Comentarios bíblicos · Juan Calvino
Deuteronomio 12: comentario de Juan Calvino
Deuteronomio 12:4
4. No haréis así a Jehová vuestro Dios. Aquí se establece la principal distinción, en cuanto a los ejercicios externos de devoción, entre el culto legítimo de Dios y todos los ritos fingidos que han inventado los gentiles: que Dios no quería sino un santuario y un altar, que pudiera ser símbolo de la diferencia entre Él mismo y todos los ídolos; y así que la verdadera religión no tuviera afinidad con las supersticiones. A esto se refiere la prohibición de que los israelitas se condujeran hacia Dios como los gentiles hacia sus ídolos, sino que se levantara una barrera que los separara de todo el mundo. Toda la profesión externa del culto de Dios se añade oportunamente al Segundo Mandamiento, porque de él depende y no tiene otro objeto que su debida observancia. Pero cuando comienzo a hablar del tabernáculo, del sacerdocio y de los sacrificios, entro en un océano profundo y vasto, en el cual muchos intérpretes, dando rienda a su curiosidad, han seguido un rumbo errante y desordenado. Advertido, pues, por su ejemplo, recogeré mis velas y solo tocaré unos pocos puntos que tienden a la edificación en la fe. Pero debo pedir ahora a mis lectores no solo que me perdonen por abstenerme de especulaciones sutiles, sino que ellos mismos se mantengan de buen grado dentro de los límites de la sencillez. Muchos tienen comezón de oír; y en nuestra vanidad natural, la mayoría de los hombres se deleitan más con necias alegorías que con una erudición sólida. Pero los que deseen aprovechar en la escuela de Dios, aprendan a refrenar este perverso deseo de saber más de lo que les conviene, aunque cosquillee sus mentes. Consideremos ahora las palabras de Moisés.
Deuteronomio 12:5-6
5. Sino que en el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere. Se pregunta por qué Dios quería que se le ofrecieran sacrificios solo en un altar. Además de la razón que he alegado hace poco, no hay que dudar de que de este modo tenía en cuenta a los creyentes, para fomentar en ellos la concordia en la unidad de la fe. Este lugar era, pues, como un estandarte para reunir al pueblo, a fin de que su religión no fuera desgarrada por divisiones y no se insinuaran diversidades. Además, Dios, al reclamar su derecho y autoridad de escoger el lugar, recomienda la obediencia, de la cual depende también la pureza del culto. Pero surge de nuevo otra cuestión; porque, antes del tiempo de David, el Arca no tuvo en ninguna parte un lugar fijo de reposo, sino que andaba, por así decirlo, de alojamiento en alojamiento; por tanto, si se entiende que el lugar escogido es el monte Sión, el pueblo era libre en el tiempo intermedio de ofrecer los sacrificios donde quisiera. Respondo que el lugar no fue escogido hasta que el Arca fue puesta en Sión; porque no se cumplió hasta entonces lo que dice el Salmo:
«Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén» (Sal 122:1-2);
con cuyas palabras el profeta da a entender que antes no había lugar de reposo, porque Dios no había señalado aún el lugar en que sería adorado. Por eso se dice expresamente: «de todas vuestras tribus», o «en una de vuestras tribus», con lo que se alude a un privilegio especial, que había de conferirse a una de sus tribus con exclusión de las demás. Y a esto se refiere lo que se dice en otro Salmo:
«Desechó la tienda de José, y no escogió la tribu de Efraín, sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó. Y edificó su santuario a manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre» (Sal 78:67-69).
Con el mismo sentido se congratulan en otro lugar los fieles, después de que el Arca fue depositada con David: «Entraremos en sus tabernáculos; nos postraremos ante el estrado de sus pies»; y, por otra parte, el Espíritu declara:
«Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido» (Sal 132:13-14).
Por todas partes se encuentran declaraciones semejantes, que confirman la opinión de que el Arca nunca descansó en su verdadero hogar hasta que fue depositada en Sión; y Dios, a mi juicio, para mantener en suspenso la esperanza de su pueblo, prometió, aunque el Arca cambiara de lugar de tiempo en tiempo, que tenía aún determinada una morada perpetua en que reposaría. Sin embargo, no se sigue de ahí que hasta aquel tiempo se diera al pueblo libre permiso de sacrificar donde quisiera. Pues dondequiera que estaba el santuario, había también una elección temporal del lugar, hasta que se les mostrara el lugar legítimo de reposo. Por eso Dios, reprendiendo por medio de Jeremías la necia confianza de que se envanecían los judíos, dijo:
«Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice habitar al principio mi nombre, y ved lo que hice por la maldad de mi pueblo Israel», etc. (Jer 7:12);
con cuyas palabras da a entender que Silo había sido altamente honrada por un tiempo, pero que ahora había sido privada de su honor, porque los sacrificios habían sido allí indignamente contaminados.
