Comentarios bíblicos · Juan Calvino
2 Corintios 9: comentario de Juan Calvino
2 Corintios 9:1
Esta afirmación puede parecer a primera vista que encaja mal, o no lo bastante bien, con lo anterior; pues parece hablar de un asunto nuevo, que no había tocado antes, cuando en realidad sigue el mismo tema. Que el lector, sin embargo, observe que Pablo trata del mismo asunto de que venía tratando: que no exhortaba a los corintios por falta de confianza, y que su amonestación no va unida a reproche alguno por el pasado, sino que tiene razones particulares que lo mueven. El sentido, pues, de lo que dice ahora es este: «No os enseño que es un deber socorrer a los santos, pues ¿qué necesidad habría de ello? Eso os es suficientemente conocido, y habéis dado prueba práctica de que no estáis dispuestos a faltarles; pero como yo, al gloriarme en todas partes de vuestra liberalidad, he empeñado mi crédito junto con el vuestro, esta consideración no me permite abstenerme de hablar.» De no ser por esto, una preocupación tan ansiosa podría haber resultado algo ofensiva para los corintios, porque habrían pensado o que se les reprochaba su indolencia o que Pablo sospechaba de ellos. Al presentar, sin embargo, una disculpa muy oportuna, se asegura la libertad no solo de exhortarlos sin ofender, sino incluso de instarlos de tiempo en tiempo.
Alguien, sin embargo, podría sospechar que Pablo finge aquí lo que en realidad no piensa. Esto sería sumamente absurdo; pues si los considera suficientemente preparados para cumplir su deber, ¿por qué se pone a amonestarlos con tanto vigor? Y, por otra parte, si duda de su buena voluntad, ¿por qué declara que es innecesario amonestarlos? El amor lleva consigo estas dos cosas: buena esperanza y preocupación ansiosa. Nunca habría dado tal testimonio en favor de los corintios si no hubiera estado plenamente de acuerdo con lo que expresa. Había visto un comienzo feliz; había esperado que el progreso ulterior del asunto correspondiera; pero como conocía bien la inconstancia del ánimo humano, no podía precaverse con demasiado cuidado de que se desviaran de su piadoso propósito.
1. Ayuda. Este término parece poco aplicable a quienes dan de sus bienes a los pobres, puesto que la liberalidad merece una designación más espléndida. Pablo, sin embargo, tenía a la vista lo que los creyentes deben a sus consiervos. Pues los miembros de Cristo deben servirse mutuamente unos a otros. De este modo, cuando socorremos a los hermanos, no hacemos más que cumplir un servicio que se les debe. Por otra parte, descuidar a los santos cuando necesitan nuestra ayuda es peor que inhumano, pues los defraudamos de lo que les es debido.
2 Corintios 9:2
2. De la cual me glorío. Muestra la buena opinión que tenía de ellos en que, en cierto modo, se había presentado como fiador suyo al afirmar su buena disposición. Pero ¿y si afirmó temerariamente más de lo que el caso permitía? Pues hay alguna apariencia de ello, ya que se gloriaba de que estaban preparados desde el año pasado, mientras aún los insta a tenerlo preparado. Respondo que sus palabras no han de entenderse como si Pablo hubiera declarado que lo que habían de dar estaba ya apartado en el arca, sino que simplemente mencionó lo que se había resuelto entre ellos. Esto no implica culpa alguna de inconstancia o de error. Era, pues, de esta promesa de lo que hablaba Pablo.
2 Corintios 9:3
3. Pero he enviado a los hermanos. Presenta ahora la razón de por qué, aunque tiene una opinión favorable acerca de su buena voluntad, se pone sin embargo a exhortarlos con cuidado. «Miro», dice, «por mi buen nombre y por el vuestro; pues como prometí en vuestro nombre, ambos incurriríamos en deshonra, en común, si las palabras y los hechos no correspondieran. Por eso debéis tomar a bien mis temores.»
