Comentarios bíblicos · Juan Calvino
Isaías 16: comentario de Juan Calvino
Isaías 16:1
1. Enviad cordero. Aquí el profeta se burla de los moabitas por no haber reconocido a Dios a su debido tiempo, sino haber esperado temerariamente el golpe de su mano hasta ser completamente destruidos. Es, pues, una condena del arrepentimiento tardío, cuando los hombres no pueden ser llevados a la obediencia por ninguna advertencia y continúan en obstinada oposición a Dios. Donde la enfermedad es incurable, una exhortación de este tipo es apropiada; y esto debe observarse con cuidado, pues tanto judíos como cristianos interpretan mal este pasaje.
Jerónimo lo explica como referido a Cristo, porque este derivó su nacimiento de los moabitas (Rt 1:4; Mt 1:5), de quienes descendía Rut; y esa opinión ha sido adoptada por casi todos los cristianos; como si el profeta hubiera dicho: «Oh Señor, aunque un juicio tan severo como este aguarda a los moabitas, tú no los destruirás del todo; pues te enviarán un Cordero, el gobernante del mundo». Pero esa interpretación, por carecer de verosimilitud, no necesita ser refutada.
Por otra parte, los judíos piensan que estas palabras fueron dichas porque, mientras los judíos estaban en condición abatida, los moabitas dejaron de pagarles el tributo que les debían, pero que, después de haber profetizado sobre la restauración del reino de Judá, Isaías añadió también una exhortación para recordarles que reconocieran a su rey. Llegan incluso a decir que sirve de edicto real, reprochándoles su deslealtad: «Enviad el tributo que debéis». Pero en ninguna parte leemos que los moabitas fueran súbditos o tributarios de los judíos, y no hay probabilidad en la conjetura. Tampoco les da apoyo alguno el pasaje que citan (2 R 3:5, 6); pues ese pasaje se refiere al rey de Israel, y menciona expresamente a Acab y a Samaria, que albergaban, como sabemos, el más extremo odio contra los judíos.
Me atengo, por tanto, a la interpretación que primero señalé, como la verdadera y natural; pues el propósito del profeta es condenar a los moabitas por no haberse arrepentido a su debido tiempo, y decirles que ahora harán en vano lo que antes habrían podido hacer fácilmente y con gran provecho para sí mismos. Debemos, pues, entenderlo como dicho irónicamente (εἰρωνικῶς): Enviad; como si hubiera dicho que no hay esperanza de perdón, que enviarán en vano. Cuando se advierte a los impíos, desatienden indolentemente toda exhortación; cuando son castigados, miran a su alrededor con ojos angustiados, buscando ayuda por todos lados y probando todo método de alivio, pero sin éxito, pues no obtienen ningún provecho. Isaías, por tanto, les reprocha su obstinación y rebeldía, y muestra que no habrá tiempo para el arrepentimiento cuando se topen con la destrucción que merecen.
Al señor de la tierra. La opinión de los judíos, de que esto denota a Ezequías, está en desacuerdo con toda razón; pues ארץ (eretz) no denota aquí un país particular, sino más bien todo el mundo, del cual habla en términos generales. El título de Señor debe, por tanto, entenderse como referido al mismo Dios. Por cordero entiende lo que había de ofrecerse en sacrificio; pues aun los gentiles reconocían que adoraban a Dios cuando ofrecían sacrificios.
Desde Sela del desierto. Da el nombre de peña del desierto a la ciudad que se supone era la principal de los moabitas; aunque es posible que quisiera incluir todo el país, y así se tomará una parte por el todo.
Al monte de la hija de Sión; es decir, al templo autorizado de Dios, en el cual se ofrecían sacrificios conforme al mandamiento de la Ley. (Dt 12:5, 6, 7; 2 Cr 7:12.) Este es un pasaje notable contra los hombres obstinados, que rechazan toda instrucción y desprecian a Dios sin temor, hasta que son visitados por sus juicios.
Isaías 16:2
2. Y será como ave espantada. El profeta muestra ahora lo que quiso decir con la burla anterior: que los moabitas no debían pensar entonces en enviar sacrificios, porque no podrán proveer a su seguridad de ningún otro modo sino dejando su país natal. Con la metáfora de las aves describe el terror que los asaltará, de modo que huirán aun al crujido de una hoja. Amenaza con que los moabitas, que habían abusado de su tranquilidad, tendrán una huida temblorosa y fatigosa.