Aunque haya, pues, aquí una promesa especial acerca de Sión, no hay duda de que Dios, entre tanto, confina a los judíos a su santuario, para que nadie erija para sí un altar particular, ni edifique para sí otras ciudades y otros templos. Es digna de observación la frase: «para poner allí su nombre»; y de nuevo: «su habitación». Así se previenen las groseras imaginaciones de los hombres, para que el pueblo no encierre a Dios entre muros, como suelen circunscribir su esencia infinita, o hacerlo descender del cielo y colocarlo bajo los elementos del mundo. Pero se dice que el nombre de Dios habita en un lugar, no en su propia naturaleza, sino con relación al hombre; pues, en atención a su ignorancia, pone ante sus ojos un símbolo visible de su presencia. Así se dice a menudo que «desciende», no como si Él, que llena el cielo y la tierra, se moviera realmente, sino porque el conocimiento familiar de Él lo acerca a los hombres. Pero aunque permite ser invocado en la tierra, no quiere que el ánimo de los hombres se detenga allí, sino que más bien lo eleva a lo alto como por grados. Por eso, por medio de Isaías, los reprende con aspereza, porque, aunque envueltos en sus pecados, pensaban aún que Él estaba obligado para con ellos porque su templo estaba a la vista (Is 66:1), siendo así que nuestro deber es acercarnos a Él por la fe y con sentimientos serios cuando nos tiende su mano. El Arca del Pacto es llamada, ciertamente, a menudo «su rostro»; pero, para que los hombres no se formen de Él ninguna concepción grosera o terrenal, el santuario es llamado también «el estrado de sus pies».
Las diversas clases de ofrendas que aquí se enumeran se explicarán más claramente después. Solo les recordaré brevemente que los holocaustos están incluidos en los sacrificios, tomándose una parte por el todo. La palabra hebrea que hemos traducido «la elevación de la mano» es תרומה, therumah, a la que a menudo se añade otra palabra, תנופה, thenuphah; pero, aunque ambas derivan del acto de elevar, parecen sin embargo diferir, y los versados en la lengua las distinguen así: que תרומה, therumah, es lo que se levanta y luego se baja; y תנופה, thanuphah, lo que se mueve a la vez hacia la derecha y hacia la izquierda, aunque otros piensan que significa que se hace girar hacia los cuatro rumbos del globo. Hay diferencia entre los votos y las ofrendas voluntarias; pues aunque un voto se hace al principio libremente, podemos ofrecer cosas que no hemos prometido en voto. Ya he hablado de las primicias.
Deuteronomio 12:7
7. Y allí comeréis. Vemos que el santuario en que Dios se manifestaba es llamado su rostro; pues, aunque a los creyentes se les enseña que siempre, dondequiera que habiten, andan delante de Dios, sin embargo se ponían más cerca, y de una manera especial a su vista, cuando se acercaban a su santuario. Con este modo de hablar Dios estimula también la pereza o la lentitud del pueblo, para que no les resultara molesto acudir al Arca del Pacto para sacrificar, pues este inestimable beneficio compensaría el trabajo y el gasto del viaje. He mostrado en otro lugar que, cuando se dice que los hombres comen delante de Jehová, se distinguen así los banquetes sagrados de nuestras comidas diarias. Porque comer lo que quedaba de las víctimas era como un accesorio de los sacrificios; y de este modo los convidados eran hechos partícipes de la ofrenda, costumbre que imitaron, aunque impropiamente, aun las naciones paganas. Además, Dios los invita con bondad cuando dice: «os alegraréis de toda obra en que pusiereis vuestras manos», lo cual algunos traducen: «en todo aquello a que hubiereis enviado vuestra mano»; literalmente es: «en el envío de la mano». No hay ambigüedad en el sentido, pues se refiere a aquellas obras que requieren el movimiento y la aplicación de las manos. Un poco más abajo, donde he traducido «en que Jehová te hubiere bendecido» (quibus benedixerit), algunos insertan la preposición en y suplen el pronombre te (es decir, en lo que te ha bendecido); pero es muy apropiado decir que Dios bendice sus obras, aunque puede entenderse también de sus familias. En cuanto al mandato de que los diezmos se comieran en el lugar santo, no lo extiendo a los diezmos en general, pues apenas era probable que el alimento de los dispersos por diversas ciudades fuera trasladado a otro lugar, de modo que ellos perecieran (en casa) de hambre; sino que lo entiendo de los segundos diezmos, que los levitas separaban para ser una ofrenda especial y peculiar; pues veremos en otro lugar que lo que sobraba pasaba a la condición de producto ordinario, como si los levitas comieran de los frutos de sus propias posesiones.
