Comentarios bíblicos · Juan Calvino

Efesios 3: comentario de Juan Calvino

Efesios 3:1

1. Por esta causa. La prisión de Pablo, que debía haberse tenido como una confirmación de su apostolado, fue sin duda presentada por sus adversarios bajo una luz opuesta. Por eso señala a los efesios que sus cadenas servían para probar y declarar su llamamiento, y que la única razón por la que había sido encarcelado era que había predicado el evangelio a los gentiles. Su inquebrantable firmeza era una prueba adicional no pequeña de que había desempeñado su oficio como debía.

Prisionero de Cristo Jesús. Para fortalecer aún más su autoridad, habla en términos elevados de su cárcel. Ante el mundo y ante los impíos esto habría podido parecer una necia jactancia; pero, al dirigirse a personas piadosas, era una manera digna y fiel. La gloria de Cristo no solo vence la ignominia de las cadenas, sino que convierte en la más alta honra lo que en sí mismo era un oprobio. Si hubiera dicho simplemente: «Soy un prisionero», esto no habría transmitido la idea de que era un embajador. La prisión por sí sola no tiene derecho a esta honra, siendo de ordinario la marca de la maldad y del crimen. Pero las coronas y los cetros de los reyes, por no hablar del imponente esplendor de un embajador, son menos honrosos que las cadenas de un prisionero de Cristo Jesús. Los hombres podrán pensar de otro modo, pero nuestro deber es juzgar por las razones. Tan altamente debe ser reverenciado por nosotros el nombre de Cristo que lo que los hombres consideran el mayor oprobio debe ser visto por nosotros como la mayor honra.

Por vosotros los gentiles. Otra circunstancia muy adecuada para interesar a los efesios era que las persecuciones de Pablo eran soportadas por los gentiles, que sus aflicciones y peligros eran por causa de ellos.

Efesios 3:2

2. Si es que habéis oído. Hay razón para creer que, mientras Pablo estuvo en Éfeso, no había dicho nada sobre estos asuntos, por no haberse presentado la necesidad de hacerlo, pues no había surgido entre ellos controversia alguna acerca del llamamiento de los gentiles. Si hubiera hecho alguna mención de ellos en sus discursos, habría recordado a los efesios lo que antes les había dicho, en lugar de remitirse en general, como ahora lo hace, a la fama común y a su propia epístola. No suscitaba por iniciativa propia disputas innecesarias. Solo cuando la maldad de sus adversarios lo hizo necesario emprendió, de mala gana, la defensa de su ministerio. Administración (οικονομια) significa aquí un orden o mandato divino, o, como se suele expresar, una comisión

Efesios 3:3

3. Que por revelación. Alguien podría imaginar que, al intentar desempeñar el oficio de apóstol, había obrado temerariamente y que ahora pagaba la pena de su temeridad. Esto es lo que lo hacía tan solícito en alegar la autoridad divina para todos sus actos. El presente caso, por su novedad, tenía pocos partidarios, y por eso lo llama un misterio. Con este nombre procura quitar el prejuicio que el disgusto general por el suceso podía suscitar. Su propio interés personal en el asunto importaba menos que el de los efesios, a quienes concernía profundamente saber que, por el propósito establecido de Dios, habían sido llamados por el ministerio de Pablo. Para que lo poco conocido no se convierta enseguida en objeto de sospecha, la palabra misterio lo opone a los juicios y opiniones perversos que entonces prevalecían en el mundo.

Por revelación me fue declarado el misterio. Pablo traza la línea de distinción entre él y aquellos fanáticos que atribuyen a Dios y al Espíritu Santo sus propios sueños vanos. Los falsos apóstoles se jactan de revelaciones, pero es una falsa jactancia. Pablo estaba persuadido de que su revelación era verdadera, podía probarla a otros y habla de ella como de un hecho del que no cabía duda alguna.

Como antes lo he escrito brevemente. Esto se refiere o a una rápida mirada sobre el mismo asunto en el capítulo segundo, o, lo que parece ser la opinión general, a otra epístola. Si se adopta la primera exposición, convendrá traducir como antes lo he escrito en pocas palabras, pues el tema no había recibido más que una mención de pasada; pero siendo la segunda, como he dicho, la opinión que prevalece, prefiero traducir como antes lo he escrito hace poco. La expresión (ἐν ὀλίγῳ), que Erasmo ha traducido en pocas palabras, parece referirse más bien al tiempo. Según esta suposición habría una comparación implícita entre los escritos presentes y los anteriores. Pero nada estaría más alejado de los hechos que contrastarlos por su brevedad, pues apenas se puede imaginar una manera de expresarse más concisa que esta mirada de pasada. La expresión hace poco parece usada a propósito como apelación a su recuerdo de un suceso reciente, aunque no insisto en este punto. Hay más dificultad en el versículo siguiente.

