Comentarios bíblicos · Juan Calvino

Filipenses 4: comentario de Juan Calvino

Filipenses 4:1

1. Así que, hermanos míos. Concluye su doctrina, como suele, con exhortaciones muy urgentes, para fijarla más firmemente en las mentes de los hombres. Se insinúa también en sus afectos con apelativos entrañables que, al mismo tiempo, no están dictados por la adulación, sino por un afecto sincero. Los llama su gozo y corona; porque, deleitado de ver perseverar en la fe a los que habían sido ganados por su medio, esperaba alcanzar aquel triunfo de que hemos hablado, cuando el Señor premiará con una corona lo que se ha realizado bajo su dirección.

Cuando les manda estar así firmes en el Señor, quiere decir que aprueba su condición. Al mismo tiempo, la partícula así podría entenderse como referida a la doctrina precedente; pero la primera manera es más adecuada, de modo que, alabando su condición presente, los exhorta a la perseverancia. Ya habían dado, es cierto, alguna prueba de su constancia. Pablo, sin embargo, conociendo bien la debilidad humana, considera que tienen necesidad de confirmación para el futuro.

Filipenses 4:2

2. Ruego a Evodia y a Síntique. Es opinión casi universalmente recibida que Pablo quería zanjar una disputa, no sé de qué clase, entre aquellas dos mujeres. Aunque no me inclino a discutir esto, las palabras de Pablo no ofrecen fundamento suficiente para que tal conjetura nos satisfaga de que realmente fue así. Por el testimonio que da en favor de ellas, parece que eran mujeres muy excelentes; pues les asigna tanto honor que las llama compañeras de milicia en el evangelio. Por eso, como su concordia era asunto de gran importancia y, por otra parte, su desacuerdo traería gran peligro, las estimula particularmente a la concordia.

Debemos notar, sin embargo, que siempre que habla de acuerdo, añade también su vínculo: en el Señor. Pues toda unión será inevitablemente maldita si es aparte del Señor, y, por otra parte, nada hay tan separado que no deba ser reunido de nuevo en Cristo.

Filipenses 4:3

3. Te ruego también a ti, compañero fiel. No me inclino a disputar sobre el género del sustantivo, y por tanto dejaré indeterminado si aquí se dirige a un hombre o a una mujer. Al mismo tiempo, hay excesiva debilidad en el argumento de Erasmo, que infiere que es una mujer por la circunstancia de que aquí se menciona a otras mujeres, como si no añadiera inmediatamente el nombre de Clemente en la misma conexión. Me abstengo, sin embargo, de esa disputa; solo sostengo que no es la esposa de Pablo la designada con este apelativo. Quienes lo sostienen citan como autoridades a Clemente e Ignacio. Si citaran correctamente, ciertamente no despreciaría a hombres de tal eminencia. Pero como se aducen escritos de Eusebio que son espurios y fueron urdidos por monjes ignorantes, no merecen mucho crédito entre lectores de sano juicio.

Indaguemos, pues, sobre la cosa misma, sin recibir ninguna falsa impresión de las opiniones de los hombres. Cuando Pablo escribió la Primera Epístola a los Corintios, estaba, como él mismo menciona, soltero en aquel tiempo:

«Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo» (1 Co 7:8).

Escribió aquella epístola en Éfeso, cuando estaba preparado para dejarla. No mucho después se dirigió a Jerusalén, donde fue puesto en prisión y enviado a Roma. Cualquiera percibirá cuán inadecuado habría sido para casarse un período de tiempo pasado por él en parte viajando y en parte en prisión. Además de esto, ya entonces estaba preparado para soportar prisiones y persecuciones, como él mismo testifica, según Lucas (Hch 21:13). Sé bien, al mismo tiempo, qué objeción suele presentarse en contra de esto: que Pablo, aunque casado, se abstenía del trato conyugal. Las palabras, sin embargo, expresan otro sentido, pues desea que los solteros tengan en su mano permanecer en la misma condición que él. Ahora bien, ¿qué es esa condición sino el celibato? En cuanto a que aducen aquel pasaje:

«¿No tenemos derecho de traer con nosotros una esposa?» (1 Co 9:5),

para probar que tenía esposa, es demasiado necio para que requiera refutación. Pero concediendo que Pablo estuviera casado, ¿cómo habría estado su esposa en Filipos, ciudad en la que no leemos que entrara más que en dos ocasiones, y en la que es probable que nunca permaneciera ni siquiera dos meses enteros? En fin, nada es más improbable que el que hable aquí de su esposa; y a mí no me parece probable que hable de mujer alguna. Lo dejo, sin embargo, al juicio de mis lectores. La palabra que Pablo emplea aquí (συλλάμβανεσθαι) significa tomar una cosa y abrazarla junto con otra persona, con el fin de prestar ayuda.