Deuteronomio 12:8-9
8. No haréis como todo. Aun entonces observaban el rito de sacrificio que les había sido transmitido por los padres; pero como todavía andaban errantes por el desierto, les era lícito edificar altares en cualquier parte, hasta que se pusiera fin a sus peregrinaciones. Y esto lo declara Moisés expresamente, añadiendo la razón: que aún no habían entrado en el reposo que Jehová les había prometido. Les muestra, pues, que cuando hayan alcanzado la posesión tranquila de la tierra, no habría ya lugar a excusa si sacrificaran dondequiera que les agradara. Cuando se dice, por tanto, que entonces hacían «cada uno lo que bien le parecía», no se extiende a ninguna de las invenciones que los hombres se forjan en el culto de Dios, sino que solo señala un sistema y una forma más libres en el ejercicio de la devoción, antes de que se les mostrara el lugar en que debían detener el pie.
Deuteronomio 12:10-14
10. Mas cuando paséis el Jordán. Este versículo confirma lo que he dicho antes: que los judíos serían sujetados a una regla determinada tan pronto como llegaran a la tierra prometida; y que, sin embargo, el lugar en que el Arca habría de reposar perpetuamente no les sería manifestado de inmediato; pues lo que se declara al final del versículo, que Dios les daría reposo de todos sus enemigos alrededor, para que habitaran seguros, no se les mostró de hecho perfectamente antes del tiempo de David. Aun así, Dios quería que, tan pronto como estuvieran en posesión de la tierra, se reunieran desde sus fronteras más remotas en el santuario. Omite ciertas clases de ofrendas de las que había hablado poco antes, y pone, en lugar de «votos», «lo escogido de vuestros votos», que algunos traducen «lo muy escogido de vuestros votos», o «lo principal de vuestros votos». No rechazo esto; pero el otro sentido es más sencillo: que comprendía todos los votos que cada uno había hecho por su propio juicio y elección libres. Poco después expresa más plenamente su sentido, cuando les prohíbe ofrecer sacrificios por su cuenta en cualquier lugar que les agradara; pues «ver un lugar», aquí, equivale a dejarse llevar por la vista, de modo que se relacione la religión y la santidad con la elegancia y la belleza.
Deuteronomio 12:15-22
Deuteronomio 12:15. Con todo, podrás matar. Lo que precede lo he introducido en su lugar propio: que no debían matar los sacrificios en ninguna parte sino en el santuario, del cual no había más que uno en Judea. Aquí se da el permiso de comer carne, con tal de que no ofrezcan los animales a Dios, sino que coman de ellos como de las fieras. A modo de ejemplo se mencionan dos clases, el corzo y el ciervo, de los cuales no se hacía ofrenda. Se les permite, pues, libremente comer carne dondequiera que quisieran, con esta excepción: que no probaran la sangre; porque, aunque esto fue observado por sus antepasados antes de la promulgación de la Ley, Dios lo ratifica de nuevo cuando quiere reunir para sí un pueblo peculiar. Sabemos que inmediatamente después del diluvio se mandó a Noé y a su posteridad abstenerse de la sangre; pero, como la mayor parte del género humano degeneró pronto, es probable que todas las naciones descuidaron el mandato de Dios y se permitieron una licencia universal en este punto; y es incluso dudoso si esta observancia, caída por todas partes en desuso, prevalecía entre la familia de Sem. Ciertamente puede conjeturarse, por la renovada promulgación de la ley, que estaba del todo abolida; en todo caso, Dios quería que su pueblo escogido se distinguiera de las naciones paganas por esta señal de separación.
