Comentarios bíblicos · Juan Calvino

1 Corintios 8: comentario de Juan Calvino

1 Corintios 8:1

Pasa ahora a otra cuestión, que había tocado apenas en el capítulo sexto sin discutirla plenamente. Pues cuando había hablado de la avaricia de los corintios y había cerrado esa discusión con esta declaración: Ni los avaros, ni los ladrones, ni los fornicarios, etc., heredarán el reino de Dios, pasó a hablar de la libertad de los cristianos: Todas las cosas me son lícitas. De ahí había tomado ocasión para hablar de la fornicación, y de esta, del matrimonio. Ahora, por tanto, sigue por fin lo que había tocado acerca de las cosas intermedias: cómo debemos restringir nuestra libertad en las cosas intermedias. Por cosas intermedias entiendo las que no son buenas ni malas en sí mismas, sino indiferentes, que Dios ha puesto en nuestro poder, pero en cuyo uso debemos observar moderación, para que haya diferencia entre libertad y libertinaje. Desde el comienzo escoge un caso, señalado por encima de todos los demás, en el que los corintios ofendían gravemente: el haber estado presentes en los banquetes sagrados que los idólatras celebraban en honor de sus dioses y comer indistintamente de las carnes que se les ofrecían. Como esto daba mucha ocasión de escándalo, el apóstol les enseña que pervertían temerariamente la libertad que el Señor les había concedido.

1. En cuanto a lo sacrificado a los ídolos. Comienza con una concesión, en la que voluntariamente les otorga y permite todo lo que estaban dispuestos a exigir o a objetar. «Veo cuál es vuestro pretexto: hacéis de la libertad cristiana vuestro pretexto. Alegáis que tenéis conocimiento, y que no hay ninguno de vosotros tan ignorante que no sepa que no hay más que un solo Dios. Concedo que todo esto es verdad, pero ¿de qué sirve ese conocimiento si es ruinoso para los hermanos?». Así, pues, les concede lo que exigen, pero de tal modo que muestra que sus excusas son vacías y sin valor.

El conocimiento envanece. Muestra, por los efectos, cuán frívolo es jactarse del conocimiento cuando falta el amor. «¿De qué sirve el conocimiento que es de tal clase que nos envanece y engríe, siendo propio del amor el edificar?». Este pasaje, que de otro modo es algo oscuro por su brevedad, puede entenderse fácilmente así: «Todo lo que carece de amor nada cuenta ante Dios; más aún, le desagrada, y mucho más lo que se opone abiertamente al amor. Ahora bien, ese conocimiento del que os jactáis, oh corintios, se opone del todo al amor, pues envanece a los hombres de orgullo y lleva al desprecio de los hermanos, mientras que el amor se interesa por el bienestar de los hermanos y nos exhorta a edificarlos. Maldito sea, pues, ese conocimiento que hace soberbios a los hombres y no está regulado por el deseo de edificar».

Pablo, sin embargo, no quiso decir que deba tenerse por falta atribuible al saber el que los sabios estén a menudo satisfechos de sí mismos y se admiren a sí mismos, con desprecio de los demás. Ni entendió que sea tendencia natural del saber producir arrogancia, sino que simplemente quiso mostrar qué efecto tiene el conocimiento en un individuo que no tiene el temor de Dios ni el amor de los hermanos; pues los impíos abusan de todos los dones de Dios para engrandecerse. Así, las riquezas, honores, dignidades, nobleza, belleza y otras cosas de esa naturaleza envanecen; porque los hombres, engreídos por una confianza equivocada en estas cosas, se vuelven muy a menudo insolentes. Y no siempre es así; pues vemos que muchos que son ricos y hermosos, y abundan en honores, y se distinguen por su dignidad y nobleza, son, sin embargo, de carácter modesto y nada manchados de orgullo. E incluso cuando así sucede, no es propio, con todo, que echemos la culpa a lo que sabemos que son dones de Dios; pues en primer lugar eso sería injusto e irrazonable; y además, al echar la culpa a cosas que no son culpables, eximiríamos de culpa a las personas mismas, que son las únicas culpables. Mi sentido es este: «Si las riquezas tienden naturalmente a hacer soberbios a los hombres, entonces el rico, si es soberbio, está libre de culpa, pues el mal procede de las riquezas».