Isaías 16:3
3. Reúne consejo. Prosigue con el mismo asunto; pues si queremos entender rectamente este pasaje, debemos poner ante nuestras mentes la espantosa ruina de los moabitas. Se les recuerdan sus crímenes, para que todos vean más claramente cuán merecidamente son castigados. Cuando todo estaba en su poder, se entregaban libremente a la licencia, y no querían escuchar ninguna reprensión; pero ahora, cuando están privados de todo, gimen y buscan remedios que no se hallan en parte alguna. El Señor trata de tal manera a los reprobados que, para dejarlos sin excusa, les concede y pone en sus manos todo lo que necesitan; pero cuando, por su perversa pasión, han abusado de todo y lo han vuelto a un fin perverso, los priva de toda ayuda y sostén, y los destruye por completo.
Haz juicio. Mientras los moabitas gozaban de prosperidad, poco se preocupaban de lo que era bueno y justo; mientras estaba en su poder gobernar y tener su reino establecido de manera justa, abusaron de su poder para tiranizar. Ahora que habían sido despojados de toda autoridad, y eran desterrados y fugitivos, Isaías les aconseja irónicamente que reúnan consejos y hagan juicios, que antes habían trastornado mediante fraude e injusticia. Isaías tiene en vista aquel tiempo en que todo poder y autoridad fue quitado de las manos de los moabitas. El reproche es semejante al que el Señor dirige a Adán (Gn 3:22): He aquí el hombre es como uno de nosotros, burlándose de él con la mordaz ironía de que no se contentaba con sus elevados logros, y quiso rivalizar con el mismo Dios.
De igual manera, los moabitas, no contentos con sus adornos y riquezas, hostigaron y despojaron miserablemente a los israelitas y judíos, y urdieron perversos planes contra ellos. Habiendo abusado del excelente don de Dios, merecían, por tanto, que se les dirigiera esta reprensión, que se aplica igualmente a todos los reprobados, que se jactan soberbiamente en la prosperidad y abusan bárbaramente de ella para hostigar a los piadosos. Viendo que contaminan vilmente aquellas cosas que el Señor había destinado a su debido uso, es justo que sean privados de ellas y reducidos a la más baja pobreza. Tenemos ejemplos de esto cada día. ¿Cómo es que los que fueron elevados al más alto rango de honor caen de cabeza, sino porque el Señor castiga su dominio tiránico y sus crímenes? El Señor también se burla de sus reproches y lenguaje injurioso, de sus lamentos, e incluso de sus quejas; como cuando exclaman: «¡Oh, si tuviera la riqueza que una vez disfruté! ¡Oh, si fuera restaurado a mi condición anterior!» Pues entonces el arrepentimiento será demasiado tardío.
Pon tu sombra. Los moabitas pudieron, como ya he insinuado, haber dado algún alivio a los desdichados judíos cuando eran hostigados por los asirios; o, al menos, si hubieran tenido una chispa de humanidad, debían haber protegido a los fugitivos; pero, al contrario, los persiguieron y añadieron peso a sus aflicciones, que ya eran opresivas. Era muy justo que los moabitas fueran objeto de aquella crueldad que habían ejercido contra otros; que, cuando hubieran sido echados de sus moradas, y fueran desterrados y errantes, no hallaran en ninguna parte consuelo alguno, ninguna sombra que los abrigara del calor; pues ¿por qué habían de disfrutar de los consuelos que habían rehusado bárbaramente a otros?
Como la noche en medio del día. Por mediodía se entiende aquí el calor más abrasador. Esta metáfora se emplea con frecuencia en la Escritura: que el Señor era como una nube de día y como una columna de fuego de noche; pues una vez lo fue así en el desierto. (Éx 13:21, 22; Nm 14:14; Dt 1:33.) Este modo de expresión, siendo habitual, fue retenido por los profetas, aunque no relataron la historia.
Esconde a los desterrados. Entiende a los judíos, a quienes los asirios perseguían y hostigaban, y a quienes los moabitas trataban al mismo tiempo con crueldad. Era su deber abrigar y socorrer a los fugitivos, y en especial a los que huían a ellos en busca de protección; pero viendo que los echaban fuera, era justo que fueran echados de la misma manera y privados de toda ayuda y sostén; pues es una sentencia justa la que el Señor pronuncia cuando manda que con la misma medida con que cada uno mida le será medido. (Dt 19:19, 21; Mt 7:2.) Ahora el profeta llama a los moabitas a reconocer sus pecados, para que confiesen que son justamente castigados por su crueldad. Sin embargo, tiene más bien a los judíos a la vista, para informarles que Dios no desatiende sus aflicciones, pues se les dice que él será su vengador.