Cuyos nombres están en el libro de la vida. El libro de la vida es el registro de los justos, que están predestinados para la vida, como en los escritos de Moisés (Éx 32:32). Dios tiene este registro consigo, en custodia segura. Por tanto, el libro no es otra cosa que su eterno consejo, fijado en su propio pecho. En lugar de este término, Ezequiel emplea esta expresión: la escritura de la casa de Israel. Con el mismo propósito se dice en

«Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos entre los justos» (Sal 69:28);

es decir, que no sean contados entre los elegidos de Dios, a quienes recibe dentro de los límites de su iglesia y reino.

Si alguno alegara que Pablo obra, por tanto, temerariamente al usurpar para sí el derecho de pronunciarse sobre los secretos de Dios, respondo que podemos formar en alguna medida un juicio por la señal con que Dios manifiesta su elección, pero solo en cuanto lo admite nuestra capacidad. En todos aquellos, pues, en quienes vemos resplandecer las marcas de la adopción, tengámoslos entretanto por hijos de Dios hasta que los libros sean abiertos (Ap 20:12), lo cual pondrá todas las cosas plenamente a la vista. Es cierto que solo a Dios corresponde ahora conocer a los que son suyos (2 Ti 2:19) y separar por lo menos los corderos de los cabritos; pero nuestra parte es tener por corderos, en caridad, a todos los que, en espíritu de obediencia, se someten a Cristo como su Pastor, los que se acogen a su redil y permanecen allí constantemente. Nuestra parte es dar tan alto valor a los dones del Espíritu Santo, que él confiere peculiarmente a sus elegidos, que sean para nosotros como los sellos de una elección que nos está oculta.

Filipenses 4:4-9

4. Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

4. Gaudete in Domino semper, iterum dico, gaudete.

5. Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

5. Moderatio vestra nota sit omnibus hominibus. Dominus prope est.

6. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

6. De nulla re sitis solliciti: sed in omnibus, oratione et precatione, cum gratiarum actione, petitiones vestrae innotescant apud Deum.

7. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

7. Et pax Dei, quae exsuperat omnem intelligentiam, custodiet corda vestra et cogitationes vestras in Christo Iesu.

8. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

8. Quod reliquum est, fratres, quaecunque sunt vera, quaecunque gravia, qaecunque iusta, quaecunque pura, quaecunque amabilia, quaecunque honesta: si qua virtus, et qua laus, haec cogitate.

9. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

9. Quae et didicistis, et suscepistis, et audistis, et vidistis in me: haec facite, et Deus pacis erit vobiscum.

Filipenses 4:4

4. Regocijaos en el Señor. Es una exhortación adecuada a los tiempos; pues, como la condición de los piadosos era sumamente turbulenta y los peligros los amenazaban por todas partes, era posible que cedieran, vencidos por el dolor o la impaciencia. Por eso les manda que, en medio de circunstancias de hostilidad y conmoción, se regocijen sin embargo en el Señor, pues ciertamente estos consuelos espirituales, con los que el Señor nos reanima y alegra, deben mostrar su eficacia entonces más que nunca, cuando el mundo entero nos tienta a la desesperación. Consideremos, sin embargo, en conexión con las circunstancias de los tiempos, qué eficacia debió de tener esta palabra pronunciada por boca de Pablo, que podía tener especial motivo de tristeza. Pues si se espantan por las persecuciones, o las prisiones, o el destierro, o la muerte, aquí se presenta el apóstol, que, en medio de prisiones, en el mismo fragor de la persecución y, en fin, entre temores de muerte, no solo está él mismo gozoso, sino que incluso estimula a otros al gozo. La suma, pues, es esta: que suceda lo que suceda, los creyentes, teniendo al Señor de su parte, tienen sobrado motivo de gozo.

La repetición de la exhortación sirve para darle mayor fuerza: que esta sea vuestra fortaleza y firmeza, regocijaros en el Señor, y esto no solo por un momento, sino de modo que vuestro gozo en él se perpetúe. Pues sin duda difiere del gozo del mundo en esto: que sabemos por experiencia que el gozo del mundo es engañoso, frágil y pasajero, y Cristo incluso lo declara maldito (Lc 6:25). Por eso, solo es gozo firme en Dios el que es tal que nunca nos es quitado.

Filipenses 4:5

5. Vuestra gentileza. Esto puede explicarse de dos maneras. Podemos entender que les manda más bien ceder de su derecho antes que dar a alguien motivo de queja por su aspereza o severidad. «Que todos los que tengan trato con vosotros experimenten vuestra equidad y humanidad». De este modo, ser conocida significará ser experimentada. O podemos entender que los exhorta a soportarlo todo con ecuanimidad. Este último sentido lo prefiero más; pues [el término griego] es usado por los propios griegos para designar la moderación de ánimo: cuando no nos alteramos fácilmente por las injurias, no nos molestamos fácilmente por la adversidad, sino que conservamos la ecuanimidad de carácter. De acuerdo con esto, Cicerón emplea la siguiente expresión: «Tranquilo está mi ánimo, que todo lo toma a bien». Tal ecuanimidad, que es como la madre de la paciencia, es la que requiere aquí de los filipenses y, ciertamente, tal que se manifieste a todos, según lo requiera la ocasión, produciendo sus propios efectos. El término modestia no parece adecuado aquí, porque Pablo no los previene en este pasaje contra la insolencia altiva, sino que les indica que se conduzcan pacíficamente en todo y ejerzan dominio sobre sí mismos, aun en el sufrimiento de injurias o molestias.