La razón de la prohibición que ahora se menciona ya había sido declarada: que la sangre es la sede de la vida. Pero aunque era lícito matar un animal para alimento, era sin embargo un freno útil para prevenir la inhumanidad que no tocaran la sangre; pues si se abstenían de la sangre de las bestias, mucho más necesario era respetar la sangre humana. Después de prohibir Dios, pues, que se coma sangre, pasa inmediatamente a hablar de los hombres mismos: «El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre» (Gn 9:4-6). Por eso he juzgado apropiado añadir al Sexto Mandamiento todos los pasajes en que Dios manda al pueblo abstenerse de la sangre. En sí misma, ciertamente, comer sangre era cosa de no gran importancia: como Dios, pues, inculca tantas veces un punto de tan poco peso, puede inferirse que la ley tiene algún otro objeto. A esto puede añadirse la severidad del castigo, pues ciertamente no era un crimen digno de muerte probar la sangre de algún pajarillo; y de aquí se manifiesta también que la prohibición tenía otro sentido: que se aborreciera lacrueldad. Y las palabras de Moisés muestran que no se prohíbe comer sangre porque contaminara al hombre con su inmundicia, sino para que estimaran preciosa la vida del hombre; pues se dice: «la sangre es la vida», lo cual, en opinión de Agustín, equivale a que sea «el signo de la vida»; pero Moisés quiere decir más bien que la vida animal está contenida en la sangre. Por lo cual, la sangre, que representa la vida, no fue vedada sin razón, ni era pecado solo comer la sangre por sí misma, sino también junto con la carne, como se declara expresamente tanto en Deuteronomio como en el último pasaje de Levítico.
Deuteronomio 12:23-25
23. Solamente tente firme en no comer. No sin causa los exhorta con ahínco a una firmeza inflexible, porque era un asunto de poca apariencia y su observancia resultaba molesta, mientras que era fácil desviarse de ella por el ejemplo universal de los gentiles. Pues si consideraban en su interior que no contribuía a la santidad el no tocar la sangre, de ahí podría haber surgido fácilmente un lazo para la indulgencia.
Levítico 17
Levítico 17:10-14
- Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que comiere cualquier sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo.
10. Quicunque e domo Israel, et e peregrinis qui peregrinantur in medio eorum, comederit ullum sanguinem, ponam faciem meam in animam quae comederit sanguinem, et excidam eam e medio populi sui.
- Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación por la persona.
11. Quia anima carnis in sanguine est: ego autem dedi illum vobis super altare ad expiandum animus vestras, quia sanguis animam expiabit.
- Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre.
12. Ideo dixi filiis Israel, Nulla anima ex vobis comedet sanguinem, et peregrinus qui pregrinatur in medio vestri non comedet sanguinem.
- Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con polvo.
13. Et quicunque e filiis Israel, et e peregrinis qui peregrinantur in medio eorum, venatus fuerit venationem bestiae vel avis quae comeditur, effundet sanguinem ejus et cooperiet pulvere.
- Porque la vida de toda carne es su sangre; su sangre es para la vida de ella; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado.
14. Quia anima cujusque carnis, sanguis ejus est in anima: dixique filiis Israel, Sanguinem cujuscunque carnis non comedetis, quia anima cujusque carnis est sanguis ejus: quicunque comederit illum, excidetur.
Deuteronomio 12:26-27
26. Solamente las cosas que tuvieres consagradas. Este pasaje explica con más claridad lo que se quería decir con los preceptos anteriores: que solo se había apartado un lugar para la celebración de sus ritos sagrados, para que, si cada uno ofreciera donde le pluguiera, la religión no se corrompiera y, poco a poco, los diversos altares engendraran otros tantos dioses. Manda, pues, que todas las víctimas se sacrifiquen en un solo altar, con la condición de que la sangre sea derramada.
Deuteronomio 14
Deuteronomio 14:23-26
23. Y comerás delante de Jehová tu Dios, en el lugar que él escogiere para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primogénitos de tus vacas y de tus ovejas; para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.
23. Et comedes coram Jehova Deo tuo in loco quem elegerit ut habitare faciat nomen suum ibi, decimam frumenti tui, vini tui, et olei tui, et primogenita boum tuorum, et pecudum tuarum: ut discas timere Jehovam Deum tuum omnibus diebus.
24. Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo; o si el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner allí su nombre estuviere lejos de ti, cuando Jehová tu Dios te bendijere:
24. Quod si longior fuerit via quam ut per eam ferre possis illas, quod distet a te locus ille quem elegerit Jehova Deus tuus ut ponat nomen suum ibi, quum benedixerit tibi Jehova Deus tuus:
25. Entonces lo venderás y lo convertirás en dinero, y atarás el dinero en tu mano, y irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere:
25. Tunc dabis pro pecunia, et colligabis pecuniam in manu tua, et ibis ad locum quem elegerit Jehova Deus tuus:
26. Y darás el dinero por todo lo que deseare tu alma, por vacas, o por ovejas, o por vino, o por sidra, o por cualquier cosa que tu alma deseare: y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia,
26. Et dabis pecuniam pro omni eo quod desiderat anima tua, pro bobus, et pro ovibus, et pro vino, et pro sicera, et pro cunctis denique quae postulaverit a te anima tua: et comedes ibi coram Jehova Deo tuo, et laetaberis tu et domus tua.
