Yahvé”. En apoyo de esto, el interlocutor de Jesús en Marcos 12:32 distingue entre las declaraciones “él es uno” y “no hay otro además de él”. “Él es uno” no es una afirmación unitaria, sino una afirmación de la unión de tres personas en un Dios. Si el escriba quiso decir esto como una afirmación unitaria, Jesús no habría confirmado lo que dijo. Además, la forma del credo en Santiago 2:19, “Dios es uno”, es diferente de “hay un Dios”. Las dos declaraciones no son contradictorias, pero la primera implica una pluralidad de personas en la Deidad. Una traducción alternativa de este versículo sugerida por algunos es: “Yahvé es nuestro Dios, Yahvé solo”. Un problema con esta traducción es que esta no es la forma en que Jesús traduce el versículo en Marcos 12:29. Un segundo problema es que la palabra utilizada aquí es אֶחָד (uno), no לְבַדּו (solo); אֶחָד es usada para indicar la unidad de dos personas distintas en una sola carne en Génesis 2:24, mientras que לְבַד es usada en otros versículos para expresar el concepto de “solo” (cf. 2 Reyes 19:19; Salmo 86:10).

⁹ Obsérvese que esta promesa de prosperidad física fue dada a la nación en su conjunto por la obediencia corporativa, y no fue prometida a cada israelita de manera individualmente. De hecho, hubo muchos israelitas fieles que sufrieron durante los tiempos en que la mayoría de la nación apostataba.

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.