El Señor está cerca. Tenemos aquí una anticipación, con la que sale al paso de una objeción que podría presentarse. Pues el sentido carnal se levanta en oposición a lo dicho antes. Porque, como la rabia de los malvados se enciende tanto más cuanto más manso somos, y cuanto más nos ven dispuestos a soportar, más se atreven a infligir injurias, difícilmente nos dejamos persuadir a ganar nuestras almas con paciencia (Lc 21:19). De ahí aquellos proverbios: «Hay que aullar cuando se está entre lobos». «Los que se portan como ovejas pronto serán devorados por los lobos». De ahí concluimos que la ferocidad de los malvados debe ser reprimida con una violencia correspondiente, para que no nos insulten impunemente. A tales consideraciones opone aquí Pablo la confianza en la providencia divina. Responde, digo, que el Señor está cerca, cuyo poder puede vencer su audacia y cuya bondad puede vencer su malicia. Promete que nos ayudará, con tal de que obedezcamos su mandamiento. Ahora bien, ¿quién no preferiría ser protegido solo por la mano de Dios antes que tener a su disposición todos los recursos del mundo?

Tenemos aquí un sentimiento hermosísimo, del cual aprendemos, en primer lugar, que la ignorancia de la providencia de Dios es la causa de toda impaciencia, y que esta es la razón por la que tan pronto, y por motivos triviales, nos vemos arrojados a la confusión, y a menudo también nos desanimamos porque no reconocemos que el Señor cuida de nosotros. Por otra parte, aprendemos que este es el único remedio para tranquilizar nuestras mentes: reposar sin reservas en su cuidado providencial, sabiendo que no estamos expuestos ni a la temeridad de la fortuna ni al capricho de los malvados, sino bajo la regulación del cuidado paternal de Dios. En fin, el hombre que posee esta verdad, que Dios está presente con él, tiene en qué descansar con seguridad.

Hay, sin embargo, dos maneras en que se dice que el Señor está cerca: porque su juicio está cerca, o porque está preparado para dar ayuda a los suyos, sentido en el que se emplea aquí, y también en Sal 145:18: Cercano está el Señor a todos los que le invocan. El significado, pues, es: «Miserable sería la condición de los piadosos si el Señor estuviera lejos de ellos». Pero como los ha recibido bajo su protección y tutela, y los defiende con su mano, que está presente en todas partes, que descansen en esta consideración, para no ser intimidados por la rabia de los malvados. Es bien sabido, y cosa común, que el término solicitudo (afán) se emplea para designar aquella ansiedad que procede de la desconfianza en el poder o la ayuda divinos.

Filipenses 4:6

6. Sino en todo. Pablo emplea el singular, pero es de género neutro; la expresión, por tanto, equivale a omni negotio (en todo asunto), pues (oración) y (ruego) son sustantivos femeninos. Con estas palabras exhorta a los filipenses, como lo hace David con todos los piadosos en Sal 55:22, y también Pedro en 1 P 5:7, a echar sobre el Señor todo su cuidado. Pues no somos de hierro, para no ser sacudidos por las tentaciones. Pero este es nuestro consuelo, este es nuestro alivio: depositar, o (para hablar con mayor propiedad) descargar en el seno de Dios todo lo que nos acosa. La confianza, es cierto, trae tranquilidad a nuestras mentes, pero solo en caso de que nos ejercitemos en oraciones. Siempre que seamos asaltados por alguna tentación, acudamos, pues, de inmediato a la oración, como a un asilo sagrado.

El término peticiones lo emplea aquí para designar deseos o anhelos. Quiere que los hagamos conocer a Dios por la oración y el ruego, como si los creyentes derramaran sus corazones delante de Dios cuando se encomiendan a él, con todo lo que tienen. Los que miran de un lado a otro los vanos consuelos del mundo pueden parecer, en cierta medida, aliviados; pero hay un solo refugio seguro: apoyarse en el Señor.

Con acción de gracias. Como muchos oran a menudo mal a Dios, llenos de quejas o de murmuraciones, como si tuvieran justo motivo para acusarlo, mientras otros no soportan la demora si no satisface de inmediato sus deseos, Pablo por eso une la acción de gracias a las oraciones. Es como si hubiera dicho que las cosas que nos son necesarias debemos desearlas del Señor de tal manera que, sin embargo, sometamos nuestros afectos a su beneplácito y demos gracias al presentar las peticiones. Y sin duda la gratitud tendrá este efecto en nosotros: que la voluntad de Dios será la suma principal de nuestros deseos.