Isaías 16:4
4. Moren contigo mis desterrados, oh Moab. El profeta se dirige a los moabitas, como si les suplicara humildemente en nombre del pueblo en general. «Son vecinos, emparentados con nosotros por sangre; reciban y ayuden a los que están en angustia: y si no quieren ayudar, al menos no les hagan daño». Dios, que suele tomar a su cargo la causa de su pueblo, es representado por el profeta como si hiciera el papel de suplicante. Es cierto que los moabitas no actuaron así en absoluto hacia los judíos, sino que, al contrario, unieron sus esfuerzos con los enemigos de los judíos para hacerles daño. Pero, como dije poco antes, el profeta pone ante nuestros ojos aquella justicia que la misma naturaleza exige, para que su cruel violación sea tanto más aborrecida.
Este pasaje debe observarse con cuidado; pues Dios muestra cuán grande es el cuidado que tiene de su pueblo, ya que los agravios que se les hacen le afectan del mismo modo que si se le hubieran hecho a él mismo; como declara por Zacarías que cualquiera que los toque, toca a la niña de su ojo. (Zac 2:8.) Él oye el gemido (Sal 102:20) y observa las lágrimas de los desdichados que lo invocan; (Sal 12:5; 38:9;) y aunque esto no siempre nos sea visible, sin embargo a su debido tiempo muestra que los ha oído.
Aprendamos, pues, de este pasaje a ser bondadosos y solícitos con los fugitivos y desterrados, y en especial con los creyentes, que son desterrados por su confesión de la palabra. Ningún deber puede ser más agradable ni aceptable a Dios; y, por otra parte, nada es más odioso ni abominable a su vista que la barbarie y la crueldad. Si queremos obtener algún alivio de nuestras calamidades, seamos bondadosos y compasivos, y no neguemos ayuda a los necesitados.
Bienaventurado, dice, el que piensa en el pobre y el menesteroso; en el día malo lo librará Jehová. (Sal 41:1.)
Por otra parte,
juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia. (Stg 2:13.)
Cuando Dios los llama sus desterrados, esto puede entenderse sin impropiedad como referido al castigo, como si dijera que por un justo juicio fueron desterrados de la tierra de Canaán, (Dt 28:64,) como tantas veces había amenazado contra ellos. Sin embargo, sin duda quiere decir también que siguen estando bajo su defensa y protección, porque, aunque están desterrados y echados de su país natal, sin embargo los reconoce como su pueblo. Aquella calamidad que los judíos soportaban podía ser considerada como evidencia de que habían sido desechados; pero el Señor los reconoce como sus hijos, aunque los castiga severamente. De aquí obtenemos una doctrina llena de consuelo: que somos contados en el número de sus hijos, aunque se nos inflijan golpes agudos y pesados.
Porque el extorsionador ha cesado. Dirige ahora su discurso a los judíos, y prosigue a consolarlos, como había hecho antes, mostrando que, cuando sus enemigos sean quitados de en medio de ellos, el destierro o la ruina de sus enemigos aliviará también sus propias calamidades y angustias. Sin embargo, las declaraciones anteriores se referían principalmente a los judíos, aunque el profeta se dirigía expresamente a los moabitas. Pero entonces solo amenazaba con venganza a los enemigos, mientras que aquí promete más claramente consuelo a su pueblo; como si hubiera dicho: «Pensabas, oh Moab, que mi pueblo estaba totalmente arruinado: pero yo reprimiré a los enemigos y pondré fin a esa aflicción. Tú, pues, perecerás; pero mi pueblo será por fin librado de aquellas espantosas calamidades».
Quizá se pensará más bien que hay un cambio de los tiempos; y así la partícula כי (ki), que hemos traducido Porque, significará Hasta que; y esta cláusula se leerá en conexión inmediata con la primera parte de la frase: Moren contigo mis desterrados, oh Moab; sé tú lugar de escondite de la presencia del destructor, hasta que el extorsionador haya cesado. Pero como eso podría tenerse por una interpretación forzada, he preferido atenerme al sentido natural.
Isaías 16:5
5. Y se dispondrá el trono en misericordia. Los judíos explican todo este versículo como referido a Ezequías; pero esto es del todo inapropiado, pues el profeta habla de una restauración más importante de la Iglesia, y los moabitas no habían sido castigados durante la condición floreciente del reinado de Ezequías; y la bendición de Dios comenzó de nuevo a brotar sobre los judíos. Es como si se hubiera dicho: «Todos los enemigos del pueblo escogido traman maliciosamente la ruina de aquel reino, que Dios prometió que sería establecido para siempre». (2 S 7:13.) Para que los piadosos no cedan al desaliento en medio de la infeliz confusión, se les recuerda la perpetuidad del reino, de la cual habían sido asegurados por una conocida predicción.