Efesios 3:4

4. Leyendo lo cual podéis entender, πρὸς ὃ δύνασθε ἀναγινώσκοντες νοὢσαι. Erasmo lo traduce: «por lo cual, cuando leéis, podéis entender». Pero traducir ἀναγινώσκειν τι como leer es, a mi juicio, contrario a la sintaxis griega. Dejo a consideración si no significa más bien prestar atención. El participio quedaría entonces unido a la preposición πρὸς del comienzo del versículo, y la cláusula diría así: a lo cual, si prestáis atención, podéis entender. Si, sin embargo, considerando el verbo ἀναγινώσκοντες separado de la preposición, se le hace significar leyendo, el sentido seguirá siendo: «leyendo podéis entender conforme a lo que he escrito», tomando la expresión πρὸς ὃ, a lo cual, como equivalente a καθ᾿ ὃ, conforme a lo cual; pero sugiero esto meramente como conjetura dudosa.

Si adoptamos la opinión casi universalmente aprobada de que el apóstol había escrito antes a los efesios, esta no es la única epístola que hemos perdido. Y sin embargo no hay lugar para las burlas de los impíos, como si las Escrituras hubieran sido mutiladas o se hubieran vuelto imperfectas en alguna parte. Si consideramos debidamente el celo de Pablo, su vigilancia y cuidado, su ardor y fervor, su bondad y prontitud en ayudar a los hermanos, seremos llevados a tener por muy probable que escribiera muchas epístolas, tanto públicas como privadas, a diversos lugares. Las que el Señor juzgó necesarias para su iglesia han sido escogidas por su providencia para memoria perpetua. Descansemos seguros de que lo que queda nos basta, y de que lo reducido del número restante no es resultado del azar, sino de que el cuerpo de la Escritura que está en nuestro poder ha sido dispuesto por el admirable consejo de Dios.

Mi conocimiento. La frecuente mención de este punto muestra la necesidad de que el llamamiento de los ministros sea firmemente creído tanto por ellos mismos como por su pueblo. Pero Pablo mira más a los otros que a sí mismo. Es verdad que en todas partes había dado gran ofensa por predicar el evangelio indistintamente a judíos y gentiles, pero su solicitud no era principalmente por su propia causa. No eran pocos los que, abrumados por las calumnias de los malvados, empezaban a dudar de su apostolado y cuya fe, en consecuencia, se tambaleaba. Esto es lo que lo movía a recordar tan a menudo a los efesios que él conocía la voluntad y el mandato de Dios que lo llamaba al oficio. En el misterio de Cristo,

Efesios 3:5-6

5. Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer. Lo había llamado simplemente un misterio, pero ahora lo llama misterio de Cristo, porque era necesario que permaneciera oculto hasta que fuera revelado por su venida, así como se puede dar el nombre de «profecías de Cristo» a las que se refieren a su reino. Debemos explicar primero la palabra misterio y luego investigar por qué se dice que permaneció desconocido en todas las edades. El misterio era

«que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.» (v. 6.)

Cuando se da este nombre al evangelio, tiene otros sentidos que no se aplican al presente pasaje. El llamamiento de los gentiles, pues, era un «misterio de Cristo»; es decir, debía cumplirse bajo el reinado de Cristo.

Pero ¿por qué afirma que no fue conocido, cuando había sido objeto de tantas predicciones? Los profetas declaran en todas partes que gentes de toda nación del mundo vendrán a adorar a Dios; que se levantará un altar tanto en Asiria como en Egipto y que todos hablarán por igual la lengua de Canaán. (Is 19:18.) Con estas palabras se da a entender que el culto del verdadero Dios y la misma profesión de fe se difundirán por todas partes. Del Mesías se predice que dominará de mar a mar y que todas las naciones le servirán. (Sal 72:8, 11.) Vemos también que los apóstoles citan muchos pasajes con este fin, no solo de los profetas posteriores, sino de Moisés. ¿Cómo podía estar oculto lo que había sido proclamado por tantos heraldos? ¿Por qué se declara que todos, sin excepción, estaban en la ignorancia? ¿Diremos que los profetas hablaron lo que no entendían y pronunciaron sonidos sin sentido?

Respondo que las palabras de Pablo no deben entenderse como si hubiera faltado todo conocimiento sobre estos asuntos. Siempre hubo algunos de la nación judía que reconocieron que, en el advenimiento del Mesías, la gracia de Dios sería proclamada por el mundo entero, y que esperaban la renovación del género humano. Los mismos profetas, aunque hablaron con la certeza de la revelación, dejaron indeterminados el tiempo y el modo. Sabían que alguna comunicación de la gracia de Dios se haría a los gentiles, pero en qué tiempo, de qué manera y por qué medios se cumpliría, no tenían información alguna. Esta ignorancia se ejemplificó de modo notable en los apóstoles. No solo habían sido instruidos por las predicciones de los profetas, sino que habían oído la declaración expresa de su Maestro (Jn 10:16):

«También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor»;

y sin embargo la novedad del asunto les impidió entenderlo plenamente. Más aún, después de haber recibido el mandato:

«Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Mr 16:15),

y:

«Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hch 1:8),

temían el llamamiento de los gentiles y retrocedían ante él como ante una propuesta absolutamente monstruosa, porque el modo de su cumplimiento seguía siendo desconocido. Antes de que llegara el hecho mismo, tenían presentimientos oscuros y confusos de las palabras de nuestro Salvador; pues las ceremonias eran

«un velo sobre su rostro, para que no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido.» (2 Co 3:13.)

Con toda propiedad, por tanto, Pablo llama a esto un misterio y dice que había estado oculto, pues no se entendía la abrogación de la ley ceremonial, que los admitía dentro del velo.