Filipenses 4:7

7. Y la paz de Dios. Algunos, convirtiendo el tiempo futuro en modo optativo, hacen de esta afirmación una oración, pero sin fundamento debido. Pues es una promesa en la que señala la ventaja de una firme confianza en Dios y de la invocación de él. «Si hacéis eso —dice—, la paz de Dios guardará vuestras mentes y corazones». La Escritura suele dividir el alma del hombre, en cuanto a sus flaquezas, en dos partes: la mente y el corazón. La mente significa el entendimiento, mientras que el corazón designa toda la disposición o inclinaciones. Estos dos términos, por tanto, incluyen el alma entera, en este sentido: «La paz de Dios os guardará, para impediros que os volváis atrás de Dios en pensamientos o deseos perversos».

Con buen fundamento la llama la paz de Dios, puesto que no depende del aspecto presente de las cosas y no se doblega a los varios cambios del mundo, sino que se funda en la palabra firme e inmutable de Dios. Con buen fundamento también habla de ella como sobrepasando todo entendimiento o percepción, pues nada es más ajeno a la mente humana que, en lo profundo de la desesperación, ejercer sin embargo un sentimiento de esperanza, en lo profundo de la pobreza ver opulencia, y en lo profundo de la debilidad no ceder, y, en fin, prometernos que nada nos faltará cuando somos dejados destituidos de todas las cosas; y todo esto en la sola gracia de Dios, que no se conoce a sí misma sino por la palabra y la prenda interior del Espíritu.

Filipenses 4:8

8. Por lo demás. Lo que sigue consiste en exhortaciones generales que se refieren a toda la vida. En primer lugar, recomienda la verdad, que no es otra cosa que la integridad de una buena conciencia, con sus frutos; en segundo lugar, la gravedad o santidad, pues τὸ σεμνόν denota ambas cosas: una excelencia que consiste en que andemos de una manera digna de nuestra vocación (Ef 4:1), manteniéndonos lejos de toda inmundicia profana; en tercer lugar, la justicia, que tiene que ver con el trato mutuo de los hombres: que no dañemos a nadie, que no defraudemos a nadie; y, en cuarto lugar, la pureza, que denota castidad en todos los ámbitos de la vida. Pablo, sin embargo, no considera que todas estas cosas basten, si no procuramos al mismo tiempo hacernos agradables a todos, en cuanto lícitamente podamos hacerlo en el Señor, y cuidamos también de nuestro buen nombre. Pues de este modo entiendo las palabras:

Si algo digno de alabanza, es decir, cualquier cosa loable; pues en medio de tal corrupción de costumbres hay tanta perversidad en los juicios de los hombres que a menudo se otorga alabanza a lo reprensible, y a los cristianos no les es lícito desear ni siquiera la alabanza verdadera entre los hombres, puesto que en otro lugar se les prohíbe gloriarse, sino en Dios solo (1 Co 1:31). Pablo, por tanto, no les manda procurar aplauso o recomendación por medio de acciones virtuosas, ni siquiera regular su vida según los juicios del pueblo, sino que simplemente quiere decir que se dediquen a la práctica de buenas obras, que merecen recomendación, para que los malvados y los enemigos del evangelio, aunque se burlen de los cristianos y los cubran de oprobio, se vean sin embargo obligados a alabar su conducta.

La palabra προσφιλὢ καὶ εὔφημα, sin embargo, se emplea entre los griegos, como cogitare entre los latinos, con el sentido de meditar. Ahora bien, primero viene la meditación, después sigue la acción.

Filipenses 4:9

9. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis. Con esta acumulación de términos da a entender que era asiduo en inculcar estas cosas. «Esta era mi doctrina, mi instrucción, mi discurso entre vosotros». Los hipócritas, en cambio, no insistían en nada sino en ceremonias. Ahora bien, era cosa deshonrosa abandonar la santa instrucción que habían embebido por completo y de la cual estaban totalmente impregnados.

Y visteis en mí. Ahora bien, lo principal en un orador público debe ser que hable no solo con la boca, sino con su vida, y que consiga autoridad para su doctrina con la rectitud de vida. Pablo, por tanto, consigue autoridad para su exhortación sobre este fundamento: que había sido, por su vida no menos que por su boca, guía y maestro de virtudes.

Y el Dios de paz. Había hablado de la paz de Dios; ahora confirma más particularmente lo que había dicho, prometiendo que el mismo Dios, autor de la paz, estará con ellos. Pues la presencia de Dios nos trae toda clase de bendición: como si hubiera dicho que sentirían que Dios estaba presente con ellos para hacer que todas las cosas salieran bien y prósperamente, con tal de que se apliquen a acciones piadosas y santas.

Filipenses 4:10-14

10. En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

10. Gavisu sum autem in domino valde, quod aliquando reviguistis in studio mei, de quo etiam cogitabatis, sed deerat opportunitas.

11. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

11. Non quod secundum penuriam loquar; ego enim didici, in quibus sum, iis contentus esse.

12. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

12. Novi et humilis esse, novi et excellere: ubique et in omnibus institutus sum, et saturari, et esurire, et abundare, et penuriam pati.

13. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

13. Omnia possum in Christo, qui me corroborat.

14. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.

14. Caeterum benefecistis simul communicando afflictioni meae.

Filipenses 4:10

10. Pero me gocé. Declara ahora la gratitud de su ánimo hacia los filipenses, para que no se arrepientan de su beneficencia, como suele ocurrir cuando pensamos que nuestros servicios son despreciados o se tienen en nada. Le habían enviado por Epafrodito provisiones para aliviar su necesidad; declara que su regalo le había sido grato, y dice que se gozó de que hubieran recobrado nuevo vigor para tener cuidado de él. La metáfora está tomada de los árboles, cuya fuerza se recoge hacia dentro y permanece oculta durante el invierno, y comienza a florecer en primavera. Pero añadiendo inmediatamente después una corrección, matiza lo que había dicho, para no parecer reprender su negligencia pasada. Dice, pues, que antes también habían estado preocupados por él, pero que las circunstancias de los tiempos no habían permitido que fuera socorrido antes por su benignidad. Así echa la culpa a la falta de oportunidad. Tomo la frase ἐφ᾿ ᾧ᾿ como referida a la persona de Pablo, y esa es su significación propia, además de estar más de acuerdo con la conexión de las palabras de Pablo.

Filipenses 4:11

11. No lo digo porque tenga escasez. Tenemos aquí una segunda corrección, con la que se guarda de que se sospeche que su espíritu era pusilánime y estaba quebrantado por las adversidades. Pues importaba que su constancia y moderación fueran conocidas por los filipenses, a quienes él era modelo de vida. Por eso declara que su liberalidad le había complacido de tal modo que al mismo tiempo podía soportar la escasez con paciencia. Escasez se refiere aquí a la disposición del ánimo, pues nunca puede ser pobre de espíritu el hombre que está satisfecho con la suerte que Dios le ha asignado.

En las que estoy, dice, es decir: «Cualquiera que sea mi condición, estoy satisfecho con ella». ¿Por qué? Porque los santos saben que así agradan a Dios. Por eso no miden la suficiencia por la abundancia, sino por la voluntad de Dios, que juzgan por lo que sucede, pues están persuadidos de que sus asuntos son regulados por su providencia y beneplácito.

Filipenses 4:12

12. Sé vivir humildemente. Sigue aquí una distinción, con el fin de dar a entender que tiene un ánimo adaptado para llevar cualquier clase de condición. La prosperidad suele envanecer el ánimo sin medida, y la adversidad, por el contrario, deprimirlo. De ambos defectos declara estar libre. Sé, dice, vivir humildemente; es decir, soportar con paciencia la humillación. Περισσεύειν se emplea dos veces, pero en la primera se usa con el sentido de sobresalir; en la segunda, con el de abundar, para corresponder con las cosas a que están expuestos. Si un hombre sabe hacer uso de la abundancia presente de manera sobria y templada, con acción de gracias, dispuesto a desprenderse de todo cuando sea del agrado del Señor, dando también parte a su hermano según la medida de su capacidad, y no se envanece, ese hombre ha aprendido a sobresalir y a abundar. Esta es una virtud particularmente excelente y rara, y muy superior al soportar la pobreza. Que todos los que desean ser discípulos de Cristo se ejerciten en adquirir este conocimiento que poseía Pablo, pero entretanto que se acostumbren a soportar la pobreza de tal manera que no les sea penosa ni gravosa cuando lleguen a verse privados de sus riquezas.

Filipenses 4:13

13. Todo lo puedo en Cristo. Como se había jactado de cosas muy grandes, para que esto no se atribuyera a orgullo ni diera a otros ocasión de necia jactancia, añade que es por Cristo que está dotado de esta fortaleza. «Todo lo puedo —dice—, pero es en Cristo, no por mi propio poder, pues es Cristo quien me provee de fuerza». De ahí inferimos que Cristo no será menos fuerte e invencible en nosotros también, si, conscientes de nuestra propia debilidad, ponemos la confianza solo en su poder. Cuando dice todo, quiere decir solamente aquellas cosas que pertenecen a su llamamiento.

Filipenses 4:14

14. Sin embargo, bien hicisteis. Con cuánta prudencia y cautela obra, mirando cuidadosamente a ambos lados, para no inclinarse demasiado a uno u otro. Al proclamar en términos magníficos su firmeza, quiso prevenir que los filipenses supusieran que había cedido bajo la presión de la necesidad. Ahora cuida de que, por hablar en términos elevados, no parezca que despreciaba su bondad, cosa que mostraría no solo crueldad y obstinación, sino también altivez. Al mismo tiempo provee para que, si algún otro de los siervos de Cristo llegara a necesitar su ayuda, no sean lentos en dársela.

Filipenses 4:15-23

15. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos;

15. Nostis autem et vos Philippenses, quod initio Evangelii, qunado exivi ex Macedonia, nulla mecum Ecclesia in ratione dati et accepti, nisi vos soli.

16. pues aun a Tesalónica enviasteis una y otra vez para mis necesidades.