Deuteronomio 12:28
También aquí Dios invita a la obediencia del pueblo con la promesa de galardón; no porque la esperanza del galardón valga en sí misma para despertar a los hombres, sino porque así los mantendría a todos convencidos de su justa condenación: pues, ¿de qué les servirá responder que no son capaces de cumplir lo que Dios exige, cuando resulta que son desdichados por su propia culpa? Pero, como se ha dicho antes, es provechoso, por indulgencia hacia los creyentes, que se les prometa el galardón de la obediencia cuando han guardado la Ley, ya que sus innumerables defectos no les son imputados. Con todo, queda firme esta doctrina: que si los hombres se aplican a guardar la Ley, Dios, aunque nada les debe, los recompensará sin embargo fielmente.
Levítico 26
Levítico 26:14-45
14. Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mandamientos;
14. Si autem non audieritis me, neque feceritis omnia praecepta ista.
15. Y si desdeñareis mis estatutos, y vuestra alma menospreciare mis decretos, no ejecutando todos mis mandamientos, sino anulando mi pacto:
15. Et, si decreta mea spreveritis, et judicia mea abominata fuerit anima vestra, ita ut non faciatis omnia praecepta mea, et irritum faciatis pactum meum:
16. Yo también haré esto con vosotros: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y fiebre ardiente, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.
16. Etiam ego faciam hoc vobis: constituam super vos terrorem, tabem, et febrem, consumentia oculos, et dolore afficientia animam, seretisque frustra semen vestrum: nam comedent illud inimici vestri.
17. Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga.
17. Dabo praeterea iram meam in vos, et trademini coram inimicis vestris, dominabunturque vobis qui odio habent vos: fugietisque, nec erit persequens vos.
18. Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados.
18. Quod si usque ad haec non audieritis me, addam corripere vos septuplo propter peccata vestra.
19. Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce.
19. Conteramque superbiam fortitudinis vestrae, ac dabo coelum vestrum sicut ferrum, et terram vestram sicut aes.
20. Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra tierra no dará su producto, ni los árboles de la tierra darán su fruto.
20. Et consumetur frustra fortitudo vestra, neque dabit terra vestra fructum suum, et arbores regionis non dabnut fructum suum.
21. Si anduviereis contra mí, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.
21. Si autem ambulaveritis mecum fortuito, et nolueritis audire me, addam super vos plagam septuplo secundum peccata vestra.
22. Enviaré también contra vosotros fieras del campo, que os arrebatarán vuestros hijos, y destruirán vuestro ganado, y os reducirán en número, y vuestros caminos quedarán desiertos.
22. Immittamque in vos bestiam agri, et orbabit vos, et succidet jumentum vestrum, ac diminuet vos, et desolabuntur viae vestrae.
23. Y si con estas cosas no fuereis corregidos por mí, sino que anduviereis contra mí;
23. Quod si per haec non recipiatis doctrinam meam, sed ambulaveritis mecum fortuito:
24. Yo también andaré contra vosotros, y os heriré aún siete veces por vuestros pecados.
24. Ambulabo etiam ego vobiscum fortuito, et percutiam vos quoque septuplo propter peccata vestra:
25. Traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto mío; y cuando os recojáis en vuestras ciudades, enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo.
25. Atque inducam super vos gladium ultorem ultionis foederis: ubi congregati eritis ad urbes vestras, tunc mittam pestilentiam in medium vestri, ac trademini in manum inimici.
26. Cuando yo os quebrante el sustento del pan, diez mujeres cocerán vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso: y comeréis, y no os saciaréis.
26. Dum confregero vobis baculum panis, coquent decem mulieres panem vestrum in clibano uno, reddentque panem vestrum in pondere: comedetis autem, et non saturabimini.
27. Y si con esto no me oyereis, sino que anduviereis contra mí;
27. Quod si in hoc non audieritis me, sed ambulaveritis mecum fortuito:
28. Yo también andaré contra vosotros con furor; y yo mismo, yo, os castigaré siete veces por vuestros pecados.
28. Incedam vobiscum in ira fortuito, et corripiam vos etiam ego septuplo propter peccata vestra.
29. Y comeréis la carne de vuestros hijos, y la carne de vuestras hijas comeréis.
29. Comedetisque carnem filiorum vestrorum, et carnem filiarum vestrarum comedetis.
30. Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y echaré vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.