Como ahora ha sido revelado. Reclamar una información que ninguno de los patriarcas, profetas o reyes santos había poseído podía tener aspecto de arrogancia. Para prevenir esta imputación, Pablo les recuerda, primero, que en esto no estaba solo, sino que compartía la revelación con los más eminentes maestros de la iglesia; y, segundo, que era un don del Espíritu Santo, que tiene derecho de concederlo a quien le place, pues no hay otro límite de nuestro conocimiento que el que él nos asigna.

Estas breves palabras, como ahora ha sido revelado, arrojan luz adicional sobre la admisión de los gentiles como pueblo de Dios. Es con la condición de que sean puestos al mismo nivel que los judíos y formen un solo cuerpo. Para que la novedad no diera ofensa, afirma que esto debía cumplirse por medio del evangelio. (Ef 3:6.) Ahora bien, el evangelio mismo era una novedad, pues nunca antes se había oído hablar de él, y sin embargo todos los piadosos reconocían que había venido del cielo. ¿Dónde estaba, pues, la maravilla si, al renovar el mundo, Dios seguía un método desacostumbrado?

Efesios 3:7-13

7. del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

7. Cujus factus sum minister, secundum donum gratiae Dei, quod mihi datum est secundum efficaciam potentiae ejus.

8. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,

8. Mihi omnium sanctorum minimo data est gratia haec, ut evangelizem in Gentibus impervestigabiles divitias Christi;

9. y de aclarar a todos cuál sea la comunión del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas por medio de Jesucristo;

9. Et omnibus conspicuum faciam, quae sit communio mysterii, quod absconditum fuit a saeculis in Deo, qui omnia creavit per Iesum Christum;

10. para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,

10. Ut nunc patefieret principatibus et potestatibus in coelestibus per ecclesiam varie multiplex sapientia Dei,

11. conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,

11. Secundum propositum aeternum, quod statuit in Christo Iesu Domino nostro,

12. en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.

12. Perquem habemus audaciam, et aditum in fiducia, per fidem ejus.

13. Por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, que es vuestra gloria.

13. Quare peto, ne deficiatis in afflictionibus meis pro vobis, quae est gloria vestra.

Efesios 3:7

7. Del cual yo fui hecho ministro. Habiendo declarado que el evangelio es el instrumento empleado para comunicar la gracia a los gentiles, añade ahora que él fue hecho ministro del evangelio, y así aplica a sí mismo las afirmaciones generales que se habían hecho. Pero, para no reclamar para sí más de lo debido, afirma que es el don de la gracia de Dios y que este don fue una manifestación del poder divino. Como si dijera: «No pregunten qué he merecido; porque, en el libre ejercicio de su bondad, el Señor me hizo apóstol de los gentiles, no por excelencia mía alguna, sino por su propia gracia. No pregunten qué era yo antes; porque es prerrogativa del Señor "exaltar a los humildes"» (Lc 1:52). Producir algo grande de la nada muestra la operación eficaz de su poder.

Efesios 3:8

8. A mí, que soy menos que el más pequeño. Se esfuerza por presentarse a sí mismo, y todo lo que le pertenece, bajo la luz más humillante posible, para que la gracia de Dios sea más altamente exaltada. Pero este reconocimiento tenía además el efecto de anticiparse a las objeciones que sus adversarios pudieran presentar contra él: «¿Quién es este hombre, para que Dios lo haya elevado por encima de todos sus hermanos? ¿Qué excelencia superior poseía para ser escogido con preferencia a todos los demás?». Todas estas comparaciones de mérito personal quedan descartadas con la confesión de que era el más pequeño de todos los santos.

Esta no es una declaración hipócrita. La mayoría de los hombres están bien dispuestos a hacer profesión de una humildad fingida mientras su mente está hinchada de orgullo, y a reconocerse de palabra inferiores a todos los demás mientras desean ser tenidos en la más alta estima y se creen merecedores de la mayor honra. Pablo es perfectamente sincero al admitir su indignidad; más aún, en otras ocasiones habla de sí mismo en términos mucho más degradantes:

«Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.» (1 Co 15:9.)

«Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.» (1 Ti 1:15.)

Pero observemos que, cuando habla de sí mismo como el más ínfimo de todos, limita su atención a lo que era en sí mismo, aparte de la gracia de Dios. Como si dijera que su propia falta de valor no le impidió ser designado, pasando por alto a otros, como el apóstol de los gentiles. La gracia de Dios que me ha sido dada es la expresión que usa para dar a entender que era un don peculiar, comparado con lo que se había concedido a otros. No que él solo hubiera sido elegido para desempeñar ese oficio, sino que ocupaba el más alto rango entre «los maestros de los gentiles», título que emplea en otra ocasión como peculiar suyo:

«Yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad.» (1 Ti 2:7.)

Por las inescrutables riquezas de Cristo se entienden los asombrosos e ilimitados tesoros de gracia que Dios había concedido repentina e inesperadamente a los gentiles. Se recuerda así a los efesios con cuánto ardor debe abrazarse el evangelio y cuán altamente debe estimarse. Este tema ha sido tratado en la exposición de la Epístola a los Gálatas (Gá 1:15-16; 2:7, 9). Y ciertamente, aunque Pablo tenía el oficio de apóstol en común con otros, era una honra peculiar suya haber sido designado apóstol de los gentiles.