2 Corintios 9:4
4. En esta confianza. Siendo ὑπόστασις el término griego, el Antiguo Intérprete lo ha traducido substantiam (sustancia). Erasmo lo traduce argumentum (asunto), pero ninguno de los dos es adecuado. Budeo, sin embargo, observa que este término se toma a veces en el sentido de osadía o confianza, como lo usa Polibio cuando dice: ὀυχ οὑτω την δύναμιν ὡς τὴν ὑπόστασιν καὶ τόλμαν αὐτοῦ καταπεπληγμένον τῶν εναντίων: «No tanto su fuerza corporal como su osadía e intrepidez fue lo que confundió a los enemigos.» De ahí que ὑποτατικός signifique a veces el que es osado y confiado. Ahora bien, cualquiera ve cuán bien concuerda este sentido con el hilo del discurso de Pablo. De aquí se ve que los demás intérpretes han caído por inadvertencia en un error.
2 Corintios 9:5
5. Como de generosidad, y no como de exigencia. En lugar de generosidad, algunos traducen colecta. Yo he preferido, sin embargo, traducirlo literalmente, porque los griegos empleaban el término εὐλογίας para expresar la palabra hebrea ברכה (beracah), que se usa en el sentido de bendición, es decir, invocación de prosperidad, así como en el sentido de beneficencia. La razón la considero esta: que en primer lugar se atribuye a Dios. Ahora bien, sabemos cómo Dios nos bendice eficazmente con su simple señal. Cuando de ahí se transfiere a los hombres, conserva el mismo significado; impropiamente, es cierto, puesto que los hombres no tienen la misma eficacia para bendecir, pero no sin conveniencia por transferencia.
A la bendición opone Pablo la πλεονεξίαν (avaricia), término que los griegos emplean para designar la codicia excesiva, así como el fraude y la mezquindad. He preferido más bien el término mezquindad en este contraste; pues Pablo querría que dieran no de mala gana, sino con espíritu liberal, como se verá aún más claramente por lo que sigue.
2 Corintios 9:6-9
6. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.
6. Hoc autem (est): Qui sementem facit parce, is parce messurus est: et qui sementem facit in benedictionibus, in benedictionibus etiam metet.
7. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
7. Unusquisque secundum propositum cordis, non ex molestia aut necessitate: nam hilarem datorem diligit Deus.
8. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;
8. Potens est autem Deus efficere, ut tota gratia in vos exuberet: ut in omnibus omnem sufficientiam habentes, exuberetis in omne opus bonum.
9. como está escrito: Esparció, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.
9. Quemadmodum scriptum est (Psalm 112:9): Dispersit, dedit pauperibus, iustitia eius manet in saeculum.
2 Corintios 9:6
6. Pero esto digo. Recomienda ahora la limosna con una hermosa comparación, equiparándola a la siembra. Pues al sembrar, la semilla es arrojada con la mano, se esparce por la tierra de un lado y de otro, se cubre con la rastra y por fin se pudre; y así parece como perdida. Lo mismo ocurre con la limosna. Lo que sale de ti hacia otra parte parece una disminución de lo que tienes, pero llegará el tiempo de la cosecha, cuando se recoja el fruto. Pues así como el Señor considera dado a él mismo todo lo que se gasta en los pobres, así después lo retribuye con abundante interés (Pr 19:17).
Ahora bien, la comparación de Pablo. El que siembra escasamente tendrá una cosecha pobre, correspondiente a la siembra; el que siembra generosamente y a manos llenas, segará una cosecha correspondientemente generosa. Que esta doctrina eche hondas raíces en nuestro ánimo, para que, siempre que la razón carnal nos detenga de hacer el bien por miedo a la pérdida, nos defendamos de inmediato con este escudo: «Pero el Señor declara que estamos sembrando.» La cosecha, sin embargo, debe explicarse como referida a la recompensa espiritual de la vida eterna, así como a las bendiciones terrenales que Dios concede a los benéficos. Pues Dios retribuye la beneficencia de los creyentes no solo en el cielo, sino también en este mundo. Por eso es como si dijera: «Cuanto más benéficos seáis con vuestros prójimos, tanto más abundantemente hallaréis derramada sobre vosotros la bendición de Dios.» Contrasta aquí de nuevo la bendición con lo escaso, como lo había hecho antes con la mezquindad. De aquí se ve que se toma en el sentido de una liberalidad amplia y generosa.