30. Atque dissipabo excelsa vestra, et succidam imagines vestras: ponamque cadavera vestra super cadavera idolorum vestrorum, et abominabitur vos anima mea.
31. Y reduciré vuestras ciudades a desolación, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré vuestro grato olor.
31. Daboque urbes vestras in desolationem, ac desolabo sanetuaria vestra, neque odorabor odorem quietis vestrae.
32. Asolaré la tierra, y se asombrarán de ella vuestros enemigos que en ella moren.
32. Desolabo, inquam, ego terram, ita ut obstupescant super eam inimici vestri qui habitabunt in ea.
33. Y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y yermas vuestras ciudades.
33. Vos autem dispergam in gentes, et evaginabo post vos gladium: eritque terra vestra desolata, et urbes vestrae erunt destructae.
34. Entonces la tierra disfrutará de sus días de reposo todos los días que esté asolada, y vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; entonces descansará la tierra y gozará de sus días de reposo.
34. Tunc perficiet (vel, oblectabitur) terra sabbatha sua cunctis diebus quibus desdata fuerit: vos autem eritis in terra inimicorum vestrorum: tunc, inquam, requiescet terra, et perficiet sabbatha sua.
35. Todos los días que esté asolada, descansará, porque no reposó en vuestros días de reposo mientras habitabais en ella.
35. Omnibus diebus quibus desolata fuerit, requiescet: quia non requievit in sabbathis vestris, dum habitaretis in ea.
36. Y a los que queden de vosotros infundiré en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja que se mueva los perseguirá, y huirán como de la espada, y caerán sin que nadie los persiga.
36. Qui autem remanserint ex vobis, inducam teneritudinem in cor eorum in terris inimicorum suorum, et persequetur eos sonus folii impulsi, et fugient fuga gladii, cadentque nemine persequente.
37. Y tropezarán unos con otros, como si huyeran de la espada, sin que nadie los persiga; y no podréis resistir delante de vuestros enemigos.
37. Impingent autem alter in alterum tanquam a facie gladii, nullo persequente: neque erit vobis resistentia coram inimicis vestris.
38. Y pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá.
38. Et peribitis inter Gentes, et absumet vos terra inimicorum vestrorum.
39. Y los que queden de vosotros se consumirán por su iniquidad en las tierras de vuestros enemigos; y por la iniquidad de sus padres se consumirán con ellos.
39. Et qui remanserint ex vobis, dissolventur propter iniquitatem suam in terris inimicorum vestrorum, atque etiam propter iniquitates patrum suorum, cum eis dissolventur.
40. Si confesaren su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí, y también porque anduvieron contra mí;
40. Donec confiteantur iniquitatem suam, et iniquitatem patrum suorum, juxta praevaricationem suam qua praevaricati sunt in me: et etiam quod ambulaverint mecum fortuito:
41. Y que yo también anduve contra ellos, y los hice entrar en la tierra de sus enemigos; si entonces se humillare su corazón incircunciso, y reconocieren su pecado:
41. Quod etiam ego ambulaverim cum illis fortuito, et induxerim eos in terram inimicorum suorum: tuncque humilietur cor eorum incircuncisum, ac propitient pro iniquitate sua.
42. Entonces me acordaré de mi pacto con Jacob, y también de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré; y haré memoria de la tierra.
42. Tunc recordabor pacti mei cum Jacob, et etiam pacti mei cum Isaac, et insuper pacti mei cum Abraham recordabor, terrae quoque memor ero.
43. Será abandonada por ellos la tierra, y disfrutará de sus días de reposo, estando desolada a causa de ellos; y entonces se complacerán en el castigo de su iniquidad; por cuanto, sí, por cuanto menospreciaron mis decretos, y su alma abominó mis estatutos.
43. Terra interim deseretur ab eis, et perficiet sabbatha sua quae desolata est ab illis, et ipsi exsolvent mulctam suam, eo quod, inquam, judicia mea spreverint, et decreta mea abominata sit anima eorum.
44. Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos: porque yo soy Jehová su Dios.
44. Et tamen etiam hoc modo quum ipsi fuerint in terra inimicorum suorum, non reprobavi eos, neque abominatus sum eos, ut consumerem eos, irritum faciendo pactum meum cum eis: ego enim Jehova Deus eorum.
45. Antes bien, por amor de ellos me acordaré del pacto de sus antepasados, a los cuales saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios: yo soy Jehová.