Efesios 3:9

9. Cuál sea la comunión del misterio. La publicación del evangelio se llama comunión porque es voluntad de Dios que su propósito, que antes había estado oculto, sea ahora compartido por los hombres. Hay una metáfora apropiada en las palabras φωτίσαι πάντας, iluminar a todos, que transmite el pensamiento de que, en su apostolado, la gracia de Dios resplandece con el brillo del mediodía.

Escondido desde los siglos en Dios. Esto tiene por objeto, como antes, obviar el prejuicio de la novedad y oponerse a la temeridad de los hombres, que piensan que es impropio permanecer en la ignorancia de cosa alguna. ¿Quién pondrá en duda el derecho que tiene Dios de mantener ocultos sus propósitos hasta que le plazca comunicarlos a los hombres? ¡Qué presunción, más aún, qué locura es no admitir que Dios es más sabio que nosotros! Recordemos, pues, que nuestra temeridad debe recibir freno cada vez que se presenta a nuestra vista la altura sin límites de la presciencia divina. Esta es también la razón por la que llama a estas cosas las inescrutables riquezas de Cristo, dando a entender que este asunto, aunque excede nuestra capacidad, debe ser contemplado con reverencia y admiración.

Que creó todas las cosas por medio de Jesucristo. Esto no puede entenderse tan propiamente de la primera creación como de la renovación espiritual. Es sin duda verdad, y la Escritura lo declara con frecuencia, que todas las cosas fueron creadas por la Palabra de Dios; pero la conexión del pasaje nos obliga a entender por ello aquella renovación que está comprendida en la bendición de la redención. Pero tal vez se piense que el apóstol ilustra esta renovación con un argumento tomado de la creación: «Por Cristo, como Dios, el Padre creó (Jn 1:3) todas las cosas; ¿y por qué, entonces, nos maravillaríamos de que por Cristo, como Mediador, todos los gentiles sean ahora reunidos en un solo cuerpo?». No tengo objeción a este punto de vista. Un argumento semejante usa él en otra epístola:

«Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.» (2 Co 4:6.)

De la creación del mundo concluye que es obra de Dios iluminar las tinieblas; pero lo que era visible en el primer caso se atribuye al Espíritu cuando llega a hablar del reino de Cristo.

Efesios 3:10

10. Para que sea ahora dada a conocer a los principados y potestades. Algunos opinan que estas palabras no pueden aplicarse a los ángeles, porque tal ignorancia como la que aquí se supone no podría hallarse en quienes tienen permitido contemplar el resplandor del rostro de Dios. Prefieren referirlas a los demonios, pero sin la debida reflexión; pues ¿qué habría podido considerarse extraordinario en la afirmación de que, por la predicación del evangelio y el llamamiento de los gentiles, se comunicó por primera vez información a los demonios? No cabe duda de que el apóstol se esfuerza por poner en la luz más fuerte la misericordia de Dios hacia los gentiles y el alto valor del evangelio. Con este fin declara que la predicación del evangelio muestra la multiforme gracia de Dios, que hasta ahora los mismos ángeles celestiales desconocían. La sabiduría de Dios, pues, que se manifestó al unir a judíos y gentiles en la comunión del evangelio, debe ser considerada por los hombres con la más alta admiración.

La llama πολυποίκιλον σοφίαν, multiforme sabiduría, porque los hombres suelen juzgarla con una medida falsa, limitando su vista a un ramo particular y formándose así un concepto muy inadecuado del todo. Los judíos pensaban, por ejemplo, que la dispensación bajo la ley, que conocían y les era familiar, era la única forma en que podía verse la sabiduría de Dios. Pero, al hacer que el evangelio sea proclamado a todos los hombres sin excepción, Dios ha sacado a la luz otro ejemplo y prueba de su sabiduría. No que fuera una sabiduría nueva, sino que era tan amplia y multiforme que trasciende nuestra limitada capacidad. Estemos seguros de que el conocimiento, sea cual fuere, que hemos adquirido no es, después de todo, sino una proporción exigua. Y si el llamamiento de los gentiles atrae la atención y suscita la reverencia de los ángeles en el cielo, ¡qué vergonzoso que sea menospreciado o desdeñado por los hombres en la tierra!

La inferencia que algunos sacan de este pasaje, de que los ángeles están presentes en nuestras asambleas y progresan junto con nosotros en el conocimiento, es una especulación sin fundamento. Debemos tener siempre presentes los fines para los cuales Dios instituyó el ministerio de su palabra. Si los ángeles, a quienes se permite ver el rostro de Dios, no andan por fe, tampoco necesitan la administración externa de la palabra. La predicación del evangelio, por tanto, no sirve sino a los seres humanos, entre quienes únicamente existe esa práctica. El sentido de Pablo es este: «La iglesia, compuesta tanto de judíos como de gentiles, es un espejo en el cual los ángeles contemplan la asombrosa sabiduría de Dios desplegada de una manera que antes les era desconocida. Ven una obra que les es nueva y cuya razón estaba oculta en Dios. De este modo, y no aprendiendo algo de labios de los hombres, progresan».