2 Corintios 9:7
7. Cada uno como propuso en su corazón. Como les había encargado que dieran con liberalidad, era necesario añadir también esto: que Dios estima la liberalidad no tanto por la suma como por la disposición. Deseaba, es verdad, inducirlos a dar largamente para que los hermanos fueran socorridos con más abundancia; pero no quería sacarles nada contra su voluntad. Por eso los exhorta a dar de buena gana lo que estuvieran dispuestos a dar. Pone el propósito del corazón en contraste con la tristeza y la coacción. Pues lo que hacemos cuando nos obliga la necesidad no lo hacemos con propósito del corazón, sino con renuencia. Ahora bien, debes entender que la necesidad de que se habla es la extrínseca, como se la llama; es decir, la que procede de la influencia de otros. Pues obedecemos a Dios porque es necesario, y sin embargo lo hacemos de buena gana. Nosotros mismos, pues, en ese caso nos imponemos una necesidad por propia voluntad, y como la carne es renuente, con frecuencia incluso nos constreñimos a cumplir un deber que nos es necesario. Pero cuando somos constreñidos por la influencia de otros, teniendo entretanto la inclinación a evitarlo si de algún modo pudiéramos, no hacemos nada en ese caso con diligencia, nada con alegría, sino todo con renuencia o coacción del ánimo.
Porque Dios ama al dador alegre. Nos remite a Dios, como dije al principio, pues las limosnas son un sacrificio. Ahora bien, ningún sacrificio agrada a Dios si no es voluntario. Pues cuando nos enseña que Dios ama al dador alegre, da a entender que, por el contrario, los mezquinos y renuentes le son aborrecibles. Porque no quiere dominarnos como un tirano, sino que, así como obra con nosotros como Padre, así exige de nosotros la obediencia alegre de hijos.
2 Corintios 9:8
8. Y poderoso es Dios. De nuevo se precave contra el pensamiento bajo que nuestra infidelidad nos sugiere constantemente: «¡Cómo! ¿No miraréis más bien por vuestro propio interés? ¿No consideráis que, cuando esto se quite, quedará tanto menos para vosotros mismos?» Para ahuyentar esto, Pablo nos arma con una escogida promesa: que todo lo que demos resultará en nuestro provecho. He dicho ya que por naturaleza somos excesivamente mezquinos, porque somos propensos a la desconfianza, que tienta a cada uno a retener con mano ansiosa lo que le pertenece. Para corregir esta falta debemos aferrarnos a esta promesa: que los que hacen bien a los pobres no miran menos por sus propios intereses que si regaran sus campos. Pues con las limosnas, como con otros tantos canales, hacen que la bendición de Dios fluya hacia ellos mismos, para ser enriquecidos por ella. Lo que Pablo quiere decir es esto: «Tal liberalidad no os privará de nada, sino que Dios hará que os vuelva en mucha mayor abundancia.» Pues habla del poder de Dios no como los poetas, sino a la manera de la Escritura, que le atribuye un poder puesto en acción, cuya eficacia presente sentimos nosotros mismos; no un poder ocioso que meramente imaginemos.
A fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente. Menciona una doble ventaja que surge de aquella gracia que había prometido a los corintios: que tendrían lo suficiente para sí mismos y tendrían algo más para hacer el bien. Con el término suficiencia señala la medida que el Señor sabe que nos es útil, pues no siempre nos conviene estar llenos hasta la saciedad. El Señor, pues, nos provee según la medida de nuestro provecho, unas veces más, otras menos, pero de tal manera que quedamos satisfechos, lo cual es mucho más que si uno tuviera todo el mundo para regalarse. En esta suficiencia debemos abundar con el fin de hacer bien a otros; pues la razón por la que Dios nos hace bien no es que cada uno guarde para sí lo que ha recibido, sino que haya entre nosotros una participación mutua, según lo requiera la necesidad.
2 Corintios 9:9
9. Como está escrito: Esparció. Presenta una prueba tomada del Sal 112:9, donde, junto con otras excelencias del hombre piadoso, el Profeta menciona también esta: que no faltará en hacer el bien, sino que, así como el agua fluye sin cesar de una fuente perenne, así el manar de su liberalidad será incesante. Pablo tiene la vista puesta en esto: que no nos cansemos de hacer el bien (Gá 6:9), y esto es también lo que significan las palabras del Profeta.