Debemos, por tanto, establecer como principio firme que el conocimiento es bueno en sí mismo; pero como la piedad es su único fundamento, se vuelve vacío e inútil en los impíos; como el amor es su verdadero condimento, donde falta este, es insípido. Y en verdad, donde no hay ese conocimiento cabal de Dios que nos humilla y nos enseña a hacer bien a los hermanos, no es tanto conocimiento como una vana noción de él, aun en los que son tenidos por más sabios. Al mismo tiempo, el conocimiento no ha de ser culpado por ello de ningún modo, como tampoco una espada si cae en manos de un loco. Considérese esto como dicho pensando en ciertos fanáticos que declaman furiosamente contra todas las artes y ciencias liberales, como si su único uso fuera envanecer a los hombres y no fueran de la mayor utilidad como ayudas en la vida común. Ahora bien, esas mismas personas que las difaman de este modo están a punto de reventar de orgullo, hasta el punto de verificar el viejo proverbio: «Nada hay tan arrogante como la ignorancia».

1 Corintios 8:2

2. Y si alguno se imagina. Ese hombre se imagina que sabe algo que se deleita en la opinión que tiene de su propio conocimiento y desprecia a los demás, como si estuviera muy por encima de ellos. Pues Pablo no condena aquí el conocimiento, sino esa ambición y altivez que los impíos contraen a causa de él. De otro modo, no nos exhorta a ser escépticos, de modo que estemos siempre vacilando y colgados en la duda, y no aprueba una modestia falsa y fingida, como si fuera bueno pensar que ignoramos lo que sí sabemos. Ese hombre, por tanto, que se imagina que sabe algo, o sea, que es insolente por una vana noción de su propio conocimiento, de modo que se antepone a los demás y se tiene en alta estima, aún no sabe nada como debe saberse. Porque el principio de todo verdadero conocimiento es el conocimiento de Dios, que produce en nosotros humildad y sumisión; más aún, nos postra por completo en lugar de engreírnos. Pero donde hay orgullo, allí hay ignorancia de Dios. ¡Hermoso pasaje! ¡Ojalá todos lo supieran bien, para entender debidamente la regla del recto conocimiento!

1 Corintios 8:3

3. Pero si alguno ama a Dios. Tenemos aquí la conclusión, en la que muestra qué es especialmente digno de elogio en los cristianos, y hace dignos de elogio incluso el conocimiento y todos los demás dones, si amamos a Dios; pues si es así, amaremos también a nuestro prójimo en él. De este modo todas nuestras acciones quedarán debidamente reguladas y, por consiguiente, aprobadas por Dios. Muestra, pues, por las consecuencias, que ningún saber es digno de elogio si no está sumergido en el amor de Dios; porque solo esto asegura que todos los dones que tengamos sean aprobados por él, como se dice en la segunda epístola:

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es (2 Co 5:17).

Con esto da a entender que, sin el Espíritu de regeneración, todo lo demás, por mucha apariencia que tenga, no vale nada. Ser conocido por Dios significa ser tenido en alguna estima o ser contado entre sus hijos. Así borra a todos los soberbios del libro de la vida (Fil 4:3) y del registro de los piadosos.

1 Corintios 8:4

4. En cuanto, pues, a comer de lo. Vuelve ahora a la declaración con que había comenzado y habla más claramente en relación con el pretexto de que se servían los corintios. Pues como todo el mal nacía de esta raíz, que se complacían en sí mismos y despreciaban a los demás, condena en general ese conocimiento desdeñoso que no está sazonado con amor. Ahora explica en particular cuál es la clase de conocimiento por la que se estimaban: que un ídolo es una vacía ficción del cerebro humano y debe, por tanto, considerarse nada; y por consiguiente, que la consagración que se hace en nombre del ídolo es una imaginación necia y sin importancia, y que un cristiano, por tanto, no se contamina cuando, sin reverencia al ídolo, come de lo sacrificado a los ídolos. Esta es la suma de la excusa, y Pablo no la rechaza como falsa (pues contiene excelente doctrina), sino porque abusaban de ella en oposición al amor.