Efesios 3:11

11. Conforme al propósito eterno. ¡Con cuánto cuidado se guarda de la objeción de que el propósito de Dios haya cambiado! Por tercera vez repite que el decreto era eterno e inmutable, pero que debe llevarse a efecto por Cristo Jesús nuestro Señor, porque en él fue hecho. Declara así que el tiempo propio para publicar este decreto pertenece al reino de Cristo. Literalmente las palabras dicen: «conforme al propósito eterno (ἣν ἐποίησοεν) que hizo». Pero considero que el sentido es que se propuso, porque la presente discusión no se refiere solo a la ejecución del decreto, sino a la designación misma, la cual, aunque tuvo lugar antes de todos los siglos, fue conocida solo de Dios hasta la manifestación de Cristo.

Efesios 3:12

12. En quien tenemos seguridad. La honra de reconciliar al Padre con todo el mundo debe darse a Cristo. Por los efectos de esta gracia se demuestra su excelencia, pues la fe, que poseen los gentiles en común con los judíos, los admite a la presencia de Dios. Cuando Pablo usa las palabras por medio de Cristo y por medio de la fe en él en conexión con el nombre de Dios, hay siempre implícito un contraste que cierra todo otro acceso y excluye todo otro método de obtener la comunión divina. Se transmite aquí una enseñanza importantísima y valiosa. La verdadera naturaleza y poder de la fe, y la confianza necesaria para invocar a Dios, están hermosamente expresadas. Que las consecuencias de la fe y los deberes que cumple sean objeto de mucha controversia entre nosotros y los papistas no es de extrañar. No entienden debidamente el sentido de la palabra fe, que podrían aprender de este pasaje si no estuvieran cegados por el prejuicio.

Primero, Pablo la llama la fe de Cristo, con lo cual da a entender que todo lo que la fe debe contemplar se nos presenta en Cristo. De ahí se sigue que un conocimiento vacío y confuso de Cristo no debe tomarse por fe, sino ese conocimiento que se dirige a Cristo para buscar a Dios en Cristo; y esto solo puede hacerse cuando se entienden el poder y los oficios de Cristo. La fe produce confianza, que a su vez produce seguridad. Hay tres etapas en nuestro progreso. Primero, creemos las promesas de Dios; luego, apoyándonos en ellas, obtenemos esa confianza que va acompañada de santidad y de paz mental; y, por último, viene la seguridad, que nos permite desterrar el temor y presentarnos con firmeza y constancia ante Dios.

Separar la fe de la confianza sería intentar quitar al sol el calor y la luz. Reconozco, ciertamente, que, según la medida de la fe, la confianza es menor en unos y mayor en otros; pero la fe nunca se hallará sin estos efectos o frutos. Una conciencia temblorosa, vacilante y dudosa será siempre una prueba segura de incredulidad; pero una fe firme y constante resultará invencible contra las puertas del infierno. Confiar en Cristo como Mediador y tener una firme convicción del amor de nuestro Padre celestial, aventurarse a prometerse con osadía la vida eterna y no temblar ante la muerte ni el infierno, es, por usar una frase común, una santa presunción.

Observen la expresión acceso con confianza. Los impíos buscan reposo en el olvido de Dios y nunca están tranquilos sino cuando se apartan a la mayor distancia posible de Dios. Los hijos de Dios difieren de ellos en esto: que «tienen paz para con Dios» (Ro 5:1) y se acercan a él con alegría y deleite. Inferimos también de este pasaje que, para invocar a Dios debidamente, es necesaria la confianza, que llega a ser así la llave que nos abre la puerta del cielo. Los que dudan y vacilan nunca serán oídos.

«Pida con fe, no dudando nada», dice Santiago; «porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.» (Stg 1:6-7.)

Los sofistas de la Sorbona, cuando mandan a los hombres vacilar, no saben lo que es invocar a Dios.

Efesios 3:13

13. Por lo cual pido. Ahora se hace manifiesta la razón de haber aludido antes a su prisión: era para impedir que se desalentaran al oír de su persecución. ¡Oh corazón heroico, que sacó de una cárcel, y de la muerte misma, consuelo para quienes no estaban en peligro! Dice que soportaba tribulaciones por los efesios porque tendían a promover la edificación de todos los piadosos. ¡Con qué poder se confirma la fe del pueblo cuando un pastor no vacila en sellar su doctrina entregando su vida! Y por eso añade: que es vuestra gloria. Tal lustre se derramaba sobre su enseñanza que todas las iglesias entre las cuales había trabajado tenían buen motivo para gloriarse al ver su fe ratificada con la mejor de todas las garantías.