2 Corintios 9:10-15
10. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,
10. Pro qui suppeditat semen seminanti, is et panem in cibum supeditet, et multiplicet sementem vestram, et augeat proventus iustitiae vestrae.
11. para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.
11. Ut in omnibus locupletemini in omnem simplicitatem, quae per vos producit gratiarum actionem Deo.
12. Porque la administración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;
12. Nam ministerium huius functionis non solum supplet ea quae desunt sanctis: verum etiam exuberat in hoc, quod per multos agantur gratiae Deo:
13. pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos;
13. Quod per probationem ministrii huius glorificant Deum super obedientia consensus vestri in Evangelium Christi: et de simplicatate communicationis in ipsos, et in omnes:
14. asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros.
14. Et precatione eorum pro vobis: qui desiderant vos propter eminentem Dei gratiam in vobis.
15. ¡Gracias a Dios por su don inefable!
15. Gratia autem Deo super inenarrabili suo munere.
2 Corintios 9:10
10. El que da. Una hermosa perífrasis, en lugar del término Dios, y llena de consuelo. Pues la persona que siembra la semilla en la estación debida parece, al segar, recoger el fruto de su trabajo e industria, y la siembra parece ser la fuente de donde nos fluye el alimento. Pablo se opone a esta idea sosteniendo que la semilla es dada y el alimento es provisto por el favor de Dios incluso a los labradores que siembran, y a quienes se considera que se sustentan a sí mismos y a otros con sus esfuerzos. Hay una afirmación semejante en Dt 8:16, 18:
«Te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido… no sea que digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas», etc.
Proveerá. Aquí hay dos lecturas diferentes, incluso en las versiones griegas. Pues algunos manuscritos ponen los tres verbos en futuro: proveerá, multiplicará, aumentará. De este modo habría una confirmación de lo anterior, pues no es raro en Pablo repetir la misma promesa con otras palabras para que quede mejor grabada en el ánimo de los hombres. En otros manuscritos estas palabras aparecen en modo infinitivo, y es bien sabido que el infinitivo se usa a veces en lugar del optativo. Yo prefiero más bien esta lectura, tanto porque es la más generalmente recibida como porque Pablo acostumbra hacer seguir sus exhortaciones de oraciones, pidiendo a Dios lo que antes había comprendido en su doctrina; aunque al mismo tiempo la primera lectura no sería inadecuada.
Pan al que come. Menciona un doble fruto de la bendición de Dios sobre nosotros: primero, que tenemos lo suficiente para nosotros mismos para el sustento de la vida; y segundo, que tenemos algo que reservar para aliviar las necesidades de otros. Pues así como no nacimos solo para nosotros mismos, tampoco debe el cristiano vivir para sí ni emplear lo que tiene solo para su propio uso.
Bajo los términos semilla y frutos de justicia se refiere a la limosna. Los frutos de justicia los contrasta indirectamente con aquellas ganancias que la mayoría guarda en bodegas, graneros y depósitos, para meter cada uno todo lo que pueda recoger, más aún, rapiñar, con tal de enriquecerse. Con el primer término expresa los medios de hacer el bien; con el segundo, la obra misma, o el oficio del amor; pues la justicia se toma aquí, por sinécdoque, en el sentido de beneficencia. «¡Que Dios no solo os provea de lo que sea suficiente para el uso particular de cada uno, sino en tal medida que la fuente de vuestra liberalidad, manando siempre, nunca se agote!» Si, sin embargo, aliviar las necesidades de los prójimos es un aspecto de la justicia (y ciertamente no el menor), deben ser injustos los que descuidan este aspecto del deber.
2 Corintios 9:11
11. Para que estéis enriquecidos para toda liberalidad. De nuevo emplea el término liberalidad para expresar la naturaleza de la verdadera generosidad, cuando,
echando toda nuestra ansiedad sobre Dios (1 P 5:7),
empleamos con alegría lo que nos pertenece para los fines que él indique. Nos enseña que estas son las verdaderas riquezas de los creyentes: que, confiando en la providencia de Dios para la suficiencia de su sustento, no los detiene la desconfianza de hacer el bien. Y no sin buena razón honra con el título de abundancia la saciante plenitud de un ánimo sencillo y contento con su porción moderada; pues nada hay más hambriento y famélico que los desconfiados, atormentados por un ansioso deseo de tener.