En cuanto a las palabras, Erasmo lee así: «Un ídolo no tiene existencia». Prefiero la versión de la traducción antigua: Un ídolo es nada. Pues el argumento es este: que un ídolo es nada, por cuanto no hay más que un solo Dios; porque se sigue admirablemente: «Si no hay otro Dios fuera de nuestro Dios, entonces un ídolo es un sueño vacío y mera vanidad». Cuando dice: y que no hay otro Dios sino uno, entiendo la conjunción y como porque. Pues la razón por la que un ídolo es nada es que debe estimarse según la cosa que representa. Ahora bien, se instituye para representar a Dios; más aún, para representar dioses falsos, por cuanto no hay más que un solo Dios, que es invisible e incomprensible. La razón, además, debe observarse con cuidado: Un ídolo es nada porque no hay Dios sino uno; pues él es el Dios invisible y no puede ser representado por un signo visible para ser adorado por medio de él. Ya se erijan, pues, los ídolos para representar al Dios verdadero o a dioses falsos, en todo caso es un artificio perverso. De ahí que Habacuc llame a los ídolos maestros de mentira (Hab 2:18), porque engañan al pretender dar una figura o imagen de Dios, y burlan a los hombres bajo un falso título. Por eso οὐδεν (nada) se refiere no a la esencia, sino a la cualidad; pues un ídolo está hecho de alguna sustancia, ya sea plata, madera o piedra; pero como Dios no quiere ser representado de este modo, es vanidad y nada en cuanto a significado y uso.

1 Corintios 8:5

5. Porque aunque haya algunos que se llamen. «Tienen —dice— el nombre, pero les falta la realidad». Emplea aquí la palabra llamados para decir renombrados en la estimación de los hombres. Ha hecho también una división general al decir en el cielo o en la tierra. Los dioses de que se hace mención como en el cielo son los ejércitos celestes, como la Escritura llama al sol, la luna y las demás estrellas. Cuán lejos están, sin embargo, de tener derecho a honores divinos lo muestra Moisés por esto, que fueron creados para nuestro uso. El sol es nuestro siervo; la luna es nuestra criada. ¡Qué absurdo es, pues, rendirles honores divinos! Por los dioses que están en la tierra se entiende propiamente, en mi opinión, hombres y mujeres para quienes se ha instituido culto religioso. Pues, como observa Plinio, los que habían merecido bien de la humanidad tenían su memoria consagrada por la religión, de modo que eran adorados como deidades: Júpiter, Marte, Saturno, Mercurio y Apolo, que fueron hombres mortales pero después de su muerte fueron exaltados al rango de deidades; y, más recientemente, Hércules, Rómulo y por fin los Césares, como si estuviera en poder de los hombres hacer deidades a su gusto, cuando no pueden darse a sí mismos ni vida ni inmortalidad. Hay también otros dioses terrestres, tomados de ganados o de criaturas irracionales, como, por ejemplo, entre los egipcios, el buey, la serpiente, el gato, la cebolla, el ajo; y, entre los romanos, el mojón y la piedra de Vesta. Son dioses, pues, solo de nombre; pero Pablo dice que no se detiene a considerar deificaciones de esta clase.