No puede, por tanto, explicarse como referido a ningún otro que a Cristo, aunque reconozco que Ezequías fue tipo de Cristo, como lo fueron también David y los demás sucesores suyos. Pero ellos nos conducen a Cristo, que es el único protector y guía de su pueblo, (Jn 10:16,) y que ha reunido en uno los hijos de Dios que estaban esparcidos. (Jn 11:52.) Por esta razón remite a los piadosos a Cristo, como si hubiera dicho: «Ustedes saben qué Dios adoran. Él ha declarado que velará por su seguridad, de modo que bajo su protección permanecerán siempre seguros e ilesos; y si en algún momento encuentran reveses, les ha prometido un Redentor, bajo el cual gozarán de renovada y firme prosperidad. Aunque por un tiempo lloren, vendrá el protector de la Iglesia, y los restaurará a un floreciente estado de libertad. Deben, pues, confiar con todo su corazón en la esperanza de él, aun cuando vean a la Iglesia en una condición confusa y desdichada».
Esto debe observarse con cuidado; pues todos los demás consuelos son pasajeros y se marchitan, si no los referimos todos a Cristo. Fijemos, pues, nuestros ojos en él, si queremos ser felices y prósperos; pues ha prometido que seremos felices aun en medio de la cruz, (Mt 5:10, 11,) que la angustia y los tormentos abrirán el camino a una vida bienaventurada, (2 Co 4:17,) y que todas las aflicciones que sufriremos aumentarán la suma de nuestra felicidad. (Ro 8:28.)
En misericordia. Isaías muestra que esto no se realiza por la intervención de los hombres, sino por la bondad de Dios, que es el constructor de este trono; y por eso debemos reconocer que se debe a su bondad inmerecida que este sagrado trono esté establecido entre nosotros. El profeta lo confirma expresamente diciendo que la causa de ello no debe buscarse en otra parte sino en la absoluta misericordia de Dios. Ni puede hallarse otra causa; pues Dios no pudo ser inducido por ninguna excelencia de carácter, ni por méritos (de los cuales ciertamente no había ninguno), a levantar de nuevo el trono que había caído por culpa y por los crímenes del pueblo; sino que, cuando vio que aquellos a quienes había adoptado estaban arruinados, quiso dar una prueba de su infinita bondad. Ahora bien, si Dios edifica este trono, ¿por quién será derribado? ¿Serán los impíos más fuertes que él?
Y sobre él se sentará en el tabernáculo de David. Casi cada palabra aquí es enfática, de modo que este versículo merece ser continuamente meditado. No me opongo a la opinión de que la palabra tabernáculo contiene una alusión en este sentido: que él no era más que un hombre común antes de ser llamado a sentarse en un trono. (1 S 16:11, 12; 2 S 7:8.) El profeta quiso trazar un cuadro de la Iglesia, que no tiene semejanza con los tronos de reyes y príncipes, y no resplandece con oro ni piedras preciosas. Aunque ha presentado el reino espiritual de Cristo bajo una forma humilde y despreciable, sin embargo muestra al mismo tiempo que ese reino será visto en la tierra y entre los hombres. Si solo hubiera dicho que el trono de Cristo será erigido, habríamos podido preguntar: ¿estará su trono en el cielo, o también en la tierra? Pero ahora, cuando dice en el tabernáculo de David, muestra que Cristo reina no solo entre los ángeles sino también entre los hombres, para que no pensemos que, para buscarlo, debamos entrar en el cielo. Los impíos se burlan de lo que predicamos acerca del reino de Cristo, como si fuera algún fantasma de nuestra propia imaginación. Quieren verlo con sus ojos y tener la evidencia de sus sentidos; pero no debemos concebirlo de ningún modo como carnal, sino contentarnos con su brazo y con su poder.
Con firmeza. אמת (emeth) denota no solo verdad sino toda clase de certeza. El profeta quiere decir que el reino de Cristo será firme y estable, como también declaró Daniel. (Dn 2:44; 7:14.) El evangelista dice también: Su reino no tendrá fin. (Lc 1:33.) En este respecto se distingue de la condición ordinaria de los reinos, los cuales, aun cuando están fundados sobre grandes y enormes riquezas, se desmoronan o incluso caen por su propio peso, de modo que no tienen más permanencia que cuadros que se desvanecen. Pero Isaías declara que el reino de Cristo, aunque con frecuencia vacile, será sostenido por la mano de Dios, y por tanto durará para siempre. Estas pruebas deben fortalecernos contra las tentaciones que surgen siempre que el reino de Cristo es atacado por enemigos tan numerosos y poderosos que podríamos estar dispuestos a pensar que pronto será destruido. Cualesquiera armas que el mundo emplee, y aunque el mismo infierno vomite llamas de fuego, debemos atenernos a esta promesa.
