Guía interpretativa para la Biblia · Steven D. Anderson

Esdras 3: comentario de Steven D. Anderson (Guía interpretativa para la Biblia)

B. La reconstrucción del templo

La historia de la reconstrucción del templo ocupa los capítulos 3 al 6. Después de regresar a la tierra y reconstruir sus hogares, el pueblo rápidamente comenzó la tarea de reconstruir el templo; el altar fue reconstruido casi inmediatamente (el 23 de septiembre, 536 a. C.), permitiendo que el culto regular y los sacrificios se reanudaran (3:1-7). A principios del año siguiente (abril/mayo, 535 a. C.), la reconstrucción del templo comenzó en serio, y la fundación de la nueva casa fue completada con éxito (3:8-13). Sin embargo, la oposición obstaculizó rápidamente el progreso; los samaritanos y los demás pueblos circundantes, que odiaban a los judíos y no querían que volvieran a ocupar la tierra, maquinaron y conspiraron furiosamente para detener la reconstrucción (4:1-6). Al principio del reinado de Cambises (530-522 a. C.),¹⁰ los pueblos de la tierra escribieron una carta al rey persa acusando falsamente a los judíos de reconstruir los muros y casas de Jerusalén en preparación para una rebelión (4:7-16).¹¹ Cambises emitió un decreto ordenando que cesaran las obras de reconstrucción en la ciudad (4:17-22), y los enemigos de los judíos usaron este decreto para obligarlos a dejar de reconstruir el templo (4:23-24). La gente finalmente llegó a aceptar esta situación y se volvió complaciente, de modo que diez años más tarde, en el segundo año de Darío I Histaspes, no se hicieron intentos de reiniciar el trabajo (4:24).¹² Darío I (522–486 a. C.) era un usurpador que no era descendiente de Ciro, y para el segundo año de su reinado, había consolidado su gobierno y nombrado nuevos gobernadores que le eran leales. El pueblo debió haber aprovechado el ascenso de Darío al comenzar a reconstruir el templo inmediatamente, pero en cambio, se interesaron por sí mismos, atendiendo a sus propias casas y ocupaciones mientras descuidaban la obra de la casa de Dios (cf. Hageo 1:1-11). Hageo y Zacarías comenzaron a profetizar a los judíos a finales del año 520 a. C., y el pueblo respondió reanudando el trabajo en el templo (5:1-2). Los nuevos gobernadores de Darío, que aparentemente no estaban al tanto del decreto de Cambises para detener la construcción o del decreto de Ciro para construir el templo, vinieron a Jerusalén para ver por sí mismos lo que estaba sucediendo (5:3-5). Los gobernadores escribieron una carta a Darío informándole de las actividades de los judíos, y preguntándole si su afirmación de que la construcción fue sancionada por Ciro era legítima (5:6-17). Darío contestó que Ciro de hecho emitió un decreto para reconstruir el templo, y que los gobernadores persas debían proporcionar materiales para el proceso de reconstrucción con el fin de completar el proyecto largamente esperado (6:1-12).¹³ Como resultado, los judíos pudieron terminar de reconstruir el templo en apenas cuatro años y medio, completando la obra el 11 de marzo del 515 a. C. (6:13-15). Una dedicación gozosa del templo se celebró entonces, con los exiliados retornados ofreciendo los sacrificios que tenían los medios para dar (6:16-18). Poco después, observaron la primera Pascua en el nuevo templo (6:19-21).

¹⁰ El versículo 5 muestra que el Asuero de 4:6, y el Artajerjes de 4:7-8, 11, es un rey que reinó entre Ciro y Darío, que lo identifica como Cambises II. Ester 1:1 indica que había más de un rey llamado Asuero (cf. Daniel 9:1); ambos Asuero y Artajerjes eran nombres de trono. El Asuero/Artajerjes de Esdras 4 emitió un decreto que detuvo la reconstrucción del templo hasta el segundo año de Darío (Esdras 4:24), y el templo fue completado por Zorobabel en el sexto año de Darío (Esdras 6:14-15). Por lo tanto, este rey tenía que ser un rey que reinó antes de que Darío llegara al trono, y no podría haber sido Jerjes y/o Artajerjes I Longímano. Cambises es el único rey que podría haber parado la obra, ya que sólo tomaría diez años a lo sumo para reconstruir el templo, y Bardia (Esmerdis) sólo reinó brevemente en 522 a. C. Claramente, los adversarios de los judíos tomaron ventaja de la llegada de un nuevo rey en el año 530 a. C., que no había emitido el decreto para reconstruir y por lo tanto no podría haber sido consciente de ello. Véase más adelante D. L. Emery, “Ezra 4—Is Josephus Right after All?” Journal of Northwest Semitic Languages 13 (1987): 33-43; R. Schmitt, “Thronnamen bei den Achaemeniden”, Beiträge zur Namenforschung 12 (1977): 422-25; R. Schmitt, “Achaemenid Throne-Names,” Annali Napoli Orientali di Napoli 42 (1982): 83-95.

¹¹ El libro de Nehemías muestra que la gente en realidad no estaba reconstruyendo las paredes y casas de la ciudad en este momento, sino sólo la pared y la superestructura del templo. La acusación no dice nada sobre el templo, ya que los judíos podrían producir un decreto mostrando que tenían permiso para reconstruirlo; la acusación es estrictamente sobre la reconstrucción de la ciudad propiamente dicha, pero resultó en un decreto de Cambises que podría ser utilizado para detener la reconstrucción del templo. La carta a Cambises era así una mentira descarada, pero los enemigos de los judíos sabían que el rey no podía enviar emisarios hasta Jerusalén para comprobar la situación, y por lo tanto supuso que podían salirse con la suya. Sin embargo, la carta estaba llena de pistas que habrían movido a un gobernante más sabio a preguntar acerca de los verdaderos motivos de los que la escribieron.

¹² La reacción de los judíos al decreto de Cambises debería haber sido escribir una carta al rey explicando que Ciro había emitido un decreto para que su templo fuera reconstruido, y que sólo estaban reconstruyendo el templo, no toda la ciudad y su muro. Los judíos estaban legalmente autorizados para construir el templo, por lo que deberían haber movido su caso hacia adelante a través del sistema legal, mientras rezaban por la ayuda de Dios. Puesto que ellos no hicieron esto, Hageo reprendió fuertemente a Israel por descuidar la obra de la casa de Dios, y reveló que Dios había estado castigando a la nación por su negligencia (Hageo 1:1-11).

¹³ El decreto de Ciro todavía estaba en vigor, ya que la ley de los medos y los persas no podía ser cambiada (cf. Ester 1:19; 8:8; Daniel 6:8; 12, 15).

Texto en español: traducción de Claudia Murillo, revisada y aprobada por el autor.