16. Nam et Tessalonicam semel atque iterum mihi, quod opus erat, misistis:

17. No que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

17. Non quia requiram donum, sed requiro fructum, qui exsuperet in rationem vestram.

18. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

18. Accepi autem omnia et abundo, impletus sum, postquam ab Epaphrodito accepi, quai missa sunt a vobis in odorem bonae fragrantiae, sacrificium acceptum gractum Deo.

19. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

19. Deus autem meus implebit, quicquid vobis opus est, secundum divitias suas in gloria per Christum Iesum.

20. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

20. Porro Deo et Patri nostro gloria in secula seculorum. Amen.

21. Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.

21. Salutate omnes sanctos in Christo Iesu. Salutant vos qui mecum sunt fratres.

22. Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César.

22. Salutant vos omnes sancti: maxime qui sunt ex domo Caesaris.

23. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

23. Gratia domini nostri Iesu Christi cum omnibus vobis. Amen.

Fue escrita a los filipenses desde Roma por Epafrodito.

Scripta est a roma per Epaphroditum.

Filipenses 4:15-16

15. Y sabéis. Entiendo que esto fue añadido a manera de excusa, puesto que a menudo recibía algo de ellos, pues si las demás iglesias hubieran cumplido su deber, podría haber parecido que él era demasiado ansioso por recibir. Por eso, al justificarse a sí mismo los alaba, y al alabarlos excusa modestamente a los otros. Debemos cuidar también, según el ejemplo de Pablo, que los piadosos, al vernos demasiado inclinados a recibir de otros, no nos tengan con buenas razones por insaciables. Vosotros también sabéis, dice. «No necesito llamar a otros testigos, pues vosotros mismos también lo sabéis». Pues con frecuencia sucede que cuando uno piensa que otros faltan a su deber, es más generoso en prestar ayuda. Así la liberalidad de unos escapa a la atención de otros.

En razón de dar y recibir. Alude a asuntos pecuniarios, en los que hay dos partes: la una, recibir; la otra, gastar. Es necesario que estas se igualen por compensación mutua. Existía una cuenta de esta naturaleza entre Pablo y las iglesias. Mientras Pablo les administraba el evangelio, recaía sobre ellas la obligación de proveer, a cambio, lo necesario para el sustento de su vida, como dice en otro lugar:

«Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si recogemos de vosotros lo material?» (1 Co 9:11).

Por eso, si las demás iglesias hubieran socorrido las necesidades de Pablo, no habrían dado nada de gracia, sino que habrían pagado simplemente su deuda, pues debían reconocerse deudoras suyas por el evangelio. Esto, sin embargo, reconoce que no había ocurrido, puesto que no habían gastado nada por causa de él. ¡Qué vil ingratitud, y qué indecoroso, tratar con descuido a tal apóstol, a quien sabían estar obligados más allá de su poder de pagar! Por otra parte, ¡cuán grande la tolerancia de este santo varón, que soportó su inhumanidad con tanta mansedumbre e indulgencia que no usó una sola palabra áspera para acusarlos!

Filipenses 4:17

17. No que busque dádivas. De nuevo rechaza una opinión desfavorable que pudiera formarse de codicia inmoderada, para que no supusieran que era una insinuación indirecta, como si ellos solos debieran ocupar el lugar de todos, y como si abusara de su bondad. Declara, por tanto, que miraba no tanto su propia ventaja como la de ellos. «Mientras recibo de vosotros —dice—, hay en proporción mucha ventaja que redunda en vosotros mismos; pues son otros tantos artículos que podéis considerar transferidos a la tabla de cuentas». El significado de esta palabra está ligado a la comparación empleada antes, de intercambio o compensación en asuntos pecuniarios.

Filipenses 4:18

18. Todo lo he recibido, y tengo abundancia. Declara en términos más explícitos que tiene lo suficiente, y honra su liberalidad con un notable testimonio al decir que está lleno. Sin duda era una suma moderada la que habían enviado, pero dice que por medio de esa moderada suma está lleno hasta la saciedad. Es, sin embargo, una recomendación más distinguida la que otorga al donativo en lo que sigue, cuando lo llama sacrificio acepto, presentado como olor de buena fragancia. Pues ¿qué mejor cosa puede desearse que el que nuestros actos de bondad sean ofrendas sagradas, que Dios recibe de nuestras manos y de cuyo dulce olor se complace? Por la misma razón dice Cristo: «Todo lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis».

La comparación con los sacrificios, sin embargo, añade mucho énfasis, y por ella se nos enseña que el ejercicio del amor que Dios nos manda no es solo un beneficio conferido al hombre, sino también un servicio espiritual y sagrado que se presta a Dios, como leemos en la Epístola a los Hebreos que de tales sacrificios se agrada (He 13:16). ¡Ay de nuestra indolencia!, que se muestra en esto: que mientras Dios nos invita con tanta bondad al honor del sacerdocio e incluso pone sacrificios en nuestras manos, nosotros, sin embargo, no le sacrificamos, y aquellas cosas que habían sido apartadas para ofrendas sagradas no solo las empleamos en usos profanos, sino que las despilfarramos perversamente en las más impuras contaminaciones. Pues los altares en que deberían presentarse sacrificios de nuestros recursos son los pobres y los siervos de Cristo. Descuidándolos, unos derrochan sus recursos en toda clase de lujo, otros en el paladar, otros en vestidos inmodestos, otros en moradas magníficas.