1 Corintios 8:6

6. Para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre. Aunque Pablo dice estas cosas por anticipación, repite la excusa de los corintios de tal modo que al mismo tiempo transmite enseñanza. Pues, de lo que es más especialmente propio de Dios, prueba que no hay más que un solo Dios: «Todo lo que tiene su origen en algo ajeno a sí mismo no es eterno y, por consiguiente, no es Dios. Todas las cosas tienen su origen en un solo Ser: solo él, por tanto, es Dios». Y otra vez: «Él es ciertamente Dios, quien da la existencia a todos y de quien todas las cosas fluyen, como de la fuente suprema; pero solo hay Uno de quien todas las cosas fluyen, y por tanto no hay más que un solo Dios». Cuando añade: y nosotros en él (εἰς αὐτόν), quiere decir que subsistimos en Dios, pues por él fuimos creados una vez. Porque esta cláusula podría, en verdad, parecer tener otro significado: que así como de él tenemos nuestro principio, así debemos consagrarle nuestra vida como su fin; y se usa en este sentido en Ro 11:39. Aquí, sin embargo, se toma por ἐν αὐτῷ, que los apóstoles emplean comúnmente. Su sentido, pues, es que así como fuimos creados una vez por Dios, así es por su poder que somos conservados en nuestra condición presente. Que este es su sentido es evidente por lo que afirma inmediatamente después acerca de Cristo: que somos por él. Pues quiso atribuir la misma operación al Padre y al Hijo, añadiendo, sin embargo, la distinción adecuada a las Personas. Dice, pues, que subsistimos en el Padre y que es por el Hijo, porque el Padre es ciertamente el fundamento de toda existencia; pero, como es por el Hijo que estamos unidos a él, así nos comunica por medio de él la realidad de la existencia.

Un Señor. Estas cosas se afirman de Cristo de manera relativa, es decir, en relación con el Padre. Porque todas las cosas que son de Dios son ciertamente aplicables a Cristo cuando no se hace mención de las personas; pero como aquí se pone en comparación la persona del Padre con la persona del Hijo, con buena razón distingue el apóstol lo que les es propio.

Ahora bien, el Hijo de Dios, después de haberse manifestado en la carne, recibió del Padre dominio y poder sobre todas las cosas, para reinar solo en el cielo y en la tierra, y para que el Padre ejerciera su autoridad por medio de sus manos. Por eso se habla de nuestro Señor como uno. Pero en cuanto a que se le atribuye a él solo el dominio, esto no debe tomarse como si se abolieran las distinciones mundanas. Pues Pablo habla aquí del dominio espiritual, mientras que los gobiernos del mundo son políticos; como cuando dijo poco antes: hay muchos que se llaman señores (1 Co 8:5), lo dijo no de los reyes ni de otros que sobresalen en rango y dignidad, sino de ídolos o demonios a quienes los hombres necios atribuyen superioridad y mando. Aunque, pues, nuestra religión reconoce un solo Señor, esto no es obstáculo para que los gobiernos civiles tengan muchos señores, a quienes se debe honor y respeto en ese único Señor.

1 Corintios 8:7

7. Pero no en todos hay este conocimiento. Refuta, en una sola palabra, todo lo que había presentado antes en nombre de ellos, mostrando que no basta que sepan que lo que hacen es correcto si no tienen al mismo tiempo consideración a sus hermanos. Cuando dijo antes: Sabemos que todos tenemos conocimiento (1 Co 8:1), se refería a aquellos a quienes reprendía por abusar de su libertad. Ahora, por otra parte, los llama a considerar que hay muchas personas débiles e ignorantes asociadas con ellos, a las cuales deben acomodarse. «Tenéis, es verdad, un juicio correcto ante Dios, y si estuvierais solos en el mundo, os sería tan lícito comer de lo sacrificado a los ídolos como de cualquier otra clase de alimento. Pero considerad a vuestros hermanos, con quienes estáis endeudados. Vosotros tenéis conocimiento; ellos son ignorantes. Vuestras acciones deben regularse no solo según vuestro conocimiento, sino también según su ignorancia». Esta respuesta merece especial atención; pues nada hay a lo que seamos más propensos que a esto: que cada uno sigue su propia ventaja con descuido de la de los demás. De ahí que nos sintamos dispuestos a descansar en nuestro propio juicio y no consideremos que la corrección de las obras que hacemos ante los hombres depende no solo de nuestra propia conciencia, sino también de la de nuestros hermanos.