Efesios 3:14-19

14. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,

14. Hujus rei gratia flecto genua ad Patrem Domini nostri Iesu Christi,

15. de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,

15. Ex quo omnis cognatio in coelis et super terram nominatur,

16. para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;

16. Ut det vobis secundum divitias gloriae suae, potentia roborari per Spiritum suum in hominem interiorem,

17. para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,

17. Ut inhabitet Christus per fidem in cordibus vestris, ut sitis in charitate radicati atque fundati,

18. seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,

18. Quo valeatis comprehendere cum omnibus sanctis, quae sit latitudo, et longitudo, et profunditas, et altitudo;

19. y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

19. Cognoscere, inquam, dilectionem Christi, quae cognitionem exsuperat, ut completi sitis in omnem plenitudinem Dei.

Efesios 3:14

14. Por esta causa. Se mencionan sus oraciones por ellos no solo para testificar su afecto hacia ellos, sino también para incitarlos a orar de la misma manera; porque la semilla de la palabra se esparce en vano si el Señor no la hace fructífera con su bendición. Aprendan los pastores del ejemplo de Pablo no solo a amonestar y exhortar a su pueblo, sino a rogar al Señor que bendiga sus labores, para que no sean infructuosas. Nada se ganará con su diligencia y su trabajo; todo su estudio y aplicación serán en vano, salvo en cuanto el Señor conceda su bendición. Esto no debe ser considerado por ellos como un estímulo a la pereza. Su deber es, por el contrario, trabajar con empeño en sembrar y regar, con tal de que al mismo tiempo pidan y esperen del Señor el crecimiento.

Así podemos refutar las calumnias de los pelagianos y papistas, que argumentan que, si la gracia del Espíritu Santo realiza toda la obra de iluminar nuestras mentes y formar nuestros corazones para la obediencia, toda instrucción será superflua. El único efecto de las influencias iluminadoras y renovadoras del Espíritu Santo es dar a la instrucción su peso y eficacia propios, para que no seamos ciegos a la luz del cielo ni sordos a los acentos de la verdad. Aunque solo el Señor actúa sobre nosotros, actúa por medio de sus propios instrumentos. Es deber, pues, de los pastores enseñar con diligencia, del pueblo recibir con ardor la instrucción, y de ambos no fatigarse en esfuerzos infructuosos, sino mirar hacia arriba en busca del auxilio divino.

Doblo mis rodillas. La postura corporal se pone aquí por el ejercicio religioso mismo. No que la oración requiera en todos los casos el doblar las rodillas, sino porque esta expresión de reverencia se emplea comúnmente, sobre todo donde no se trata de una petición ocasional, sino de una oración continua.

Efesios 3:15

15. De quien toma nombre toda familia. El relativo ἐξ οὗ, de quien, puede aplicarse igualmente al Padre y al Hijo. Erasmo lo restringe enteramente al Padre. No lo apruebo, porque se debía haber dejado a los lectores libertad de elección; más aún, la otra interpretación parece mucho más probable. El apóstol alude a aquel parentesco que los judíos tenían entre sí por su padre Abraham, de quien trazan su linaje. Se propone, por el contrario, quitar la distinción entre judíos y gentiles, y les dice no solo que todos los hombres han sido reunidos en una sola familia y una sola raza por medio de Cristo, sino que pueden reclamar parentesco incluso con los ángeles.

Aplicarlo a Dios el Padre no sería igualmente defendible, por estar sujeto a esta evidente excepción: que Dios antes pasó por alto a los gentiles y adoptó a los judíos como pueblo suyo peculiar. Pero cuando lo aplicamos a Cristo, toda la afirmación de Pablo concuerda con los hechos, pues todos vienen y se funden como una sola familia y, emparentados con un solo Dios Padre, son mutuamente hermanos. Entendamos, pues, que por la mediación de Cristo se ha constituido un parentesco entre judíos y gentiles, porque, al reconciliarnos con el Padre, nos ha hecho a todos uno. Los judíos ya no tienen razón alguna para gloriarse de ser posteridad de Abraham, o de pertenecer a esta o aquella tribu, para despreciar a los demás como profanos y reclamar el honor exclusivo de ser un pueblo santo. No hay sino un solo parentesco que deba tenerse en cuenta, tanto en el cielo como en la tierra, tanto entre los ángeles como entre los hombres: la unión con el cuerpo de Cristo. Fuera de él todos serán hallados dispersos. Solo él es el vínculo por el cual estamos unidos.

Efesios 3:16

16. Para que os dé. Pablo desea que los efesios sean fortalecidos, y sin embargo ya había dado a su piedad no poca alabanza. Pero los creyentes nunca han avanzado tanto que no necesiten crecer más. La mayor perfección de los piadosos en esta vida es un ferviente deseo de progresar. Este fortalecimiento, nos dice, es obra del Espíritu, de modo que no procede de la propia capacidad del hombre. El crecimiento, así como el comienzo, de todo lo bueno que hay en nosotros viene del Espíritu Santo. Que es don de la gracia divina resulta evidente por la expresión usada: para que os dé. Esto lo niegan por completo los papistas. Sostienen que la segunda gracia se nos concede según lo hayamos merecido cada uno haciendo buen uso de la primera gracia. Pero unámonos a Pablo en reconocer que es «don» de la gracia de Dios no solo que hayamos comenzado a correr bien, sino que avancemos; no solo que hayamos nacido de nuevo, sino que crezcamos de día en día.

Conforme a las riquezas de su gloria. Estas palabras tienen por objeto expresar todavía con más fuerza la doctrina de la gracia divina. Pueden explicarse de dos maneras: o conforme a sus gloriosas riquezas, haciendo que el genitivo, conforme al modo de hablar hebreo, ocupe el lugar de un adjetivo, o conforme a su rica y abundante gloria. La palabra gloria se pondrá así por misericordia, de acuerdo con una expresión que había usado antes: «para alabanza de la gloria de su gracia» (Ef 1:6). Prefiero este último punto de vista.