Quien juzgue. Entiendo que שפת (shophet) significa Gobernante, como si hubiera dicho: «Habrá uno que gobierne». A menudo vemos un trono magnífico cuando no hay nadie que se siente en él, y con frecuencia sucede que los reyes son ídolos o ganado, sin juicio, ni destreza, ni sabiduría. Pero aquí dice que se sentará uno que cumplirá el oficio de un buen gobernante; y esto se añade para asegurarnos que Cristo será nuestro protector.
Y busque el juicio y apresure la justicia. El juicio y la justicia que se le atribuyen no son otra cosa que la protección bajo la cual nos recibe, y que no permitirá que sea infringida; pues no permitirá que los impíos que nos hacen daño queden sin castigo, mientras nosotros, con paciencia y calma, nos encomendamos a su protección. Con la palabra apresure muestra que vengará nuestra causa pronta y rápidamente. Esto debe entenderse como una reprensión de nuestra impaciencia, pues nunca pensamos que su ayuda venga con bastante prontitud. Pero cuando somos arrastrados por la violencia de la pasión, recordemos que esto proviene de no someternos a su providencia; porque, aunque según el juicio de nuestra carne él se tarda, sin embargo regula su juicio de la mejor manera por los tiempos que él bien conoce. Sometámonos, pues, a su voluntad.
Isaías 16:6
6. Hemos oído la soberbia de Moab. El profeta añadió esta declaración a modo de anticipación. Podía pensarse que los hombres no podrían creer lo que había prometido acerca de restaurar el trono del rey y destruir a los moabitas, los cuales estaban entonces en floreciente estado de riquezas, y estaban defendidos por fuertes fortalezas, y que, engreídos con la prosperidad que ahora gozaban, eran sumamente soberbios. Además, su altanería, con la cual despreciaban a los desdichados judíos, era un arma desagradable y poderosa para desanimar o sacudir sus ánimos. Para prevenir esta tentación, relata que su jactancia era bien conocida, pero que su soberbia no impediría que Dios los derribara; porque ningún despliegue de fuerzas armadas, ningún tesoro de riquezas, ninguna multitud de hombres, puede resistir a Dios. Isaías habla de ello como de algo ampliamente conocido: que los moabitas están engreídos de tal manera que nada temen; como es común en aquellos que están bien provistos de riquezas y tropas, que se exaltan ociosamente por encima de Dios y de los hombres. Pero sea cual fuere su arrogancia, el Señor la reprimirá fácilmente.
Su insolencia. La palabra hebrea עברה (gnebrah) significa muy frecuentemente indignación; pero la conexión en que está parece pedir algo más definido. Este sustantivo deriva del verbo עבר (gnabar), pasar o ir más allá, que corresponde a la palabra latina excessus; y por eso he juzgado mejor traducirlo insolencia. En un pasaje paralelo, después de las palabras soberbia y arrogancia viene la frase altivez de corazón. (Jer 48:29.) Tanto Isaías como Jeremías, no tengo duda, quieren decir que los moabitas, a consecuencia de su comportamiento terco y desdeñoso, y de su suntuoso modo de vivir, eran tan crueles, que se encendían en ira por las causas más triviales, y se levantaban ferozmente contra otros. Este vicio va siempre acompañado de altivez de ánimo; pues a la soberbia sigue el desdén y el desprecio de los demás, y los que reclaman más de lo que se les debe fácilmente se encienden en ira y se enfurecen por la menor ofensa. En suma, no pueden soportar nada, y no solo son apasionados, sino también violentos. Querrían que todos cedieran ante ellos, y que ellos no cedieran ante nadie. Si no todos ceden a su mandato, piensan que se les hace injusticia. Este temperamento apasionado lo delatan fácilmente los soberbios. Por el contrario, los humildes poseen bondad acompañada de la correspondiente modestia, y perdonan fácilmente a quien los ha agraviado.
Sus mentiras. La palabra hebrea בדים (baddim) denota o bien los miembros de un hombre, o las ramas de un árbol, y a veces se pone por adivinación. Por consiguiente, los traductores griegos la traducen μαντεἰα, adivinación, y tiene ese significado en otros pasajes. Algunos piensan que aquí se usa metafóricamente por hijos; otros la traducen discursos o pensamientos; y otros fuerza o nervios. Pero en mi opinión está puesta más bien por vana jactancia; pues esta palabra denota a menudo falsedad, y pronto veremos cuán bien se aplica este significado al presente pasaje.