Algunos, con conciencia del ídolo. Esta es su ignorancia: que estaban aún bajo el influjo de alguna noción supersticiosa, como si hubiera alguna virtud en el ídolo o en una consagración perversa e idolátrica. Pablo, sin embargo, no habla de idólatras que eran del todo ajenos a la religión pura, sino de personas ignorantes que no habían sido suficientemente instruidas para entender que un ídolo es nada y que, por tanto, la consagración que se hacía en nombre del ídolo carece de importancia. Su idea, pues, era esta: «Como el ídolo es algo, la consagración que se hace en su nombre no es del todo vana, y por eso esas carnes no son puras, habiendo sido una vez dedicadas a los ídolos». De ahí pensaban que, si comían de ellas, contraían algún grado de contaminación y eran, en cierto modo, partícipes con el ídolo. Esta es la clase de escándalo que Pablo reprende en los corintios: cuando inducimos a hermanos débiles, con nuestro ejemplo, a aventurarse a algo contra su conciencia.

Y su conciencia. Dios quiere que no intentemos ni emprendamos nada sino lo que sabemos con certeza que le agrada. Todo lo que se hace, por tanto, con conciencia dudosa es, a causa de dudas de esa clase, defectuoso a los ojos de Dios. Y esto es lo que dice (Ro 14:23): Todo lo que no proviene de fe, es pecado. De ahí la verdad del dicho común: «Edifican para el infierno los que edifican contra su conciencia». Pues así como la excelencia de las acciones depende del temor de Dios y de la integridad de conciencia, así, por otra parte, no hay acción tan buena en apariencia que no quede contaminada por una afección corrupta del ánimo. Porque el hombre que se aventura a algo en oposición a la conciencia descubre con ello cierto desprecio de Dios; pues es señal de que tememos a Dios cuando respetamos su voluntad en todas las cosas. De ahí que no estés libre de desprecio de Dios si mueves siquiera un dedo dudando si no le desagradará. En cuanto a las carnes, hay otra cosa que considerar, pues no nos son santificadas sino por la palabra (1 Ti 4:5). Si falta esa palabra, no queda sino contaminación; no porque las criaturas de Dios se contaminen, sino porque el uso que de ellas hace el hombre es impuro. En fin, así como los corazones de los hombres son purificados por la fe, así sin fe nada hay puro ante Dios.

1 Corintios 8:8-13

8. Si bien la vianda no nos hace más aceptos a Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos.

8. Atqui esca nos non commendat Deo: neque si comedamus, abundamus, neque si non comedamus, deficimur aliquo.

9. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.

9. Sed videte, ne quo modo facultas haec vestra offendiculo sit infirmis.

10. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en el templo de los ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?

10. Si quis enim videat to, utcunque scientiam habeas, in epulo simulacrorum accumbentem; nonne conscientia eius, quum tamen infirmus sit, aedificabitur ad edendum quae sunt idolis immolata?

11. Y por tu conocimiento se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.

11. Et peribit frater, qui infirmus est, in tua scientia, propter quem Christus mortuus est?

12. De esta manera, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.

12. Sic autem peccantes in fratres, et vuluerantes conscientiam illorum infirmam, in Christum peccatis.

13. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, jamás comeré carne, para no poner tropiezo a mi hermano.

13. Quapropter si esca offendit fratrem meum, nequaquam vescar carnibus in aeternum, ne fratri meo sim offendiculo.

1 Corintios 8:8

8. La vianda no nos hace más aceptos a Dios. Este fue, o puede haber sido, otro pretexto de que se servían los corintios: que el culto a Dios no consiste en viandas, como el propio Pablo enseña en su Epístola a los Romanos (Ro 14:17) que el reino de Dios no es comida ni bebida. Pablo responde: «Debemos cuidar al mismo tiempo de que nuestra libertad no perjudique a nuestro prójimo». En esto reconoce tácitamente que a los ojos de Dios no importa de qué clases de alimento participemos, porque nos permite su libre uso en cuanto a la conciencia; pero que esta libertad, en cuanto a su uso externo, queda sujeta al amor. El argumento de los corintios era, pues, defectuoso, por cuanto inferían el todo de una parte, pues en el uso de las viandas está incluida la consideración de las exigencias del amor. Es cierto, por tanto, que la vianda no nos hace más aceptos a Dios; y Pablo lo reconoce, pero pone esta excepción: que Dios nos recomienda el amor, y sería un crimen pasarlo por alto.