En el hombre interior. Por el hombre interior, Pablo entiende el alma y todo lo que se refiere a la vida espiritual del alma; así como el hombre exterior denota el cuerpo con todo lo que le pertenece: salud, honores, riquezas, vigor, belleza y todo lo de esa naturaleza. «Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día»; es decir, si en las cosas del mundo decaemos, nuestra vida espiritual se hace más y más vigorosa. (2 Co 4:16.) La oración de Pablo de que los santos sean fortalecidos no significa que sean eminentes y prósperos en el mundo, sino que, con respecto al reino de Dios, sus mentes sean hechas fuertes por el poder divino.

Efesios 3:17

17. Para que habite Cristo. Explica lo que se entiende por «la fortaleza del hombre interior». Así como

«agradó al Padre que en él habitase toda plenitud» (Col 1:19),

así quien tiene a Cristo habitando en él nada puede necesitar. Es un error imaginar que se puede obtener el Espíritu sin obtener a Cristo; y es igualmente necio y absurdo soñar que podemos recibir a Cristo sin el Espíritu. Ambas doctrinas deben creerse. Somos partícipes del Espíritu Santo en proporción al trato que mantenemos con Cristo, porque el Espíritu no se hallará en ninguna parte sino en Cristo, sobre quien, por esa razón, se dice que reposó; pues él mismo dice por el profeta Isaías: «El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí». (Is 61:1; Lc 4:18.) Pero tampoco Cristo puede ser separado de su Espíritu, porque entonces se diría que está muerto y que ha perdido todo su poder.

Con justicia, pues, afirma Pablo que las personas dotadas por Dios de vigor espiritual son aquellas en quienes habita Cristo. Señala la parte en que Cristo habita de manera peculiar, en vuestros corazones, para mostrar que no basta que el conocimiento de Cristo more en la lengua o revolotee en el cerebro.

Habite por la fe. Se expresa también el método por el cual se obtiene un beneficio tan grande. ¡Qué notable alabanza se concede aquí a la fe: que por medio de ella el Hijo de Dios llega a ser nuestro y «hace morada con nosotros»! (Jn 14:23.) Por la fe no solo reconocemos que Cristo padeció y resucitó de los muertos por nosotros, sino que, aceptando los ofrecimientos que hace de sí mismo, lo poseemos y disfrutamos como nuestro Salvador. Esto merece nuestra cuidadosa atención. La mayoría de la gente considera que la comunión con Cristo y el creer en Cristo son lo mismo; pero la comunión que tenemos con Cristo es consecuencia de la fe. En una palabra, la fe no es una mirada a distancia, sino un cálido abrazo a Cristo, por el cual él habita en nosotros y somos llenos del Espíritu divino.

A fin de que, arraigados y cimentados en amor. Entre los frutos de la morada de Cristo en nosotros, el apóstol enumera el amor y la gratitud por la gracia y bondad divinas que se nos muestran en Cristo. De ahí se sigue que esta es la verdadera y sólida excelencia, de modo que, siempre que trata de la perfección de los santos, la considera compuesta de estas dos partes. La firmeza y constancia que debe tener nuestro amor se señalan con dos metáforas. Hay muchas personas no del todo desprovistas de amor, pero este se pierde o se sacude fácilmente porque sus raíces no son profundas. Pablo desea que esté arraigado y cimentado, es decir, completamente fijo en nuestras mentes, semejante a un edificio bien fundado o a un árbol profundamente plantado. El verdadero sentido es que nuestras raíces deben estar plantadas tan hondo, y nuestro cimiento asentado tan firmemente en el amor, que nada pueda sacudirnos. Es ocioso inferir de estas palabras que el amor es el fundamento y la raíz de nuestra salvación. Pablo no investiga aquí, como cualquiera puede percibir, en qué se funda nuestra salvación, sino con qué firmeza y constancia debemos perseverar en el ejercicio del amor.

Efesios 3:18

18. Seáis plenamente capaces de comprender. El segundo fruto es que los efesios perciban la grandeza del amor de Cristo a los hombres. Tal aprehensión o conocimiento nace de la fe. Al desear que lo comprendan con todos los santos, muestra que es la más excelente bendición que pueden obtener en la vida presente, que es la más alta sabiduría a la que aspiran todos los hijos de Dios. Lo que sigue es suficientemente claro en sí mismo, pero hasta ahora ha sido oscurecido por una variedad de interpretaciones. Agustín está encantado con su propia agudeza, que no arroja luz alguna sobre el asunto. Esforzándose por descubrir alguna clase de alusión misteriosa a la figura de la cruz, hace que la anchura sea el amor, la altura la esperanza, la longitud la paciencia y la profundidad la humildad. Esto es muy ingenioso y entretenido, pero ¿qué tiene que ver con el sentido de Pablo? Ciertamente no más que la opinión de Ambrosio, de que la alusión es a la figura de una esfera. Dejando a un lado las opiniones de otros, expondré lo que será universalmente reconocido como el sentido simple y verdadero.