Hay tanta diferencia en la interpretación de la palabra כן (ken), así. La mayor parte supone que significa que «las mentiras no son rectas», o que «los discursos no son rectos», y otros, que «las mentiras no son verdaderas»; y en cuanto a la sustancia del asunto, estoy casi de su opinión. No dudo de que el sentido del profeta es que Moab profiere neciamente sus vanas jactancias, pues no cumplirá lo que imagina. En cuanto a las palabras, su sentido se obtiene con mayor certeza de Jer 48:30. Después de las mismas palabras que aquí emplea Isaías, añade inmediatamente, para explicarlas, לא כן (lo ken), No así; sus mentiras no lo lograrán así. Como si hubiera dicho: «Lo que está determinado en sus corazones fallará en su cumplimiento». Sin embargo, no pienso que en la cláusula anterior la partícula כן (ken) denote comparación, sino más bien confirmación, por así decirlo, pero negativamente; pues declara que no habrá firmeza ni estabilidad en sus consejos, que sus adivinaciones o mentiras no tendrán efecto. Los soberbios lo arreglan todo como si todo estuviera en su poder, y no estuviera sujeto a la providencia de Dios. «Tal arrogancia —dice Isaías— será abatida, y todo lo que prometen, en cuanto a su propia fuerza, se desvanecerá». Esto nos recuerda que la soberbia desagrada en gran manera a Dios, y que cuanto más se engríen los hombres con sus riquezas, tanto más cerca están de la destrucción.
Isaías 16:7
7. Por tanto aullará Moab a Moab. Declara con más claridad lo que ya se ha dicho: que esta soberbia, y la crueldad que nace de ella, será la causa de su destrucción. Puesto que el Señor resiste a los soberbios (Stg 4:6; 1 P 5:5), es imposible que no abata esta altivez con la cual la Iglesia es pisoteada de manera vil y vergonzosa; y, conforme a este ejemplo, el fin de todos los soberbios ha de ser lamentable. Cuando añade Moab a Moab, quiere decir que habrá entre ellos lo que podría llamarse un concierto de lamentos, en el cual se quejarán unos a otros de sus calamidades y llorarán entre sí sus angustias. Otros lo traducen por causa de Moab, pero esta es una interpretación débil; pues inmediatamente después se sigue que el aullido será universal, es decir, que se oirá en todo el pueblo.
Por los fundamentos de Kir-hareset. Es bastante evidente que esta era una ciudad principal y real; pero algunos la consideran un nombre propio y otros un nombre común. No cabe duda de que la etimología de la palabra procede de estar construida con materiales de barro. Es posible también que recibiera este nombre por la naturaleza de sus muros, edificados con ladrillos. Era una ciudad insigne en aquella región. Nombra los fundamentos más bien que la ciudad misma, porque iba a ser derribada por completo; como si dijera: «No lamentarán el saqueo de la ciudad ni la destrucción de los edificios, sino su ruina total; pues no quedará de ella parte alguna».
Gemirán, solamente heridos. Algunos traducen נכאים (nechaim) cojos; pero yo prefiero entenderlo como heridos. La partícula אך (ach), que aquí se le antepone, significa a veces ciertamente o en verdad; y a veces se usa por pero o no obstante. Quienes la explican en sentido afirmativo suponen que el sentido es este: Gemirán, verdaderamente heridos; es decir: «No será necesario que contraten hombres que finjan duelo en vuestro nombre, como se acostumbra en los funerales, sino que lamentarán de veras». Pero yo prefiero tomar אך (ach) como solamente; esto es: «Todos los que queden serán heridos; ninguno estará a salvo». Con esta manera de hablar describe la destrucción total de aquella ciudad, e indica que los que queden lamentarán no solo las angustias ajenas, sino también las suyas propias. Ellos también serán heridos. Y si tan severos castigos se infligen a los soberbios, aprendamos a someternos con humildad y modestia, y a humillarnos de buena gana bajo la poderosa mano de Dios (1 P 5:6).
Isaías 16:8
8. Porque las vides de Hesbón han sido cortadas. Aquí el profeta describe alegóricamente la desolación de todo el país. Hay razón para creer que abundaba en las vides más escogidas, como fácilmente puede inferirse de este pasaje y del paralelo (Jer 48:32). Cuando los profetas amenazan con la destrucción a los países, suelen trazar sus rasgos más notables. Por ejemplo, si hablásemos de Picardía, ciertamente no diríamos nada de las vides, como lo haríamos si habláramos de Orleans o de Borgoña. Ahora bien, las ciudades que menciona el profeta eran las principales de Moab.