Ni porque comamos, seremos más. No habla de mejora en cuanto al estómago; pues el que ha comido tiene el estómago más lleno que el que anda en ayunas; sino que quiere decir que no tenemos ni más ni menos justicia por comer o por abstenernos. Además, no habla de toda clase de abstinencia ni de toda clase de comer. Pues el exceso y el lujo desagradan en sí mismos a Dios, mientras que la sobriedad y la moderación le agradan. Pero entendamos que el reino de Dios, que es espiritual, no consiste en estas observancias externas y que, por tanto, las cosas indiferentes no tienen en sí mismas importancia alguna a los ojos de Dios. Mientras presenta esto en la persona de otros por anthypophora, admite al mismo tiempo que es verdad, pues está tomado de su propia doctrina, que tocamos hace poco.

1 Corintios 8:9

9. Mirad que esta libertad vuestra. Deja intacta su libertad, pero modera el uso de ella hasta este punto: que no dé ocasión de tropiezo a los débiles. Y desea expresamente que se tenga consideración a los débiles, es decir, a los que aún no están del todo confirmados en la doctrina de la piedad, pues como suelen ser mirados con desprecio, es voluntad y mandato del Señor que se tenga consideración a ellos. Entretanto, insinúa que a los gigantes fuertes que quieran someter tiránicamente nuestra libertad a su capricho se les puede dejar tranquilamente, porque no hemos de temer escandalizar a los que no son arrastrados al pecado por debilidad, sino que buscan ansiosamente algo que censurar. Lo que quiere decir con tropezadero lo veremos enseguida.

1 Corintios 8:10

10. Porque si alguno te ve. De aquí se ve con más claridad cuánta libertad se permitían los corintios; pues cuando los impíos hacían una especie de banquete sagrado para sus ídolos, no vacilaban en ir a él para comer del sacrificio con ellos. Pablo muestra ahora qué mal resultaba de esto. En la primera cláusula, en lugar de las palabras que tienes conocimiento, he traducido la expresión así: aunque tengas; y en la segunda cláusula, en la expresión que es débil, he introducido la palabra no obstante. Juzgué necesario hacerlo para aclarar el sentido de Pablo. Pues hace una concesión, como si dijera: «Sea que tienes conocimiento; el que te ve, aunque no está dotado de conocimiento, es no obstante confirmado por tu ejemplo para aventurarse a lo mismo, cuando nunca habría dado tal paso si no hubiera tenido quien tomara la delantera. Ahora bien, cuando tiene a quien imitar, piensa que tiene suficiente excusa en la circunstancia de que imita a otro, mientras entretanto obra con mala conciencia». Pues debilidad significa aquí ignorancia o escrúpulo de conciencia. Sé, al mismo tiempo, de qué manera lo explican otros; pues entienden que el tropezadero es este: cuando personas ignorantes, inducidas por el ejemplo, se imaginan que de este modo prestan algún servicio religioso a Dios; pero esta idea es del todo ajena al sentido de Pablo. Porque los reprende, como he dicho, porque animaban a los ignorantes a lanzarse, contra su conciencia, a intentar lo que no pensaban que les fuera lícito. Ser edificado significa aquí ser confirmado. Ahora bien, esa es una clase ruinosa de edificación, la que no está fundada en sana doctrina.

1 Corintios 8:11

11. Y por tu conocimiento se perderá el hermano. Observa cuán grave es este mal, que los hombres comúnmente estiman en tan poco: el de aventurarse a algo con conciencia dudosa o contraria. Pues el objeto al que debe dirigirse toda nuestra vida es la voluntad del Señor. Esto, pues, es lo único que vicia todas nuestras acciones cuando lo desatendemos. Lo hacemos no solo por una acción externa, sino aun por un pensamiento del ánimo, cuando nos permitimos algo en oposición a la conciencia, aunque la cosa no sea mala en sí misma. Tengamos presente, por tanto, que siempre que damos un paso en oposición a la conciencia, vamos por el camino real de la ruina.