Efesios 3:19

19. Y de conocer el amor de Cristo. Con esas dimensiones Pablo no quiere decir otra cosa que el amor de Cristo, del cual habla después. El sentido es que quien lo conoce plena y perfectamente es en todo sentido un hombre sabio. Como si dijera: «Hacia cualquier lado que los hombres miren, no hallarán nada en la doctrina de la salvación que no guarde alguna relación con este tema». El amor de Cristo contiene en sí toda la sabiduría, de modo que las palabras pueden decir así: para que seáis capaces de comprender el amor de Cristo, que es la longitud, la anchura, la profundidad y la altura, es decir, la completa perfección de toda sabiduría. La metáfora está tomada de los matemáticos, tomando las partes como expresivas del todo. Casi todos los hombres están infectados de la enfermedad de desear obtener conocimientos inútiles. Es de gran importancia que se nos diga lo que nos es necesario saber y lo que el Señor quiere que contemplemos, arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda, delante y detrás. El amor de Cristo se nos presenta como el asunto que debe ocupar nuestras meditaciones de día y de noche y en el cual debemos estar por completo sumergidos. Quien está en posesión de esto solo tiene bastante. Fuera de ello no hay nada sólido, nada útil, nada, en suma, que sea propio o sano. Aunque recorras el cielo, la tierra y el mar, nunca irás más allá de esto sin traspasar el límite legítimo de la sabiduría.

Que excede a todo conocimiento. Una expresión semejante aparece en otra epístola:

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Fil 4:7.)

Nadie puede acercarse a Dios sin ser elevado por encima de sí mismo y por encima del mundo. Por esta razón los sofistas se niegan a admitir que podamos saber con certeza que gozamos de la gracia de Dios, pues miden la fe por la percepción de los sentidos corporales. Pero Pablo sostiene con justicia que esta sabiduría excede a todo conocimiento, pues, si las facultades del hombre pudieran alcanzarla, la oración de Pablo para que Dios la conceda habría sido innecesaria. Recordemos, pues, que la certeza de la fe es conocimiento, pero se adquiere por la enseñanza del Espíritu Santo, no por la agudeza de nuestro propio intelecto. Si el lector desea una discusión más completa de este asunto, puede consultar la «Institución de la religión cristiana».

Para que seáis llenos. Pablo expresa ahora en una sola palabra lo que quiso decir con las diversas dimensiones. Quien tiene a Cristo tiene todo lo necesario para ser hecho perfecto en Dios; porque este es el sentido de la expresión la plenitud de Dios. Los hombres, ciertamente, se imaginan que tienen completa plenitud en sí mismos, pero solo cuando su orgullo se hincha con vanas futilidades. Es un sueño necio y perverso que por la plenitud de Dios se entienda la plena Divinidad, como si los hombres fueran elevados a igualdad con Dios.

Efesios 3:20-21

20. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,

20. Ei autem, qui potest cumulate super omnia facere, quae petimus aut cogitamus, secundum potentiam in nobis agentem,

21. a él sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

21. Sit gloria in Ecclesia per Iesum Christum, in omnes aetates seculi seculorum. Amen.

Efesios 3:20-21

20. Y a aquel. Prorrumpe ahora en acción de gracias, que sirve además al propósito de exhortar a los efesios a mantener la «buena esperanza por gracia» (2 Ts 2:16) y a esforzarse constantemente por obtener concepciones cada vez más adecuadas del valor de la gracia de Dios.

Que es poderoso. Esto se refiere al futuro y concuerda con lo que se nos enseña acerca de la esperanza; y ciertamente no podemos ofrecer a Dios acciones de gracias propias y sinceras por los favores recibidos si no estamos convencidos de que su bondad para con nosotros será sin fin. Cuando dice que Dios es poderoso, no se refiere al poder considerado aparte, como se dice, del acto, sino al poder que se ejerce y que realmente sentimos. Los creyentes deben conectarlo siempre con la obra cuando se investiga acerca de las promesas que se les han hecho y de su propia salvación. Todo lo que Dios puede hacer, sin duda lo hará si lo ha prometido. El apóstol lo prueba tanto por ejemplos anteriores como por la eficacia del Espíritu, que en ese mismo tiempo se ejercía en sus propias mentes.

Según el poder que actúa en nosotros, es decir, según lo que sentimos dentro de nosotros mismos; porque todo beneficio que Dios nos concede es una manifestación de su gracia, amor y poder, por lo cual debemos abrigar una confianza más fuerte para el futuro. Mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos es una expresión notable y nos manda no temer que una fe de la clase debida vaya a excederse. Cualesquiera que sean las expectativas que nos formemos de las bendiciones divinas, la infinita bondad de Dios excederá todos nuestros deseos y todos nuestros pensamientos.

CAPÍTULO 4

Efesios 4:1-6

1. Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,

1. Obsecro itaque vos, ego vinctus in Domino, ut digne ambuletis vocatione, ad quam vocati estis,

2. con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,

2. Cum omni humilitate et mansuetudine, cum tolerantia sufferentes vos invicem in dilectione,

3. solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

3. Studentes servare unitatem Spiritus, in vinculo pacis.

4. un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;

4. Unum corpus et unus spiritus; quemadmodum vocati estis in una spe vocationis vestrae.

5. un Señor, una fe, un bautismo,

5. Unus Dominus, una fides, unum baptisma.

6. un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos vosotros.

6. Unus Deus et Pater omnium, qui est super omnia, et per omnia, (vel, super omnes et per omnes,) et in omnibus vobis.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.