45. Sed recordabor propter eos pacti priorum, ego qui eduxi eos e terra Aegypti in oculis Gentium, ut essem illis in Deum: ego Jehova.
Deuteronomio 12:29-30
29. Cuando Jehová tu Dios haya destruido. Este pasaje guarda cierta afinidad con el del capítulo dieciocho de Deuteronomio, sobre el cual ya hemos comentado. Pues como era fácil que el pueblo cayera en la imitación de los gentiles y en el culto de sus dioses falsos, bajo cuya protección los habitantes se jactaban de tener su tierra, se prohíbe también estrictamente toda indagación acerca de ellos. Porque este es el origen de la idolatría: que, conocida la genuina sencillez del culto de Dios, la gente empieza a no estar satisfecha con ella y a indagar con curiosidad si hay algo digno de crédito en las ficciones de los hombres; pues el ánimo de los hombres es pronto atraído por los lazos de la novedad, de modo que contaminan con diversas clases de levadura lo que se ha entregado en la palabra de Dios. Y no solo los aparta y los refrena del deseo de indagar, sino que les manda expresamente que «se guarden» o se cuiden; porque los hombres están naturalmente dispuestos a esta curiosidad desenfrenada y se deleitan mucho en ella. Por eso Dios rodea a su pueblo de vallas que lo retengan de todo deseo dañino; más aún, quiere que aborrezcan de tal modo la práctica de las supersticiones que huyan incluso del contagio de oír hablar de ellas. Debemos observar brevemente, respecto de las palabras que hemos traducido «poseer a las naciones», que Moisés no quiere decir que hubieran de ser su presa, de modo que fueran sus esclavos por derecho de conquista, sino que se refiere a la tierra. Por eso dice: «las poseerás delante de tu rostro»; es decir, cuando sean destruidas, la tierra quedará vacía para que ustedes la posean. En la conjugación hiphil esta palabra significa expulsar, como ya hemos visto; y a este sentido tal vez alude Moisés. La palabra que he traducido «illaqueare», enredar, algunos intérpretes la traducen tropezar, y otros ser arrastrado, lo que sería más conforme a la construcción: «no sea que seas arrastrado en pos de ellas»; sin embargo, no he querido apartarme de la opinión generalmente recibida, cuando la metáfora de «enredar» es muy apropiada; como si dijera que todas las perversidades de los gentiles eran otras tantas redes o lazos para atrapar a los hombres, si se acercan demasiado a ellas; pues inmediatamente sigue: «después que sean destruidas», que algunos traducen también así: «no sea que perezcas en pos de ellas», como si quisiera despertar su temor poniéndoles delante el ejemplo de su destrucción.
Deuteronomio 12:31
31. No harás así. De estas palabras podemos deducir qué es no hacerse uno los dioses de otros: a saber, decir adiós a todas las invenciones de los hombres y prestar atención a esto solo: lo que Dios manda. Pues, ¿por qué quiere Dios ser adorado por su pueblo escogido de modo distinto a como las naciones solían servir a sus dioses, sino porque debe haber una notable distinción, para que la religión no se confunda? Y ciertamente, a menos que los hombres se adhieran a la palabra de Dios, de modo que determinen con resolución que nada más les está permitido sino lo que allí se enseña, no solo vacilarán, sino que recibirán indiscriminadamente cuanto se les cruce en el camino. Debemos, pues, aferrarnos a esto: «No harás así»; y nuestras mentes deben ser contenidas con este freno, para que ninguna superstición que pueda contaminar el servicio de Dios se insinúe o se establezca. Añade que Dios no solo repudia estos cultos extraños, sino que los abomina; y, para impresionar esto más, aduce una forma de superstición en que su absurdo era singularmente manifiesto; pues es una repugnante barbarie que los padres quemen a sus hijos inocentes.
Deuteronomio 12:32
32. Todo lo que yo os mando. En esta breve cláusula enseña que ningún otro servicio de Dios es lícito sino aquel del cual Él ha testificado su aprobación en su palabra, y que la obediencia es como la madre de la piedad; como si dijera que todos los modos de devoción son absurdos y están infectados de superstición cuando no son dirigidos por esta regla. De aquí deducimos que, para guardar el Primer Mandamiento, se requiere un conocimiento del Dios verdadero, derivado de su palabra y mezclado con fe. Al prohibir que se añada o se quite algo, condena claramente como ilegítimo todo lo que los hombres inventan de su propia imaginación; de donde se sigue que quienes, al adorar a Dios, se guían por otra regla que la que Él mismo ha prescrito, se hacen dioses falsos; y por eso Él denuncia una horrible venganza contra los culpables de esta temeridad, por medio de Isaías:
«Por cuanto este pueblo se acerca a mí, etc., por precepto de hombres; por tanto, he aquí que yo procederé a hacer una obra maravillosa y un prodigio; porque perecerá la sabiduría de sus sabios», etc. (Is 29:13, 14).