Leo, sin embargo, la frase en forma interrogativa, así: ¿Se perderá por tu conocimiento?, como si dijera: «¿Es razonable que tu conocimiento dé ocasión de ruina a tu hermano? ¿Es para esto que sabes lo que es correcto, para causar la ruina de otro?». Emplea el término hermano para exponer su orgullo como insensible, de este modo: «Es verdad que la persona a quien desprecias es débil, pero es aún tu hermano, pues Dios lo ha adoptado. Obras, pues, cruelmente al no tener preocupación por tu hermano». Hay, sin embargo, aún mayor fuerza en lo que sigue: que aun los ignorantes o débiles han sido redimidos con la sangre de Cristo; pues nada sería más indecoroso que esto: que, mientras Cristo no vaciló en morir para que los débiles no perecieran, nosotros, por el contrario, tengamos en nada la salvación de quienes han sido redimidos con tan grande precio. ¡Dicho memorable, por el cual se nos enseña cuán preciosa debe ser en nuestra estima la salvación de nuestros hermanos, y no solo la de todos, sino la de cada individuo en particular, por cuanto la sangre de Cristo fue derramada por cada individuo!

1 Corintios 8:12

12. De esta manera, pecando contra los hermanos, etc. Porque si el alma de cada débil es el precio de la sangre de Cristo, el hombre que, por una porción muy pequeña de carne, precipita de nuevo a la muerte al hermano redimido por Cristo muestra cuán despreciable es a sus ojos la sangre de Cristo. Por tanto, un desprecio de esta clase es un insulto abierto a Cristo. De qué modo puede ser herida una conciencia débil se ha explicado ya: cuando es edificada en lo malo (1 Co 8:10), de modo que se lanza audaz y temerariamente más lejos de lo que el individuo piensa que le es lícito.

1 Corintios 8:13

13. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer Con el fin de reprender con mayor severidad su desdeñosa libertad, declara que no solo debemos abstenernos de un solo banquete antes que perjudicar a un hermano, sino que deberíamos renunciar a comer carne durante toda nuestra vida. Y no se limita a prescribir lo que debe hacerse, sino que declara que él mismo actuaría así. La expresión, es verdad, es hiperbólica, pues apenas es posible que alguien se abstenga de comer carne durante toda su vida si permanece en la vida común; pero su sentido es que preferiría no hacer uso de su libertad en ningún caso antes que ser ocasión de tropiezo para el débil. Porque la participación no es lícita en ningún caso, a menos que esté regulada por la norma del amor. ¡Ojalá esto fuera debidamente ponderado por quienes lo subordinan todo a su propia conveniencia, de modo que no soportan renunciar ni al ancho de un cabello de su derecho por causa de sus hermanos; y ojalá atendieran no solo a lo que Pablo enseña, sino también a lo que señala con su propio ejemplo! ¡Cuánto nos supera! Si él, pues, no vacila en someterse de este modo a sus hermanos, ¿cuál de nosotros no se sometería a la misma condición?

Pero por difícil que sea poner en práctica esta doctrina, en cuanto al sentido es fácil, de no ser porque unos la han corrompido con necias glosas y otros con perversas calumnias. Ambos grupos yerran en cuanto al sentido de la palabra ofender. Pues entienden que ofender significa incurrir en el odio o el desagrado de los hombres, o, lo que es casi lo mismo, hacer lo que les desagrada o no les es del todo agradable. Pero por el contexto aparece con toda evidencia que significa simplemente estorbar a un hermano con mal ejemplo (como un obstáculo puesto en su camino) para que no siga el buen rumbo, o darle ocasión de caer. Pablo, por tanto, no trata aquí de conservar el favor de los hombres, sino de ayudar a los débiles para que no caigan, y de dirigirlos con prudencia para que no se desvíen del camino recto. Pero (como he dicho) los primeros son necios, mientras que los segundos son además malvados e impudentes.