La cual produce por medio de vosotros. Recomienda, en consideración a otro resultado, las limosnas que iban a dar: que tenderían a promover la gloria de Dios. Después lo expresa también con más claridad y amplificación, de este modo: «Además de la ventaja ordinaria del amor, producirán también acción de gracias.» Ahora bien, amplifica diciendo que muchos darán gracias a Dios, y no solo por la liberalidad misma con que han sido socorridos, sino también por toda la medida de piedad de los corintios.
2 Corintios 9:12
Con el término administración se refiere a lo que había emprendido a petición de las iglesias. Ahora bien, lo que traducimos functionem (servicio) es en griego λειτουργία, término que denota unas veces un sacrificio, otras cualquier oficio asignado públicamente. Cualquiera de los dos conviene bien a este pasaje. Pues, por una parte, no es inusual que las limosnas se llamen sacrificios; y, por otra, así como cuando se distribuyen oficios entre los ciudadanos nadie rehúsa emprender el deber que se le ha asignado, así en la Iglesia el compartir con otros debe considerarse un deber necesario. Los corintios, pues, y otros, al socorrer a los hermanos de Jerusalén, presentaron un sacrificio a Dios, o cumplieron un servicio que era debido y que estaban obligados a cumplir. Pablo era el ministro de ese sacrificio, pero el término ministerio o servicio puede también considerarse referido a los corintios. Sin embargo, carece de particular importancia.
2 Corintios 9:13
13. Por la experiencia de esta administración. El término experiencia aquí, como en otros muchos lugares, significa prueba o ensayo. Pues era señal suficiente para poner a prueba el amor de los corintios el que fueran tan liberales con hermanos que estaban a gran distancia de ellos. Pablo, sin embargo, lo extiende más lejos: a su obediencia concordante en el evangelio. Pues con tales pruebas manifestamos verdaderamente que somos obedientes a la doctrina del evangelio. Ahora bien, su concordia se ve en que las limosnas se dan con el común consentimiento de todos.
2 Corintios 9:14-15
14. Y por la oración de ellos. No omite ventaja alguna que pueda servir de algo para estimular a los corintios. En primer lugar, ha mencionado el consuelo que experimentarían los creyentes; en segundo, la acción de gracias, por medio de la cual Dios sería glorificado. Más aún, ha dicho que esto sería una confesión que manifestaría a todos su unánime concordia en la fe y en la obediencia piadosa. Ahora añade la recompensa que los corintios recibirían de los santos: benevolencia nacida de la gratitud y oraciones fervientes. «Tendrán», dice, «el modo de corresponderos; pues os mirarán con el amor con que deben, y tendrán cuidado de encomendaros a Dios en sus oraciones.» Por fin, como si hubiera obtenido su deseo, se dispone a celebrar las alabanzas de Dios, con lo cual deseaba testificar la confianza que sentía, como si el asunto ya estuviera cumplido.
CAPÍTULO 10
2 Corintios 10:1-6
1. Yo Pablo mismo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros;
1. Pro ipse ego Paulus exhortor vos per lenitatem et mansuetudinem Christi, qui secundum faciem humilis quidem sum inter vos, absens autem audax sum in vos.
2. ruego, pues, que cuando esté presente no tenga que usar de aquel atrevimiento con que estoy dispuesto a proceder resueltamente contra algunos que nos tienen como si anduviésemos según la carne.
2. Rogo autem, ne praesens audeam ea fiducia, qua cogito audax esse in quosdam, qui nos aestimant, acsi secundum carnem ambularemus.
3. Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
3. Nam in carne ambulantes, non secundum carnem militamus.
4. porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
4. Siquidem arma militiae nostrae non carnilia sunt, sed potentia Deo ad destructionem munitionum, quibus consilia destruimus.
5. derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
5. Et omnem celsitudinem, quae extollitur adversus cognitionem Dei: et captivam ducimus omnem cogitationem ad obediendum Christo:
6. y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.
6. Et in promptu habemus vindictam adversus omnem inobedientiam, quum impleta fuerit vestra obedientia.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.