Los señores de las naciones pisotearon sus mejores sarmientos o ramas. El profeta dice que las ramas más valiosas de sus viñas fueron arrancadas por los señores de las naciones, es decir, por los conquistadores que, habiendo sometido a las naciones en la guerra, ejercían un extenso dominio.
Que llegaban hasta Jazer. Esto sirve para señalar la extensión de la devastación; pues esta ciudad estaba situada en los confines de la tierra de los moabitas; como si dijera: «No solo se cortará una parte de las viñas, sino que todo el país será asolado a lo largo y a lo ancho». Algunos lo refieren a los enemigos mismos; pero yo preferiría suplir el relativo אשר (asher), que, y referirlo a las vides, que eran tan extensas que llegaban hasta Jazer. Así el sentido será: «Aunque estas viñas llegaban hasta Jazer y cubrían una extensísima región, sin embargo, desde allí hasta el desierto serán todas pisoteadas por los señores de las naciones». Esto concuerda muy bien con el propósito del pasaje; pues se añade enseguida que las viñas llegaban hasta el desierto, y aun hasta el mar; con lo cual quiere decir que el país era extremadamente fértil, y en especial que abundaba en vides. Dice que pasaban el mar, porque, cuando la tierra es productiva, se acostumbra proteger con diques lo que linda con el mar, para extender el cultivo y oponer a la violencia de las olas postes de madera y terraplenes, a fin de obtener una gran extensión de suelo aprovechable.
Isaías 16:9
9. Por esto lamentaré. El profeta toma aquí el papel de otra persona, como ya hemos observado antes; pues en nombre de los moabitas se lamenta y gime. Es ciertamente verdad que los creyentes siempre se estremecen ante los juicios de Dios y no pueden despojarse de los sentimientos de la naturaleza humana, de modo que no se compadezcan de la destrucción de los impíos. Sin embargo, no describe sus propios sentimientos; su intención es dar mayor peso a su enseñanza, para que nadie dude de su cumplimiento. Representa, pues, en la persona de un moabita, como en un escenario, el luto y el dolor que todos sentirán después de aquella calamidad, a fin de ofrecer a los judíos una confirmación de esta promesa, que de otro modo habría podido parecer increíble.
Porque sobre tus frutos de verano y sobre tu cosecha caerá un grito, o se alzará. Esta última cláusula del versículo es explicada de diversas maneras por los comentaristas. נפל (naphal) significa caer o irrumpir. Quienes lo traducen irrumpir consideran que la palabra הידד (hedad), grito, se refiere a los enemigos mismos; como si dijera: «El grito de los enemigos irrumpe sobre tu cosecha»; de modo que hay un contraste implícito entre este grito y el gozo del cual hablará después. Otros lo explican en el sentido de que los gritos cesarán; es decir, «no habrá ya gritos, y no se oirán más las voces alegres y festivas de los segadores, que se animan unos a otros después de la cosecha». Pero yo preferiría referirlo al grito de los enemigos; y en esto sigo a un fidelísimo intérprete de este pasaje, el profeta Jeremías, quien dice que el destructor irrumpe (Jer 48:32), allí donde Isaías habla del grito del enemigo; como si dijera: «Cuando te dispongas a recoger tu cosecha y tu vendimia, los enemigos se lanzarán sobre ti y, en vez de alegría y canto jubiloso, se oirá su grito, que te lanzará lejos».
Isaías 16:10
10. Quitado es el gozo. Confirma, con otras palabras, lo que acaba de decir: que todo el país quedará desolado y abandonado, de modo que nunca más habrá en él cosecha ni vendimia. Cuando amenaza con que Dios hará cesar el canto de los viñadores, alude a una costumbre antigua; pues cuando recogían la vendimia, solían manifestar su gozo tanto con danzas como con cantos. De ahí estas palabras de Virgilio: El viñador, ya agotado, canta dirigiéndose a sus últimas hileras. De igual modo los marineros, cuando se acercan al puerto, alzan su grito de alegría (κέλευσμα), porque, terminadas sus fatigas y escapados de los peligros, ven que tienen esperanza de alcanzar algún descanso o alivio. Es como si el profeta dijera: «Cuando se les quite el fruto de la cosecha, nada les quedará sino lamentar su pobreza».