Son necios los que apenas permiten a los cristianos uso alguno de las cosas indiferentes, para no ofender a los supersticiosos. «Pablo —dicen— prohíbe aquí todo lo que pueda dar ocasión de tropiezo. Ahora bien, comer carne en viernes no dejará de causar tropiezo, y por tanto debemos abstenernos de ella, no solo cuando hay algunos débiles presentes, sino en todos los casos sin excepción, porque es posible que lleguen a saberlo». Dejando aparte su mala interpretación de la palabra traducida como ocasión de tropiezo, caen en un grave error al no considerar que Pablo arremete aquí contra quienes abusan impúdicamente de su conocimiento en presencia de los débiles, a quienes no se toman ningún trabajo por instruir.

Por eso no habrá motivo de reproche si la instrucción se ha dado antes. Además, Pablo no nos manda calcular si en lo que hacemos puede haber ocasión de tropiezo, salvo cuando el peligro está presente ante nuestra vista.

Paso ahora al otro grupo. Estos son pretendidos seguidores de Nicodemo, que bajo este pretexto se conforman con los impíos participando en su idolatría, y, no contentos con justificar lo que hacen mal, desean además atar a otros a la misma necesidad. Nada podría decirse con mayor claridad para condenar su perversa disimulación que lo que Pablo enseña aquí: que todos los que con su ejemplo atraen a los débiles a la idolatría cometen un grave ultraje contra Dios y contra los hombres. Sin embargo, se escudan afanosamente contra esto procurando mostrar que las supersticiones deben ser fomentadas en el corazón de los ignorantes, y que debemos ir delante de ellos hacia la idolatría, no sea que una condenación franca de la idolatría los ofenda. Por eso no les haré el honor de detenerme en refutar su impudencia. Simplemente advierto a mis lectores que comparen los tiempos de Pablo con los nuestros, y juzguen a partir de ello si es lícito asistir a la misa y a otras abominaciones, dando tanta ocasión de tropiezo a los débiles.

CAPÍTULO 9

1 Corintios 9:1-12

1. ¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesucristo nuestro Señor? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?

1. Non sum liber? non sum Apostolus? nonne Iesum Christum Dominum nostrum vidi? nonne opus meum vos estis in Domino?

2. Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.

2. Si aliis non sum Apostolus, vobis tamen sum: sigillum enim Apostolatus mei vos estis in Domino?

3. Mi defensa ante los que me acusan es esta:

3. Haec mea defensio est apudeos, qui in me inquirunt.

4. ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?

4. Numquid non habemus potestatem edendi et bibendi?

5. ¿Acaso no tenemos derecho de llevar con nosotros una hermana por esposa, como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?

5. Numquid potestatem non habemus circumducendae uxoris sororis,quemadmodum et reliqui Apostoli,et fratres Domini, et Cephas?

6. ¿O solo yo y Bernabé no tenemos derecho de dejar de trabajar?

6. An ego solus et Barnabas non habemus potestatem hoc agendi?

7. ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?

7. Quis militavit suo sumptu unquam? quis plantat vitem, et ex fructu ejus non comedit? quis pascit gregem, et lacte gregis non vescitur?

8. ¿Digo esto solo como hombre? ¿No dice esto mismo también la ley?

8. Num secundum hominem haec dico?

9. Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Acaso se preocupa Dios de los bueyes?

9. Numquid lex quoque eadem non dicit? in lege enim Mosis (Deuteronomy 25:4) scripture est: non obligabis os bovi trituranti: numquid boves curae sunt Deo,

10. ¿O lo dice enteramente por nosotros? Sí, por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir su parte.

10. Vel propter nos omnino dicit? Et sane propter nos scripturm est: quoniam debet sub spe, qui arat, arare, et qui triturat, sub spe participandi. (Alias: quia debeat sub spe qui arat, arare, et qui triturat sub spe, spei suae particeps esse debeat.)

11. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segamos de vosotros lo material?

11. Si nos vobis spiritualia seminavimus, magnum, si carnalia vestra metamus?

12. Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿no más bien nosotros? Sin embargo, no hemos usado de este derecho; antes lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.

12. Si alii hanc in vos sumunt potestatem, an non magis nos? atqui non usi sumus facultate hac: sed omnia sufferimus, ut ne quam offensionem demus Evangelio Christi.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.