Ahora bien, puesto que todas las ceremonias del culto papal son un cúmulo de supersticiones, no es de extrañar que todos sus principales gobernantes y ministros estén cegados con aquella estupidez con que Dios los ha amenazado.
Los suplementos ceremoniales del Primer Mandamiento
La institución de la Pascua
ÉXODO 12
Éxodo 12:1-20
1. Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:
1. Loquutus est Jehova ad Mosen et ad Abaton in terra Aegypti, dicendo.
2. Este mes será para vosotros el principio de los meses; para vosotros será el primero en los meses del año.
2. Mensis iste principium vobis erit mensium, et primus idem vobis in mensibus anni.
3. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de sus padres, un cordero por familia.
3. Loquimini ad totum coetum Israel, dicendo, Decima hujus mensis tollat sibi quisque agnum secundum domum patrum, agnum domatim.
4. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino más inmediato a su casa tomarán uno, según el número de las personas; conforme al comer de cada cual, haréis la cuenta sobre el cordero.
4. Quod si minor fuerit familia quam pro agno, assumet ipse vicinum suum qui propinquior fuerit domus suae, pro numero animarum, singuli ad mensuram cibi sui numerabitis pro agno.
5. El cordero será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras.
5. Agnus erit vobis integer masculus anniculus, quem ex ovibus aut capris tolletis.
6. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.
6. Et erit vobis in custodia usque ad decimam quartam diem hujus mensis: mactabitque eum omnis coetus Israel inter vesperas.
7. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
7. Et tollent e sanguine, ponentque super duos postes, et in superliminari ad domus in quibus eum comedent.
8. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán.
8. Et comedent carnem in ipsa nocte assam igni, et azymos panes cum amaritudinibus comedent.
9. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni hervida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas.
9. Non comedetis ex co crudum, vel coctione coctum in aquis, sed assum igni: caput ejus cum cruribus ejus, et cum intestinis ejus.
10. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego.
10. Nec residuum facietis quicquam ex eo usque mane: quod autem reliquum fuerit ex eo usque mane, comburetis.
11. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.
11. Sic comedetis illum, lumbis vestris accincti, et calceamenta vestra in pedibus vestris, et baculus vester in manu vestra, et comedetis ipsum cum festinatione. Est Pesah Jehovae.
12. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.
12. Nam transibo per terram Aegypti nocte hac, et percutiam omnem primogenitum in terra Aegypti ab homine usque ad jumentum: et in cunctis diis Aegypti edam judicia: ego Jehova.
13. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y yo veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.
13. Et erit sanguis vobis in signum per domos in quibus vos fueritis: et videns sanguinem ipsum transiliam vos: nec erit in vobis plaga interitus quum percutiam terram Aegypti.
14. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.
14. Et erit vobis dies iste in memoriam: et celebrabitis eum festum Jehovae in generationes vestras, statuto aeterno celebrabitis eum.
15. Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel.
15. Septem diebus infermentata comedetis: prima die cessare facietis fermentum e domibus vestris.
16. El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto lo que cada cual haya de comer, eso solamente podréis hacer.
16. Et in die primo, convocatio sancta, die quoque septimo convocatio sancta erit vobis: omne opus non fiet in eis, veruntamen quod comedetur ab omni anima, illud tantummodo fiet a vobis.
17. Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este día en vuestras generaciones por costumbre perpetua.
17. Observabitisque infermentata: quia hac ipsa die eduxi exercitus vestros e terra Aegypti: observabitis *inquam *diem istum in generationibus vestris statuto perpetuo.
18. En el mes primero, el día catorce del mes, por la tarde, comeréis los panes sin levadura, hasta el veintiuno del mes por la tarde.
18. In primo mense, decimo quarto die mensis, in vespera comedetis infermentata usque ad diem vicesimum primum mensis in vespera.
19. Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, será cortado de la congregación de Israel, así extranjero como natural del país.
19. Septem diebus fermentum non invenietur in domibus vestris.
20. Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.
20. Omne fermentum non comedetis: in omnibus habitaculis vestris comedetis infermentata.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.