Filipenses 4:19

19. Mi Dios suplirá. Algunos leen impleat, en optativo: Que supla. Aunque no rechazo esta lectura, apruebo más la otra. Hace mención expresa de Dios como suyo, porque reconoce y admite como hecha a sí mismo toda bondad que se muestra a sus siervos. Habían estado sembrando, pues, verdaderamente en el campo del Señor, del cual podía esperarse una cosecha segura y abundante. Ni les promete solamente una recompensa en la vida futura, sino aun en cuanto a las necesidades de la vida presente: «No penséis que os habéis empobrecido; Dios, a quien yo sirvo, os proveerá abundantemente de todo lo necesario». La frase en gloria debe tomarse en lugar del adverbio gloriosamente, con el sentido de magníficamente o espléndidamente. Añade, sin embargo, en Cristo, en cuyo nombre todo lo que hacemos es aceptable a Dios.

Filipenses 4:20-21

20. Al Dios y Padre nuestro. Esto puede tomarse como una acción de gracias general, con la que cierra la epístola; o puede considerarse como referido más particularmente a la última cláusula, en relación con la liberalidad mostrada a Pablo. Pues en cuanto a la ayuda que los filipenses le habían prestado, le convenía considerarse deudor de ellos por ella de tal modo que reconociera que esta ayuda les había sido concedida a ellos por la misericordia de Dios.

Filipenses 4:22-23

22 Los hermanos que están conmigo os saludan. En estos saludos nombra primero a sus compañeros íntimos, luego a todos los santos en general, es decir, a toda la Iglesia de Roma, pero sobre todo a los de la casa de Nerón: cosa muy digna de notarse; pues no es una prueba común de la misericordia divina que el evangelio se abriera paso en aquella cloaca de todos los crímenes y de toda iniquidad. Es tanto más de admirar cuanto que es raro que la santidad reine en las cortes de los soberanos. La conjetura de algunos, de que aquí se alude entre otros a Séneca, no tiene apariencia de fundamento; pues nunca dio ninguna prueba, ni siquiera la más pequeña, de ser cristiano; ni pertenecía a la casa de César, sino que era senador y en cierto tiempo había ejercido el cargo de pretor.

FIN DEL COMENTARIO A LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES.

EL ARGUMENTO

DE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS COLOSENSES.

Había tres ciudades vecinas en Frigia, mencionadas por Pablo en esta Epístola: Laodicea, Hierápolis y Colosas, las cuales, como nos informa Orosio, fueron destruidas por un terremoto en tiempos del emperador Nerón. Así pues, no mucho después de escrita esta Epístola, tres Iglesias de gran renombre perecieron por un suceso tan lastimoso como horrible: un claro espejo, en verdad, del juicio divino, si tuviéramos ojos para verlo. Los colosenses habían sido instruidos en el evangelio, no ciertamente por Pablo, pero sí con fidelidad y pureza por Epafras y otros ministros; pero inmediatamente después Satanás se había introducido con su cizaña (Mt 13:25), según su modo acostumbrado e invariable, para pervertir allí la fe recta.

Algunos opinan que había dos clases de hombres que procuraban apartar a los colosenses de la pureza del evangelio: que, por una parte, los filósofos, disputando acerca de los astros, el destino y frivolidades semejantes, y los judíos, por otra, urgiendo la observancia de sus ceremonias, habían levantado muchas nieblas con el fin de dejar a Cristo en la sombra. Pero quienes sostienen esta opinión se dejan llevar por una conjetura de muy poco peso, fundada en que PABLO menciona tronos, potestades y criaturas celestiales. Pues en cuanto a que añaden también el término elementos, es peor que ridículo. Sin embargo, como no es mi intención refutar las opiniones de otros, expondré simplemente lo que me parece ser la verdad y lo que puede inferirse con sano razonamiento.

En primer lugar, es del todo evidente, por las palabras de Pablo, que aquellos perdidos se empeñaban en esto: en mezclar a Cristo con Moisés y en retener las sombras de la ley junto con el evangelio. De ahí que sea probable que fueran judíos. Pero como disfrazaban sus falacias con especiosas apariencias, Pablo, por esta razón, la llama vana filosofía (Col 2:8). Al mismo tiempo, al emplear ese término, tenía a la vista, en mi opinión, las especulaciones con que se entretenían, sutiles ciertamente, pero a la vez inútiles y profanas: pues idearon un camino de acceso a Dios por medio de los ángeles, y propusieron muchas especulaciones de esa naturaleza, como las que se contienen en los libros de Dionisio sobre la Jerarquía Celestial, sacadas de la escuela de los platónicos. Este es, pues, el objetivo principal al que apunta: enseñar que todas las cosas están en Cristo y que los colosenses deben considerarlo a él solo plenamente suficiente.