Isaías 16:11
11. Por tanto, mis entrañas resonarán como arpa por Moab. Asumiendo el papel de un moabita, el profeta describe de nuevo un lamento excesivo, que procede de un dolor tan intenso que hasta las entrañas hacen un ruido angustioso; pues con el signo quiso señalar la realidad. Ya hemos explicado antes el propósito de estas descripciones tan vivas, que es poner los hechos, por así decirlo, ante nuestros ojos y llevarnos a esperar con mayor firmeza aquellas cosas que parecen superar toda creencia. Al nombrar de nuevo a Kir-hareset, la ciudad principal, y tomar así la parte por el todo, describe la destrucción de todo el país.
Isaías 16:12
12. Y acontecerá. Vuelve de nuevo a aquella afirmación que ya había tocado, a saber, que los idólatras, en su aflicción, acuden a sus ídolos, esperando obtener de ellos algún alivio. Pero significa algo más; pues mientras los idólatras tienen sus templos y lugares de culto ordinarios, si les sobreviene alguna calamidad extraordinaria, van a otro templo más sagrado que los demás, esperando que allí gozarán más abundantemente de la presencia de su dios. De la misma manera los papistas de hoy, cuando se ven reducidos a algún peligro extraordinario (pues este defecto ha existido en todas las épocas), piensan que alcanzarán más fácilmente lo que desean corriendo a san Claudio, o a la Virgen de Loreto, o a cualquier otro ídolo célebre, que si se reunieran en alguna iglesia vecina. Resuelven que sus oraciones extraordinarias se eleven en una iglesia que esté muy lejos. En este sentido el profeta aplica el término santuario al que era más celebrado entre los moabitas, y dice que irán a él, pero sin provecho alguno. Ahora bien, es evidente por la historia sagrada que su templo más célebre estaba dedicado a Quemos (1 R 11:7).
Y no le valdrá. La frase לא יוכל (lo yuchal), no podrán, es explicada por algunos en el sentido de que al fin estarán tan completamente agotados que no tendrán fuerzas suficientes para ir al templo. Pero yo creo mejor traducir así: no le aprovechará; pues cierra a los moabitas toda esperanza de salvación, diciendo que no hallarán protección ni siquiera en sus dioses.
Cuando se vea. La palabra נראה (nirah), visto, es enfática. Significa que los idólatras no se guían por la razón, sino más bien por las impresiones que reciben sus sentidos, como las bestias brutas: pues así como las bestias juzgan por el tacto, el olfato y la vista, así los idólatras no tienen otra guía que el juicio de la carne. Por tanto, si alguien les demuestra que obran mal, nada logrará. Aunque han sabido muchas veces por experiencia que nada ganan con tantos esfuerzos laboriosos, no desistirán de ellos, sino que idearán nuevos métodos e introducirán nuevas formas de culto, esperando que Dios las apruebe. Si les sale conforme a su deseo, atribuyen todo a sus supersticiones y se vuelven más obstinados. Si perciben que no han sacado ningún provecho, rechazan sus invenciones, condenan el culto supersticioso y maldicen a sus dioses. En suma, se apoyan por completo en los sucesos y no juzgan nada ni por la razón ni por la palabra de Dios. La consecuencia es que, guiados por lo que les acontece, cambian continuamente sus planes. Pero el profeta parece querer decir algo más, a saber, que cuando su necedad, al haberse afanado hasta ahora en vano, haya sido abiertamente manifestada y expuesta, los moabitas vendrán al templo de Quemos más por vergüenza que por ejercicio del juicio.
Isaías 16:13
13. Esta es la palabra. Esta frase final es la ratificación de la profecía. Significa que ha pronunciado el decreto de Dios mismo, y que no ha dicho nada que no procediera del Señor; y así, dejando a un lado la persona de un hombre, introduce a Dios hablando de esta manera.
Isaías 16:14
14. Dentro de tres años. El tiempo se fija no solo para dar certeza, sino también para que los creyentes no desfallezcan por una demora más larga. Alude a los convenios entre los hombres, en los cuales se acostumbra fijar el plazo acordado, que las partes no tienen libertad de transgredir. Esto sucede especialmente en el trabajo de los jornaleros, con quienes la Escritura establece a menudo una comparación en este punto: que anhelan con ansia el día señalado en que recibirán su paga; pues gimen, por así decirlo, bajo la carga y aborrecen gravemente sus labores diarias (Job 7:1, 2; 14:6; Is 21:16). De esta manera dice el Señor que fija un día para los moabitas, en el cual no escaparán de la destrucción total de su poderío.
Con toda su multitud. Menciona expresamente una multitud, porque su número era grande, y porque se jactaban de ello y se creían invencibles. Cuando añade que el resto será pequeño y débil, quiere decir que habrá un cambio tan grande que no se parecerán en nada a su condición anterior; pues nada quedará sino un espectáculo triste y espantoso.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.