El orden que sigue, sin embargo, es este: después del encabezamiento que usa habitualmente, los elogia, para llevarlos a escucharlo con más atención. Luego, con el fin de cerrar el camino a toda invención nueva y extraña, da testimonio de la doctrina que habían recibido antes de Epafras. Después, al pedir que el Señor aumente su fe, da a entender que todavía les falta algo, a fin de preparar el camino para impartirles una instrucción más sólida. Por otra parte, exalta con los elogios convenientes la gracia de Dios hacia ellos, para que no la estimen en poco. Sigue entonces la instrucción, en la cual enseña que todas las partes de nuestra salvación se hallan en Cristo solo, para que no busquen nada en otra parte; y les recuerda que en Cristo habían obtenido toda bendición que poseían, a fin de que procuraran con más cuidado retenerlo hasta el fin. Y, en verdad, aun este solo artículo bastaría por sí mismo para llevarnos a considerar esta Epístola, breve como es, un tesoro inestimable; pues ¿qué hay de mayor importancia en todo el sistema de la doctrina celestial que tener a Cristo retratado al vivo, para que contemplemos claramente su excelencia, su oficio y todos los frutos que de ello nos vienen?

Porque en esto sobre todo diferimos de los papistas: que, siendo unos y otros llamados cristianos y profesando creer en Cristo, ellos se imaginan uno desgarrado, desfigurado, despojado de su excelencia, desnudo de su oficio, en fin, tal que es más un espectro que Cristo mismo; nosotros, en cambio, lo abrazamos tal como aquí lo describe Pablo: amante y eficaz. Esta Epístola, pues, por decirlo en una palabra, distingue al verdadero Cristo de uno fingido, y nada mejor ni más excelente puede desearse. Hacia el final del Capítulo Primero procura de nuevo asegurarse autoridad por el puesto que se le ha asignado, y en términos magníficos exalta la dignidad del evangelio.

En el Capítulo Segundo expone más claramente que antes la razón que lo movió a escribir: prevenir el peligro que veía suspendido sobre ellos, mientras toca de paso el afecto que les tiene, para que sepan que su bienestar es objeto de su interés. De ahí pasa a la exhortación, con la cual aplica la doctrina anterior, por así decirlo, al uso presente; pues les manda descansar en Cristo solo y marca como vanidad todo lo que está aparte de Cristo. Habla en particular de la circuncisión, de la abstinencia de alimentos y de otros ejercicios externos en los que erróneamente hacían consistir el servicio de Dios; y también del absurdo culto de los ángeles, a quienes ponían en el lugar de Cristo. Habiendo mencionado la circuncisión, aprovecha la ocasión para señalar también, de paso, cuál es el oficio y cuál la naturaleza de las ceremonias, de lo cual establece como punto firme que han sido abrogadas por Cristo. De estas cosas se trata hasta el final del Capítulo Segundo.

En el Capítulo Tercero, en oposición a aquellas vanas prescripciones, a cuya observancia los falsos apóstoles querían atar a los creyentes, menciona los verdaderos oficios de piedad en los que el Señor quiere que nos ocupemos; y comienza por la fuente misma, es decir, la mortificación de la carne y la novedad de vida. De ahí deriva los arroyos, es decir, exhortaciones particulares, algunas de las cuales se aplican por igual a todos los cristianos, mientras que otras se refieren más especialmente a individuos particulares, según la naturaleza de su vocación.

Al comienzo del Capítulo Cuarto sigue con el mismo asunto; después, encomendándose a sus oraciones, muestra por muchas señales cuánto los ama y cuánto desea promover su bienestar.

CAPÍTULO 1

Colosenses 1:1-8

1. Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,

1. Paulus apostolus Iesu Christi, per voluntatem Dei, et Timotheus frater,

2. a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

2. Sanctis qui sunt Colossis, et fidelibus fratribus in Christo; gratia vobis et pax a Deo et Patre nostro, et Domino Iesu Christo.

3. Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros,

3. Gratias agimus Deo et Patri Domini nostri Iesu Christi, semper pro vobis orantes,

4. habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos,

4. Audita fide vestra, quae est in Christo Iesu, et caritate erga omnes sanctos,

5. a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra de la verdad del evangelio,

5. Propter spem repositam vobis in coelis, de qua prius audistis, per sermonem veritatis, nempe Evangelii,

6. que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

6. Quod ad vos pervenit: quemadmodum et in universo mundo fructificat et propagatur, sicut etiam in vobis, ex quo die audistis, et cognovistis gratiam Dei in veritate.

7. como lo aprendisteis de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para con vosotros,

7. Quemadmodum et didicistis ab Epaphra, dilecto converso nostro, qui est fidelis erga vos minister Christi:

8. quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.

8. Qui etiam nobis manifestavit caritatem vestram in Spiritu.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.